25/07/2013

La revolución energética cubana

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Casi desapercibida por el público, pero tam­bién por los expertos en energía de Alema­nia, se llevó a cabo en Cuba una revolución energética que, en ciertos aspectos, va más lejos que la transición energética alemana. En el año 2005, el presidente cubano Fidel Castro proclamó la “revolución energética“, que incluía medidas de largo alcance: 2,5 millones de refrigeradores fueron reemplazados por refrigeradores más eficientes, mediante un programa del gobierno. El abandono de los bombillos incandescentes a favor de lámpa­ras fluorescentes compactas (CFL) también se hizo 5 años antes que en Alemania y en la Unión Europea, y la conversión fue global.

La revolución energética cubana

En octubre de 2012, Büro Ö-quadrat llevó a cabo un proyecto propio en Cuba para investi­gar los resultados de la revolución energética cubana. Para esto, Dieter Seifried (Büro Ö-quadrat) conversó con varias organizaciones y recogió informaciones in situ. Incluso antes de la revolución energética cubana, en el marco del estudio financiado por el BMU “Sustainable Energy Policy Concepts (2002)”, Dieter Seifried había propuesto al gobierno cubano realizar un cambio de los aparatos de refrigeración. En otro proyecto en el 2004, se le ofreció al gobierno cubano hacerse cargo, además de la sustitución de refrigeradores, de su financia­ción por medio de un proyecto de contratación. En este caso, el costo de los refrigeradores de alta eficiencia se habría compensado por el ahorro efectuado en las importaciones de petróleo crudo.

La revolución energética ignorada

1. Mejora de la eficiencia energética en los hogares y las empresas mediante la sustitución de los electrodomésticos ineficientes. Al mismo tiempo, reemplazo de los equipos de cocción que utilizaban queroseno y gas licuado por hornillas eléctricas

2. Complemento de las grandes centrales eléctricas con plantas distribuidas y mejora de las redes de transmisión y distribución

3. Desarrollo de energías renovables

4. Aumento de la exploración y producción de fuentes propias de energía fósil

5. Aumento de la cooperación internacional

6. Sensibilización de la población

Casi desapercibida por el público, pero tam­bién por los expertos en energía de Alema­nia, se llevó a cabo en Cuba una revolución energética que, en ciertos aspectos, va más lejos que la transición energética alemana. En el año 2005, el presidente cubano Fidel Castro proclamó la “revolución energética“, que incluía medidas de largo alcance: 2,5 millones de refrigeradores fueron reemplazados por refrigeradores más eficientes, mediante un programa del gobierno. El abandono de los bombillos incandescentes a favor de lámpa­ras fluorescentes compactas (CFL) también se hizo 5 años antes que en Alemania y en la Unión Europea, y la conversión fue global.

También se operó un cambio sorprendente y fundamental: mientras que anteriormente el suministro de energía eléctrica se basaba, en Cuba - como en todos los países de economía planificada 1 - en grandes plantas eléctricas centrales, durante la revolución energética se invirtió en centrales eléctricas descentra­lizadas. Este cambio liberó el camino para un mayor desarrollo de las energías renovables, que dentro de un sistema energético planea­do centralmente tenían pocas posibilidades de ser implementadas.

La motivación para este amplio programa de renovación fue, en Cuba, mucho menos la lucha contra el cambio climático que la necesidad técnica y económica: por causa del envejecimiento y del mal mantenimiento de las centrales y redes eléctricas, así como del impacto de dos huracanes, en los años 2004 y 2005 casi todos los días había cortes de energía en una gran parte del país. Sólo en el 2005, hubo no menos de 224 días con apagones extensos de duración superior a una hora, que paralizaron la industria y los ho­gares 2. Con la revolución energética, los cortes de energía causados por la falta de capacidad de generación pudieron evitarse por completo en el 2007.

Las transformaciones en el plano técnico fueron apoyadas por medidas de acompaña­miento que también podrían ser interesantes para Alemania y otros países: los electrodo­mésticos ineficientes fueron reemplazados por equipos más eficientes, y en paralelo se ajustaron las tarifas eléctricas dentro de una estructura tarifaria progresiva para que los grandes consumidores tengan que pagar mu­cho más. Además, la compra de electrodomés­ticos eficientes ha sido apoyada mediante los llamados créditos sociales. Créditos sociales porque sus condiciones, tales como la tasa de interés y el plazo de amortización, se ajusta­ron a los ingresos y a la capacidad de pago de los hogares.

La revolución energética cubana puede ser ca­racterizada por seis componentes principales (véase la página 2). La siguiente presentación se concentra en los dos primeros componen­tes. Los otros puntos sólo se mencionan y desarrollan según se considere necesario para la comprensión del proceso en su conjunto.

El siguiente informe se basa en un análisis del Büro Ö-quadrat. Para la adquisición de datos, Dieter Seifried realizó entrevistas con diversas personas y organizaciones in situ.

La sustitución de los electrodomésticos ineficientes

La revolución energética cubana comenzó en julio del 2005 con un amplio programa de sustitución de bombillos. En menos de un año, trabajadores sociales y estudiantes voluntarios consiguieron reemplazar más de nueve millones de bombillos incandescentes en los hogares por lámparas fluorescentes compactas (bombillos ahorradores). Supo­niendo que en los 3,3 millones de hogares cubanos están prendidos dos bombillos de 60 watts por hogar durante un promedio de tres horas diarias, se calcula un ahorro anual de 354 millones de kWh, lo que equivale a unos 3 a 4% de la totalidad de electricidad consumi­da en Cuba.

Como los bombillos ahorradores tienen una vida útil alrededor de diez veces superior a la de los bombillos incandescentes, el costo de inversión para estos bombillos de bajo consumo es inferior al costo de diez veces más bombillos incandescentes. Los costos sociales asociados con la carga de trabajo de los trabajadores sociales y los estudiantes para intercambiar los bombillos no se tienen en cuenta aquí. Se puede admitir, en una primera aproximación, que el intercambio de bombillos no produjo ningún costo adicional para la economía nacional. Dado que los cos­tos variables de generación eléctrica en Cuba son, considerando el precio actual del petróleo crudo en el mercado internacional, de unos 20 céntimos de euro 5, se podrían ahorrar anualmente cerca de 71 millones de euros en los costos de producción de electricidad, sólo gracias al ahorro de energía que permite esta medida. Este simple cálculo no toma en cuen­ta que por el ahorro de energía además se reducen las pérdidas en las redes, el impacto sobre el medio ambiente de las emisiones de las plantas eléctricas y los costos ocasionados por la extensión del parque energético.

Actualmente en Cuba se está considerando sustituir las CFL por lámparas LED. Debido a la mayor vida útil de las LEDs y a la mayor emisión de luz por watt, también esta medida de ahorro de energía vale la pena en términos económicos.

Además de los bombillos también se cambia­ron los ventiladores remendados por equipos más eficientes. Según la Unión Eléctrica (UNE), el proveedor nacional de energía, 1,04 millones de equipos fueron reemplazados. Mientras que 30 a 40 watts son suficientes para un ventilador razonablemente eficaz, muchos equipos arreglados en casa necesi­taban más de 100 watts para funcionar. Si se considera un uso de 1 000 horas al año por hogar, el intercambio permite un ahorro anual de aproximadamente 60 millones de kilowatts-hora. La inversión inicial de unos 10 millones de euros debe compararse a un ahorro anual de unos 12 millones de euros.

Los mayores consumidores de energía en los hogares cubanos eran los refrigeradores anticuados. El consumo medio anual de elec­tricidad de una vivienda cubana era de 1 668

Créditos sociales en Cuba

Para posibilitar la compra de electrodomés­ticos eficientes, en el marco de la revolución energética los hogares cubanos tuvieron acceso a un programa de créditos que se creó específicamente para esta revolución energé­tica, y que se caracteriza por el hecho de que los términos del crédito, tales como la tasa de interés y el plazo de amortización se ajustaron a la capacidad del prestatario.

Los cubanos han financiado un total de 4,6 millones de artículos de un valor total de 9 mil millones de pesos mediante este progra­ma de créditos. La „Banca Cubana” ha acorda­do los términos de crédito siguientes: Para un ingreso mensual de hasta 225 pesos cubanos se ofrecía una tasa anual de 2% con un plazo de amortización de 10 años.

Las condiciones para el prestatario se vuelven menos favorables a medida que suben sus ingresos (véase la Tabla 5). A partir de un ingreso mensual de 1 801 CUP ya no se otorga­ban más créditos

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El informe completo tiene 36 páginas y puede bajarse en formato pdf desde el siguiente enlace http://www.oe2.de/referenzprojekte/la-revolucion-energetica-cubana/?L=2

Büro Ö-quadrat

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