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El cambio climático hace que el mundo patine

30/08/00

Fuente: WordWatch Institute

El cambio climático hace que el mundo patine
sobre una capa de hielo cada vez más delgada

Lester R. Brown29 de agosto de 2000

Cualquier explorador que hubiera querido llegar al polo Norte este verano, habría tenido que nadar los últimos kilómetros. El descubrimiento de una laguna de agua en el polo Norte por un rompehielos a mediados de agosto sorprendió a la comunidad científica.

Este hallazgo, junto con dos estudios recientes, no sólo proporciona una evidencia más de que la capa de hielo de la Tierra se está fundiendo, sino que además esta fusión se produce a tasas más aceleradas. Un estudio de dos científicos noruegos prevé que dentro de 50 años, el Océano Ártico podría estar libre de hielo durante el verano. Otro estudio de un equipo de científicos de EE UU señala que la inmensa capa de hielo de Groenlandia también se está fundiendo.

La previsión de que el Océano Ártico pierda todo el hielo durante el verano no es sorprendente, dado que un estudio anterior señaló que el espesor de la capa de hielo se había reducido un 42 por ciento durante las últimas cuatro décadas. La superficie helada también se ha reducido en un 6 por ciento. Ambos fenómenos, el adelgazamiento y la menor superficie, han reducido a la mitad la masa de hielo en el Océano Ártico.

Entretanto, Groenlandia tiene más hielo en las zonas con más altitud, pero lo está perdiendo en las zonas con las elevaciones más bajas, en particular a lo largo de su costa sur y oriental. La gran isla de 2,2 millones de kilómetros cuadrados (tres veces el tamaño de Texas) está experimentando una pérdida neta de hielo de 51.000 millones de metros cúbicos de agua cada año, una cantidad equivalente al flujo anual del río Nilo.

La Antártida también está perdiendo hielo. A diferencia del Polo Norte, que está cubierto por el Océano Ártico, el Polo Sur está ocupado por un continente, la Antártida, una masa de tierra del tamaño de Estados Unidos. La capa de hielo continental, que tiene un espesor medio de 2,3 kilómetros (1,5 millas), es relativamente estable. Pero las plataformas de hielo que se internan en los mares circundantes están desapareciendo rápidamente.

Un equipo de científicos estadounidenses y británicos informó en 1999 que las plataformas de hielo que rodean a la Península Antártica están en completa retirada. Desde mediados de siglo hasta 1997, estas áreas han perdido 7.000 kilómetros cuadrados de hielo. Pero desde entonces en apenas un año perdieron otros 3.000 kilómetros cuadrados. Gigantescos icebergs del tamaño de Delaware amenazan a los barcos que navegan por la zona. Los científicos atribuyen la fusión acelerada del hielo a un aumento de la temperatura regional de unos 2,5 grados Centígrados (4,5 grados Fahrenheit) desde 1940.

Éstos no son los únicos ejemplos de fusión. Mi colega del Worldwatch, Lisa Mastny, que ha analizado 30 estudios sobre este tema, señala que el hielo se está fundiendo en casi todas partes, y a tasas cada vez mayores. La masa de hielo y nieve se está reduciendo en las mayores cordilleras del mundo: las Montañas Rocosas, los Andes, los Alpes y el Himalaya. En el Parque Nacional de los Glaciares en Montana, en EE UU, el número de glaciares ha pasado de 150 en 1850 a menos de 50 en la actualidad. El Servicio Geológico de EE UU prevé que los glaciares restantes desaparecerán dentro de 30 años.

Los científicos que estudian el glaciar de Quelccaya en los Andes peruanos señalan que su retirada se ha acelerado de 3 metros anuales entre 1970 y 1990 a 30 metros anuales desde 1990. En los Alpes en Europa, el área de glaciales se ha reducido de un 35 a un 40 por ciento desde 1850, y se espera una reducción aún mayor. Estos antiguos glaciares podrían desaparecer en los próximos 50 años.

La desaparición de las masas de hielo en el Himalaya se ha acelerado de forma alarmante. En India oriental, el glaciar Dokriani Bamak, que se retiró 16 metros entre 1992 y 1997, sólo en 1998 perdió 20 metros.

La fusión y reducción de las masas de hielo y nieve tampoco es un sorpresa total. El científico sueco Svente Arrhenius advirtió hace más de cien años que la quema de los combustibles fósiles supondría un aumento de los niveles atmosféricos de dióxido de carbono (CO2), aumentando el efecto de invernadero. Los niveles atmosféricos de CO2, estimados en 280 partes por millón (ppm) antes de la Revolución Industrial, subieron de 317 ppm en 1960 a 368 ppm en 1999, un aumento del 16 por ciento en sólo cuatro décadas.

Al aumentar las concentraciones de CO2, también ha subido la temperatura de la Tierra. Entre 1975 y 1999, la temperatura media aumentó de 13,94 grados Centígrados a 14,35 grados, un aumento de 0,41 grados en 24 años. Los 23 años más calurosos desde que comenzaron a registrarse las temperaturas en 1866 se produjeron a partir de 1975.

Los investigadores han descubierto que un modesto aumento de la temperatura de sólo 1 ó 2 grados Centígrados en las regiones montañosas puede incrementar el porcentaje de precipitación que cae como lluvia de forma dramática mientras disminuye el porcentaje en forma de nieve. El resultado son más y mayores inundaciones durante la estación lluviosa, reducción de la masa de hielo y nieve, y menor deshielo para alimentar a los ríos durante la estación seca.

Éstos "depósitos en el cielo", donde la naturaleza guarda el agua dulce para usarla en el verano, al fundirse la nieve, se están encogiendo y algunos podrían desaparecer completamente. Esto afectará al suministro de agua para las ciudades y para los regadíos en las áreas dependientes del deshielo para alimentar a los ríos.

Si los glaciares de hielo y nieve del Himalaya, que son los terceros en tamaño en el mundo después de Groenlandia y la Antártida, continúan fundiéndose, se verá afectado el suministro de agua en gran parte de Asia. Todos los grandes ríos de la región, el Indo, Ganges, Mekong, Yangtze y Amarillo, se originan en el Himalaya. La fusión en el Himalaya podría alterar el ciclo hidrológico en varios países asiáticos, como Pakistán, India, Bangladesh, Tailandia, Vietnam y China. Menos deshielo en la estación seca del verano para alimentar los ríos podría exacerbar la escasez de agua que ya afecta a gran parte de la región.

Al fundirse el hielo y fluir al mar, aumenta su nivel. Durante el último siglo, el nivel del mar ha subido de 20 a 30 centímetros. Durante el siglo XXI, los modelos climáticos existentes indican que podría subir 1 metro. Si la capa de hielo de Groenlandia, con un espesor de 3,2 kilómetros en muchos lugares, llegara a fundirse completamente, el nivel del mar subiría unos 7 metros.

Incluso un aumento mucho más modesto afectaría a las llanuras aluviales de Asia, donde se produce gran parte del arroz de la región. Según un análisis del Banco Mundial, un aumento de un metro del nivel del mar supondría a Bangladesh perder la mitad de sus zonas productoras de arroz. Numerosos países isleños tendrían que ser evacuados. Los residentes de los valles de los ríos densamente poblados de Asia deberían desplazarse tierra adentro a zonas ya superpobladas. El aumento del nivel del mar podría crear millones de refugiados del cambio climático en países como China, India, Bangladesh, Indonesia, Vietnam y Filipinas.

Pero lo más perturbador es que la fusión del hielo puede a su vez acelerar el aumento de la temperatura. Al reducirse la masa de hielo y nieve, se reflejará menos luz solar. Dado que las superficies menos reflexivas absorben más radiación solar, la temperatura aumentará aún más rápidamente y la fusión se acelerará.

Pero no tenemos porque esperar pasivamente para ver como se realizan estas previsiones. Aún hay tiempo para estabilizar los niveles atmosféricos de CO2 antes de que el continuo aumento de las emisiones de carbono ocasione que el cambio climático adquiera proporciones alarmantes. Tenemos energía eólica, solar y geotérmica más que suficiente y a precios competitivos como para impulsar toda la economía mundial. Si incorporásemos los costes del cambio climático en el precio de los combustibles fósiles en forma de un impuesto sobre el carbono, las inversiones pasarían rápidamente de los combustibles fósiles a estas fuentes de energía renovables benignas para el clima.

Las principales empresas automovilísticas están trabajando en las pilas de combustible. Daimler Chrysler prevé empezar a comercializar un automóvil con pila de combustible en el año 2003. El combustible para estas pilas es el hidrógeno. Incluso los dirigentes dentro de la industria petrolífera reconocen que cambiaremos en el futuro de una economía energética basada en el carbono a otra basada en el hidrógeno. La pregunta es si podremos hacer ese cambio antes de que el sistema climático de la Tierra cambie de forma irreversible.

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