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El mercado del agua es un oligopolio

02/11/09 Por Libio Pérez

La privatización del agua la pagan los consumidores, que tienen la suerte de tener el recurso hídrico al alcance de la mano. Porque un cuarto de la población mundial ni siquiera tiene acceso a aguas sanas; de hecho 30 mil personas en el mundo mueren a diario por esta causa. Habla un “guerrero del agua”.

Las cifras que entrega dan susto. Cerca de 1.500 millones de habitantes del planeta no tienen acceso a agua sana; en las últimas tres décadas han desaparecido unos 50 mil lagos y ríos en el mundo; muchos cauces de éstos llegan secos al mar como resultado de la industria forestal. Sólo en Estados Unidos cada persona que reside en una ciudad de gran tamaño gasta unos 800 litros de agua al día; aunque en ciudades como Los Ángeles (California) el promedio sube, porque hay que alimentar las casi 500 mil piscinas privadas que existen en la ciudad.

Riccardo Petrella es un economista italiano que en 1998 escribió “El manifiesto del agua” y dio municiones suficientes para crear una corriente planetaria en defensa de este recurso, al mismo tiempo que se transformó en una figura clave del movimiento altermundista.

Esa corriente mundial de defensa de los recursos hídricos lo trajo esta semana a Chile, donde tuvo como anfitrión al obispo de Aysén, Luis Infanti. El obispo, recalca Patrella, es el único prelado de la Iglesia Católica en el mundo que ha escrito una “Carta pastoral del agua”, donde levanta una férrea oposición a la construcción de represas en su región.

En Santiago, además de reunirse con autoridades de gobierno -como el ministro del MOP, Sergio Bitar, coordinador de la “Mesa del agua”- tuvo una cita con el ex Presidente Ricardo Lagos, en su calidad de enviado especial de la ONU para el Cambio Climático. Esta última reunión, para este promotor del pensamiento crítico, era muy importante. Su batalla en los próximos meses es que en la Cumbre de diciembre en Copenhague para el Cambio Climático entre en agenda el debate de sobre cómo hacer que el “oro azul” sea reconocido “como un derecho universal” y salga de la categoría de mercancía transable. Y dispara más cifras: 2.400 millones de personas viven sin servicios sanitarios; 3.000 millones sin sistema de tratamiento de aguas residuales. Resultado: 30.000 personas mueren todos los días debido a enfermedades provocadas por la ausencia de agua sana. La energía es importante para producir, pero sin agua no hay vida, repite.

“Es necesario luchar por alcanzar que la paz y la democracia se impongan decididamente en el porvenir de las sociedades, para evitar que el siglo XXI acabe convirtiéndose en el siglo de la guerra del agua”, advierte.

Y añade: El control sobre el uso de los recursos hídricos del planeta por parte de los “señores del agua” (Suez y su filiales en el mundo y Chile, Thames Water, RWE, Vivendi, Bechtel, Nestlé, Coca-Cola, Danone, etcétera) avanza a grandes pasos en todo el mundo gracias a la privatización y la mercantilización del agua.

-El agua ha sido privatizada en muchas partes del mundo, como en Chile, con el argumento de que el sector público no tiene recursos para las modernizaciones de los procesos de potabilización, y también por asuntos de gestión del sector, ¿por qué ahora la solución sería volver a estatizarla o nacionalizarla, en los casos cuya propiedad pasó a transnacionales?

-El argumento de la limitación de recursos financieros está en la base de la privatización, se dice que el Estado no tiene el dinero para hacerlo y que tampoco puede subir los impuestos. Dicen que sólo el capital privado puede hacer las grandes inversiones, para garantizar la distribución, para construir los canales, etcétera. Pero es un argumento falso, porque al final es el consumidor el que paga y financia las inversiones. Es el consumidor el que ve cómo cada mes suben sus cuentas. El Estado traspasa su responsabilidad a los privados y se exime de su responsabilidad con los ciudadanos. Los privados no sólo recuperan su inversión, también tienen ganancias. La privatización del agua sólo tiene argumentos que están en contra de los ciudadanos.

-¿De qué forma ha afectado la crisis económica global al recurso?

-La crisis financiera y económica ha impactado a través de una amplificación y reforzamiento del proceso de mercantilización del agua. Por tanto ha producido una mayor privatización de los recursos hídricos. Ahora el argumento es que el Estado está destinando recursos para reactivar la economía y por tanto no tiene recursos para administrar el agua. Los recursos ahora -dicen los gobiernos- son destinados a dar liquidez a los bancos, para que haya crédito, porque sin crédito no hay actividad económica. Agregan que no hay posibilidad de aumentar los impuestos, pues ello frena el crecimiento. También alegan que deben acelerar la asignación de recursos que lleguen a las empresas con capacidad de realizar inversiones y de producir ganancias, porque esas ganancias ayudan a pagar las deudas. Así se libera la capacidad del mercado para realizar nuevas inversiones; esa es la lógica capitalista en esta etapa de crisis. Como es necesario renovar los acuaductos -que en muchos países son muy viejos- de nuevo repiten que sólo los privados tienen los recursos para invertir. Por eso hay una nueva oleada de privatización del agua y su mercantilización.

-¿Es una lógica que no tiene salida?

-Lo que pasa es que si el agua es considerada una mercancía, se favorece la privatización; y si se privatiza el agua pasa a ser parte de un negocio. Pero hay otro impacto de la crisis actual, también amplifica la idea de la seguridad nacional del agua. Por ello el diseño supone la desalinización del agua de mar, la construcción de una nueva generación de represas y el reciclaje de aguas usadas. Algunas tienen resultados positivos.

-¿Es partidario de los proyectos de desalinización de aguas de mar?

-No me gustan las ideas de una nueva generación de represas y tampoco de la desalinización. Si fueran pequeñas represas para el consumo, y que preserven los ríos, no estaría mal; pero las represas, como en Chile, están destinadas a dar energía a los grandes proyectos mineros, destruyen los ríos y producen alta contaminación. En el caso de la desalinización es similar, las plantas son equivalentes en tamaño a la instalación de una refinería de petróleo, con un gran impacto ambiental, sin contar que requiere ser alimentada de grandes volúmenes de combustibles. Porque los costos de desalinizar en alta mar son todavía más grandes, por tanto necesariamente deben hacerse en la costa, con todas las consecuencias ambientales que ello implica.

-¿El uso de energía solar para producir agua desalinizada no es viable?

-La tecnología para hacerlo eficientemente requiere de perfeccionamientos que pueden demorar, según los técnicos entre 10 y 20 años, pero el impacto ambiental que se produce es ahora, como sucede en España, donde hay más de mil plantas. Pero las plantas desalinizadoras destruyen las costas. ¿No es más eficiente cuidar los lagos, los ríos, aprovechar las aguas lluvia que contaminar para producir agua dulce del mar? Las grandes empresas ya están destruyendo las fuentes de agua dulce de la tierra, ahora quieren ir por el mar. Eso no hay que permitirlo, porque al final esos costos también serán traspasados a los consumidores. El mercado del agua, como el de la minería y otros recursos, es un oligopolio. Ese paradigma económico debe ser combatido. www.ecoportal.net

Libio Pérez - La Nación - Chile

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