Acerca del autor

Dr. Ing. Walter A. Pengue

Conferencista Internacional sobre problemáticas ambientales contemporáneas, conflictos ambientales, transformaciones vinculadas a la de agricultura, la soberanía y la seguridad alimentaria, el impacto de las nuevas tecnologías y el desarrollo sostenible.
Desde Mayo de 2009 es Miembro Científico del Panel Internacional para el Manejo Sostenible de los Recursos (IPSRM International Panel for Sustainable Resource Management), “el Panel de Recursos”, Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP/PNUMA).

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SUELO VIRTUAL Y COMERCIO INTERNACIONAL - Realidad Económica 250, 2010

La intensificación del modelo agrícola

Argentina es uno de los principales proveedores de biomasa, tanto para alimentos como históricamente lo ha sido como así también ahora, para la provisión de biocombustibles. El país, casi ha triplicado su producción agrícola, pero también ha perdido, en igual proporción, agricultores y lo mejor de su medio ambiente natural. Hay dos factores principales que promueven la expansión de la producción de maíz y soja: cereales y alimentos en el mercado global para alimentar animales (cerdos y peces) y la nueva demanda de exportación de biocombustibles.
La producción de soja se incrementó en proporciones sin precedentes, con cultivos que aumentaron de un área de 38.000 hectáreas en 1970 a más de 16 millones de hectáreas hoy en día (figura 1). Aproximadamente el 70 % de la soja cosechada se convierte en plantas procesadoras de aceite, la mayoría de la cual se exporta, representando el 81% del aceite de soja exportado en el mundo y el 36 % de alimento de soja.
El área total cultivada en Argentina es cuatro veces el área cultivada con maíz, y las tendencias muestran que los cultivos de soja y maíz aumentarán, desplazando a otras cosechas, como el girasol y el sorgo, en la principal área rural de producción en la Pampa, Argentina.
El grado del desplazamiento de cosechas es alarmante. Si comparamos los 10 años pasados de la producción de las principales cosechas de verano (sorgo, maíz, girasol, algodón, arroz y soja) entre 1995/1996 y 2007/2008, el área de cultivos de sorgo aumentó en 159.320 hectáreas y de maíz en 597.450 hectáreas, mientras que la producción de girasol, algodón, y arroz disminuyó en 750.600, 679.800, y 27.400 hectáreas, respectivamente. La producción de soja se aumentó a 10.597.845 hectáreas de 1996/1997 a 2007/2008. En 1996, se dio la primera cosecha transgénica, soja RR. Para el 2008, toda la soja que se producía en Argentina era transgénica.
La llegada del sistema de siembra directa, vinculado a la soja transgénica y su herbicida asociado (el glifosato) significa que más soja puede sembrarse (Dalgaard y otros., 2007), y el mercado internacional promueve esto en un grado inimaginable. Argentina va nuevamente en la campaña 2009/2010 a un nuevo récord en la producción de soja debido a los precios del cultivo en el mercado internacional, los bajos costos relativos con otras alternativas (maíz, girasol) y a la impericia en la decisiones de la política pública nacional hacia una verdadera promoción de un desarrollo agropecuario sostenible.
La combinación de estas dos técnicas incrementó el nivel de la agricultura intensiva para la exportación.
El objetivo principal es competir en el mercado mundial agrícola. Esto no es una tarea fácil ya que la subvención a la agricultura recibida en muchos países, a menudo, distorsiona el mercado.
Sin embargo ahora, mientras todavía nos esforzamos por manejar este crecimiento desigual, el país enfrenta un nuevo dilema más potente: el abastecimiento de materias primas tiene que aumentarse adicionalmente, ampliando las fronteras rurales y la intensificación de su agricultura, mucho más allá de cualquier límite racional. La demanda de bioenergía ha afectado el escenario de los alimentos y la energía a nivel regional y global, y tiene un fuerte impacto económico. Esto probablemente llevará a una situación donde millones de toneladas de alimentos serán usados para suplir la voracidad de energía no sostenible de economías sobre-desarrolladas, empeorando así la desigualdad global que ya existe entre la mayoría de los miembros de la especie humana.
En el 2007, Argentina exportó 300.000 toneladas métricas de biodiesel, de las cuales el 75% fue a los Estados Unidos y el 25% directamente a la Unión que exportaban biodiesel, con una capacidad de producción de aproximadamente 600.000 toneladas al año. En 2008, siete plantas más empezaron operaciones. Desde principios de 2009, la producción de biodiesel estaría alcanzando los 1.1 millones de toneladas.

Las externalidades de la “nueva agricultura”

Hay muchas externalidades negativas (también llamadas costos externos o deseconomías externas) relacionadas con las consecuencias ambientales de producción y uso de los recursos naturales, tales como la sobreexplotación, la destrucción de hábitats, o la acumulación de contaminantes que afectan el ambiente y la sociedad.
Éstos son costos directos que el sector privado no reconoce pero que afectan la sociedad entera. Las externalidades tienen que incorporarse al costo privado de las compañías, pero si se incorporan, el costo de producción estaría por encima de los ingresos de estas compañías. Por consiguiente, las externalidades no se están poniendo en práctica en el modelo de agricultura actual y los resultados de este fracaso son bien conocidos: la sobreexplotación de la naturaleza prístina, y la contaminación y degradación de los agroecosistemas del mundo.

Costo social = Costo privado + Externalidad

La Economía Ambiental (Pearce, 1976; Turner, Pearce y Bateman, 1993) es el estudio de vías de incorporar externalidades a los gastos de las compañías; David Pearce y otros economistas han estado promoviendo esto durante décadas. Pero todo esto se ha hecho bajo la utilización de un método de análisis monocriterial, llamado análisis crematístico (donde prima solo el valor monetario).
La economía ecológica (Costanza, Cumberland, Daly, Goodland y Norgaard, 1997, Pengue, 2009) tiene esta condición en cuenta, pero amplía el enfoque de los diferentes modos de valoración, de manera que incluyan no sólo consideraciones económicas sino también que tengan en cuenta otras cuestiones como el metabolismo social y los indicadores biofísicos (nutrientes, suelo virtual, agua virtual, Apropiación primaria neta de biomasa o HANPP), las tendencias de consumo de energía, la degradación natural, y la contaminación.
Por lo general, el productor que crea la externalidad no incorpora los efectos de las externalidades en sus propios cálculos. Los productores están interesados en la maximización de sus propios beneficios. Ellos sólo tendrán en cuenta su propio costo privado y sus propios beneficios privados, haciendo caso omiso a los costos sociales.
Pero, desde el punto de vista de la economía ecológica, las externalidades no se consideran en términos del dinero o costos solamente. Para entender el agotamiento ambiental, es más útil estudiar la situación de los indicadores biofísicos, el metabolismo natural y rural y sus tendencias.
La Caja de Ahorros Natural de estos países son sus recursos. En los países de la Cuenca Amazónica, sus recursos y nutrientes se encuentran en el dosel de sus selvas (allí están los nutrientes sobre un sustrato de suelo pobre), mientras que en los países templados, como la Argentina, “los billetes” (los nutrientes) se encuentran en sus suelos.
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La canasta de nuestros alimentos es el suelo

La circulación de bienes primarios, en particular agropecuarios (pero también textiles, madereros y productos que utilizan literalmente el suelo ligados a la demanda para la construcción (basicamente ladrillos)) viene creciendo de manera acelerada en las últimas décadas y son hoy en día una parte importante del flujo mundial de mercancías en la economía global.
En los análisis de impacto ambiental relacionados a estas actividades, se consideran en muchos casos aspectos vinculados a efectos que relacionan a la producción con sus recursos de base como el suelo, el agua o la biodiversidad. En el primer caso, se han tenido en cuenta, desde los primeros estudios iniciales, los impactos producidos por la erosión (hídrica o eólica por ejemplo), la degradación química, la salinización, los efectos sobre la estructura y hasta cambios en la textura de los mismos. Aspectos relevantes que hacen a la sustentabilidad productiva y por lo tanto con una relevante importancia relacionada al sostenimiento y el aumento de la oferta de alimentos.
Uno de los efectos más importantes de la intensificación de la agricultura se relaciona con la reducción de nutrientes en el suelo. Se ha hablado a fondo de la situación en Pengue (2005).
No obstante ello, los efectos sobre la “depresión nutricional natural”, en particular de los mejores y más ricos suelos del mundo se ha considerado en mucho menor cuantía, y en muchos casos, como un elemento colateral, posible de ser resuelto con la aplicación creciente de fertilizantes minerales. Es sabido los efectos que la reposición mineral y sintética de los nutrientes del suelo producen sobre la estabilidad de los agroecosistemas y las problemáticas regionales y globales como la cascada de nitrógeno que estos procesos masivos están generando.
Con la llegada de la agricultura industrial de exportación y la activa circulación de bienes a grandes distancias, la mayoría de los ciclos de los elementos sufren una alteración importante, al producirse una extracción y transporte de nutrientes, que afecta en especial a aquellos que son muy poco móviles en la biosfera.
De hecho, es dable reconocer que los agrosistemas son ecosistemas truncos, netamente exportadores, donde la cosecha es el elemento exportado del ecosistema, y con esta, los nutrientes que se lleva por lo que se rompe la continuidad de las cadenas tróficas y se empobrece en definitiva todo el ecosistema.
Este empobrecimiento, resultado de la cosecha, sólo puede ser compensado con nuevos aportes de nutrientes. Antiguamente, el hombre, desde el inicio mismo de la agricultura y de la construcción de conocimientos que de sus prácitcas llevó adelante, fue dando diversas respuestas a esta problemática vital. La utilización de abonos vegetales y animales fue un ejemplo. El aprovechamiento de los flujos de nutrientes en los ríos (Nilo, Amarillo, Missisipi, Amazonas, Paraná, Pilcomayo) es otro
Pero las escalas han cambiado y hoy las exportaciones de los nutrientes de los suelos son masivas y sin una adecuada posibilidad de recuperación natural.
Cuando hoy día la agricultura industrial intensiva, quiebra estos ciclos naturales, transformando la posibilidad del ciclado de los nutrientes de los suelos, de ser un recurso renovable a un bien agotable.
De allí la propuesta de revisar, a escala global el flujo no ya tan circular de los ciclos biogeoquimicos de los nutrientes de los mejores suelos del planeta, en particular con el fin de comprender la necesidad de implementación de una agricultura sostenible y garantizar la disponibilidad de alimentos tanto para las generaciones actuales como para las futuras.
Para evaluar esta posibilidad, surge el concepto de “suelo virtual”. El suelo virtual es un concepto ligado a la discusión de la deuda ecológica por nutrientes pero también pretende mostrar en particular, el efecto que sobre la Caja de Ahorros de los suelos de las economías aún dependientes de las materias primas y que no fertilizan artificialmente sus campos, el efecto que puede tener la salida de granos, carnes, maderas o materiales para la construcción.
La economía mundial puede pensarse entonces como un enorme intercambio de tierras ricas en nutrientes contenida en las materias primas que exportamos. Una tierra que no vuelve más, en calidad y funciones ecosistémicas, al lugar de donde fue extraída.
El suelo virtual es un indicador adecuado, que permite comprender el metabolismo social que involucra al funcionamiento de la economía global, estudiando los flujos de nutrientes, en particular aquellos que tienen escasa movilidad y que por otro lado se desplazan a lugares sumamente distantes, alejándose de los ciclos naturales, a los que nos tenía acostumbrados la naturaleza (Pengue 2009).
Hasta ahora, los balances de nutrientes en los suelos contabilizaban la merma de elementos esenciales en los mismos, pero sin dar cuenta de los efectos y en particular sin relacionar los efectos generales por el tráfico internacional de materias primas como un elemento crucial de estas salidas.
El concepto se sustenta en la necesidad de ampliar el escenario de discusión y comprensión de los efectos producidos por la intensidad del intercambio comercial sobre la base de los recursos naturales.
En rasgos generales, tanto el suelo, como el agua o el espacio no han sido considerados extensamente en las cuentas de ganancias y pèrdidas económicas, sosteniendo sin embargo de manera crucial el desarrollo económico de las sociedades globales.
En nuestros días, la agricultura se ha convertido en un proceso “minero” de extracción y mucho menor reposición de nutrientes naturales. Considerado su uso en estos términos, la agricultura ha pasado de ser un modelo basado en recursos no renovables y entre ellos, por su intensidad de extracción, los nutrientes del suelo debe ser revisados bajo la premisa de garantizar la continuidad del funcionamiento de la canasta de alimentos mundial.
Sin embargo, tanto el suelo virtual relacionado a la extracción y exportación de nutrientes, como el del “agua virtual” (Hoekstra y Hung 2002) vinculado al agua total necesaria para la producción y exportación de una tonelada de granos o el del “Uso Virtual de la tierra” (Würtenberger, Koeliner y Binder 2006) vinculado este a estimaciones relacionadas con el uso y afectación potencial de la tierra en los países importadores, son un conjunto de indicadores biofísicos sumamente útiles para la comprensión de los procesos de sustentabilidad global en el uso de los recursos.
Entonces, en el marco de la economía mundial, existe actualmente un flujo global de nutrientes existentes en las materias primas y cuyo valor ha sido hasta ahora escasamente considerado. En este sentido existe un efecto deletereo de pérdida de nutrientes en los suelos y por otro lado la inexistencia de un precio sombra que identifique en valor la importancia de un adecuado manejo de los suelos del mundo, en particular aquellos que son más ricos en nutrientes.

Suelos, sobreexplotación y deuda ecológica. Una historia repetida…

Muchas veces, concepciones equivocadas sobre la potencialidad de los suelos de Sud América llevaron a la sobreexplotación de los mismos y en otras tantas, aún conociendo sus limitaciones lograron imponerse allí modelos de alta renta que agotaron el recurso rápidamente.
La economía convencional ha argumentado que el suelo, visto como un “recurso renovable”, bajo ciertas condiciones, puede ser gestionado y por tanto explotado a perpetuidad. En realidad, en las condiciones de explotación actuales el suelo es un recurso agotable. El recurso suelo fértil, tiene un carácter desde el punto de vista biológico y químico vital, también es un recurso relativamente escaso, y renovable solo a una escala, inalcanzable para la especie humana, es decir un recurso que en la practica, resulta no renovable. Existe entonces una sustancial diferencia en como consideran los problemas ecológico distributivos la economía ecológica y la economía convencional (Martinez Alier: 1995)
En general, los sistemas de monoproducción agrícola, conllevan a una extracción selectiva de nutrientes del suelo, que lo agotan y fuerzan a una reposición vía fertilizantes minerales que actúan por un lado recuperando la fertilidad actual pero arrastran a crecientes niveles de contaminación y eutrofización a la par de generar una mayor dependencia externa, al verse obligado los países a importar crecientes cantidades de fertilizantes minerales a valor dólar.
La mayoría de los fertilizantes y agroquímicos consumidos en América Latina son importados. Para esta Región, el principal limitante para sus suelos reside en el estrés nutricional que pasa por la escasez o exceso de nutrientes y por el otro una extracción, que generalmente es selectiva y se lleva algunos o varios de los 16 nutrientes que se pueden ir con los granos.
Nuestra historia agroambiental, se ha visto acompañada por procesos productivos que en general degradaron la base de recursos, pero en otros casos, integraron de una forma más cercana a la sustentabilidad sistemas productivos que como en las grandes planicies del Sur supieron combinar adecuadamente planteos rotacionales y prácticas integradas de manejo que si no incrementaron, por lo menos sostuvieron la fertilidad y estructura del suelo.
En las últimas décadas, sin embargo, en el Sur de América (Las Pampas en Argentina, el Oriente en Bolivia, los Cerrados en Brasil o los Estados del Este Paraguayo) se está produciendo un desplazamiento importante y pérdida del sistema de rotaciones de ganadería por agricultura, para focalizarse en cultivos de cereales y oleaginosas. El proceso ha llevado a un evidente síndrome de sustentabilidad, el de agriculturización que en el caso comentado, he llamado ya hace varios años de sojización, con características propias a nivel global, nacional y regional (Pengue, 2005).
Este cambio en el modelo productivo produjo transformaciones en los agroecosistemas de la Región Pampeana, cuyas consecuencias fundamentales han tenido relación con los procesos de erosión y pérdida de fertilidad manifestados en las principales cuencas productivas de la Región. Junto con la siembra directa, el consumo de fertilizantes ha sido de los factores representativos de la década de los noventa. Desde la implantación de la siembra directa, el consumo de urea y fosfato diamonico, han sido de los fertilizantes que mas comienzan a consumirse.
Ya en sendos artículos como La Pampa sin el Ombú. Comercio Ecológicamente Desigual y Deuda Ecológica, publicado en Realidad Económica en 2002 y luego en otro documento de difusión publicado por Le Monde Diplomatique en Mayo de 2003, El vaciamiento de las pampas. Intensificación, agroexportación y degradación de recursos, se alertaban sobre los serios conflictos producidos por este modelo de intensificación agrícola que se sostiene exclusivamente en la inyección permanente de insumos externos y hace caso omiso del resguardo genuino de los recursos de base estratégica nacional como el mantenimiento y hasta el incremento de la fertilidad de sus suelos. El documento fue incluso respondido por quién fuera en ese momento, el principal referente de una entidad como AAPRESID, Sr. Victor Trucco, con el título El resurgimiento de las Pampas, donde intentaba sin éxito cuestionar lo expuesto, con argumentos demasiados genéricos y escasamente técnicos.

Bajo la Pampa Argentina, descansa un… futuro desierto.

El caso de Argentina es singular, y aun en Argentina que cuenta con una corta historia agroproductiva ambiental, los impactos ya se reflejan a lo largo del dilatado territorio. Al principio, fueron los ovinos, ingresados a la Patagonia por los colonos galeses e ingleses en el siglo XIX, que importaron una práctica y una tecnología inapropiada para esa ecoregión, y en menos de un siglo… la convirtieron en desierto.
Luego, el proceso continúo con el Chaco, donde primero se eliminaron los quebrachos para utilizar los durmientes que constituirían la desigual red ferroviaria que serviría para exportar estos y otros productos de la periferia a las metrópolis europeas, especialmente inglesas. Siguieron el algodón hacia el este y la caña de azúcar hacia el oeste y todos los otros cultivos de base exportadora, continuando un ciclo de depredación de la naturaleza, subvaluación del recurso, exportaciones mal pagadas y tecnologías pobremente adaptadas a las realidades regionales.
La acción antrópica del colono, a principios del siglo XX comenzó a cambiar rápidamente el panorama rural argentino. El pasto fuerte era generalmente quemado para arar e implantar primero las tres cosechas permitidas por el terrateniente al colono y luego la alfalfa y el trébol que por contrato debía sembrar en los campos del dueño. Estos forrajes, junto a las semillas del cereal perdidas en el rastrojo, daban origen a pasturas de productividad excepcional para la cría y el engorde del ganado, mientras el colono pasaba a otro campo con “pasto fuerte” para reiniciar su ciclo de agricultura trianual. El valor de la tierra, impedía en general, al colono acceder a la misma. Primeras rotaciones agrícolo ganaderas que facilitaron el paso de pastos duros a “blandos”, y que por otro lado expandieron la pampa hasta más allá de sus límites.
Esta corta historia sucedió sobre suelos vírgenes, con elevados contenidos de loess, materia orgánica y muy bien estructurados. En esta primera etapa, las labranzas con herramientas inadecuadas, asociadas a sequías impactaban puntualmente pero no afectaban (cuando volvían las condiciones climáticas) las condiciones productivas del suelo por la elevada recuperación del mismo (resiliencia), lo cual a pesar de todo, permitía mantener un ámbito original con muy escasa disminución de su capacidad productiva,
Recientemente un nuevo ciclo húmedo, expandió la agricultura y desplazó directamente a la ganadería hacia las zonas más marginales de Las Pampas, alterando un ciclo de extracción/reposición a través de la agricultura/ganadería que duró casi cien años. Un proceso que hoy en día, se sostiene sobre una creciente sobrecarga de insumos externos, sin reposición natural.

El suelo virtual: la exportación de nutrientes

Desde mediados de la década de los setenta, los suelos de la región pampeana comienzan a sufrir una extraordinaria presión, fruto de la transformación de la actividad agrícola generada por la adopción de la moderna tecnología, la concentración económica y aumento de la escala, nuevas formas organizativas y fuerte orientación y dependencia del mercado exportador. En ese período comienza una veloz expansión hacia las monoculturas maicera, girasolera y triguera (agriculturización) para más adelante concentrarse en el cultivo de soja (sojización), práctica que se difundió velozmente en las épocas posteriores, al poder ser combinado en un planteo rotacional bajo el sistema de siembra directa, con trigo. Esta situación mejoraba la situación financiera de los productores, al facilitar la combinación ajustada de ciclos productivos y por ende encajar tres cosechas cada dos años. En una primera etapa, la intensificación agrícola se llevó adelante basada en labranzas convencionales que incrementaron los procesos de erosión hídrica y eólica y luego con la implementación desde mediados de los noventa con la técnica conservacionista de la siembra directa (Pengue, 2000), que lamentablemente es llevada adelante más por un slogan que la verdadera intención y utilidad que la técnica tiene como conservadora y recuperadora básicamente de materia orgánica.
La actividad agrícola forma parte de cada uno de los ciclos de los nutrientes. De hecho la fijación en el suelo, su extracción, circulación y sustitución al mismo funcionará de distinta manera, en tanto y en cuanto los distintos productos de las transformaciones agropecuarias, se transforman y consumen en fuentes demandantes cercanas o lejanas del lugar original donde se encuentra el nutriente.
No será lo mismo entonces, revisar lo que sucede en la producción del maíz, girasol, el trigo o la carne (vacuna), que con la soja, especialmente siendo ésta última destinada casi en su totalidad a los mercados externos, mientras los primeros mantienen - con sus vaivenes - un consumo interno algo sostenido, desigual, pero integrado aun en parte hacia la sociedad local.
Aquí, en el análisis de los productos de exportación que salen del país y utilizan una importantísima porción de los ricos suelos pampeanos, se deben considerar la evaluación del suelo virtual.
El suelo virtual (Pengue, 2009) es la cantidad de nutrientes (extraídos del suelo para la composición de las estructuras funcionales de la planta y granos), contenidos en los granos exportados y medido en gramos, kilogramos o toneladas del nutriente evaluado, según sean estos micro, oligo u macroelementos.

Exportando la sal de la vida

El área sembrada con soja en la Argentina viene teniendo una expansión marcada desde 1987 que aparentemente no se detendrá, con un salto de 4.3 millones de hectáreas a poco más de 18 millones en la última campaña. Este incremento en el área sembrada es el que explica el aumento en la producción desde 9.9 millones de toneladas en 1987 a las mas de 44.000.000 de toneladas en la actualidad, ya que los rindes promedio se mantuvieron estables, es decir, no hubo un importante incremento en la productividad de la soja.
Si bien las técnicas de cultivo cambiaron a lo largo del período (nuevas variedades, fechas de siembra, sistemas de labranza y manejo, control de malezas y enfermedades, barbecho químico, siembra directa), es posible adelantar que en la cuestión de fertilizantes minerales, el consumo en el cultivo de soja ha sido muy escaso hasta ahora, lo que implica que existió como veremos una exportación neta de diferentes nutrientes.
La pérdida de nutrientes del suelo, sin embargo, no se debe sólo a la extracción que hacen las cosechas, sino que el manejo que se haga del mismo y los procesos erosivos al igual que la lixiviación tienen un papel importante dentro de este flujo de materiales.

Haciendo especial hincapié sobre la situación de los nutrientes, es posible entonces encontrar fuentes de perdida y de ganancia, donde además tendrá importancia el sistema de manejo que se aplica.
Es importante considerar que la situación de manejo local o regional en el caso del balance completo de los nutrientes es sumamente compleja, pero no obstante, las tendencias de extracción pueden ser demostrables. Calcular el balance simplificado cuyos términos sean parámetros como cosecha, extracción, valor de la reposición, puede constituir una herramienta indicadora del grado de alejamiento o acercamiento a la sostenibilidad del recurso suelo y su productividad. Especialmente en aquellos territorios donde se contaba con una base de nutrientes muy importante como en general se ha visto en las etapas originales de la pampa.
Para el cálculo de la exportación de nutrientes por las cosechas, es necesario considerar la concentración de los mismos en los granos y el nivel de producción alcanzado por periodo. Existe una considerable diferencia de exportación de nutrientes básicos por unidad de peso de grano, originada por los diferentes cultivos de difusión en la región pampeana. El cultivo de soja duplica aproximadamente la concentración de estos elementos que en el trigo, el maíz o el girasol.
La alta extracción de nutrientes, las reducidas practicas de manejo y su concentración en pocos cultivos sin ganadería, y la muy escasa reposición han resultado en la degradación de los suelos especialmente aquellos con mayor frecuencia de soja en la rotación, es decir, aquellos suelos que han seguido un modelo de agricultura continua durante muchos años.
Por otro lado, es importante considerar que a diferencia de otros cultivos, la soja “produce” incluso en suelos ya degradados o con bajo contenido general de nutrientes, lo que a pesar de la adversa situación.
Es para considerar, que al contrario que otras regiones del mundo con una historia agrícola antiquísima (China, Europa), donde se ha producido por centurias una extracción importante de nutrientes, con mejor o peor manejo según las circunstancias, conocimiento y tecnología, los suelos de la República Argentina, luego de poco más que una centuria, son aún prístinos en cuanto a su riqueza nutricional. Asimismo, hoy más que ayer, contamos con una historia agroambiental del mundo y de las regiones que antes no teníamos y que nos obliga a pensar si extraer nutrientes sin buen manejo rotacional, es bueno para la estabilidad ambiental y económica en el mediano plazo de Las Pampas.
Es de hecho un error, pretender revisar y comparar para su manejo (por fertilizantes minerales) la situación de territorios y suelos que ya gastaron sus recursos respecto de aquellos que aún no lo han hecho y que como en la Argentina, deberían ser entonces manejados bajo otro prisma.
En el caso de la soja, también se debe considerar especialmente, la rápida acumulación de los nutrientes principales (N, P y K) desde las etapas tempranas del crecimiento del cultivo. Esto es una evidencia de la veloz demanda nutricional del cultivo desde el comienzo del ciclo, lo que se relaciona con el rendimiento posterior en grano. La alta relación entre la acumulación de nutrientes en planta entera y el rendimiento en grano evidencia la dependencia del mismo respecto de los macronutrientes principales. La proporción de estos en grano a la madurez del cultivo evidencia la importante exportación que se realiza de los mismos, esto es la traslocacion de nutrientes plantas/grano, que es muy alta en el caso del cultivo de soja, que ronda porcentajes del 68, 62 y 50 para el N, P y K respectivamente.
Nuevamente, el cultivo de soja, a diferencia de los otros cultivos (maíz, trigo, girasol) producidos en Las Pampas y sus extraregiones presenta:
• Un menor aporte de biomasa o reposición de materia seca al suelo. Menos carbono.
• Una intensa extracción de nutrientes y posterior traslocación al grano.
• Una exportación neta de granos de soja (casi un 98 por ciento) que salen en forma completa del agroecosistema, al exportarse al exterior en su totalidad, a diferencia de los otros cultivos.
Entonces, un productor agrícola, luego de realizar un cultivo, tiene su suelo más pobre que al inicio de la campaña. Lo mismo pasa con el país. Tomando solo el nitrógeno, el fósforo y el azufre se puede concluir que la soja de primera tiene valores más extractivos, le sigue la secuencia trigo soja de segunda y en tercer lugar el maíz. Se apela a la caja de ahorros del suelo. Por ejemplo, en suelos franco arenosos de la región pampeana, considerando el sistema productivo real, se puede pronosticar un agotamiento total de nuestros suelos en unos 50 años, aun considerando el aporte de fertilizantes.
Hasta el momento, a pesar de ser pareja la extracción de nutrientes, la gran disponibilidad en el suelo de algunos de ellos, enmascara posibles déficit.
A diferencia de lo que ya se percibe con el nitrógeno, el fósforo, el azufre, la aún importante disponibilidad de nutrientes como el K, el Ca, Mg o S, no se revisa muchas veces con la misma intensidad a pesar de ser elementos que de manera recurrente también salen junto a las cosechas.
La alta producción de soja esconde la elevada salida de los nutrientes del suelo que salen del país, al salir casi el 90 por ciento de la soja producida y transformada en tortas y aceites hacia los mercados de ultramar.
De allí la importancia de la consideración del suelo virtual en las exportaciones granarías, particularmente de soja, un cultivo directamente vinculado al comercio internacional y cuyo consumo en lugares tan alejados de las areas de producción impide el funcionamiento adecuado de los ciclos de los nutrientes.
Si la comparamos con otros cultivos como el maiz, el trigo, el girasol o la alfalfa, la soja, es uno de los cultivos que más nutrientes extrae del suelo por unidad de materia seca producida. Estos los obtiene de dos formas, por una eficiente extracción selectiva del suelo y producción propia (caso del nitrógeno) o por un agregado continuo externo vía fertilizantes minerales.
El efecto de la agricultura continua, especialmente sojera, no solo muestra el desbalance que se produce en el sistema por este desplazamiento en términos de nutrientes perdidos, nitrógeno y fósforo, sino que se produce un incremento sustantivo en los consumos de energía fósil, contaminación con pesticidas, disminución del carbono intercambiable, aumento de los riesgos de erosión e intervención del hábitat.
El fuerte pico de extracción de nutrientes, comienza a mostrarse a partir de 1996, acompañando el desplazamiento hacia la monocultura de soja, un cultivo que extrae como he resaltado, una gran cantidad de nutrientes a través de su grano.
Hacia la desaparición de los mejores suelos del mundo?

La producción de alimentos estará restringida, por lo menos durante los próximos treinta años por tres variables:

1) La actual lógica productivista y dependencia del suelo como elemento crucial para esta provisión (más allá de las consideraciones de los mares, el aire u otras fuentes y espacios para la producción).
2) La tecnología actual y futura del mediano plazo, que ya presenta a pesar de sus tremendos cambios, su plateau productivo
3) El agotamiento de los mejores suelos del mundo y las presiones sobre los mismos del comercio internacional de granos.

En la Tierra, de 148.000.000 km² de tierra, más de 31.000.000 de km² son arables o bien con calidad productiva para la producción agrícola; sin embargo, esa tierras se pierden por erosión a una tasa de 100.000 km² por año.
Además de esas tierras disponibles, solo el 23 por ciento, responden a suelos ricos en nutrientes y con escasas o nulas limitaciones productivas.
En grandes rasgos generales, los suelos del mundo son clasificados de acuerdo con su estructura y composición en órdenes, subórdenes, grandes grupos, subgrupos, familias y series.

Los alfisoles (suelos ricos en hierro y aluminio) y molisoles (suelos de pastizales, ricos en materia organica, nitrógeno, fósforo, potasio y demás oligoelementos) son de los mejores suelos agrícolas.
Entre estos ricos (Ver mapa 1) suelos se destacan en América, los conocidos como pertenecientes al famoso cinturón maicero (corn belt) de los Estados Unidos, que ocupan gran parte de los territorios de Illinois , Indiana, Iowa, Missouri, Ohio y parte de los estados de Kansas, Michigan, Minnesota, Nebraska y Wisconsin y los de nuestras Pampas en particular las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre Rios y San Luis, junto con muchos suelos chaqueños, hoy puestos en producción bajo un elevado riesgo de insostenibilidad ambiental y social.
Los suelos más importantes desde el punto de vista agrícola están desarrollados en sedimentos eólicos cuaternarios que cubren las Planicies Chaco-Pampeana. Conocidas como las ecoregiones Chaco Seco y Húmedo, Espinal y Pampa. El material está formado por restos de rocas meteorizadas y también contiene cantidades significativas de vidrio volcánico, producto de la erupción de volcanes andinos.
Este sedimento se conoce como Loess Pampeano debido a su similitud con materiales y depósitos loéssicos en otras partes del mundo . Desde el punto de vista mineralógico el loess es rico en minerales meteorizables con cantidades conspicuas de calcio, potasio, fósforo y microelementos, así como materiales amorfos de origen volcánico. Las características físicas del loess Pampeano favorecen la formación de horizontes superficiales bien estructurados, profundos, oscuros y adecuados para el desarrollo de raíces.
Otra area agrícola americana con ricos suelos tipo chernozem, es la pradera canadiense, considerada una continuación de la norteamericana, integrada por las provincias canadienses de Alberta, Saskatchewan y Manitoba, que ocupan una superficie de 1.960.681 km²
En Eurasia, se encuentran también ricos suelos, desde el nordeste de Ucrania, pasando por la Región Central de la tierra negra (la tierra de los chernozem) en Rusia, que abarca las provincias (óblasti) de Bélgorod, Kursk, Lipetsk, Oriel u Orël, Tambov y Voronezh siguen hacia el sur del aís (por el norte de Kazajistán) y casi llegan residualmente a proyectarse hasta el sur de Siberia.
Otras áreas ricas en suelos en Asia, pero severamente disturbadas se encuentran en China qe tiene 94.970.000 de hectáreas de tierras cultivadas, concentradas sobre todo en las llanuras del Nordeste, Norte de China, de los Cursos Medio e Inferior del Changjiang, el delta del Zhujiang y la depresión de Sichuan.
Una gran proporción de la llanura del Nordeste tiene suelo negro y fértil. La llanura de los Cursos Medio e Inferior del Changjiang está colmada de lagos, lagunas, ríos y riachuelos, conocida como “tierra de los peces y los granos”, es la principal zona productora de arroz y peces de agua dulce.
Además, pero en menor cuantía encontramos mundialmente, las zonas productores del veldt (o veld) de Sud Africa que ocupa unos 300.000 km² y los territorios rodeando los desiertos en Australia, especialmente hacia el este del país.
No obstante, la mayoría de los suelos mencionados tienen igualmente limitaciones restrictivas en términos climáticos (como los de EE.UU., Canadá, Rusia o China) o por agotamiento por nutrientes (como el caso de los suelos chinos, utilizados ya durante miles de años), a excepción hasta ahora de un único caso: Los suelos pampeanos.

En la teoría económica, la doctrina sobre las bondades de la libertad de comercio lleva el nombre de teoría de las ventajas comparadas (Martinez Alier, 1998). Sin embargo, bajo esta visión poco caso se hace sobre las formas de extracción y degradación incluso de los recursos que hacen a ese crecimiento económico.
Como he argumentado, Argentina ha exportado y exporta millones de toneladas de nutrientes naturales que por supuesto, no se recuperan de manera racional. La actual demanda por agrocombustibles, no solo degradará y producirá una mayor deforestación en tierras hasta ahora cubiertas por selvas y bosques sino que, como aquí argumentamos, producirá una importante extracción de nutrientes y por ende de suelo virtual, de las mejores tierras del mundo.
Es a partir de entonces, donde comienzan a escucharse tanto en el discurso oficial como en el privado, demandas crecientes sobre la necesidad de insumos externos para sostener e incrementar la producción. La demanda por un aumento en el consumo de fertilizantes minerales es una de ellas. Ya entrados en el siglo XXI esta demanda es aún mucho más intensa, al percibirse que el modelo productivo no puede sostenerse sin el consumo de fertilizantes minerales.
La reposición mineral de nutrientes no es una solución de largo plazo, dado que repetiremos los mismos errores que Europa o los EE.UU., produjeron derivados de sus sistemas de producción y manejo tecnológico y hoy padecen en términos de contaminación, eutrofización y degradación de ecosistemas.
Al pasivo ambiental en tantas áreas de este país, se suma la degradación y pérdida de estructura y nutrientes de muchos de los suelos más ricos del mundo, aquellos alojados en la Pampa Argentina, y que fueron la base de su riqueza, que si bien siempre mal distribuida, permitió ciertos procesos de expansión y progreso en épocas pasadas.
La fuga de materiales - resultado de la erosión - sumado a una extracción minera de nutrientes y el abandono de las rotaciones con ganadería, está planteando que estos suelos se vean obligados a ser fertilizados masivamente, con agroinsumos sintéticos, en poco tiempo.
Degradación, exportación de nutrientes como suelo virtual, erosión y desertificación tienen una directa consecuencia ambiental, escasamente perceptible hasta su materialización en la imposibilidad productiva, lo que se manifiesta en algo aún más terrible: el aumento de la pobreza, la devaluación económica de los recursos y el aumento del costo social.
La historia de los cultivos en Las Pampas se desarrollo sin el agregado de fertilizantes minerales. La llegada de estos fertilizantes nitrogenados y fosforados a los planteos de cereales y en menor medida, de oleaginosas, ha adquirido solo recientemente (ultima década), una dimensión importante, lo que ha estado asociado mas a la posibilidad de aumentar los rendimientos de los cultivos que a una conciencia sobre la necesidad de reposición de nutrientes del sistema para conservar el capital natural.
Las exportaciones de nutrientes generados por el modelo sojero, no pueden esconder a los ojos de la economía ambiental, una salida creciente en términos de nutrientes que no dejan de poner en duda la supuesta eficiencia de la agricultura exportadora. En la Región Pampeana, la externalidad generada por la extracción de nutrientes se ha evaluado por varios autores, pero en relación con la exportación de nutrientes, y sólo de aquellos de mayor demanda por los cultivos en términos de volumen requerido o que limitaban al ya no disponerse con ellos en el suelo, los rendimientos.
Estos son nitrógeno, fósforo y potasio. En este sentido, las dosis minerales aportadas en promedio por hectárea durante la última década, no estuvieron asociadas a las tasas de extracción de los principales cultivos (trigo, maíz y soja).
De allí la importancia de plantear en la discusión del comercio global, no solo la importancia de mercancías y flujos comerciales, sino el impacto que se esta produciendo en los recursos de base para esa producción, y el suelo virtual junto con los cálculos de huella ecológica, terreno y agua virtual, pueden ayudar a comprender las tendencias y el estado de situación de los mismos.

Comentarios finales

La globalización del sistema mundial de alimentos, está conllevando a una sobreexplotación importante de recursos y a una aceleración de los ciclos productivos en términos no sustentables, que genera pasivos ambientales crecientes.
Este movimiento global de mercancías implica a su vez un crecimiento del movimiento de los insumos necesarios y por otro lado, un aumento de la circulación y utilización de elementos básicos antes no considerados en las cuentas de existencias, como el agua o el suelo.
Por otro lado también, la expansión de los cultivos de soja en América Latina representa una amenaza reciente y muy potente para la biodiversidad en Brasil, Argentina, Paraguay, y Bolivia.
En el caso de la Argentina la situación es doblemente preocupante, puesto que es residencia de los mejores suelos del mundo, hoy expuestos a un agotamiento minero que vaciará la canasta básica que provee no solo los alimentos para su población sino para millones de seres humanos en todo el mundo.
Por el otro lado, se pone asimismo en riesgo la base más genuina de generación de recursos económicos y de los ingresos del país, que tiene bajo los términos actuales de demanda, muy restringida su producción.
El crecimiento de los niveles de producción y el aparente enriquecimiento de ciertos sectores de la economía global, no puede soslayar los impactos que los procesos de transformación de los recursos tienen o tendrán en la sostenibilidad incluso débil de todo el sistema.
La pérdida de nutrientes es parte de este costo, la pérdida o mejora de los contenidos de materia orgánica, los problemas de acidez u alcalinidad, la pérdida de estructura, los problemas de infiltración o arrastre del agua en el suelo, las tasas de erosión y el riego, son también otros factores que no están incluidos en los costos.
La agricultura industrial, está generando importantes y profundas consecuencias sociales a escala del país.
El modelo global de agricultura industrial que ha llegado a la Argentina en la última década encontró una estructura agroproductiva perceptiva a los cambios, que adoptó en términos técnicos muy rápidamente, nuevos paquetes tecnológicos como la siembra directa, las sojas, maíces y algodones transgénicos, la intensificación en el uso de agroquímicos y nuevas maquinarias especializadas. Se abandonó prácticamente a la agricultura familiar a su suerte y tuvo y tiene una creciente preeminencia la agricultura industrial globalizada.
Los métodos y cálculos para la evaluación de externalidades sobre la agricultura industrial argentina permiten brindar inferencias sobre la precariedad de los métodos convencionales de cálculo agroproductivo en términos de las alternativas productivas y su sustentabilidad. Pero sin embargo, no pueden incluir los costos generados por externalidades inciertas o irreversibles como la pérdida de biodiversidad o la desaparición del sustrato productivo tanto para la generación actual como para las generaciones futuras.
No obstante se hace interesante, contabilizar en términos físicos la movilidad de los distintos recursos involucrados en el suelo pampeano, no para su inclusión en los cálculos de costo beneficio sino para su interpretación en términos del análisis de sustentabilidad, bajo un paraguas de relevamiento integrado de los recursos, como datos relevantes de indicadores biofísicos de (in) sustentabilidad.
El asumir, en términos de los volúmenes exportados, la fuerte extracción determinada a partir de mediados de los años noventa generados por el cultivo de soja y la forma en que se esta vaciando la caja de nutrientes de la Región Pampeana, puede entenderse como un aporte hacia los decisores de políticas y la sociedad argentina, que en muchos casos, considera que estos recursos son ilimitados.
La valorización de los mismos en términos crematísticos (es decir, como lo diría la economía convencional), muestra que si los costes de producción incluyesen las externalidades, estas en términos de fertilizantes a reponer, claramente mensurables, aportarían también a una organización mas efectiva de los sistemas productivos y constituirían una nueva herramienta para comprender la sobreexplotación que enfrentamos.
La extracción de nutrientes puede comprenderse en términos de una aproximación a la evaluación de acercamiento o alejamiento a una sustentabilidad débil en la situación del suelo pampeano y como elemento importante a la definición de políticas ambientales sostenibles hacia el sector del que Argentina depende.
Estudiar estos transportes de materiales en términos de metabolismo social, con sus flujos de materiales y energía, y en el caso de la producción agropecuaria de los nutrientes leídos como suelo virtual exportado, es un mecanismo sencillo para comprender el funcionamiento y la evolución de las cuentas ambientales de un recurso vital, que a la luz de su explotación y manejo actual, debe considerarse como agotable.

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Fuente: Ecoportal

El documento completo fue publicado en la Revista Realidad Económica, Número 250, Instituto Argentino para el Desarrollo Económico, Buenos Aires