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Acabar con la huerta para hacer un museo de la huerta

18/09/12

El Ayuntamiento de Pamplona destruye las huertas de Arantzadi para construir un centro de interpretación. Los vecinos se oponen y luchan por mantener viva la tierra.

La lucha por la tierra: Vecinos y vecinas siguen cultivando la tierra a pesar de la prohibición policial. / Foto: Ekinklik.

En su web dedicada al parque fluvial del Arga, el Ayuntamiento de Pamplona afirma plantearse “la recuperación de este hábitat natural como un objetivo prioritario, integrando el entorno fluvial del Arga en la ciudad no sólo como un espacio público de ocio sino como motor de un urbanismo racional y sostenible”.

Mientras el ayuntamiento defiende esto en el mundo virtual, en el mundo real asistimos el jueves 12 de septiembre, y por orden de Juan José Echeverria, concejal de Urbanismo de este equipo de Gobierno, a la destrucción, otra vez, de una huerta comunal en el meandro de Arantzadi, una de las escasas zonas fluviales del río Arga donde todavía se practica una horticultura ecológica que viene alimentando a la ciudad desde hace cientos de años.

Bulldozers y cebollas

Las primeras lechugas, cebollas y tomateras fueron aplastadas a finales de agosto. Los bulldozers estacionados en la zona acabaron con estas plantaciones cuando el Consistorio de Iruñea inició las obras del proyecto de urbanización del meandro, aprobado por el pleno en 2009 con una total falta de participación ciudadana en su elaboración y tramitación.

La presencia de la policía ante la oposición vecinal se hizo más patente las primeras semanas y especialmente desde que el colectivo Arantzdi Auzolanean (Arantzadi En Movimiento) decidió continuar con la labor agrícola de la zona, tarea destinada a desaparecer en el proyecto municipal. El resultado de esta oposición ha sido la represión, además de la destrucción de las huertas. Doce personas siguen detenidas al cierre de esta edición, acusadas de desobediencia y resistencia a la autoridad.

Arantzadi Auzolanean comenzó en junio con un acto de “expropiación” de las dos hectáreas de tierras de la familia Aldaya, ahora propiedad del municipio igual que el resto del terreno: “Le comunicamos al Ayuntamiento que desde entonces la zona quedaba exenta de las obras y que íbamos a empezar con la recuperación de la huerta”, comenta Alberto, un agricultor del colectivo. “Para mediados de julio ya había una huerta en producción, a finales de julio y principios de agosto empezamos la distribución de parte de la producción al comedor social París 365”.

A pesar del destrozo inicial, el 1 de septiembre se organizó una “fiestacción” en la misma huerta destruida “y movimos unas siete toneladas de tierra para volverlas a poner en su lugar original. Todo eso a carretilla y pala y con el trabajo de la gente. Fue emocionante, por aquí pasaron centenares de personas”. Arantzadi Auzolanean continúa su labor todas las mañanas. Mientras, la policía municipal ha vallado la zona y prohibido el paso: “A pesar de los obstáculos la gente circula diariamente, sobre todo muchas personas mayores que conocen el meandro, de los barrios de la Rotxapea y de la Txantrea, pero también vecinos de todas las edades, niñas y niños, gente que tiene familia hortelana y con alguna aproximación al tema, y también gente que jamás en la vida se había acercado a una huerta. Entramos en la zona de obras y trabajamos la tierra, y de vez en cuando hacemos salidas y paramos las máquinas que trabajan en esta zona”.

“Empezamos a juntarnos por una convocatoria de Ekologistak Martxan a toda la gente que nos interesaba el parque”, apunta Teo, arquitecto y miembro de Arantzadi Bizirik (Arantzadi Vivo), un grupo abierto formado por personas y colectivos de distinta índole que mantienen como vínculo común la preocupación por poner en valor y salvaguardar en lo posible la actual fisonomía y características de Arantzadi. “Cuando hicieron el proyecto ya hubo gente que empezó a escribir en la prensa diciendo que aquello no estaba muy claro. Por nuestra parte, hemos analizado las posibilidades de hacer un parque público que mantuviese las huertas productivas, ecológicas, para vender en los mercados de la comarca.

Que se amplíe el uso de huertas a 150.000 m2 (ahora hay unos 130.000), manteniendo la estructura actual de caminos, rebajando setos para contemplar las huertas, con 25.000 m2 de pradera arbolada para libre acceso y manteniendo las huertas sociales. Teniendo en cuenta, además, que es uno de los pocos espacios fértiles que todavía se conservan y que ha sustentado la alimentación de la ciudad durante siglos. Hablamos de agricultura en pleno centro urbano, un privilegio para la ciudad que se debe conservar y no destruir”.

El proyecto municipal no sólo obvia esta realidad sino que la ataca, destruyendo 85.000 m2 de huertas productivas y colocando en su lugar 65.000 m2 de bosque inundable, 20.000 de jardines convencionales, 3.000 para micro huertas particulares y, lo que es más absurdo, mil metros cuadrados para un “museo de la huerta” de hormigón, gestionado por la fundación privada Fundagro, con un coste de nueve millones de euros y 300.000 euros más al año de mantenimiento.

De dicho coste se han gastado ya cinco millones mediante crédito y no hay más fondos para continuar. “La iniciativa es ahora de Arantzadi Auzolanean. Tienen otras maneras de seguir defendiendo lo mismo, pero les apoyamos por completo”, apunta Teo. La lucha por defender un meandro vivo continúa. La próxima cita es el viernes 14 a las 9.30 "cerca de la huera de Beroiz para protestar al paso de los políticos" que acudirán al museo de la Huerta. Ecoportal.net

Diagonal periódico

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