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Agua, transgénicos y monocultivos forestales

23/01/07 Por Carlos Santos

En México los servicios ambientales han resultado ser la nueva estrategia para desplazar a las comunidades campesinas de sus territorios. Desde las nuevas “caras” de la privatización del agua y la contaminación transgénica del maíz a la imposición de monocultivos forestales de especies exóticas, los “servicios ambientales” no hacen otra cosa que expulsar a la gente de las comunidades.

Los servicios ambientales como estrategia de desplazamiento

En México los servicios ambientales han resultado ser la nueva estrategia para desplazar a las comunidades campesinas de sus territorios. Desde las nuevas “caras” de la privatización del agua y la contaminación transgénica del maíz a la imposición de monocultivos forestales de especies exóticas, los “servicios ambientales” no hacen otra cosa que ocultar “una estrategia más del capital para expulsar a la gente de las comunidades indígenas” según afirma Aldo González. Biodiversidad entrevistó al indígena mexicano de Oaxaca, quién habló del agua, la tierra y las semillas así como de las prácticas tradicionales de indígenas y campesinos, que siguen conformando una fuerte resistencia a la mercantilización de los bienes comunes.

¿Cuál es la situación actual con respecto a la privatización del agua en las sierras de Guerrero en Oaxaca?

Inicialmente nos pidieron el apoyo los compañeros de una comunidad que se llama San Antonino, Castillo Velazco, en el distrito de Ococlán. Ellos querían que los acompañáramos para darles alguna información sobre la problemática del agua en otros ámbitos, porque en julio de 2005 les empezaron a llegar algunas cartas de la Comisión Nacional del Agua en las que les pedían que fueran a la a pagar el consumo excesivo que hacían de agua con la concesión que les dieron hace 10 años, aproximadamente.

Los campesinos se extrañaron porque cuando les dieron las concesiones no les dijeron que tenían que pagar el agua. Cuando a preguntar en la Comisión Nacional del Agua nos dijeron que nuestra concesión era, por ejemplo, por un cuarto de hectárea, pero como nosotros regamos un cuarto de hectárea más algunas zonas aledañas, del mismo pozo, estamos utilizando para regar más de un cuarto de hectárea. La Comisión se dio cuenta de esto, según nos informaron, porque revisaron los recibos de la Compañía Federal de Electricidad, entonces hizo una multiplicación del consumo de electricidad por hora por la capacidad de extracción de la bomba y eso da determinado volumen de metros cúbicos. Entonces, de manera indirecta se dio cuenta que les estaban extrayendo mayor cantidad de agua que la que habían autorizado en la concesión.

Ese es un problema. La gente dice no estar dispuesta a pagar el agua, eso porque hay muchos factores atrás. Hace mucho tiempo estos lugares eran muy húmedos, incluso había comunidades que reciben el nombre de “La ciénega”, hoy solamente queda el nombre, porque ya no hay agua, ya no es una ciénaga. Y esto es así porque a finales de los años 70 la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos de aquel entonces inició un programa para decirles a los campesinos de esas zonas que sus tierras estaban anegadas y que necesitaban hacer canales para extraer el agua. Y lo que hicieron fue abrir canales para desecar esas tierras y hoy el nivel del manto freático ha bajado enormemente. Ellos nos dicen: “hace cincuenta años el agua que precisábamos para regar nuestras hortalizas la sacábamos con un cántaro de los manantiales o hacíamos un hoyo en la ciénega y salía el agua”. Hace treinta años los pozos eran de 6 metros. Ahora son de entre 25 metros hasta 40 metros de profundidad. Ha habido una pérdida de los mantos freáticos enorme. El gobierno de alguna forma provocó esta situación, porque ellos no sabían que iban a orientar el agua de las tierras, de manera irresponsable hicieron esos canales para desecar las tierras.

No sólo hicieron los canales en pequeños arroyos, sino que hay un río que atraviesa prácticamente todo el territorio de Oaxaca, al Norte -el río Salado- y en la parte central y hacia el Sur -donde se llama río Atoyac-. Este río en ocasiones inundaba la Ciudad de Oaxaca o las colonias periféricas, entonces se vio como un problema y lo que se hizo fue profundizar el cauce, lo que hace que ahora en lugar de un río sea un canal, al sacar el agua por el canal se está desecando las tierras. Los campesinos agregan “cuando hicimos los pozos los hicimos con nuestros propios recursos el gobierno federal nunca nos apoyó con recursos económicos para que hiciéramos una inversión de esa naturaleza”. Por ejemplo, hay un subsidio que se da básicamente a los productores de maíz y frijol que es el Procampo y ellos plantean “nosotros no recibimos el Procampo porque no sembramos maíz ni frijol, sembramos hortalizas. Y como las hortalizas no están subsidiadas, nosotros en nuestra comunidad no recibimos ningún subsidio. Somos los que hemos hecho la inversión, no hemos recibido nunca apoyo gubernamental y hoy vienen a decirnos que les debemos el agua”. Por otro lado hay otra situación en algunas comunidades donde se están venciendo las concesiones. Las concesiones las otorgaron hace aproximadamente unos diez años, ahorita se están venciendo y ellos tienen que renovar las concesiones para poder seguir extrayendo el agua. Si no renuevan esas concesiones la Compañía Federal de Electricidad -que es la que les suministra energía eléctrica para que activen sus bombas- no les puede dar el servicio o les puede quitar el servicio por falta de la concesión. Entonces ellos necesitan la concesión para seguir sacando agua del subsuelo. Y la Comisión Nacional de Agua les dice ”si quieres que te renueve tu concesión tienes que colocar un medidor en tu pozo de agua, para que sepamos con certeza plena cuántos metros cúbicos de agua estás extrayendo”. Y la gente dice: “nosotros no estamos dispuestos a poner contadores en nuestros pozos de agua porque el agua no nos la da el gobierno”.

Han hecho muchas acciones para que el agua se vaya de nuestras tierras y ahora nos quieren cobrar el agua. En la región de la parte Sur del Valle de Oaxaca, inicialmente fue la comunidad de San Antonino la que inició esta lucha, luego se elevó a ocho el número de comunidades que estaban en esta situación, y ahora son catorce comunidades.

En estos momentos están haciendo más difusión de la problemática que tienen con el agua para invitar a campesinos de otras zonas a que se sumen a sus emprendimientos.

Hay gente que está deseosa de que se haga una movilización de protesta para que el gobierno escuche y solucione el problema. Nosotros vemos que hay una Ley de Agua, en México, que prácticamente está convirtiendo en delincuentes a los campesinos.

Desgraciadamente en el caso del Estado de Oaxaca estamos viendo que cada vez que hay una movilización, hay policías, hay represión, entonces les hemos recomendado a los campesinos que antes de hacer una movilización tienen que hacer lo que están haciendo ahora: convocar a más gente para que en el momento que sea necesario movilizarse no sea sólo una comunidad o un pequeño grupo de campesinos movilizándose, sino que sea un gran movimiento de toda esa comunidad del Valle de Oaxaca que pueda iniciar toda la protesta y difusión de esta problemática. Ellos dicen “ya nos dimos cuenta que el problema no los puso la ley, entonces ahora otra de nuestras demandas es que se cambie esa Ley Nacional de Agua”.

¿Cómo ha sido el avance de este sistema de “concesiones” de agua?

Lo que hemos visto en relación con el agua y la tierra es que, por un lado, están concesionando el agua, ya sea de pozos, de ríos o de arroyos, nadie puede sacar el agua sin autorización de la Comisión Nacional del Agua, y esta comisión puede autorizar la concesión a campesinos que viven en esos lugares o a particulares, aunque no vivan en ese lugar. Aunque no sean dueños de un pedazo de tierra que esté alrededor del río.

Hay empresas mineras que no son dueñas del suelo del que están haciendo la extracción del subsuelo y necesitan agua para sus actividades y se la dan, en detrimento de las comunidades locales. Hay un río, por ejemplo, que es el río Grande, que cuando baja de la montaña tiene un caudal importante, cuando llega a la altura dela mina esa agua es utilizada para las actividades mineras y después de las instalaciones de la minera el cauce del río disminuye considerablemente. Porque la mina tiene muchas filtraciones, entonces se está escapando el agua superficial a través de las filtraciones de la mina. La gente en estas comunidades también están muy descontenta, porque la minera sigue profundizando sus túneles y uno de esos túneles está llegando a la parte de abajo de los manantiales de agua que surten a la comunidad. Si la minera llega con sus túneles abajo de nuestro manantial, el manantial se va a secar. La minera dice que no, pero las comunidades saben por experiencia de otros lugares donde anteriormente había manantiales y actualmente ya no existen porque se filtraron a los túneles de la mina.

Hay casos como estos que se están dando en México, en los que ya se ve la problemática con el agua. No tanto de que les vayan a quitar la tierra a los campesinos, pero sí que están provocando problemas por la concesión de agua en las comunidades. El problema de la tierra está más relacionado con otro programa gubernamental que es el Procede, Programa de Certificación de Derechos Ejidales, que tiene relación con los ejidos, dotaciones de tierras que les dieron a las comunidades, algunas indígenas y otras de mestizos. Debido a los bajos precios de los cultivos indígenas la gente quiere vender la tierra para tener dinero y poder emigrar a trabajar (a los Estados Unidos, por ejemplo). Entonces por se está perdiendo la tierra de los ejidos, particularmente, porque la tierra de las comunidades no se puede vender.

¿Qué articulación tienen estos problemas que mencionabas de la concesión de agua para las comunidades indígenas o campesinas con las organizaciones que trabajan esto a nivel urbano?

Hay poca articulación. La problemática es común, pero hay poca articulación. En el caso del Valle de Oaxaca, vemos es que existe la necesidad de que se articule un movimiento campesino y urbano, porque la Ciudad de Oaxaca, que está -digamos- arriba de la cuenca donde están estos campesinos, les está extrayendo mucha agua. Hay algunas empresas embotelladoras de agua que están alrededor de la ciudad que están ubicadas en los lugares donde los mantos freáticos están más altos y se están construyendo unidades habitacionales para la gente pobre, lo que está dejando sin agua a las colonias populares que se encuentran alrededor de estas unidades habitacionales. Como está en la parte más alta de la cuenca y los campesinos están en la parte baja, se van a quedar sin agua. Por eso es importante que se articulen entre los campesinos y los habitantes de las ciudades para que se puedan establecer políticas sobre el uso del agua que estén gestionadas por la gente. Porque la Comisión Nacional del Agua, las constructoras, las embotelladoras, están haciendo un uso irracional de este líquido vital.

¿Y cual es la relación de la problemática del agua con el pago por servicios ambientales?

En relación al agua de las zonas boscosas hay una diferencia con el Valle de Oaxaca, esa es una zona donde no llueve mucho, entonces ahorita tienen que extraer el agua del subsuelo. Pero en las zonas boscosas hay lugares en lo que lleva a haber hasta seis mil milímetros de precipitación anual, sin excepciones, pero existen esos lugares donde hay una vegetación impresionante, árboles que son endémicos de ese lugar. que son prehistóricos y que ahora se está descubriendo su existencia.

En esos lugares hay algunos programas gubernamentales de la Secretaría de Medio Ambiente, como el Prodefor, Programa para el Desarrollo Forestal, y de otros programas relacionados con el medio ambiente y con el pago de los servicios ambientales. Nosotros vemos el pago de los servicios ambientales como un problema para las comunidades porque muchas veces, junto con el ofrecimiento de pago de servicios, tienen que firmar un contrato. Al estos contratos, la comunidad prácticamente está cediendo la oportunidad de tomar las decisiones de lo que puede hacer en esas tierras, porque la contraparte del contrato es quien pone las condiciones del uso del suelo entonces. Hay una pérdida de determinación sobre el uso del suelo, una pérdida de autonomía. Junto con estos programas de pago por servicios ambientales, sobre todo servicios ambientales hídricos, también están impulsando la reforestación, pero con una sola especie. Entonces están impulsando el establecimiento de plantaciones de monocultivos, que pueden ser árboles nativos o árboles de afuera, pero son monocultivos. Además hay un componente adicional: en ocasiones están motivando a la gente a que siembre esos arboles en los terrenos donde antes sembraba maíz. Si siembra esos árboles ya no va a poder sembrar maíz y va a tener que abandonar esa tierra. Entonces vemos que los servicios ambientales funcionan como una estrategia más del capital para expulsar a la gente de las comunidades indígenas.

Y con respecto al “tipo” de servicio ambiental, te referías a los “servicios hídricos”: ¿hay una diferenciación en el pago por esos servicios con respecto a los otros o estos contratos son generales, donde se paga por todos los servicios del bosque o de la selva?

Lo que dicen es “vamos a pagar por todos los servicios hídricos pero esto va a ser por hectárea”, o sea, tu te comprometes a no tocar determinado número de hectáreas y yo te voy a pagar 400 pesos por hectárea al año, por ejemplo. Ese es el tipo de pago por servicio que están impulsando. Es una grosería, porque la gente puede sacar mucho más de 400 pesos por hectárea en un año de su bosque sin necesidad de hacer un mal uso de él. Están obligando a la gente a dejar su bosque.

Y con eso dejar el lugar donde viven.

Sí, y su cultura. La relación con el entorno va a cambiar porque no van a poder hacer uso de las plantas medicinales o de la madera.

Ustedes también han llevado adelante un importante proceso que están llevando ustedes de descontaminación del maíz nativo -contaminado con transgénicos-, ¿qué pasó con la última cosecha?

En la última cosecha que -es la del 2005- se hizo un muestreo en el Valle de Oaxaca, en seguimiento aun muestreo que habíamos hecho en el 2003, decidiendo ahora solamente muestrear las plantas con deformaciones morfológicas. De la totalidad de las plantas con deformaciones que se muestrearon alrededor del 10% dio positivo para la presencia de algún tipo de transgénico, lo cual es un porcentaje muy bajo. Sin embargo consideramos que este porcentaje puede ser engañoso, en primer lugar porque como son plantas contaminadas, esta contaminación se pudo producir hace cuatro, cinco o más generaciones, entonces los sistemas que fueron diseñados por las mismas empresas para detectarlos puede ser que no estén funcionando para lo que fueron diseñadas. Pensamos que la aparición de tantas deformaciones en las plantas nativas puede ser un indicador de la contaminación, pero ya no es la contaminación pura, sino que pudo tener algún cambio genético al interior de la planta. Y esto está provocando, por un lado, las malformaciones pero, por otro, que no se pueda detectar la presencia de transgénicos por los métodos que fueron arreglados para detectar transgénicos en la primera generación.

¿Y cómo vienen llevando adelante este proceso? Están identificando las variedades con malformaciones, pero ¿que pasa con la reivindicación de la cultura indígena como mecanismo de defensa contra los transgénicos?

Una de las cosas que hemos estado planteando con los compañeros de las comunidades con las que nos ha tocado trabajar es decir que tienen que seguir cultivando el maíz, monitoreando sus milpas, pero ahora le tienen que poner mayor cuidado a detectar la presencia de alguna malformación y que si llegan a detectar alguna malformación le tienen que quitar la espiga para que no siga expandiendo el polen. Esto no es algo nuevo. Esto se practica en algunas comunidades desde hace cientos de años.

El maíz es una planta que puede polinizar a muchas más plantas entonces no se necesita que todas las plantas tengan la espiga. Desespigar a las plantas más pequeñas, con malformaciones, o a las más débiles, puede ayudar también a que las características de las plantas vayan siendo las que la gente quiere. Es una práctica tradicional de algunas comunidades que ahorita la estamos compartiendo con otras que no la realizaban para ir mitigando el proceso que sabemos que no está en todas partes.

En algunas comunidades prácticamente ha acabado con algunos cultivos, pero en otras es muy raro que se puedan encontrar malformaciones. Así que el proceso de contaminación no es homogéneo es diferente en cada comunidad y en cada región del Estado de Oaxaca y en el país. Pero lo más importante es que la gente siga cultivando el maíz, conservando sus variedades nativas, y que las cuide de esta forma, sin necesidad de contar con apoyos gubernamentales porque generalmente cuando hay apoyos gubernamentales están orientados a otra cosa y termina en un fracaso. Aquí se trata de impulsar una alternativa que venga desde abajo, desde las comunidades.

Para el intercambio de semillas entre las comunidades, ¿están tomando algún tipo de precaución especial? ¿Esto también se ha visto afectado por la contaminación?

Se sigue realizando el intercambio, básicamente entre comunidades que están en un mismo ecosistema. El intercambio de semillas se realiza entre comunidades con características ecológicas similares, pero poco a poco la gente está tomando conciencia de que ya no es tan confiable hacer el intercambio de semillas, por la contaminación. Lo siguen haciendo pero ahora lo hacen con más cuidado. www.ecoportal.net

Revista Biodiversidad de octubre de 2006, proyecto conjunto de REDES-AT (Uruguay) y GRAIN (España)

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