18/09/2003

Una Fórmula para el Desastre

La política de Bechtel de impulsar la privatización del agua ha desestabilizado a comunidades locales en otras partes del mundo. En el árido Medio Oriente, con una ya candente disputa internacional sobre el agua, el intento de una multinacional de controlar este recurso vital puede agravar la situación.

Con su política de alentar la privatización del agua, la compañía estadounidense Bechtel ha desestabilizado a comunidades locales en diversos países. Ahora, aparece en el Iraq de posguerra.

NUEVA DELHI.- La presencia en Iraq de Bechtel, una compañía estadounidense que tiene una larga historia en relación a los conflictos sobre el agua, es una fórmula para el desastre.

Su contrato por 680 millones de dólares para la reconstrucción de Iraq, incluye pero no está limitado a "los sistemas municipales de agua y alcantarillado, las principales infraestructuras de irrigación y el dragado, reparación y mejoramiento del puerto marítimo de Umn Qasr."

La política de Bechtel de impulsar la privatización del agua ha desestabilizado a comunidades locales en otras partes del mundo. En el árido Medio Oriente, con una ya candente disputa internacional sobre el agua, el intento de una multinacional de controlar este recurso vital puede agravar la situación.

Los ríos Tigris y Eufrates son una tabla de salvación en Medio Oriente.

La planicie aluvial entre estos dos ríos fue la cuna de civilizaciones milenarias incluyendo la asiría, la babilónica y la sumeria. Hoy en día, estos ríos representan un recurso primordial para la gente de la región, a la vez que un grave motivo de conflicto.

La construcción en gran escala de represas por parte de Turquía ha causado la reacción de los estados ribereños de Siria e Iraq. Con más de la mitad del caudal de ambos ríos generada en su territorio, Turquía se ha convertido, a través de sus represas, en el gran regulador de sus aguas. A Siria e Iraq les preocupa que las necesidades turcas de riego y generación de electricidad determinen cuánta agua puede llegar a sus territorios.

El antecedente más conocido sobre la codicia de Bechtel es el de Cochabamba, una región de Bolivia donde el agua es escasa. En 1999, el Banco Mundial recomendó la privatización de SEMAPA, la empresa municipal de agua, por medio de una concesión a Aguas Internacionales, subsidiaria de Bechtel. En octubre del mismo año, una Ley sobre Agua Potable y Saneamiento fue aprobada, dando por terminados los subsidios gubernamentales y abriendo paso a la privatización.

En una ciudad donde el salario mínimo mensual no alcanza a 100 dólares, el costo promedio familiar del consumo hídrico llegaba a 20 dólares, equivalente al costo de alimentar a una familia de cinco personas durante dos semanas.

En enero de 2000 se formó una alianza ciudadana, la Coordinadora de Defensa del Agua y de la Vida, que paralizó la ciudad durante cuatro días a través de la movilización popular.

El gobierno prometió bajar el precio del agua, pero nunca lo hizo. En respuesta, la Coordinadora organizó una marcha pacífica pidiendo la revocación de la nueva ley y de la privatización, la terminación del contrato con Bechtel y la participación ciudadana en la preparación de una ley sobre el agua.

Las demandas de los manifestantes fueron reprimidas violentamente -hubo muertos, detenciones y censura de prensa- pero continuaron. Finalmente, el 10 de abril, el pueblo ganó y Bechtel se fue de Bolivia. El gobierno fue obligado a revocar la legislación sobre la privatización hídrica y la SEMAPA fue cedida a los trabajadores y a la población, junto con sus deudas.

En Cochabamba, la sociedad ha asumido el reto de establecer una democracia del agua, pero Bechtel está demandando una indemnización al gobierno de Bolivia.

A juzgar por su comportamiento en Bolivia y en otros tantos países, Bechtel podría tratar de controlar los recursos hídricos de Iraq, no sólo las obras de reconstrucción, si la comunidad internacional y los iraquíes no permanecen vigilantes.

Los ejecutivos de Bechtel codician el mercado de Iraq desde hace 20 años.

En 1983 Donald Rumsfeld, entonces enviado especial para el Oriente Medio de la administración Reagan, se reunió en Bagdad con Sadam Hussein para discutir un proyecto para la construcción de un gigantesco oleoducto. Hussein, quien tenía la costumbre de preferir a las compañías francesas, alemanas y rusas, rechazó la propuesta. Ahora, desde su cargo de Secretario de Defensa de Estados Unidos, Rumsfeld ha supervisado la guerra para remover el obstáculo que representaba Hussein y despejar el camino para el ingreso de Bechtel a Iraq.

* La autora es escritora y activista en favor de la defensa del medio ambiente.

TierraAmerica

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