05/08/2013

La educación ambiental, empieza por la escuela

La normativa argentina prevé desde varios ángulos la formación de docentes y alumnado sobre los temas ambientales y hay muchas experiencias en el país que dan cuenta de una inquietud creciente, de iniciativas e intercambios. Existe también un programa nacional con una plataforma interactiva que unifica criterios (aunque no todos la conocen) y las provincias, que tienen autonomía, avanzan de manera dispar. Lo que está claro, no obstante, es que aumenta la necesidad de involucrarse desde el conocimiento acerca de lo que acontece en el planeta.

Fotografía: Natalia Noemí Gómez de Olivera. Fundación Vida Silvestre (Argentina).
Fotografía: Natalia Noemí Gómez de Olivera. Fundación Vida Silvestre (Argentina).

La mayor parte de niños, niñas y adolescentes asisten al colegio y el presupuesto destinado hoy a Educación es del 6,7 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB). Según el Ministerio de Educación, en 2007 y 2008 había 10.280.289 alumnos y alumnas (1.485.899 en nivel inicial, 4.664.025 en primaria, 2.153.329 en el ciclo básico secundario, 1.369.803 en el ciclo orientado secundario, 607.233 en el superior no universitario, 1.567.519 en el universitario de pregrado y grado, y 68.273 en postgrado).

Todo este alumnado debería, según las leyes, recibir enseñanza ecológica, como expresa el artículo 41 de la Constitución. Hay otras dos leyes que contemplan estos contenidos. Una es la de Educación Nacional (26.206), que sostiene que el Ministerio de Educación, con el Consejo Federal, “dispondrá las medidas necesarias para proveer la educación ambiental en todos los niveles y modalidades”. Afirma que se usará “el mecanismo de coordinación” de la ley 25.675, “las políticas y estrategias destinadas a incluir la educación ambiental en los contenidos curriculares comunes y núcleos de aprendizaje prioritario, así como a capacitar a los/as docentes”. Esa legislación es la norma General del Ambiente, que explica que la enseñanza ambiental “constituye el instrumento básico para generar (…) valores, comportamientos y actitudes que sean acordes con un ambiente equilibrado, propendan a la preservación de los recursos naturales y su utilización sostenible, y mejoren la calidad de vida de la población”.

Para Priotto, en la educación formal están los pocos espacios que quedan para promover la reflexión sobre lo que está sucediendo en el planeta. “La escuela debería discutir modelos y estilos de desarrollo. Si no es en la escuela, ¿dónde?

Las diferentes iniciativas

Justamente, la Iniciativa de Educación Ambiental en Argentina surgió ofreciendo no sólo contenidos y actividades sino también una plataforma de intercambio a través de internet de experiencias con espacio para cada provincia y temática. Esa propuesta fue lanzada por el Ministerio de Educación, la Secretaría de Ambiente, la Jefatura de Gabinete y Presidencia.

Por otro lado, los distritos del país han ido trabajando en forma dispar. Entre Ríos, en el centro este, es una de las provincias que más ha desarrollado su programa con grupos de trabajo y acciones con continuidad (libro de educación ecológica, feria de ciencias, concursos fotográficos,…) Chubut, en la Patagonia, tiene una dirección de educación ambiental y cuenta con un programa centrado en los residuos. Santa Cruz, también patagónica, sacó una revista de educación ambiental; Chaco, en el noreste, tiene equipos provinciales de educación ambiental; La Rioja, en el noroeste, elaboró un texto de enseñanza sobre ecología, y Río Negro, en el sur, armó un buen grupo de trabajo. Estos son sólo algunos casos, porque en los hechos, más allá de lo que resuelvan las provincias, docentes y alumnado llevan a las aulas las inquietudes que surgen en un planeta en constate transformación climática.

Desde la iniciativa no gubernamental, la Fundación Vida Silvestre Argentina (FVSA) decidió meterse en las escuelas con un proyecto llamado Caja Educativa que elaboró por ahora para dos distritos: Misiones y Capital. Para Juan Manuel Ojea, de FVSA, existen cuatro desafíos en el plano de la enseñanza ambiental: la aplicación de los contenidos (considera que queda en la iniciativa de las y los maestros), la falta de textos de respaldo, que esos materiales sean de calidad y la formación docente. “Queremos empezar a responder a esos desafíos”, explicó Ojea. Con ese objetivo,

FVSA elaboró un manual con 70 actividades para desarrollar en el aula en distintas asignaturas y niveles educativos, un libro sobre flora y fauna y otros materiales de soporte. Todo ello forma parte de la caja educativa que en la capital se distribuyó en escuelas públicas y privadas con apoyo de un banco y una empresa de correos. La devolución fue, según Ojea, excelente.

El artículo completo puede leerse en el número 56 de Pueblos – Revista de Información y Debate, abril de 2013.

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