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La Privatización del Agua y el Banco Mundial

18/08/04 Por Raúl A. Wiener

El Banco Mundial, ha defendido permanentemente la tesis que la forma de aumentar la disponibilidad de agua, es tratándola como un producto más del suelo y del subsuelo, que como el cobre, el oro y el petróleo, debe ser explorado y desarrollado por capitales privados que tengan el aliciente de la ganancia para animarse a invertir.

En un spot publicitario que se pasa por el cable, el Banco Mundial toma el rostro y la voz de algunos niños y niñas, que inocentemente anuncian que el sueño de dicha institución es un mundo sin pobreza. Pero cuando están despiertos, los del Banco Mundial, que son siempre mucho mayores y recorridos que los de la propaganda, promueven las privatizaciones, a lo largo y ancho del mundo.

Otro sueño propagandístico del Banco Mundial es que todos los habitantes de la Tierra logren acceso al agua limpia, para mejorar su calidad de vida. Pero cuando están despiertos, los del Banco Mundial están más preocupado en las transnacionales que van a comprar en las subastas de los servicios nacionales de agua, que en ayudar a cambiar el desbalance mundial en la distribución de este vital recurso e impulsar políticas públicas y participaciones del sector privado para llegar a los que no son atendidos.

Actualmente un habitante del sur consume un promedio de 20 litros de agua por día. Un estadounidense supera los 600 litros. A la velocidad actual de consumo se llegará al final de los próximos 20 años con más de 3 mil millones de seres humanos sin acceso al agua potable. Y con una perspectiva de conflicto global por el control de las fuentes de abastecimiento, que podría ser la guerra más pavorosa que se haya conocido.

Todo esto podría evitarse de dos maneras: (a) reduciendo el sobre consumo del norte a un nivel razonable, lo que permitiría desacelerar la tendencia de agotamiento de las reservas y compartir mejor con los pobres del sur; (b) ampliando nuevas fuentes de agua para su uso planificado, evitando su depredación.

¿Qué hace y qué propone el Banco Mundial, que concentra un enorme capital para créditos y donaciones aportado globalmente, y que tiene un indiscutible poder de convencimiento sobre los gobiernos que saben que cualquier pelea con ellos equivale a chocar con la banca y las inversiones internacionales, ante este escenario de desastre que se anuncia en el horizonte? Promueve las privatizaciones.

El Banco Mundial, ha defendido permanentemente la tesis que la forma de aumentar la disponibilidad de agua, es tratándola como un producto más del suelo y del subsuelo, que como el cobre, el oro y el petróleo, debe ser explorado y desarrollado por capitales privados que tengan el aliciente de la ganancia para animarse a invertir.

Pero, como la condición para que el capital invierta en explotaciones nuevas es que no tenga obstáculos para apropiarse también de las viejas, el Banco Mundial también defiende la privatización de las empresas de servicio de agua en operaciones. Al final, por cierto, este termina siendo el tema clave y no las inversiones nuevas.

En términos de capital los plazos no están dictados por la velocidad en que las poblaciones pueden quedarse sin bebida, sino en el que pueden hacer las mayores ganancias, por el más largo tiempo y con el menor costo de inversión y riesgo de capital posible.

Por eso hablamos de la necesidad de tener más agua y se contesta que hay que vender las empresas de agua, como si una cosa tuviera que ver con la otra. Como si alguna de las experiencias de privatización de servicios públicos, el objetivo de los compradores hubiese sido llevar el servicio al que le falta, si tienen tanto techo para explotar a los que ya están conectados.

El Banco Mundial, sin embargo, tiene su propia respuesta. La privatización conduce a llevar a nivel real el precio de venta del agua a los usuarios finales.

¿Cuál es el precio real? No el que cuesta extraerlo y distribuirlo. Sino el que el mercado esté dispuesto y en condiciones de pagar en un escenario de creciente escasez, de incapacidad de reemplazar por un sustituto y de oferta monopólica. El Banco Mundial además dice que en el largo plazo funcionará un mercado mundial del agua, tal y cual hay con el petróleo. Así que el precio real será, todo lo anterior, pero bajo condiciones de competencia en la demanda:

- mucho mayor consumo en el norte con poder adquisitivo mucho más alto que en el sur ¿cuál puede ser el resultado?

En el futuro, para que una empresa o una familia de Estados Unidos, Europa o Japón puedan seguir consumiendo los volúmenes de agua que hoy mantienen, van a tener que pagar por ello. Muy bien. Pero eso hará que los precios del mercado sean prohibitivos para una parte muy grande de la población del mundo. Les repartirán seguramente bolsas cada cierto tiempo con agua racionada. El sueño del Banco Mundial se estará pareciendo entonces a una pesadilla.

Por todo ello, además, no hay como tomar en serio la fórmula que usan los gobiernos de países como el nuestro para justificar la privatización y el sometimiento al Banco Mundial:

- como no hay dinero en la caja fiscal que prioriza el pago de la deuda externa y la compra de armamento a los países del norte, la opción que queda es privatizar. Si hay un millón de personas sin agua en Lima y más del doble en el resto del país, sólo cabe pedirle al capital privado que ponga la plata y santa solución.

Centenares, tal vez miles, de estudios se han hecho a todo costo, para llegar siempre a la misma conclusión: si quisiéramos dar servicio a todos los que no tienen, tener reservas para el largo plazo, modernizar el servicio, cambiar la tubería obsoleta y reducir las fugas, etc., se necesita tanta y tanta plata que los Estados nunca podrán hacerlo.

Curiosamente cuando se hace el balance país por país se comprueba que lo gastado en estudios que llegan normalmente a la conclusión que ya sabemos, y que plantean propuestas técnicas que con seguridad no serán tomadas en cuenta ni por los Estados que quieren privatizar ni por los compradores de la privatización, alcanza cifras extraordinarias que hubieran permitido pagar una parte importante de las inversiones necesarias para la mejora del servicio.

No se crea, sin embargo, que este es un mero error por propensión al intelectualismo. Nada que ver. Los estudios son un excelente negocio del Banco, ya que siempre se devuelve el monto prestado con sus respectivos intereses, y se logra en cambio el beneficio de comprometer gobiernos y sobre todo gobernantes, instituciones y sobre todo sus equipos técnicos, en la dirección que el Banco alienta. Muchos privatizadores han salido convencidos de los estudios del Banco Mundial, también del BID y otras multilaterales, de que la privatización es la única alternativa. Pero es legítimo preguntarse si lo que los convenció fue la investigación o el sueldo pagado por ella.

Lo mismo puede decirse del trato de prensa. La moda actual es que el Banco Mundial y sus sucedáneos inviertan en prensa. ¿Y cuál es el problema? Que tenemos una prensa que aparenta una sinceridad privatista, pero que suele recibir un pago importante por el ejercicio de esa sinceridad.

Otro efecto de los estudios es que de repente nos convencen que el problema era nuestro y mucho más grande que como lo íbamos viendo. Creíamos que el no uso del crédito japonés para la ampliación de las reservas de agua de Lima había sido la causa del atraso de los planes de expansión hacia las zonas de ocupación reciente en la ciudad y que deben consumir agua en cilindros. Creíamos que la empresa tal o cual, era mal manejada, por la interferencia de los alcaldes, el manejo político y antitécnico, las administraciones corruptas, etc.

Creíamos que había soluciones a la mano.

Pero de pronto las cifras de los estudios del Banco Mundial, irrumpen sobre nosotros y nos lanzan el mensaje de que no hay manera como el Estado, las regiones y los municipios puedan hacerse cargo del problema.

Así parece que la privatización es una bendición de dinero ajeno que anda por ahí y que es cosa de agarrarnos fuerte de ella.

No hay un plan de privatización global; hay empresas nacionales que funcionan mal y que piden a gritos ser privatizadas. Este es el cuento que vende el Banco Mundial, creyendo que también nosotros hemos terminado adormecidos en tantos años de mecedora neoliberal.

Veamos algunos datos:

- existen procesos de privatización de los servicios de agua potable en países desarrollados (Inglaterra) y subdesarrollados, desde la segunda mitad de los años 80.

- desde 1994, el tema del mercado de los servicios en todo el hemisferio americano y de la apertura de las grandes fuentes de agua: Canadá, Amazonía, Patagonia, ha estado siendo tratado en el marco de las negociaciones del ALCA.

- en 1995 se suscribió el Acuerdo General de Comercio de Servicios AGCS, como parte de los compromisos impulsados por la Organización Mundial de Comercio OMC, que establece un proceso de liberalización, desregulación y privatización de los servicios básicos, apuntando a la creación de mercados globales del agua, la energía, las telecomunicaciones, la salud, la educación, entre otros.

- los acuerdos sobre servicios son especialmente peliagudos para la negociación internacional, lo que significa que cuando sus principales promotores que son los países desarrollados se encuentran en dificultades para lograr decisiones finales en escenarios de muchos países, se corren a un acuerdo de ámbito más restringido: de la OMC al ALCA, por ejemplo, y si allí tampoco les es fácil, pasan a los TLC bilaterales.

Todos los compromisos de libre comercio han tenido una especial atención al asunto de los servicios y las privatizaciones. ¿Cómo afirmar entonces que este es un problema de alguna empresa o alguna provincia específica de un país perdido en el mundo como el Perú?

Lo que sí es claro, es que en el caso concreto del agua estamos ante un fenómeno que aún no ha sobrepasado el carácter experimental. El modelo todavía no está listo. Y es que hay detrás una tradición demasiado larga de concebir el servicio de agua como una obligación del Estado y no como factor de negocio.

Actualmente sólo el 5% de la prestación de servicio de agua está bajo manejo de compañías privadas a nivel mundial.

Además, en el caso de estas privatizaciones, la cantidad de fracasos y reversiones es muy superior que en cualquier otro sector: Cochabamba, Buenos Aires, Atlanta, Manila, que fueron experiencias modelo del Banco Mundial y terminaron en devolución de las empresas luego que la población no aceptó el ajuste de tarifas y las nuevas reglas del servicio, y que han conducido al planteamiento de denuncias con abultadas pretensiones de indemnización por parte de las transnacionales.

Otras privatizaciones del agua funcionan muy mal.

Recientemente nos hemos enterado que el primer caso de entrega de una gestión de agua a una empresa privada en la provincia de Pacasmayo en La Libertad, concluyó en la devolución de la concesión. Las inversiones ofrecidas no se cumplieron. La cobertura no creció. El tiempo del servicio se redujo de cuatro horas diarias a una hora, etc. Recuperada por los municipios, la empresa ha mejorado de inmediato. Este caso está requiriendo una profunda investigación.

Una de las razones por las que la apuesta de la privatización es tramposa y mentirosa, es que las empresas privadas que invierten en agua en todo el mundo, son contadas con la mano, principalmente de origen europeo y en menor grado norteamericanas. Por más poderosas que sean cada una de ellas, la suma de toda su capacidad económica no podría cubrir sino una fracción minúscula de las necesidades detectadas por los estudios del banco Mundial y otros organismos similares, y para afrontar la crisis del agua para los próximos 20 años.

Entonces, ¿cómo se puede dar como solución a lo que no tiene capacidad de serlo?

Una sola explicación cabe aquí, y es que el Banco Mundial está trabajando objetivamente para estas empresas y que las cifras globales son solamente una manera de dramatizar la situación para dar paso a inversores muy concretos.

Parece que el sueño del Banco Mundial cuando asume su cara adulta, es que estas empresas se apoderen de lo que puedan hacer suyo dentro del mercado de agua del mundo y que desde allí puedan ensancharse y con las ganancias de un lugar abrir nuevos negocios en otros, o convencer a inversionistas de otros sectores a entrar en este pleito.

¿Eso resuelve la crisis que se viene y las escaseces actuales?

Que cada uno de su respuesta. Por ahora tengamos claro lo que se busca desde el Banco Mundial al promover la privatización en el Perú.

Continuar la experimentación hasta alcanzar el modelo eficiente de privatización.

Empezar desde algunas empresas de provincias que podrían mejorar el servicio con un simple programa de racionalización y ajuste de tarifas.

Preparar las condiciones para la concesión de Sedapal que es el gran negocio a la vista por el número de conexiones que representa, y de otras prestadoras de servicios de mayor cobertura.

Incorporar en perspectiva al Perú dentro del mercado global del agua.

En esas estamos.

Claro, por ahora estamos discutiendo la solución a la crisis de las empresas nacionales y locales, y leyendo las cifras locas que se requerirían, según los estudios del Banco Mundial, para superar esta trágica situación.

Y sólo sospechamos que nos va a ocurrir lo que ha pasado en otras partes y es la experiencia de las privatizaciones de empresas de servicios en el Perú.

Sospechamos que las tarifas van a ser mucho más altas. Porque cualquier empresa que esté mal, podría estar rápidamente bien si triplica sus precios y obliga a pagar por su condición de monopolio. Sólo que si ahora lo hacen las empresas municipales o el gobierno de Toledo los cuelgan en una plaza. Pero creen que es más difícil hacerlo si se trata de una transnacional.

Sospechamos que en vez de asociarse, las ideas de venta de agua y conservación ambiental van a estar más distantes que nunca. Y si esto ocurre, porque los concesionarios argumentan que ellos sólo tienen el encargo de distribuir agua potable, con toda seguridad estaremos yendo a generar daños muy serios al entorno natural que permite el agua limpia y sana. En perjuicio de la población.

Sospechamos que con nuestra plata se van a realizar las inversiones que dicen que justifican la privatización.

Sospechamos, es decir lo sabemos, pero no tomamos plena conciencia de lo que significa, que la privatización creara fuertes monopolios. Que Sedapal privatizada será como una segunda Telefónica, con gran poder político. Y que las provinciales serán probablemente las empresas más importantes de cada región.

Sospechamos que perderemos democracia, porque el tema del servicio del agua ya no será un debate con las autoridades, sino una fría oficina de informes de una empresa privada.

Sospechamos que otra tanda de trabajadores va a perder su empleo para que los operadores privados reduzcan sus costos.

Sospechamos que si nos metemos en este camino, después va a ser mucho más difícil volver para atrás, ya que habrá todo tipo de presiones, demandas, juicios y demás, para castigar la osadía de intentar desarmar la privatización.

Sospechamos que el tema de los pobres sin servicios no lo encararán los concesionarios y dirán que si el Estado quiere aumentar la cobertura deberá pagar la extensión. Si eso ocurre, como ha ocurrido tantas veces, la justificación de que el Estado ya no debe seguir gastando y que la esperanza de los pobres sería una transnacional, caerá por los suelos.

Sospechamos que cuando una o más empresas extranjeras administren nuestras fuentes de agua potable, será mucho más fácil vender este recurso a compradores del exterior. Parece fantástico. Para eso se está preparando el mundo desarrollado desde hace algunos años, que ya tiene buena parte de la infraestructura de importación. Le faltan los exportadores confiables.

¿Excesiva suspicacia de nuestra parte?

No creemos. Treinta años de recetas neoliberales, consenso de Washington, ajustes, liberalización de mercados, reformas y privatizaciones, son más que suficientes, para que nuestros sueños actuales se realicen con los ojos bien abiertos.

El primer principio que tenemos que subrayar cuantas veces sea necesario, es que nuestros problemas no coinciden con los de las economías desarrolladas y en algunos casos son contradictorios. El trato sur-norte, debe ser para cambiar las reglas de juego, para que apunten a conservación, protección, justicia, equidad, democracia, solidaridad. No para adaptarnos al despilfarro, la contaminación, la desigualdad, la imposición, el interés cortoplacista que domina a los más ricos y para los cuales trabaja el Banco Mundial.

Si tenemos un sueño es el de cambiar lo existente. Y si tenemos instrumentos para hacerlo esos son nuestros recursos naturales y el trabajo de nuestra gente.

El agua es una especie de línea de frontera en el proceso de anulación de nuestros Estados como factores de desarrollo interno y actores autónomos en el escenario global.

Pueden discutirse aquí las medidas de salvataje y mejora, empresa por empresa, región por región. No tenemos condiciones para hacerlo. No somos los llamados tampoco a dar todas las respuestas.

Quede que si tenemos valores en el país debemos usarlos en nuestro favor.

Si el fuerte tiene una debilidad, mejorar nuestra posición de negociación.

Si requerimos capital, no vender por ello la dignidad.

Informar, siempre decir la verdad a la población.

Democratizar, siempre hacer que en los asuntos importantes prime la opinión de la sociedad.

En Argentina, unos niños y niñas, salen en un spot y dicen: ?nuestro sueño es un mundo donde el futuro y la sed de los pobres no dependa de la sed de ganancia de los más ricos?

Nuestro sueño es un mundo sin Banco Mundial .-

* Exposición en el Foro sobre Agua y Medio Ambiente, Propuestas de la Sociedad Civil ante los Procesos de Privatización de los Servicios Públicos, realizado en Trujillo el 19 de junio de 2004. Organizado por la Federación Nacional de Trabajadores del Agua Potable y el Sindicato de SEDALIB (Empresa del Agua de La Libertad). Boletin de SERVINDI

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