25/06/2013

La movilización social en Brasil no es sólo por 20 centavos, sino por las deudas sociales y ambientales

Lo que empezó como una contestación a los 0,20 céntimos de subida en el billete de autobús en la ciudad de São Paulo, se convirtió en la espoleta para otras tantas deudas sociales y ambientales que tanto los gobiernos (en todas las esferas – municipios, estados y gobierno federal), como los parlamentarios siguen teniendo con el pueblo. Empezando por deficiencias históricas como la salud, la educación o los transportes públicos y por la degradación del medio ambiente.

La movilización social en Brasil no es sólo por 20 centavos, sino por las deudas sociales y ambientales

Estos últimos días vemos perplejos como el pueblo del gigante latinoamericano se levanta y sale a la calle para protestar. La perplejidad seguramente viene desde varios lados e interpretaciones de la actual coyuntura brasileña. Los de fuera se preguntan como es posible que un país que incluso en momento de crisis global está teniendo crecimiento y avances en el combate a la extrema pobreza, vea como su clase media (la recién-llegada y la más experimentada) salir a la calle para pedir cambios. Los de dentro se preguntan porque hemos tardado tanto en salir a reivindicar el combate a los problemas estructurales que afectan el país y que no son culpa exclusiva del actual gobierno sino de todos los que lo precedieron desde hace más de 500 años.

Lo que empezó como una contestación a los 0,20 céntimos de subida en el billete de autobús en la ciudad de São Paulo, se convirtió en la espoleta para otras tantas deudas sociales y ambientales que tanto los gobiernos (en todas las esferas – municipios, estados y gobierno federal), como los parlamentarios siguen teniendo con el pueblo. Empezando por deficiencias históricas como la salud, la educación o los transportes públicos, cuyas precarias estructuras ya sufrían con las envestidas de la maquina neo-liberal allá en la década de los 80; llegando a hechos recientes que atentan contra esta joven democracia, como el intento de retirar a los fiscales el poder de hacer instrucciones de oficio a la hora de investigar, por ejemplo los crímenes de la corrupción (PEC 37), los desvíos de dinero de las obras de infraestructuras para el mundial, el nombramiento de un homófobo/racista (Marcos Feliciano) para la Comisión de Derechos Humanos o el nombramiento de uno de los más grandes terratenientes del sector de la soja del país (Blairo Maggi) para la Comisión de Medio Ambiente, ambos de la Cámara de los Diputados.

Como en otras manifestaciones populares ocurridas a lo largo y ancho del planeta, desde que desató la primavera árabe a finales del 2010, lo que se ve en Brasil es una manifestación espontánea de la gente, especialmente de los más jóvenes, poco o nada asumido por los sectores políticos convencionales. Las redes sociales están jugando un papel fundamental en las movilizaciones y en la difusión de las convocatorias. Un sin fin de manifestaciones de desacuerdo invadieron todos esos espacios y personas que jamás se habían manifestado políticamente, como por arte de magia sacaron su espíritu combativo. Gritando consignas como, “No queremos mundial, queremos dinero para salud y educación”, “el gigante despertó” o “basta ya de corrupción”, los manifestantes intentan expresar lo que parecía ya perdido, que es la capacidad del pueblo brasileño de indignarse.

Ayer la presidente hizo un pronunciamiento en la televisión nacional, y como era de esperar continuó con el discurso tibio, que viene caracterizando su gobierno en esos años. Intentó ensayar una respuesta a lo que está pasando, con propuestas sobre movilidad urbana, salud y educación y se declaró abierta al diálogo con los “lideres” de las protestas (claramente desconcertada por la espontaneidad del fenómeno), con los movimientos sociales, sindicatos, entre otros, pero fue contundente en decir que el Mundial va a tener lugar el año que viene. El pueblo por su parte, no está dispuesto a parar, quiere seguir en la calle y muchos advierten que el año que viene será conflictivo y que no estarán dispuestos a dejar que el mundial de realice.

Pero no todo es tan uniforme, estamos viviendo momentos de tensión en las estrategias de los más variados sectores involucrados. Al principio los medios de comunicación de masas intentaron criminalizar el movimiento, tergiversando los enfrentamientos con la policía como estrategia para descalificar la gran mayoría pacífica. También la policía reaccionó con extrema violencia los primeros días y eso tuvo como consecuencia el incremento del número de personas en la calle.

Lo que ocurre es que las cosas han cambiado un poco desde entonces, por un lado la policía pasó a “decir” que apoya a los manifestantes, pero que no pueden aceptar la violencia y con algo más de estrategia consiguieron contener en parte los ánimos de aquellos efectivos que arremetieron indiscriminadamente contra los manifestantes. También del lado de los medios de comunicación, vimos un cambio brusco de sentido, ya no eran los manifestantes todos unos vándalos, sino era el pueblo brasileño que clama por cambios al actual gobierno. Tales actitudes son cuando menos sospechosas, ya que si por un lado la policía ha intentado contener el aumento de gente preocupada por la violencia de los cuerpos de seguridad, por otro lado la derecha (representada por los medios de comunicación) hace un intento claro de centrar en el gobierno de Dilma Roussef (PT, partido de izquierdas) en el único blanco de las protestas, para así lograr lo que intenta desde que Lula asumió el gobierno por primera vez hace 10 años.

La estrategia de la policía no ha tenido muchos resultados, ya que se dio una escalada en la violencia, con saqueos de tiendas, bancos destrozados, además del mobiliario urbano ardiendo en llamas y destrozado. Pero podemos decir que la estrategia de los medios de comunicación está causando cierta confusión, ya que están incitando los manifestantes contra los militantes de la izquierda que salen a la calle con sus banderas, también el argumento “anti-petista” (anti-PT) está intentando ser el foco de esas manifestaciones. Militantes de la extrema derecha utilizan las redes sociales para llevar a aquellas personas menos informadas en contra del gobierno, disfrazando su discurso extremista de acciones revolucionarias y pidiendo incluso la salida de la presidente.

Ahora mismo lo que se vive es un pulso entre sectores de la izquierda que piden calma y tranquilidad, para establecer un diálogo con los poderes públicos (ejecutivo y legislativo), realizando propuestas concretas y que ataquen la raíz de los problemas; y la derecha que a toda costa intenta descalificar y culpabilizar el PT de todos los males que vivimos en este país. No podemos prever de que lado la balanza se inclinará, pienso que el pueblo se dará cuenta de los intentos de manipulación de la derecha y consiga enfocar las protestas en acciones constructivas, empezando un proceso que contribuya a la madurez de nuestra democracia y no para la vuelta de los golpistas de antaño.EcoPortal.net

Sodepaz

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