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Las principales falacias de la Economía Verde. “Por más blanca que sea la chancha, la morcilla siempre es negra”

18/04/12 Por Salomé Vuarant

En los últimos tiempos se ha puesto muy en boga un nuevo modelo económico capitalista que se tiñe de verde y que toma forma a partir de los discursos dominantes, este nuevo modelo económico es el que se conoce como: “economía verde”.

El PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente), considera que una economía verde “debe mejorar el bienestar del ser humano y la equidad social, a la vez que reduce significativamente los riesgos ambientales y las escaseces económicas.

En su forma más básica, una economía verde sería aquella que tiene bajas emisiones de carbono, utiliza los recursos de forma eficiente y es socialmente incluyente”. Sí bien esta definición puede resultar dulce, bonita y seductora, mostraremos en adelante las principales falacias sobre las que se sustenta este modelo:

1. La economía verde es la mejor salida frente a la crisis climática: Bajo estas palabras se busca instalar la cuestión de la crisis como “oportunidad”, partiendo de la identificación de que la crisis actual encuentra sus raíces en una incorrecta asignación de capital. Como el capitalismo no es un invento nuevo, bien sabemos que el mismo es capaz de reinventarse a partir de auto-diagnosticarse en estado de “crisis”, de esta manera las “crisis” contribuyen a que el mismo sistema pueda seguir reproduciéndose, potenciándose y manteniéndose en pie. Las “crisis” abren brechas de oportunidad para plantear cambios en el paradigma productivo, así como el neoliberalismo surge de la crisis del Estado de Bienestar, la idea de instalar globalmente la cuestión del clima como crisis, permite impulsar bajo otro color, otro ropaje, un paradigma productivo que en sí es más de lo mismo.

Para ello, y sin sorpresas, este nuevo paradigma productivo crea todo un entramado simbólico que lo sostiene, resignificando un universo ya conocido bajo la etiqueta “verde”, apareciendo de este modo: las finanzas verdes, los negocios verdes, las inversiones verdes, los capitales verdes, los empleos verdes, las empresas verdes, los mercados verdes, la responsabilidad social verde; e incluso también: los gobiernos verdes, los partidos verdes, las organizaciones verdes, y hasta los movimientos verdes que se convierten en actores claves a la hora de predicar las bondades de este modelo.

2. La economía verde sustituye los combustibles fósiles por energías renovables y tecnologías con bajas emisiones de carbono: Para el PNUMA el origen del problema del cambio climático, se halla en el sistema energético actual, basado en la utilización de combustibles fósiles. Cómo dijimos anteriormente, así como el hecho de plantear la cuestión del “clima” en estado de “crisis” permite impulsar el nuevo esquema de economía verde; de la misma manera declarar el “estado de emergencia de los combustibles fósiles” permite impulsar, por su parte, una nueva matriz energética basada en el fomento de los agrocombustibles. En este sentido, cabe aquí hacer un gran paréntesis, pues no todas las energías por el simple hecho de ser renovables, son sustentables. Y si la ecuación es producir más agrocombustibles para reemplazar el petróleo y de este modo mitigar los efectos contaminantes, entonces nos están dando mal las cuentas, pues los agrocombustibles no mitigan la contaminación, y generan por su parte, una magnitud de efectos colaterales, como una disminución en la producción de alimentos por el avance sobre áreas cultivables (entre otras).

3. La economía verde genera puestos de trabajo bajo la forma de “empleos verdes” e impulsa la equidad social: Desde el “discurso verde” se sostiene que es posible alcanzar un “desarrollo económico sostenible”, a partir de detectar los distintos “capitales naturales” (aguas, bosques, etc.) e invertir en ellos para generar empleos. Lo cual reformulado en otras palabras sería: “generamos empleos a costa de aumentar la extracción y el saqueo de nuestros bienes comunes”.

Por otra parte, desde esta misma “doctrina verde” se brindan consejos sobre aquellos sectores económicos que “más prometen” dentro de esta búsqueda insaciable por el “crecimiento verde”: para los países históricamente productores de materias primas –como los del Sur- esas promesas de desarrollo se encuentran en el sector de la reforestación y de los agrocombustibles (modelos NO sustentables). Y para los países históricamente productores de bienes de capital –como los del Norte- esas promesas de crecimiento se encuentran en el sector de las tecnologías verdes y de las energías renovables. De hecho ya hay un grupo de países muy reducidos que transitan por ese sendero y que son los más beneficiados dentro de este esquema de reparto mundial: Alemania, Brasil, China, EEUU y Japón. Fotografía que además deja en claro el poco interés que hay por cambiar la estructura actual del capitalismo.

4. La economía verde favorece al desarrollo sostenible ayudando a la conservación del planeta y a la erradicación de la pobreza: Si la economía verde se sustenta en el crecimiento económico como un medio y como un fin para alcanzar sus metas; entonces el único desarrollo que produce es un “desarrollo de desigualdades”, donde lejos de erradicar la pobreza contribuye a profundizarla aún más.

Más claro… échale agua:

Sí de lo anterior quedaron algunas dudas, observemos el discurso de Ban Ki- Moon al respecto:

“…En un momento en que la economía global está agitada, necesitamos crecimiento. En un momento en que el desempleo está creciendo en muchos países, necesitamos nuevos empleos. En un momento en que la pobreza amenaza con afectar a cientos de millones de personas, especialmente en las partes menos desarrolladas del mundo, necesitamos una promesa de prosperidad; esta posibilidad está al alcance de nuestra mano… Hemos experimentado grandes transformaciones económicas a través de la historia: la revolución industrial, la tecnológica y la era de la globalización. Ahora estamos en el umbral de otra: la era de la economía verde… En la crisis de hoy reside la oportunidad de mañana, una oportunidad económica, medida en empleos y crecimiento... Sabemos que los más pobres entre los pobres del mundo son los más vulnerables al cambio climático. También son los más vulnerables a las sacudidas de la crisis financiera. Como líderes mundiales, estamos moralmente obligados a asegurar que las soluciones a la crisis financiera global protejan sus intereses, y no sólo a los ciudadanos de las naciones más ricas… Nuevamente, una solución para la pobreza también es una solución para el cambio climático: el crecimiento verde. Para los pobres del mundo, es una clave para el desarrollo. Para los ricos, es la modalidad del futuro…”

¿Y qué color le ponemos al capitalismo?

Tal como dice un dicho criollo “por más blanca que sea la chancha, la morcilla siempre es negra”. Y con esto, podemos decir que a la economía la podemos llamar verde, rosa, naranja, o adjetivarla con el color que más nos guste, pero en el fondo sigue siendo una economía capitalista.

Por ende, sí queremos cambios a los retos y desafíos actuales los esfuerzos deben orientarse a un verdadero cambio de sistema. www.ecoportal.net

Salomé Vuarant (Semillas de Rebelión- Rosario)

Fuentes:

- Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA); “Hacia una economía verde: guía para el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza, Síntesis para los encargados de la formulación de políticas”, 2011.

- Ban Ki- Moon “La gran máquina de empleos verdes”, 27 de octubre de 2008.

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