Las migraciones del campo a la ciudad, favorecen el olvido de nuestros vínculos con el medio natural. Una vez que estamos encerrados en la ciudad, y que vamos perdiendo ese contacto diario y necesario con la naturaleza, el camino para los depredadores de la naturaleza se va allanando.
Una de las características de la sociedad moderna, es la creciente aglomeración de personas en grandes ciudades.
Diferentes circunstancias como la tala indiscriminada de bosques, los monocultivos agrícolas y forestales, las represas, la contaminación del medio natural, la desertificación, y muchos otros, hacen que mucha gente abandone la vida en el campo y se refugie en la supuesta seguridad que ofrece la vida citadina, donde supuestamente hay mayores posibilidades de conseguir un trabajo que permita obtener el sustento económico necesario para “sobrevivir” y mantener a la familia.
Estas migraciones del campo a la ciudad, favorecen el olvido de nuestros vínculos con el medio natural. Una vez que estamos encerrados en la ciudad, y que vamos perdiendo ese contacto diario y necesario con la naturaleza, el camino para los depredadores de la naturaleza se va allanando.
Citando a nuestro amigo Antonio Brailovsky “La depredación de nuestro ambiente ha sido posible por la inacción de muchas personas, que creyeron que gracias a la ciencia y la técnica ya no necesitábamos del aire puro y del agua limpia. Por eso, la permanente insistencia en tener presentes los ritmos de las estaciones, como una manera de recordar nuestra pertenencia al mundo natural.”
Otras culturas, siguen intentando mantener ese vínculo pese a las presiones de la “civilización” para unirse al mundo del pensamiento único. Es así que, por ejemplo, en la Cosmovisión indígena andina, la Pachamama es la madre que nos nutre, protege y sustenta, a ella todo le debemos y gracias a sus frutos existimos. Y por eso resulta frecuente ver en las ofrendas a la Madre Tierra de estas Comunidades, la mejor variedad de frutos que se puede encontrar en la región. Este es un acto de gratitud y petición por mantener lo que se ha conseguido, ya sean cultivos, haciendas, salud o trabajo.
En muchas de estas culturas los meses de cambio de estación son considerados meses festivos donde se llevan a cabo diferentes rituales de agradecimiento y reciprocidad hacia la Madre Tierra.
Hoy, 21 de setiembre, comienza la primavera aquí en el Sur, por lo que nos pareció un buen día para remarcar que no podemos olvidarnos de la necesidad de conservar los sistemas naturales que sostienen nuestra vida y nos proveen de los recursos básicos indispensables para la vida.
No debemos creer que nuestra evolución como especie ha llegado al punto de no necesitar mas de la naturaleza, de poder manipularla a nuestro antojo y estar por encima de ella, pues en esa creencia podría radicar el principio del fin de nuestra existencia en este hermoso planeta.
Cada día comienza ofreciéndonos la oportunidad de hacer algo, cualquiera sea nuestro lugar, para que un mundo mejor para todos sea posible. Tratemos de no dejar pasar esa oportunidad nunca mas.
* Ricardo Natalichio
Director
www.EcoPortal.net