26/07/2013

El Cóndor andino al borde del abismo

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Hoy en día, el insaciable tráfico de la fauna que coexiste en los bosques y selvas del planeta Tierra, demuestra el éxito del Mundo globalizado al que pertenecemos. Con las nuevas tecnologías del siglo XXI, ahora se puede adquirir a través de la Internet, ese “animalito” que por curiosidad, ignorancia o presión social, será comprado virtualmente por el afortunado cliente que robotizará su alma.

El Cóndor andino al borde del abismo

A muchas personas les encanta sentir el poder de controlar la vida y el destino ajeno. El capricho de enjaular a una cotorra, que repita el verbo de sus dueños, la seguridad de esconder un cocodrilo en el patio de la casa, o domesticar a un mapache que despierte la curiosidad de los vecinos. Cada día, vivimos presos de un lucrativo círculo vicioso, que es rentabilizado por los cazadores del arca ecocida, los delincuentes que venden ilegalmente la fauna, y los felices compradores que pagan en efectivo el crimen ambiental.

La biodiversidad es vista como una mercancía que se obtiene de madrugada y se negocia al amanecer. Creemos que cualquier especie animal, prefiere un minuto de libertad plena en su hábitat natural de supervivencia, que pasar el tiempo esclavizado frente a la hiperactiva puerta de un hogar, en el cruel espejismo de un zoológico o en las ofertas por liquidación que ofrecen las tiendas de animales. Así, se padece del voraz comercio que cercena el derecho a la vida e irrespeta la pluralidad biológica. Hace décadas, que la cacería de aves, mamíferos, reptiles y anfibios, dejó de ser una práctica clandestina del “mercado negro”.

Hoy en día, el insaciable tráfico de la fauna que coexiste en los bosques y selvas del planeta Tierra, demuestra el éxito del Mundo globalizado al que pertenecemos. Con las nuevas tecnologías del siglo XXI, ahora se puede adquirir a través de la Internet, ese “animalito” que por curiosidad, ignorancia o presión social, será comprado virtualmente por el afortunado cliente que robotizará su alma. Entre pieles, garras, colmillos, astas y aletas, todo es válido cuando se trata de lucir a la moda, renovar las alfombras del living, coleccionar el ego de la muerte y colgar la cresta del canibalismo irracional de la Humanidad.

La falta de una educación ambiental agudiza el problema, ya que los muchachos no reciben el mensaje ecológico en sus centros educativos, y además los padres no asumen la responsabilidad ética, que manifiesta la ausencia de valores en el plano familiar. De hecho, son los adultos quienes llevan a los jóvenes a retorcidos eventos, como los Circos, las peleas callejeras de animales y la Tauromaquia. En paralelo, las personas compran especies exóticas para complacer a los hijos, pero cuando crecen o revelan su instinto salvaje, las terminan matando o dejando abandonadas en la carretera. Al quedar expuestas a otros depredadores que habitan esos ecosistemas, acaban por morir gracias al eterno delito perpetrado en manos del Hombre.

Por su parte, los organismos gubernamentales que legislan la materia ambiental en cada país latinoamericano, realizan un trabajo forzado que no se fructifica en la mente de la colectividad. Mediante decomisos, multas y ordenanzas públicas, se pretende erradicar la impunidad en contra de la fauna. Quienes se llenan los bolsillos de sangre, a costa del sufrir de los animales, deben ser oportunamente juzgados y encarcelados por la vileza. Pero, mientras no se establezca una conciencia socio ambiental que se origine en los pizarrones y en el grafito de las aulas de clases, pues seguiremos denunciando agravios ecológicos, como los que a continuación le presentamos.

En Ecuador, la cacería furtiva del Cóndor andino es una triste realidad que afronta el país sureño. El ave rapaz del orden de las Catartiformes, es un invaluable símbolo ecuatoriano que representa su acervo histórico. Sin embargo, quedan menos de 50 cóndores volando libremente en el cielo, y 18 ejemplares están protegidos en las rejas del cautiverio, debido al laberinto de plomo creado por los cazadores, el aumento del área agrícola para agrandar el sustento económico, y por ende, la reducción de los exuberantes páramos, que observan en primera fila, la destrucción ambiental consumada en los ojos del ecocidio.

Además, la gente fiel a sus sagrados y absurdos dogmas, considera que los cóndores son animales demoníacos que depredan el ganado y se comen a los niños, por lo que tienden a colocarle carne envenenada, para que el ave fallezca al instante. Pese a que la cosmovisión lo considera un signo de prosperidad y misticismo. La idiosincrasia de los pueblos, es capaz de amparar una serie de cultos, ritos y mitos tradicionales, que demuestran el grado de miseria espiritual en el discernir de los individuos. En diciembre del 2012, se encontró el cuerpo de un cóndor que recibió 6 impactos de fuego, por culpa de seres inescrupulosos que lo abatieron hasta llegar a la hacienda Zuleta, muy cerca del volcán Cayambe, en el que fue localizado fortuitamente por los habitantes.

En lo que va del 2013, han muerto tres cóndores en suelo ecuatoriano, incluyendo el lamentable caso suscitado en el mes de abril, dentro de la provincia de Azuay, que se conoció tras una foto publicada en las redes sociales. Vale aclarar, que en la funesta imagen se observaba a un grupo de campesinos con aires de triunfalismo, jolgorio y alegría, por sostener al ave voladora más grande del mundo. Cuando los entes policiales, informaron que ellos eran los principales sospechosos del terrible suceso, entonces los comuneros de Gualay llenaron sus caras de temor, y se atrevieron a contar en detalle el hecho delictivo. Lo más triste, fue la postura de cobardía asumida por los pobladores, quienes huyeron a zonas montañosas y se negaron a cooperar con los organismos judiciales para resolver el conflicto.

El tiro de gracia se produjo en el sector de Quimsacocha. Al ave la escondieron en un saquillo, para no generar sospecha entre los lugareños. Pero el deseo de glorificar la muerte, hizo que el asesino revelara las fotos tomadas con el celular, permitiendo que sus amigos se unieran a la sesión fotográfica junto al cadáver. Recordemos que el 7 de julio, es celebrado el “Día Nacional del Cóndor” por nuestros hermanos ecuatorianos. Llamado científicamente “Vultur Gryphus”, reside en la Cordillera de los Andes, mide poco más de un metro de longitud, con una envergadura de alas que alcanza los 3,5 metros. Tiene un gran plumaje de color negro azulado, collar blanco y cola pequeña. Se le considera del tipo carroñero, por lo que NO es una amenaza para las actividades agropecuarias.

El Cóndor Andino está presente en el Escudo de Armas de Ecuador, Colombia, Chile y Bolivia, simbolizando el valor, la libertad, la soberanía y la búsqueda de horizontes. Sin duda, es un ícono patrio que eleva la nobleza, el esfuerzo y la esperanza de los pueblos. No obstante, se halla en peligro de extinción en todos los países mencionados. La inevitable pregunta: ¿Cómo es posible que un ciudadano oriundo de esas naciones, presione el gatillo en contra de sus propias raíces culturales? Parece que el sentido de pertenencia, se olvidó de los colores de la bandera, del grito que entona el himno y de refrendar con entusiasmo el gentilicio. Es una situación compleja, que deviene de la intolerancia, los antivalores de la TV y la cultura del consumismo.

En Colombia quedan alrededor de 150 cóndores y en Venezuela menos de 10 ejemplares. El estado venezolano de Mérida, también tiene al ave rapaz en su Escudo de Armas, con las alas desplegadas en actitud de emprender el vuelo. En Venezuela existen programas de reintroducción del animal, gracias a la colaboración de la Asociación Civil Biocontacto. A su vez, se intenta rescatar al Oso Frontino, que es nativo de Sudamérica y que se encuentra al borde de la desaparición. Por el contrario, en países como Chile y Argentina, aunque se ha visto disminuida la cantidad de cóndores, existen más de 2500 ejemplares volando en sus hábitats naturales, siendo un incentivo para que la gente estime su belleza, y NO corra el riesgo de extinguirlos.

Recientemente, tres cóndores (2 hembras juveniles y un macho), fueron llevados a la Sierra Pailemán en la provincia de Río Negro, dentro del territorio argentino, para que se adapten a las variables climáticas de la zona, antes de ser liberados y rastreados por satélite, con el fin de evaluar su interacción con el Medio Ambiente. Mientras que en julio del 2013, un personal de Carabineros rescató a un cóndor, durante labores de patrullaje por la Ruta 7 Sur del país chileno. El ave heráldica fue protegida y alimentada, en procura de reincorporarla a su entorno. En junio del año en curso, se salvó a un cóndor andino juvenil en la provincia ecuatoriana de Napo. El ejemplar estaba lesionado y oculto en el interior de una finca, a la que asistieron guardaparques en busca de auxiliar al animal, que según el “Libro Rojo de Aves” del Ecuador, se ubica en Peligro “Crítico” de Extinción.

Cabe destacar, que la primera versión del Escudo Nacional peruano, surgida en el año de 1.820, también ostentaba a un cóndor que se ubicaba al fondo del histórico diseño. En el centro detrás del escudo, se apreciaba una palmera de plátanos, a la izquierda se visualizaba el ave andina y a la derecha estaba una llama. En la actualidad, Perú ha visto disminuir drásticamente la cantidad de cóndores. Tan sólo 500 ejemplares están en libertad. Debemos mencionar, que el Cañón del Colca, ubicado en la provincia de Caylloma, es un gran atractivo turístico debido a los majestuosos entornos naturales que engalanan el vuelo del ave. La gente va hasta el Mirador de la Cruz del Cóndor, en el distrito de Cabanaconde, para atestiguar la majestuosidad del animal. Lo contradictorio, es que apenas quedan 25 cóndores divisibles en esa zona, cuando hace treinta años anidaban casi 200 ejemplares.

Todo es culpa de una perversa celebración llamada “Yawar Fiesta”, en la que los comuneros llenos de aguardiente, se arman de paciencia y capturan con trampas inhumanas al cóndor. Luego, le retienen las alas para obligarlo a caminar hasta el macabro evento. Después, el cóndor que representa al indígena, es atado al lomo de un toro, que escenifica al gamonal. Ambos luchan por liberarse, lo que termina hiriendo con gran crueldad la piel del ave y como suele ocurrir, al final sacrifican al Toro. El infernal espectáculo se realiza 40 veces al año, y aunque tiene “variantes” en su realización, es una brutal realidad que por la ignorancia de la gente, se continúa festejando en pleno siglo XXI.

A los turistas, les encanta llevarse las plumas y los huesos del Cóndor, como souvenir del ecocidio presenciado. Lo peor, es que muchísimas otras especies de fauna, son diariamente vendidas, traficadas, despellejadas y disecadas, para satisfacer el apetito caníbal de todos los involucrados. No es casualidad, que el Pingüino del Magallanes, el Gorila de Montaña, el Rinoceronte de Java, el Panda Gigante, el Lince Ibérico, el Caimán del Orinoco, la Rana Marsupial, el Guacamayo Verde Mayor, el Jaguar y miles de otros animales, se encuentran vulnerables ante la eterna subversión del Hombre, quien como todos saben, es el hijo bastardo de la Pachamama.

Por desgracia, la problemática no se resuelve con una orden de prisión preventiva para el delincuente, ni con proyectos conservacionistas de los entes públicos ambientales. Tarde o temprano, el agresor saldrá en libertad con ganas de matar por instinto de venganza a cualquier otra especie animal, y los gobiernos de turno terminarán con las iniciativas de anteriores procesos políticos. Quisiéramos creer que con charlas de sensibilización ecológica, las personas se arrepentirán de atrapar, humillar y linchar a sangre fría el alma del Cóndor Andino. La guerra siempre ha sido la brújula del Mundo. Detrás de la emancipación y la independencia de los países, se halla el armamento que justificaba el logro del dominio geográfico.

Para muchos, matar es un premio, una muestra de valentía y heroísmo, que encuentra en los “animalitos”, una vía de escape ante la hostilidad del trabajo, de la familia y de la Sociedad. Ya hay bastante injusticia en el Mundo, como para seguir por los caminos del belicismo y la traición. No seas cómplice del delito. ¡Denuncia!

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