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Territorio y Geopolítica Imperial del Agua: el caso de Mesoamérica

Si se observa un mapa de EUA, podemos dar cuenta que el grueso de las reservas naturales de agua dulce se encuentran en el lado este, donde saltan a la vista dos sistemas de relevancia mayor: el río Misissippi y los Grandes Lagos.

Introducción

Bosquejo de una opción plausible en la geopolítica del agua estadounidense

Si se observa un mapa de EUA, podemos dar cuenta que el grueso de las reservas naturales de agua dulce se encuentran en el lado este, donde saltan a la vista dos sistemas de relevancia mayor: el río Misissippi y los Grandes Lagos.

El primero figura como el principal sistema de transporte de mercancías del noreste y sureste del país. El segundo, ha adquirido marcada relevancia a partir de que se controlaron los rápidos de las cataratas del Niagara, haciendo posible la navegación de grandes cargueros que eran necesarios para el desarrollo del abanico de industrias que se emplazarían ahí (resultado del desarrollo de un red de producción militar para la Segunda Guerra Mundial -Detroit Diesel, Monsanto, etcétera-). Del otro lado de EUA, el oeste, una zona árida, poco poblada y aparentemente sin nada que ofrecer, fue una región que relegaron hasta que se descubrieron los yacimientos de oro, y más adelante de petróleo. En ese contexto el ferrocarril y el agua (embalses) fueron punta de lanza para el ordenamiento y posicionamiento de la región por parte de los nacientes capitalistas de EUA. El "dominio" del agua se convirtió en el control del Oeste. Ello explica calificativos como el que denomina al oeste americano como "una sociedad hidráulica", en el sentido de que se sustentó y se fundamenta en hacer llegar agua a una región propiamente árida, e incluso desértica.

Ahora bien, tómese nota del emplazamiento de la industria y la población de ese país norteño. Para ello, como lo ha trabajado Barreda , un mapa satelital nocturno nos ayuda a visualizar los grandes asentamientos como puntos de luces, mismos que causalmente se empalman con la localización de las grandes urbes y corredores industriales, casi todos concentrados en el este. Al noreste, unos en los Grandes Lagos. En el centro-sureste, a lo largo del Mississippi, un abanico de cinturones maquiladores, algodoneros y cerealeros; y al sur-sureste se sitúan los campos petroleros y de gas. Del otro lado del país, sobre todo en los estados de California y Washington, se puede identificar una economía industrial de punta altamente consumidora de agua , sin olvidar las importantes regiones agrícolas y turísticas. Considerando lo anterior, puede imaginarse, la envergadura y ritmos del consumo de agua de EUA; pero al ser el oeste una región árida, la situación se complica marcadamente para esa región.

Por ejemplo, los acuíferos de California se están secando, el río Colorado está siendo "ordeñado" al máximo y los niveles de agua del valle de San Joaquín en California han descendido, en algunas zonas, más de 10 metros en los últimos 50 años. La ciudad de Tucson también vive condiciones adversas. Dependiendo totalmente de agua proveniente de acuíferos, ha incrementado los niveles y ritmos de extracción a partir del aumento del número de pozos -algunos de ellos pasando de 150 a 450 m de profundidad. Proyecciones para Albuquerque, Nuevo México igualmente muestran que de continuar los ritmos de extracción de agua de los acuíferos, los niveles decrecerán 20 metros más para el 2020 y las ciudades principales de la región se "secarían" en 10 a 20 años. Incluso en los suburbios lluviosos de Seattle, Washington se ha disparado el consumo de agua, calculando que en 20 años comenzaría a escasear; en gran medida a causa de los altos consumos de la industria emplazada en esa zona. En El Paso, Texas todas las fuentes de agua se acabarían para el 2030 y en el noreste de Kansas la escasez de agua es tan severa que ya se discute en los círculos gubernamentales de ese Estado la construcción de un acueducto al ya sobre explotado Río Missouri. Los ritmos de extracción de agua en el sistema acuífero del sureste de Florida de aproximadamente 6.6 millones de litros por minuto, sobrepasan los de su inyección y a pesar de alcanzar una dimensión de 200 mil km2 en un área que se extiende a otros Estados a parte de Florida, su nivel de agua ha venido cayendo de manera constante, poniendo en entredicho la capacidad de Florida y los estados vecinos de obtener ese recurso a largo plazo. Situaciones similares se viven en otras partes del país norteño.
De frente a la esperada crisis hídrica estadounidense, la alternativa parece fundamentarse en las reservas de agua de Canadá y Mesoamérica. Varios estudiosos canadienses han denunciado la intención de EUA para acceder a las reservas de agua que, por un lado concentra ese país en Alaska (toda una joya llena de petróleo, gas, agua y biodiversidad que EUA "compró" a precio de oferta a Rusia), y por otro lado, las contenidas en Canadá (entre los proyectos se contempla un desvío de alrededor de 308 km de largo, para almacenar 3,500 km3 del liquido, de los cuales el 61% se utilizarían en EUA, 19% México y 21% Canadá). Villiers subscribe que EUA, "con un historial de pillaje medioambiental que deja asombrado", se abalanzará hacia las reservas de su vecino del norte, algo que se puede leer en torno a la actuación del Gobierno canadiense que "?cedió a la presión estadounidense cuando no excluyó del NAFTA las ventas de agua en grandes cantidades." Tal señalamiento se potencia cuando considera, al igual que Barlow y Clarke, que en la otra frontera, la mexicana, hay un país semiárido o con poca disponibilidad del líquido. Los autores parecen ver parcialmente a México. Como viajeros que van en dirección de norte a sur, su mirada los lleva a contemplar la debacle por el agua del Río Bravo y la presión en 2001 de EUA para que México pagara su supuesto adeudo. Luego pasan por la región árida-desértica del país en el centro-sur, y cuándo llegan a la Cd. de México con sus estrepitosos ritmos de consumo de agua proveniente del acuífero de la ciudad y otra tanta trasvasada, asumen, cansados del recorrido, que en efecto se trata de un país con contadas reservas hídricas. Tal afirmación resulta descuidada, en el sentido de que la veracidad de la información disponible es muy cuestionable, pero también porque las reservas del país no son nada despreciables. Si el recorrido se hace con dirección de sur a norte, el viaje comenzaría en un escenario totalmente distinto. La alucinante riqueza hídrica y biológica del sur, en particular de la cuenca del Río Usumacinta detendría nuestro razonamiento para revalorar ese contraste del centro-sur del país, con el centro-norte.

A nivel nacional, en los ríos escurren 410 mil millones de m3. Catorce mil millones de m3 de agua dulce se encuentran en los lagos y lagunas y 107 mil millones de m3 están almacenados artificialmente. La precipitación se concentra en el sur del país en relación directa a la concentración de vegetación. Tan sólo esa región significa el 80% de la precipitación nacional. Además, considérese que las cuatro principales cuencas del país se encuentran en esa zona: el río Papaloapan, Coatzacoalcos, Grijalva y Usumacinta (estos dos últimos el primero y segundo ríos más caudalosos de México). Si se asume como una sola cuenca -una de las siete más importantes del mundo-, estamos hablando de un total de 83 ríos principales que abarcan una extensión de 129,132 km2 y un escurrimiento promedio anual de 105 mil 200 millones de m3 (alrededor del 30% de los recursos hídricos superficiales de México). Espacialmente, corresponde el 53% a Chiapas, 21% a Tabasco y 26% a Guatemala.

Efectivamente, México no cuenta con reservas comparables a las canadienses (6% a nivel mundial), mucho menos a las brasileñas (20%); sin embargo, geopolíticamente son más importantes de lo que pueden parecer si se leen descontextuadas de su ubicación espacial. Nuestros colegas canadienses tienen toda la razón en denunciar la importancia de sus reservas hídricas para la geopolítica estadounidense; pero considero que fallan en el balance de las de Mesoamérica y Colombia. Esa distracción, especialmente marcada en Villiers , lleva a mostrar, aunque correctamente, sólo la mitad del escenario.

Además de la riqueza del sureste del México, en Centroamérica hay aproximadamente 120 cuencas hidrográficas principales, de las cuales 23 son internacionales, éstas significan el 19% de los sistemas hídricos de la región y el 10.7% de las cuencas internacionales del planeta. Las cuencas de agua dulce compartidas, de mayor dimensión, son la del Río Coco o Segovia de 24,476 km2 (Honduras-Nicaragua) y la del Río San Juan de 41,870 km2 (Nicaragua y Costa Rica). Añádase la del Río Hondo-Azul (Guatemala-México-Belice); Río Mopán-Belice, Río Moho, Río Sarstún y Río Motagua (Guatemala-Belice); Río Lempa de 18,246 km2 (Guatemala-Honduras-El Salvador); Cuenca del Golfo de Fonseca (El Salvador-Honduras-Nicaragua); Río Paz y Río Ostúa-Lago Guija (Guatemala-El Salvador); Río Goascorán (Honduras-El Salvador); Cuenca del Golfo de Honduras (Guatemala-Honduras); Río Choluteca y Río Negro (Honduras-Nicaragua); Río Xixaloa y Río Changuinola (Costa Rica-Panamá); por mencionar algunas.

Teniendo en mente las reservas mesoamericanas -antes indicadas-, revisemos un mapa de la región en dirección sur-norte (incluyendo a EUA y el sur de Canadá) para indagar el papel que éstas juegan en el contexto de la geopolítica hídrica estadounidense.

Aunque nos resulte extraño ver el mapa "de cabeza" -a pesar de que el espacio correctamente se lee, desde y en todas perspectivas-, de este modo podemos visualizar cómo las reservas de agua de Mesoamérica están estratégicamente ubicadas con respecto a los cinturones textiles y agroindustriales del centro-sur del este de EUA: justo "enfrente".

Del otro lado, la situación no se ve muy bien. Las reservas son relativamente contadas y los emplazamientos de la industria de punta en la costa oeste de EUA, a la par de la faja de maquiladoras en la frontera y las zonas agroindustriales del centro-norte de México, complejizan el panorama.

Como en otras ocasiones he indicado , las posibilidades del trasvase de agua del sureste de México/Guatemala hacia EUA ya es una especulación que ronda en los círculos académicos de EUA; incluso el Acta 307 , de cierto modo avala tal reflexión al señalar que, "...en caso de que México no pagara antes de la fecha límite?'debe considerarse' la posibilidad de transvasar agua de cuatro presas del interior de México para resolver la situación." Este proyecto, al que aquí denominaremos irónicamente proyecto Aquarium, haría posible el "movimiento" de agua del centro-sur del país, hacia EUA por la costa del Golfo de México, misma que serviría para las necesidades agroindustriales e industriales estadounidenses del noreste del río Bravo o río Grande .
El proyecto Aquarium, consiste en un acueducto subterráneo y/o marino (para no perder mucha agua por evaporación) que se extiende a lo largo de la línea costera del Golfo de México y con destino a EUA; aunque las especificaciones podrían variar. La transferencia de agua sudamericana hacia el extremo sur del proyecto, en algún punto de Tabasco, también podría seguir el mismo rumbo que el de los oleoductos/gasoductos que salen de Colombia hasta Cd. PEMEX. Una vez ahí se requeriría de un sistema de bombeo lo suficientemente potente, por lo que se especula de instalaciones con centrales eléctricas exclusivas y subestaciones de bombeo ligadas al tendido eléctrico principal. La importancia el sistema hidro-eléctrico del Usumacinta, además de la energía que produciría con el emplazamiento de múltiples represas, es que funcionaría como una red regulada en la que se conectarían los principales caudales de México y Guatemala (más el agua que se transfiera del resto de Centoamérica-Colombia); ello serviría a modo de un gran y extendido "dique" de contención del líquido antes de ser bombeado por el proyecto Aquarium. La justificación más probable sería la escasez del líquido en el centro sur de México (empezando por la Cd. de México). Una vez concretizado, su extensión a EUA es lo de menos. El "necesario" pago de la "deuda de agua" haría su papel estelar.

En un escenario así, en el que los geopolíticos de EUA supondrían que su país tiene todas las de ganar, México tal vez lograría, a cambio de la entrega de grandes cantidades de agua, el derecho de usar (bajo lo que quedaría vigente, en los hechos, del Tratado de 1944) parte del escurrimiento de la cuenca del Bravo para las demandas hídricas del norte del país. En gran medida, debe considerarse aquella referente al consumo hídrico de los corredores maquiladores que ya están instalados ahí, en su mayoría compuestos por plantas o filiales de multinacionales estadounidenses que hacen uso de la mano de obra barata mexicana, entre otras "ventajas comparativas de México" (como las flojas regulaciones ambientales) para proyectar su producción a los mercados de Oriente, ello en un contexto en el que China recientemente forma parte de la OMC. Asimismo, se pueden señalar las demandas de la agroindustria (incluyendo las ganaderas) y de los principales centros urbanos de la región como Monterrey.

Si miramos ahora las importantes reservas de agua sudamericanas, las posibilidades de su bombeo hacia Centroamérica, para su posterior envío a EUA por medio del sistema de la cuenca del Usumacinta, dependerá de los volúmenes de agua que "soliciten" los corredores industriales, agroindustriales y turísticos que se tienen planeados para todo Centroamérica y el resto de México (en su última presentación bajo el nombre de Plan Puebla Panamá). El principal grifo de salida seguramente sería Colombia, aunque las aguas drenadas podrían incluir las brasileñas o las de lo que parece ser el acuífero más grande del mundo: el acuífero Guaraní (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) . Algunos críticos y luchadores sociales de la región ya están atentos a posibles escenarios de saqueo hídrico. De entrada, tal vez antes del proyecto Aquarium, lo que parece más factible es el transporte marítimo del líquido hacia Florida y otras zonas costeras del este por medio de supertanques o "bolsas" gigantes, aunque nada descarta, una combinación de ambos.

Ahora bien, las reservas canadienses, si se piensan desde las necesidades imperiales de EUA, se llevarían de norte a sur en la parte oeste del país, mismas que servirían para su uso en el vasto territorio árido de ese lado de las Rocallosas, e incluso podrían llegar a bajar hasta la zona fronteriza mexicana, después de pasar por numerosas presas y tratadoras existentes, por ampliar y/o por construir. Del lado de los Grandes Lagos, la situación es similar, pero más enfocada para las necesidades urbano-industriales de la costa noreste.

Lo que tenemos entonces, en un posible escenario de la geopolítica imperial del agua, es un movimiento relativamente circular. Mientras por el este de EUA, ese país recibe agua dulce proveniente de las fuentes menos contaminadas de Mesoamérica; por el oeste, se canaliza agua canadiense de calidad similar, bajando parcialmente después de numerosos re-usos a la cuenca del río Grande y devolviendo así, parte del agua que México entregó del otro lado, pero ahora con una calidad incomparable. El saqueo del agua dulce es evidente y permitiría a EUA almacenar aquella de buena calidad en sus acuíferos.

En cantidades moderadas, el pago del agua por agua (de distintas calidades) es factible para el caso del norte de México donde escasea el agua, independientemente del desastre ecológico que implicarían tales trasvases. De efectuarse, el agua mexicana (menos contaminada) no sería para los mexicanos, sino para EUA. Su agua de desecho para los mexicanos.

Ese mismo esquema de pago (agua por agua) con Canadá es poco factible dadas las grandes reservas de ese país, por lo que las negociaciones bajo el velo del "libre comercio" de esa "mercancía" se tornarán cada vez más intensas, y al mismo tiempo, su resultado impactaría a otros "socios" importantes de la pretendida Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que EUA busca conformar para el 2005.

En este punto llaman la atención los múltiples proyectos de embalses y trasvases que se tienen planeados para todo Mesoamérica. Tan sólo en el sureste del país, los casos se cuentan por decenas. ¿Será este el primer paso al proyecto Aquarium?

Una reflexión final
De frente a esa interrogante, afortunadamente el pueblo mesoamericano crecientemente tiene claro que los múltiples proyectos del PPP u otras de sus modalidades solo van a operar donde las comunidades no se organicen y luchen; claro está, como parte de la pelea de la sociedad en general. Los avances locales y nacionales que han hecho posible encuentros regionales, hemisféricos e internacionales de indígenas, campesinos, trabajadores diversos, académicos, activistas, etcétera, ya sea para discutir críticamente la problemática de las presas u otras temáticas, es un invaluable esfuerzo ha reconocer y valorar.

Los proyectos hidroeléctricos y el saqueo de nuestro oro azul y de otros recursos naturales estratégicos como la biodiversidad y el petróleo, de entrada se dificultarán si crecientemente se continúan enlazando y coordinando nuestros esfuerzos (según nuestras posibilidades y comenzando por nuestros propios espacios cotidianos). Abrir la posibilidad de revertirlos, depende de qué tan sólido se construye el muro social con el que se toparán los diversos proyectos en cuestión, y que sólo son posibles gracias al papel activo de una elite latinoamericana que los avala, y por si fuera poco, que los promueve y ejecuta principalmente a favor de la cúpula de poder del Norte. La guerra de clase que las elites latinoamericanas mantienen contra los pueblos de AL es fundamental en la ejecución de proyectos tipo PPP y ALCA, pero al mismo tiempo también es la que fortalece la lucha por la conciencia social como fundamento para la construcción de una alternativa económica, social y ecológicamente armónica.

Ecoportal.net
El Cotidiano
* Economista mexicano egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. Autor de La Amenaza Biológica, mitos y falsas promesas de la biotecnología (Plaza y Janes. México, 2002) Actualmente realiza sus estudios de doctorado en Ciencias Ambientales, Economía Ecológica y Gestión Ambiental en la Universidad Autónoma de Barcelona con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional.

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