Aguas Blancas, Agua Fría... Aguas, Masacres
Entre el crimen gubernamental cometido en Aguas Blancas y el de Agua Fría, se sucedieron los de Acteal, El Bosque y El Charco, pero cuántos otros quedaron en lo oculto.
José Ramírez corresponsal, México ANNCOL - El 28 de junio de 2002 se conmemoró luctuosamente el VII Aniversario de la Masacre del Vado de Aguas Blancas, Guerrero, donde por instrucciones del entonces gobernador Rubén Figueroa Alcocer, la policía motorizada agazapada esperaba a campesinos integrantes de la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS), para al grito de “todos al suelo” iniciar el tiroteo en que perdieran la vida 17 campesinos y más de 20 resultaran heridos, uno de los cuales moriría días después.
La versión oficial fue que los campesinos de la OCSS respondieron con disparos de arma de fuego al pedido policiaco de detenerse, por lo que tuvieron que defenderse y el saldo reportado era ese: 17 campesinos indígenas muertos, más de 20 heridos; mientras por los represores un comandante macheteado. Una de tantas masacres en México se había consumado, no era la primera y tampoco la última, porque en mayo de 2002 hubo otra, la de Agua Fría, Oaxaca, en la que las víctimas también fueron campesinos indígenas pobres.
Campesinos indígenas pobres, más bien en la miseria y no por gusto, sino porque el Estado mexicano los tiene excluidos de los beneficios a que tienen derecho constitucional –ya priista o panista-, cuyo único delito ha sido manifestar públicamente su desacuerdo ante la falta o incumplimiento de programas sociales que les permitan vivir dignamente, ya no a progresar y desarrollar sus comunidades y cultura.
¿Qué pretendían reclamar esos campesinos de la OCSS aquel 28 de junio de 1995 en el Municipio de Atoyac de Alvarez, que era a donde se dirigían? No era mucho, sólo la presentación con vida de Gilberto Romero Vázquez –aún desaparecido-, el cumplimiento de la promesa de fertilizantes para sus tierras y el cese de la tala despiadada de recursos madereros, la respuesta anticipada fue el asesinato.
En Agua Fría también hubo emboscada con planeación previa, donde el motivo oculto es el provocar conflictos que permitan al gobierno federal argumentar incremento de tensión para justificar la militarización de zonas vitales para el Plan Puebla Panamá, y no como pretendieron hacer creer a la opinión pública nacional e internacional que se trata de un añejo problema entre comunidades por posesión de tierras, ¿a quien creen engañar?, después de todo “los mentirosos nunca mienten” y podríamos preguntarle al grupo paramilitar responsable de la matanza.
El problema va más allá de indiferencia gubernamental para resolver necesidades sociales básicas, particularmente de indígenas y campesinos. Se trata de una situación grave en extremo y que es el que México no termina de constituirse en una nación, precisamente por la exclusión de todos aquellos que a pesar de habitar en suelo mexicano no son considerados como integrantes de esta “nación”, así hemos sido testigos y parece que seguiremos siéndolo, de cómo se sucede masacre tras masacre en contra de indios campesinos y de luchadores sociales “inconformes”, quizá más adelante les llamen “terroristas”, claro, el gobierno.
Entre el crimen gubernamental cometido en Aguas Blancas y el de Agua Fría, se sucedieron los de Acteal, El Bosque y El Charco, pero cuántos otros quedaron en lo oculto; esta es la clase de cambio que el México democrático ha traído para los pueblos mexicanos, tan eficiente que por eso existe el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el Ejército Popular Revolucionario, el Ejército Revolucionario Insurgente del Pueblo, las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo y más de 30 organizaciones en armas contra el gobierno.
Organizaciones armadas que al margen de si son grandes o pequeñas, son muestra clara de que este México nuestro no es tan nuestro ni tan México, en cuanto que los territorios que habitan esas etnias o pueblos indios más bien presentan características de campos de concentración, de ghetos, donde permanecen sobreviviendo y sin posibilidades de mejoría social, porque no participan en las decisiones sobre su futuro, porque no diseñan, implementan y vigilan los programas que en tales territorios imponen los gobiernos estatales y federal.
No hay futuro para ellos, no hay perspectiva para sus hijos, la única posibilidad que les deja el gobierno federal y/o estatal es ser mano de obra barata para los proyectos productivos depredadores de la hegemonía global neoliberal imperialista norteamericana, como el Plan Puebla Panamá; de ahí que la rebeldía de los pueblos marginados y explotados luche pacíficamente y cuando las vías legales les son negadas, también se arme contra el autoritarismo gubernamental, que más bien es sumisión gubernamental al imperio.
Por eso los reclamos y demandas de justicia que en este VII Aniversario Luctuoso del crimen gubernamental hicieran los presentes en Aguas Blancas tienen razón; razón de sobra en llamar a la construcción de un frente nacional que, mediante la coordinación de luchas y esfuerzos, integre un programa en el cual las necesidades y aspiraciones de los oprimidos y marginados sean asumidas por todos y para todos, a fin de darse el México con el que han soñado, sin diferencias, sin injusticia, sin impunidad, sin corrupción, sin explotados.
Sólo así México se constituirá México; es decir, una sociedad, una nación con rumbo claro hacia un futuro decidido por todos y cada uno de sus componentes, donde el accionar de cada cual y en conjunto sea por desarrollar las diversas culturas e idiomas, por realizar en la pluralidad sus particulares aspiraciones como país, este ha sido el compromiso asumido por quienes acudieron a rendir homenaje a los caídos en el Vado de Aguas Blancas.
Claro, no se soslayó el castigo a los culpables materiales e intelectuales, tampoco se oliva a las viudas, huérfanos y sobrevivientes de la masacre, de ahí que lucharán por la reapertura del caso Aguas Blancas; otro punto igual de importante es la promulgación de una Ley de Amnistía General para todos los presos políticos y de conciencia del país. Esto sólo se logrará con organización y coordinación popular y es lo que quieren lograr las organizaciones sociales, campesinas e indígenas, aunque el camino a recorrer es difícil y complejo.
Habrá que enfrentar la represión de Estado, las divisiones que el gobierno provoca entre las organizaciones, superar las diferencias no en las razones y objetivos de lucha sino en las formas de llevarla adelante; de esta forma podrán las fronteras territoriales desaparecerán como líneas de confinamiento, las culturas dejarán de ser diversas para integrar una verdadera nación, sólo así México estará en condiciones de llamarse sociedad mexicana, porque ya no habrá excluidos ni segregados.
“Aguas Blancas no se olvida” www.EcoPortal.net
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