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Ballenas: ¿Cucarachas de los mares?

07/06/05 Por Dr. Marcos Sommer

El 20 de junio del 2005 en Corea se decidirá si se protege o se reabre la captura comercial a gran escala de las ballenas. La Administración coreana está valorando la posibilidad de votar o no a favor de la reanudación de la caza de ballenas, práctica que actualmente está prohibida internacionalmente.

El 20 de junio del 2005 en Corea se decidirá si se protege o se reabre la captura comercial a gran escala de las ballenas. La Administración coreana está valorando la posibilidad de votar o no a favor de la reanudación de la caza de ballenas, práctica que actualmente está prohibida internacionalmente.

Japón amenazó con “tomar serias medidas si la veda a la caza comercial no termina en el 2005”.

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Japón va a ampliar la caza anual de ballenas a dos nuevas especies además de casi duplicar la caza prevista de otro cetáceo, el rorcual aliblanco en el 2005.

El reclutamiento de Japón de los votos de algunos de los países más pobres del mundo se ha convertido en una actividad anual en la CBI (Comisión Ballenera Internacional) con el objetivo de conseguir los votos suficientes para acabar con la prohibición de la caza comercial de ballenas.Para ello ha catalogado de "cucarachas de los mares” a las ballenas Minke, que es la especie que posee más ejemplares. Asimismo, Japón ha elaborado campañas que intentan convencer al público de que las ballenas exterminan los peces, y también compran votos en la CBI otorgándoles apoyo económico a los países que lo sigan.

Sorento (Italia, 2004), durante la reunión número 56 de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) por primera vez desde la introducción de la moratoria sobre la pesca de ballenas, en 1986, los países a favor de la caza estuvieron a punto de ser una mayoría, tras la entrada en los últimos meses de nuevos miembros que apoyan el denominado bloqueo ballenero.

“Bloque ballenero”, mientras hace cuatro años eran nueve los países a favor de la caza comercial de ballenas, en el 2004 fueron 27, de los 57 miembros del Comité Ballenero Internacional (CBI). En la votación para reanudar la pesca comercial de las ballenas votaron 24 a favor y con la opinión contraria de 29 Estados, el número mas elevado de las últimas décadas.

Hay seis especies de ballenas que están en riesgo de convertirse en parte de la lista de las que se extinguirían a causa de la irreflexiva actividad humana, según datos del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), pero esto no parece tener importancia al momento de proponer que se elimine la moratoria en la caza de estos cetáceos.

Japón ha aumentado los recursos que destina a su programa de caza, denominada “científica”, y ha insistido en desobedecer la prohibición de caza comercial.

La transacciones con carne de ballena signífica para el Japón transacciones por más de 36 millones de dólares

Las ballenas son además amenazadas por los vertidos de productos tóxicos, el calentamiento global del planeta, la contaminación acústica, la sobrepesca y las colisiones con embarcaciones.

WWF calcula que la observación de ballenas atrae anualmente a nueve millones de turistas y genera aproxidamente 1.000 millones de dólares

Desde la moratoria de 1986, se estima que Japón, Noruega e Islandia han matado 25.239 ballenas.

La caza es en general con arpones con cabezas explosivas diseñadas para explotar dentro del cetáceo.

El bloque ballenero argumenta que puede efectuarse una caza comercial “Sustentable”. Según estos países, la población ballenera se ha recuperado lo suficiente como para permitir una caza comercial sustentable de varias especies, incluyendo las ballenas minke.

En el mes de junio entre el 20 y el 24 del corriente año, en Ulsan - Corea del Sur, se llevará a cabo la 57ª reunión de la CBI (COMISION BALLENERA INTERNACIONAL), allí se decidirá si se reanuda la caza en gran escala de ballenas (todas) o si se deja definitivamente de cazarlas. Como no sucedía en 20 años, las votaciones entre países balleneros y conservacionistas estarán muy parejas, y seguramente la continuación o fin de la moratoria vigente sobre la caza comercial de estos gigantes se decidirá por una diferencia mínima de votos.

La caza de ballenas data de al menos los comienzos de 1600, fue una actividad pesquera importante y, dada la tecnología de cada época intensiva. Si bien se afirma que ninguna especie de ballena ha sido extinguida por el hombre, no es menos cierto que la historia de la industria ballenera se caracterizo por el agotamiento recurrente de las reservas de diferentes especies. A comienzos del siglo pasado se registraron casos de poblaciones reducidas a muy pocos individuos. Se trataron de especies de fácil captura tales como la ballena de Groenlandia (Balaena mysticetus) y en particular el rorcual de aleta blanca (Balen-optera acutorostrata). El avance tecnológico tanto de las artes de pesca como de navegación permitió ampliar el radio de las capturas e intensificarlas. La captura de especies lentas y costeras se extendió a la de especies veloces en mar abierto y en la Antártica. La caza intensiva del rorcual azul, que alcanzó su máximo en 1930 con la captura de 29.490 individuos, redujo la reserva a niveles inferiores al de sustentabiliad. Ello provocó la caída de sus capturas a unos 5.000 individuos en 1940. A comienzos del siglo pasado la población de rorcual azul, intensamente capturado en el Pacífico norte, se calculaba en 5.000 individuos, su protección data de 1966, pese a lo cual en 1972 su población era de unos 1.500 individuos, que equivalía a 65 por ciento de máxima captura sostenible estimada. Algo similar ocurre con las reservas del Atlántico norte cuya protección data de 1955 y 1960 (Islandia). Su reserva inicial se estimaba en algo más de 1.100 individuos, de los cuales actualmente existen unos pocos centenares. En el hemisferio sur la reserva de rorcual azul, prácticamente sin explotar, era a comienzos del siglo pasado del orden de 200.000 individuos. Su captura intensiva entre 1920 y 1955 la redujo a menos de 1.000 en 1964; en 1965 se prohibió su caza; a comienzos de los ochenta la reserva era de 7.000 a 8.000 ejemplares. En la actualidad la reserva es de unos 9.000 individuos.

Con la desaparición de las grandes ballenas motivó la caza de especies más pequeñas, tales como la ballena boreal o rorcual del norte (Balaenoptera borealis) y la ballena jorobada o jibarta (Megatera noval angliae). La primera que alcanza 23 toneladas de peso por 12 a 18 metros de longitud, redujo su población en 33 por ciento en sólo 3 años (1963-1967); la actual es de unos 23.000 individuos frente a una reserva inicial de 45.000 a 50.000 a comienzos de los sesenta. A su vez la jibarta, que alcanza peso promedio de 54 toneladas y 17 m de longitud, redujo su reserva de unos 100.000 individuos antes del inicio de su caza, a una población actual estimada en 5.000. Está protegida desde 1966.

En los sesenta la industria ballenera intensifico la captura de cachalote (Physeter macrocephalus), especie migratoria de unos 60 t de peso por 20 m de largo. Se caracteriza por la distribución de sus hembras e individuos jóvenes en aguas tropicales y subtropicales de ambos hemisferios. Sus capturas alcanzaron un máximo en 1965, posteriormente cayeron al disminuir la reserva. En el hemisferio sur se estimaba en 1946 una reserva de 257.000 machos y 330.000 hembras, que en 1972 se habían reducido a 128.000 y 295.000 respectivamente.

El año pasado en la ciudad italiana de Sorrento (Italia) se celebro la quincuagésima sexta Reunión anual de la Comisión Ballenera Internacional (CBI). Países de todo el mundo debatieron cuestiones fundamentales para la conservación y recuperación de las poblaciones de ballenas, muchas de ellas amenazadas de extinción tras la herencia que deja más de un siglo de caza comercial de ballenas, pero sólo en 1925, cuando casi todas las especies de grandes cetáceos estaban al borde de la extinción, se comenzó a hacer esfuerzos para salvarlas mediante regulación internacionales.

En Sorrento se logró detener un plan que podría haber dado pie para levantar la moratoria que rige hace desde 1986 contra la caza comercial de cetáceos. Todo gracias a que 34 de los 57 países que conforman la comisión votaron en contra de esta iniciativa. Él plan, incluía una fase inicial de cinco años, donde la captura comercial sólo se realizaría en las zonas costeras ycon limitadas cuotas de pesca.También se ganó el poder mantener por diez años más el "statu quo" en el santuario de la Antártica, establecido en 1994, como una de las mayores áreas protegidas para garantizar la supervivencia de especies como la ballena azul, la ballena franca austral y el cachalote, muchas en peligro de extinción.

La Comisión Ballenera Internacional (CBI) es el único órgano reconocido por los países del orbe, con autoridad para regular la caza de las ballenas. Desde un comienzo, los países miembros han estado divididos en dos bloques, el de los países balleneros y el de los conservacionistas. Su creación en 1946 significó una reacción ante el dramático retroceso poblacional experimentado por los grandes mamíferos marinos, a causa de la caza abusiva. El mayor éxito se alcanzo en 1986 al entrar en Vigo una moratoria en la caza de ballenas en todos los mares del planeta. Si bien se trata de una veda transitoria y no siempre respetada, de cualquier manera significó un alivio significativo a la depredación registrada en los dos hemisferios. Además lanzó un mensaje muy positivo al mundo a favor de la conservación de las especies subordinando la rentabilidad al equilibrio de las poblaciones.

La Cumbre de la Tierra realizada en Río de Janeiro en el año 1992, represento sin lugar a dudas un nuevo hito histórico a favor del medio ambiente. Renació el Espíritu para la Conservación del planeta y su gente, contemplando las futuras generaciones al que llamaron: Desarrollo Sostenible. Los pueblos originarios lo han aplicado sin saberlo desde antaño. Más sabios y pragmáticos demostraron que es posible obtener bienestar económico, crecimiento cultural y calidad de vida sin agredir a la naturaleza.

La ignorancia de la humanidad está poniendo los océanos de nuestro planeta en peligro. Hemos creado este problema debido a la falsa impresión que los océanos son infinitos y estos deben disolver, absorber, purificar y que vuelva inocuo todo lo que la humanidad produce.

El caso ballenero nos permite ilustrar las implicaciones económicas y ecológicas de la explotación de recursos renovables libre o públicos, en especial, ilustrar diferentes externalidades negativas vinculadas con la sobre pesca, tales como: reducción de reservas, agotamiento, caída de capturas, aumento de esfuerzo pesquero, caída de rendimiento, aumento de costo etcétera.

La humanidad esta descubriendo de la peor manera que los océanos no son infinitos ni muchos menos invulnerables. Aparte del hombre, las ballenas son la única especie que aún migra libremente por todos los océanos de este planeta y ocupan un lugar importante en la estructura y el funcionamiento de los mares y océanos. Gran parte de estos animales son el último eslabón de las complejas cadenas alimenticias y en consecuencia pueden servir como indicadores de la salud de todo un ecosistema. Además son los mamíferos más grandes de la tierra y ciertamente los más misteriosos e interesantes, ya que se ignoran muchas cosas acerca de ellos. Los problemas alarmantes que enfrentan muchas poblaciones de ballenas delfines y marsopas reflejan la gravedad de la crisis que enfrentan los océanos. No sólo las especies y poblaciones tales como la ballena franca en el Atlántico Norte, la Vaquita o la ballena gris en el Pacífico Occidental se enfrenta a una posible extinción en este siglo, sino también a las poblaciones de peces, (actualmente, más del 70 por ciento de las poblaciones mundiales de peces están o cerca de la sobreexplotación, sobreexplotados o en recuperación. Algunas poblaciones de peces que se suponían inagotables como el bacalao de Terranova, casi han desaparecido y no muestran signos de recuperación. Por todo el mundo, los ecosistemas marinos se están degradando y en algunos casos han sufrido grandes cambios que afectan a su funcionamiento.

Cada vez más los científicos están recomendando el establecimiento de reservas marinas, áreas donde no están permitidas las capturas, con el objetivo de reparar el daño hecho durante décadas por la sobrepesca. Japón argumenta que es necesario matar a más ballenas que hasta ahora para probar que son ellos los responsables de la disminución de las reservas pesqueras. Existen trabajos científicos en los cuales no se encuentra indicios de que se superpongan los caladeros y las zonas donde se alimentan las ballenas. Estos mamíferos comen además fundamentalmente plancton, calamares de aguas profundas y pequeños cangrejos.

Desde la perspectiva ecológica es interesante explorar el efecto de la sobrecaptura sobre las relaciones entre especies y sus alimentos. En la zona antártica, cinco especies de ballenas y tres de focas, varias especies de aves marinas y especies ictiológicas pelágicas así como algunos cefalópodos, compiten por el mismo sustento: el krill (Euphausia superba). Según se ha observado, las poblaciones de krill han aumentado con la disminución de las reservas de ballenas, lo que está siendo aprovechado por los otros consumidores. Así algunas poblaciones de pingüinos han aumentado notablemente. A su vez, la ramificación de las poblaciones de algunas especies ha favorecido a una de ellas: el rorcual del norte, éste, gracias a la mayor disponibilidad de alimento, revela mayores tasas de crecimiento y de preñez y edades de maduración sexual más tempranas. Ello plantea la interrogante de si este hecho no dificulta la recuperación de las reservas agotadas de ballenas (un fenómeno similar al de la sardina del Pacífico norte).

La inesperada abundancia de Krill ha despertado también el apetito de otro predador: el ser humano, quien, ignorando una de las causas de la repentina abundancia, esto es, la desaparición de su mayor depredador, las ballenas, ha especulado sobre la explotación comercial de krill, a decir de algunos un “enorme e inagotable” recurso marino para la producción de proteína, tanto para consumo humano directo como para consumo animal. Es obvio que cualquier captura masiva de Krill desencadenará una serie de efectos en cadena, en especies de mamíferos marinos, ictiológicos, de cefalópodos y aves marinas, que en el hemisferio sur dependen de este alimento y carecen de otro sustento de las mismas dimensiones y concentración.

Algunos expertos han observado que la conversión de Krill en proteína para alimento animal implica una escasa eficiencia energética, no sólo por los costos de captura relativamente elevados en relación al volumen mínimo necesario, sino por las fases de conversión en proteína y por último por la conocida ineficiencia energética en la producción de proteína animal, en circunstancias que como se ha señalado, el krill es un eslabón de una cadena alimentaría muy eficiente. Estos expertos concluyen que la mejor utilización del krill es en contexto de una eficiencia gestión de los recursos del mar, antes que en su captura para alimentación animal.

Algo similar ocurre con especies ictiológicas por las cuales la competencia entre seres humanos y ballenas es grande. Es el caso del capelán del Atlántico norte, sustento básico de la jebarta, del rorcual de aleta blanca y del rorcual común. Se calcula que en la región de Terranova una reserva de 2.500 rorcuales comunes consumen unas 250.000 t de capelán en cada estación veraniega y que la reserva de rorcual de aleta blanca consume otras 35.000 t, comparadas con 250.000 descargas en 1974 por diversas flotas pesqueras para consumo humano, y cantidades muy superiores consumidas por especies depredadoras del capelán como focas, bacalao, túnidos etc. A su vez, el hombre compite con el rorcual común y el de aleta blanca por el arenque, con otros por la sardina y la anchoa, y con diversas especies por el bacalao y la caballa, complemento dietético de los copépodos en la alimentación del rorcual del norte.

Durante los últimos años viene empleándose un nuevo argumento para justificar la caza de ballenas. Sus defensores se apoyan sin base científica que las ballenas están agotando las poblaciones de pescado, pero no son capaces de producir un solo informe que apoye sus teorías, la verdad es que, a través de los océanos del mundo, la crisis pesquera es uno de los resultados de la explotación irracional de los océanos.

Actualmente hace 18 años que se prohibió en todo el mundo el comercio de ballenas. Sin embargo Noruega caza sin pretender hacer ciencia, más allá de ser miembro de la CBI, pues esta Convención deja abierta la posibilidad de acatar sin sanciones (artículo 5°) las resoluciones que adopten los países parte. Mientras que Japón e Islandia justifican su captura sistemática bajo la excusa de “investigación científica”. Los países balleneros utilizan la ciencia como excusa para su cruel negocio. Este es otro de los huecos legales de la CBI que refiere a la autorización a cada miembro de "permisos" para la captura, matanza y procesamiento de ballenas para fines "científicos" (párrafo VIII de los estatutos).

Japón toma una muestra de tejido y el resto de la ballena lo venden en el mercado.

Anualmente Japón mata más de 540 ballenas (el 10 por ciento preñadas), las cuales no van a investigación, sino directo al plato de los lujosos restaurantes nipones. Es más, para nadie es un misterio que Japón caza ballenas en un santuario reconocido internacionalmente en el Océano Antártico, pero- claro que faltan brazos y voluntad mundial para sancionar y fiscalizar.

El reclutamiento de Japón de los votos de algunos de los países más pobres del mundo se ha convertido en una actividad anual en la CBI con el objetivo de conseguir los votos suficientes para acabar con la prohibición de la caza comercial de ballenas. Para ello ha catalogado de "cucarachas de los mares a las ballenas Minke, que es la especie que posee más ejemplares. Así mismo, Japón ha elaborado campañas que intentan convencer al público de que las ballenas exterminan los peces, y también compran votos en la CBI otorgándoles apoyo económico a los países que lo sigan.

Para levantar la moratoria se requiere el voto de las tres cuartas partes de los miembros de la Comisión (CBI), pero una mayoría simple del bloque ballenero abriría las puertas para el aumento de las cuotas para caza con fines científicos.

Hoy en día la persecución se realiza solamente por la carne, pero hace mil años se usaba su grasa para aceite para lámparas, velas, jabones y perfumes. Las barbas de ballena- las láminas córneas y elásticas que cuelga de la mandíbula en vez de dientes se usaban para cepillos y para enderecer prendas de vestir como corsets y paraguas. Más tarde, el esperma, para uso como combustible, el aceite se usó para producir margarina o para curtir el cuero.

Usos de las distintas partes de la ballena.

BALLENA

PRODUCTO

Ámbar gris (piedras del intestino)

Perfumes

Glándula pituitaria

Aceites para máquinas

Extractos hormonales

Dientes

Calzadores

Pipas

Huesos y grasas subcutáneas

Cremas, jabones, detergentes, lápices labiales

Crayones, minas para lápiz

Calcio, abono, plastificantes

Cartílagos

Raquetas de tenis, cuerdas musicales

Gomas, gelatinas, papel fotográfico, cápsulas de fármacos

Durante la explotación intensiva japonesa de los años treinta, lo más apreciado era el aceite; después de la segunda guerra mundial se aprovechaba la carne junto con el aceite; por último , en la época de captura intensiva del cachalote, cuya carne es apreciada en pocos lugares, el objetivo era su conversión en aceite y harina.

En este siglo la causa por la que se las mata es que su carne es una exquisitez en varios países de Asia. Así cada tanto hay carne de ballena azul- con 32 metros, el mamífero más grande del mundo y en peligro de extinción- en los supermercados japoneses. Y eso que la caza de este cetáceo, que puede pesar hasta 150 toneladas, está completamente prohibida.

La meta principal de la industria ballenera contemporánea es maximizar las ganancias, vendiendo la carne y la grasa para el mercado de consumo japonés. El interés comercial radica en los precios a que se llega: desde US$ 17 el Kg. de carne hasta US$ 800 el k.o. de grasa".

Las ballenas son animales de vida relativamente corta, alrededor de 30 años, y se reproducen poco y tarde. Uno y muy raramente dos ballenatos a la vez, con lo cual su potencial de recuperación y por consiguiente de sobre vivencia despues de una caza excesiva, es relativamente débil. Por otra parte, algunos de estos mamíferos se caracterizan por estar en la cumbre de una cadena trófica muy corta, entre las más cortas de la naturaleza. Por ejemplo la ballena boreal o rorcual del norte está en el cuarto nivel trófico, y los que se alimentan de krill como el rorcual azul e el rorcual común en el tercero, reflejando por lo tanto un relativo elevado rendimiento energético.

Los cetáceos tienen una capacidad casi increíble de enriquecer las vidas de las personas con las que llegan a entrar en contacto pacífico. Ejercen una atracción universal única sobre el espíritu humano. Son incomparables generadores de asombro y admiración. Existe una mística a su alrededor que inspira un sentido de maravilla y felicidad en personas de todas las razas y nacionalidades, algo que ningún otro grupo animal ha llegado a igualar con tal magnitud. Los cetáceos ejercen tal fascinación en la gente que se han transformado en poderosas herramientas para la educación de personas de todas las edades. Además, parecen tener una afinidad especial por los seres humanos.

A pesar de su tamaño y fuerza amenazadores, y a pesar de siglos de haber sido víctimas de la depredación humana, las ballenas en su ambiente natural demuestran una y otra vez ser excepcionalmente tolerantes de la proximidad de los humanos, y no sólo toleran sino que además muchas veces inician deliberadamente interacciones positivas con las personas.

El espacio vital de las ballenas, al contrario del de los animales terrestres, no está delineado por límites nacionales claramente definidos. Sus territorios pertenecen en buena medida a la globalidad de las naciones: son los mares del mundo que no pertenecen a ninguna nación en particular, constituyendo un recurso especialmente global. Así, las ballenas se encuentran bajo el control internacional, y dado que legalmente no son un recurso de ningún país, ninguna nación puede reclamar el derecho moral de matarlas. Las decisiones sobre la explotación o la protección de las ballenas lógica y legalmente deben ser tomadas a través de un organismo internacional como la Comisión Ballenera Internacional.

Gracias a la moratoria las grandes ballenas como el gigantesco rorcual azul, que puede alcanzar las 150 toneladas de peso, hasta el diminuto rorcual aliblanco de 15 toneladas no corren peligro inmediato de extinción. Pero el rorcual azul y su prima la ballena franca del Atlántico están clasificadas como especies en peligro, mientras que la ballena franca boreal, el rorcual boreal, el rorcual común y la yubarta están considerados como especies vulnerables. La población de ballenas grises del noroeste atlántico apenas cuenta con 300 o 350 ejemplares y la del noroeste del Atlántico ha sido tan severamente dañada que está a punto de desaparecer del planeta. Igualmente de la especie gris del noroeste del Pacífico hay entre 100 y 200 ejemplares, mientras que otros cetáceos incluyendo delfines y marsopas, también han caído hasta niveles críticos.

Japón siempre se ha opuesto a la moratoria. Si bien el consumo de carne de ballena forma parte de su cultura ancestral, también es cierto que hoy es un país moderno, vanguardista y lo suficientemente instruido como para comprender los límites de los ecosistemas y las especies. A pesar de la prohibiciones resueltas, continua Noruega, Rusia, Corea, China, Islandia y Japón con la matanza de ballenas aunque tratando de disfrazarlas mediante supuestos programas de investigación científica. Desde luego el interés científico nunca impidió que la carne de esas ballenas termine inexorablemente a la venta en los mercados y restoranes de las ciudades.

Los océanos que ahora habitan los cetáceos no son los mismos que existían en 1925 cuando se creo la CBI. Actualmente las principales amenazas para los cetáceos son la polución, escasez de alimentos, choque con embarcaciones, disminución de la capa de ozono, la contaminación acústica, la sobrepesca, capturas accesorios, el cambio climático y la creciente degradación de su hábitat pone en grave peligro la existencia de siete de las 13 especies de ballenas grandes que hay en el mundo, que además sufren el incumplimiento de la moratoria internacional. Según las últimas investigaciones, las ballenas se ven cada vez más afectadas por la acumulación de elementos químicos en sus grasas, que se liberan lentamente a través de su leche a sus crías.

La revolución química de la última mitad del siglo 20, ha creado una multitud de nuevos productos y subproductos, muchos de los cuales son acompañados por materiales altamente tóxicos que cuando están concentrados se convierten en venenos casi mortales. Entre los más peligrosos y persistentes se encuentran el órgano halogenado (compuestos orgánicos que incluyen al cloro, flúor y bromo); ejemplos de estos compuestos son el diclorodifeniltricloro etano o más conocido como DDT, los bifenilos, policlorinados, los furanos y las dioxinas. Se pueden encontrar algunas de estas toxinas en algunos pesticidas y herbicidas.

Muchos de estos compuestos duran cientos hasta incluso miles de años. Existe evidencia que sugiere que estas sustancias pueden ser responsables de una menor producción de espermatozoides en los hombres, malformaciones anatómicas, problemas de desarrollo en fetos, problemas de aprendizaje en niños y un aumento en las deficiencias producidas en los sistemas inmunitarios de todos los mamíferos.

Los niveles de ruido por actividades marinas industriales han aumentado afectando gravemente a estos animales que utilizan un sistema de sonar para navegar y comunicarse, así como para encontrar comida.

Todas las especies de odontocetos (cetáceos con dientes) utilizan un sistema de "sónar" para comunicarse y detectar a sus presas. El delicado y perfecto sistema craneal de un zifio es capaz de producir sonidos que rebotan sobre objetos y seres del fondo marino, especialmente en aquellos lugares donde la visibilidad es baja o nula, y que le son devueltos en forma de ondas a través de su mandíbula inferior, dándole una completa definición de lo que hay a su alrededor.

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Por tanto no es casual que la Armada estadounidense se haya centrado sobre esta especie de cetáceos como modelo experimental para desarrollar y perfeccionar sus sónares militares.

Paradójicamente, el complejo sistema de comunicación de estos mamíferos marinos, copiado por los humanos para controlar los océanos, se está volviendo contra ellos y empieza a ser una seria amenaza.

Los zifios tienen un sistema especialmente complicado de ecolocación que los ha convertido en punto de interés especial. El cráneo tienen una gran cantidad de cavidades (senos) que le permiten articular gran diversidad de sonidos y su mandíbula inferior (dos hemimandíbulas fusionadas en su extremo más exterior) es muy frágil y de poca consistencia, los que las dota de una gran capacidad y precisión a la hora de recoger los sonidos rebotados.

Estos animales suelen alimentarse en lugares de gran profundidad, donde las temperaturas del agua son muy bajas y la entrada de la luz es nula, por lo que sólo la bioluminiscencia o la ecolocación pueden permitir conseguir la captura de sus presas.

La OTAN ha llevado a cabo estudios que han permitido conocer una amplia gama de sonidos utilizados por estos cetáceos; desde las secuencia de clicks a un intervalo de 0.07 segundos a otros de mayor duración, como los silbidos. Aunque muchos de los sonidos que emiten se encuentran entre 1 y 10 Khz., se han detectado sonidos que van entre los 30 Hz y más de 40 Khz.) y se cree que pueden oír sonidos en un rango muy superior (entre los 100 Hz y los 80 Khz.). También se ha comprobado que son especialmente sensibles a las frecuencias intermedias de este rango, lo que hace que coincida con las utilizadas en sistemas de sónar de media y baja frecuencia.

Las investigaciones se ampliaron con posterioridad a conocer el impacto de la contaminación acústica, en especial por los sónares militares que se estaban desarrollando, sobre estos animales. Esto se intensificó tras el varamiento de zifios en las costas griegas después de los ejercicios navales realizados por la OTAN (y que concluyeron que uno de los animales había sufrido un golpe de una onda de sonido de 290 Hz a 15 kilómetros del emisor). Similares conclusiones han sido sacadas de los experimentos realizados por la Armada estadounidense en zonas como Hawai, California o Bahamas, donde también se detectaron, o bien varamientos, o comportamientos anormales en los cetáceos.

Otro problema que sufren los cetáceos son los cambios del clima de los últimos años, que han causado severas perturbaciones en las corrientes oceánicas, así como el calentamiento global que provoca el deshielo polar, lo que podría provocar una desestabilización ecológica del Ártico y Antártico que pondría en peligro a las especies que viven en la zona.

En Sorrento se llevo la ritual guerra verbal entre los que buscaban incrementar sus cuotas de caza y los que se opusieron a la llamada “caza con fines científicos” de cetáceos que desarrolla Japón, Noruega y Islandia. Los especialistas están indicando que otro grave problema con el que se enfrentan las ballenas es la pesca artesanal. Decenas de miles de cetáceos son capturados accidentalmente cada año en actividades pesqueras y algunas especies y poblaciones, como la ballena franca del Atlántico Norte, el delfín baiji, la vaquita o la ballena gris del Pacífico noroccidental, podrían extinguirse este siglo si no se toman medidas inmediatas.

La prohibición de la caza internacional no ha logrado impedir que anualmente perezcan 60.000 ballenas, según los cálculos más pesimistas el número asciende incluso a 300.000 entre delfines y ballenas, victimas de la pesca normal. Perecen en redes o quedan atrapados en las cuerdas que atan las canastas de caza de la langosta. Otras son víctimas de redes fantasmas, redes perdidas que navegan sin rumbo y continúan matando en su camino. En la actualidad mueren más ballenas que en las décadas de máxima caza. Las cuotas de caza de los noruegos y japoneses son de 130 ballenas enanas, 10 cachalotes y 50 ballenas Bryde en el 2003. En el Mar Báltico por ejemplo, la pesca normal ha diezmado a la ballena cochino casi por completo y se estima que sobreviven cuando mucho unos 100 ejemplares. En este mar mueren anualmente 7.500 ballenas en las redes de pesca normal. La pesca accidental es uno de los principales problemas para las ballenas en este siglo, pero este tema no ocupa a la Comisión Internacional sobre la Caza de la Ballena.

Por otra parte, desconocida hace unos decenios, la observación comercial de las ballenas se ha convertido rápidamente en un negocio mundial y multimillonario en varios países. Bien manejada, esta actividad recreativa es una buena oportunidad para desarrollar el turismo sostenible en regiones costeras que cuentan con este recurso natural. La Conservación de los cetáceos permite su explotación turística que es muy lucrativa, superando el billón de dólares cada año, con un crecimiento promedio anual del 18,6 por ciento.

Muchos países, han adoptado directrices de navegación y normas para el avistamiento de las ballenas, adaptados a cada especie y lugar. El objetivo es causar a estas extraordinarias criaturas la menor molestia posible, para de esta forma ayudarlas a sobrevivir y garantizar que las generaciones futuras puedan continuar disfrutando de esta productiva actividad.

En algunos casos, el avistamiento de ballenas puede haber surgido precisamente porque su caza está en descenso. Islandia fue un ejemplo, la observación de cetáceo se incrementó 250 por ciento entre 1994 y 1998.

En lo que sí ha tenido algo de éxito Japón es la compra de votos dentro de la CBI. Se trata de algunos países de economías pobres de reciente ingreso a la Comisión. La idea es inclinar la balanza a su favor, a la hora de votar propuestas. En la Reunión de la CBI en Italia (2004), Japón nuevamente movió sus piezas para tratar de levantar la moratoria que impide la caza comercial de ballenas. Por fortuna, no lo consiguió. Tampoco logró que se impusiera el voto secreto. Está medida permitiría comprar el voto de varios países sin que los mismos quedaran expuestos ante la opinión pública nacional e internacional.

La actitud de Japón de comprar votos de naciones pertenecientes a la Comisión Ballenera Internacional (CBI) a cambio de ayudas económicas, esta maniobra es conocida desde hace tiempo. Esta actitud desacredita aún más la credibilidad ambiental de Japón. Si bien el consumo de carne de ballena forma parte de su cultura ancestral, también es cierto que hoy es un país moderno, vanguardista y lo suficientemente instruido como para comprender los límites de los ecosistemas y las especies. A pesar de la prohibiciones resueltas, continuo con la matanza de ballenas, aunque tratando de disfrazarlas mediante supuestos programas de investigación científica. Desde luego el interés científico nunca impidió que la carne de sus ballenas termine inexorablemente a la venta en los mercados y restaurantes de las ciudades niponas.

El interés nipón por cazar ballenas es de un grupo muy pequeño de japoneses, unas quinientas familias que se dedican al negocio. El argumento científico de los japoneses es una mentira-fachada para mantener una lucrativa industria ballenera en Japón, donde la carne se sigue vendiendo en restaurantes y comercios, esto suma unos 80 millones de dólares al año. Los subsidios del gobierno llegan a 4 millones de dólares anuales.

El gobierno japonés de forma unilateral anuncio su decisión de incrementar el número de ballenas que matará cada año, en aras de la ciencia.

Japón lleva a cabo en este siglo una guerra de desgaste en la cual año tras año se va metiendo cada vez más y los países que se oponen a la caza de ballena van perdiendo.

Tokio propuso en Sorrento una modificación al plan de cuotas de caza conocido como ESQUEMA DE MANEJO REVISADO (RMS por sus siglas en inglés), que lleve asociado al final inmediato de la moratoria sobre la caza comercial de ballenas. El RMS es un conjunto de reglas y procedimientos destinados a gestionar la caza de ballenas en el futuro, que ha sido debatido durante muchos años y que hasta ahora no ha llevado implícito la reanudación inmediata de la caza comercial de ballena. Si se llegará a probar el RMS, la moratoria sobre la caza comercial de ballenas debería ser levantada de forma automática. Los votos secretos, las reuniones a puerta cerrada y la compra de votos fueron las palabras claves de la CBI en Italia (2004). EL mundo reclama mayor transparencia, la CBI sigue funcionando en forma opaca, y el proceso del RMS es un ejemplo claro. La propuesta fue apoyada por Dinamarca, España, Estados Unidos, Holanda y Suecia busco autorizar la pesca de ballenas Minke, la especie más pequeña y abundante. Pese al sorpresivo apoyo de Estados Unidos, tradicionalmente opuesto a la caza, la moción no consiguió el 75 por ciento de los votos necesarios para su aprobación.

Como consecuencia Japón, el principal defensor de la explotación comercial de cetáceos, dijo que si la Comisión no flexibiliza la moratoria en un futuro abandonará el organismo y reanudará unilateralmente la caza. Aduciendo fines científicos, Japón, Noruega e Islandia cazaron 25.239 ballenas desde 1986.

La campaña pro caza japonesa es respaldada por un creciente grupo de países en vías de desarrollo con Antigua y Barbuda, Costa de Marfil, Dominica, Granada, Guinea, Mauritania, Mongolia, Surinam y Tuvalu.

Cuando la CBI se creó, heredó, de su predecesor (el Consejo Internacional para la Regulación de la Caza de Ballenas), un santuario que ocupaba la cuarta parte del Océano Antártico y que albergaba poblaciones de ballenas sin explotar. Este santuario fue conservado hasta 1955. En ese año, se abrió a la caza de ballenas debido a la presión de la industria ballenera. En tan sólo dos años se produjeron en el, 40 por ciento de las capturas de ballenas en todo el Océano Antártico; en los siguientes tres años las capturas de ballenas fueron disminuyendo.

Uno de los mayores éxitos de Sorrento (2004) fue la condena al uso de arpones explosivos que causan una muerte lenta y dolorosa. Aunque el organismo rechazó la creación de nuevas reservas en Argentina y Brasil y Nueva Zelandia, extendió por 10 años más el Santuario del Océano Sur que protege al 75 por ciento de la población mundial de cetáceos. Los santuarios o reservas balleneras, son refugios que garantizan a las ballenas protección a largo plazo frente a la caza y surgen como uno de los mecanismos necesarios para asegurar su supervivencia. La propuesta para el establecimiento del Santuario Ballenero del Atlántico Sur , que es liderada por Argentina y Brasil, recibió el apoyo de países como Chile, Perú, Estados Unidos y Sudáfrica, a pesar de haber recibido 26 votos a favor, 22 votos en contra y 4 obtenciones, no logró contar con la mayoría necesaria. De haber sido establecido hubiese significado para las ballenas del Hemisferio Sur la oportunidad de vivir toda su vida en un mar libre de la caza comercial. Sin embargo, el resultado negativo no debe sorprender ya que Japón sumo aliados al bloque pro cacería para que lo acompañen en el voto y de ese modo bloquear las iniciativas conservacionistas propuestas en el seno de la CBI.

La creación de Áreas de Santuario, está contemplada en el Artículo V de la Convención Internacional para la Regulación de la Caza de Ballenas y contiene disposiciones bajo las cuales la CBI puede enmendar la Agenda, adoptando regulaciones con respecto a la conservación y manejo de ballenas y productos balleneros. Los Santuarios son considerados de gran importancia para la utilización sustentable de los recursos vivos del mar y su establecimiento es totalmente coherente con las tendencias de conservación marina que hoy se realizan en todo el mundo. También ofrece la posibilidad de reforzar actividades de gran importancia para la sociedad como la investigación y la educación particularmente en los países en vías de desarrollo.

Otra propuesta que tampoco logró aprobación, fue la de la creación de un Santuario en el Océano Pacífico Sur, llevada adelante por Australia, Nueva Zelandia y copatrocinada por Chile. Los resultados de las votaciones fueron 26 a favor, 21 en contra y 4 abstenciones.

A pesar de estos resultados desfavorables, pudo acordarse de que el Santuario Ballenero Austral continuará vigente por una década más. Dicho santuario es crucial en la conservación y desarrollo de los recursos balleneros ya que cubre el área circumpolar alrededor de la Antártica que incluye la mayoría de las aguas al sur de los 40°S, protegiendo así a poblaciones de ballenas devastados por la industria ballenera en áreas de reproducción, alimentación y crianza. Con respecto a esta Santuario, los gobiernos de Japón, Noruega e Islandia expresaron su rechazo a su mantención argumentando que éste carece de validez científica. Japón por su parte, presentó una propuesta para eliminarlo y auto-otorgarse una cuota de 3.000 ballenas minke austral para ser capturadas durante los próximos cinco años. Esta propuesta fue rechazada ya que no fue sometida previamente al Comité Científico y no existe una estimación de abundancia sobre esta población.

Japón en el 2004, quería poder matar en los próximos cinco años a 2914 ballenas de la especie rorcual aliblanco (minke) por año en la zona protegida de la Antártica. Pese a la prohibición de la caza comercial los japoneses capturan al año ya 400 de estos cetáceos bajo la excusa de su uso en investigación científica.

En Sorrento se exigió además medidas urgentes para proteger a las ballenas grises –de las que quedan apenas 100 ejemplares- de la explotación petrolera en la isla rusa de Sakhalin.

Otro de los aspectos más positivos es la instauración del Comité dedicado exclusivamente a políticas de conservación de los cetáceos, la iniciativa aprobada en la reunión del 2003 en Berlín y que progresa lentamente pero en la adecuación adecuada.

También ha obtenido el visto bueno de la CBI la resolución presentada por una docena de países, entre ellos Nueva Zelandia, México, Brasil y Argentina, que contempla la adopción de medidas para mitigar el sufrimiento de los grandes mamíferos marinos durante la caza, como los causados por los arpones con granadas en su cabeza.

La agenda de la reunión de Sorrento abordó, por otra parte la cuestión de las capturas accidentales de delfines y ballenas, el mayor problema que actualmente se enfrenta estos cetáceos.

También rehusó implantar el voto secreto dentro de la asamblea, una iniciativa que la delegación nipona presenta puntualmente todos los años y que, de salir adelante, significaría un duro golpe a la transparencia de la CBI.

Una de las pocas concesiones que se ha otorgado al frente ballenero ha sido la autorización a ciertas comunidades locales para que practique en forma controlada la caza ballenera, por tradiciones culturales y gastronómicas.

Los cientos de millones de personas que se oponen a la caza de ballenas tienen derecho a vigilar los planes de la CBI para reanudar su caza. Estos no pueden desarrollarse en secreto y luego votarse antes de que nadie fuera de la CBI sepa lo que dicen. Es necesario y es fundamental un proceso transparente en la CBI si esta organización quiere mantener su credibilidad en el mundo. Cualquier mayoría a favor de la cacería de ballenas será comprada y no ganada. Es terrible que una medida de conservación de las ballenas apoyada por cientos de millones de personas en todo el mundo pueda desaparecer por una campaña de compra de votos bien financiada por un gobierno que representa los intereses de una industria insostenible.

Lo angustiante de este siglo es que mientras existan países como Japón que aprovechan resquicios legales para su propios fines, nunca se podrá garantizar el futuro de las ballenas, además es fundamental un proceso transparente en la Comisión Ballenera Internacional (CBI) si esta organización quiere mantener su credibilidad en el mundo".

Luchar por la conservación y supervivencia de las especies, sin importar su belleza o porte es, ni más ni menos, pelear por nuestro presente y futuro. Es una tarea monumental que persigue la propia supervivencia del ser humano.

* Dr. Marcos Sommer
Ökoteccum-Kiel Alemania

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