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Campesinerías

03/03/12 Por Paco Puche

“Os voy a contar brevemente una maravillosa costumbre de las gentes de campo, se le llama un "turno peón", al menos así le llamamos en Coín. Pero está extendido con otros nombres en cualquier zona rural del mundo. Se trata de cooperar y ayudarse entre los vecinos cuando hay una tarea que necesita más mano de obra, por ejemplo: cuando había que sacar las patatas, varios vecinos se juntaban e iban rotando por las fincas de cada uno hasta que las sacaban todas: hoy me toca a mí, mañana a ti... Un gesto precioso que nos hacia la vida más humana y llevadera"

Cuidar los campos de cultivo como la fragilidad de tu propio cuerpo - Jorge Riechmann

En el libro que acaba de aparecer en ediciones del Genal, titulado Diario campesino de familia, y cuyo autor es Cristóbal Hevilla, el editor abre el texto con el siguiente comentario: “Este libro que tienes en tus manos surge de una idea muy simple: la de reunir en un texto todas las cartas que Cristóbal Hevilla, hijo, nos enviaba cada semana por correo electrónico a todos aquellos que visitábamos los mercadillos ecológicos de proximidad del Guadalhorce (Málaga), precisamente para anunciarnos el lugar, día y productos ecológicos que podríamos encontrar en ellos, en el puesto que atendía la familia Hevilla. De camino se arrancaba por campesinerías”.

Este término si uno lo busca en cualquier diccionario general no aparece, es por ello un neologismo. Tampoco aparece en un diccionario del flamenco, como sugiere la frase “se arrancaba por campesinerías”. Es corriente decir en el lenguaje flamenco que alguien “se arranca” cuando comienza a cantar o bailar sin poder remediarlo, como arrebatado por el ambiente festivo. “Arrancarse por campesinerías” denota un lanzarse a hablar del campo sin remedio, o aquello que tan bien expresaba el paisajista chino del siglo XVII, Schitao, que adaptado al caso que nos ocupa diría que: para Cristóbal escribir es el resultado de la receptividad de la tierra; la tierra se abre a la mano; la mano se abre al corazón… y así salvamos las cosas del caos.

Podemos decir, sin miedo a equivocarnos demasiado, que este libro es, además de un tratado de antropología campesina del siglo XXI en Occidente, el “Columela” de esta época. Otro andaluz que cuenta sus trabajos en el campo con un manejo orgánico y quepuede servir de repertorio, no exhaustivo, de buenas prácticas agrícolas. Si José Antonio Muñoz Rojas, el ilustre escritor antequerano, cuenta “las cosas del campo” como un poeta enamorado de la vida rústica, Cristóbal Hevilla transforma su actividad artesana en el campo en una poesía, en una obra de arte.

Como el libro surge, además, de los intentos de atraer a las gentes a los mercadillos ecológicos de proximidad que se celebran en la provincia de Málaga, en los que reúnen unos treinta agricultores que venden directamente sus producciones de frutas y verduras ecológicas y frescas y que están autoorganizados en una asociación, que además difunde en colegios y entre la población la dignidad del trabajo campesino y la necesidad del cultivo ecológico, estamos ante lo que hoy está de moda en designar como agroecología.

Unas campesinerías de familia

Pero lo que Cristóbal difunde es un saber antiguo, aprendido de muchas generaciones que le precedieron, almacenadas en su padre que a sus 83 años sigue ayudando en las faenas del campo y de los mercadillos, a su modo. Hace unos días, en una de esas misivas semanales a que nos tiene acostumbrados, nos decía: “Pero del que no paro de aprender es de mi padre. (…), lo observo y redescubro en él cualidades que he aprendido y mamado sin darme cuenta, como ocurren muchas cosas en el bagaje del aprendizaje familiar. Y es que mi padre se ilusiona y es más sensible cada día con lo que ocurre alrededor, con la vida. Así, lo ves de emocionarse o se le saltan las lagrimillas ante cualquier suceso cotidiano: una noticia de injusticia social, de una imagen de un niño hambriento, de los desalojos de los puñeteros bancos... pero también le ocurre lo mismo al ver a su nieta, a sus hijos llevando el campo palante, de una lechuga que crece generosamente, del delicioso paladar de un mandarina o yo que sé...de "hay que ver que las zanahorias viendo naciendo preciosas" y ¡ZAS! aparece la cara de puchero y las lagrimillas de emoción vienen detrás. (…) Ahora descubro que con el paso de los años, lo que a otros le endurece el alma, a él se le ha ablandado más si cabe; sólo se le ha endurecido la piel y veo que todo se debe a esa capacidad maravillosa de sorprenderse de la vida. Espero aprenderla mejor ahora que soy más consciente y, ojalá, que sepa transmitírselo a mis hijos de esta forma tan bella e inadvertida. (Y eso que ellos no estudiaron pedagogía ni asistieron a las escuelas de padres...¡toma ya!)”

Los cuatro hijos de Cristóbal, padre, todos con actividades campesinas a tiempo parcial, escriben en este libro de sus experiencias familiares. En todos brota la enseñanza familiar, el agradecimiento de lo que han recibido, los buenos y trabajosos años de su infancia entre el campo y los estudios y la presencia de su madre. Lo expresa muy bien en su carta José Manuel, el hijo mayor de la familia, cuando dice: “¡Ana, esos tomates son para semilla, te lo digo para que no los gastes! Esta frase la escuchaba todos los veranos, a la llegada de mi padre al regreso del campo. Mi madre era la encargada de abrir y detenidamente esculcar entre las tripas de los tomates, todas y cada una de esas pequeñas semillas, para dejarlas en un plato”, para luego guardarlas y resembrarlas en su momento.

58 cartas de amor al campo… y 2 cartas esperanzadas

El grueso del texto de este libro discurre por las cuatro estaciones, de la mano de Cristóbal, en ese entreveramiento de actividad campestre, climatología, sabores, duras faenas, incertidumbres y alegrías que da la huerta y la vida silvestre.

Cristóbal es esa esponja de vitalidad que tiene que explicar a sus lectores cómo es posible con cerca de 50 grados de temperatura en verano se puede ser tan feliz y de cómo con el estrés que produce llevar adelante dos tareas profesionales, la de enfermero y la de agricultor, se está tan exultante. He aquí una pequeña muestra del talante y del talento de Cristóbal, entresacada de sus 58 cartas de amor al campo, que cubren un ciclo completo desde el fin de un verano (2010) a principios de otoño del siguiente año:

“Carta tres, 14 Agosto de 2010

¡Buenas noches!

O no sé si más bien infernales noches, pues vaya nochecita de calor, esto ha batido los marcas que yo recuerde, a las diez de la noche aún marcaba el termómetro los 38º C de temperatura y además con un viento caliente que empeoraba más si cabe la sensación tan horrorosa de calor. Esto parecía Córdoba en vez de Málaga.

“Carta cuatro, 21 de agosto

La semana pasada terminó la Feria de Agosto en Coín y el domingo, como os avisé, llevamos a cabo la exposición de verduras y frutas y el intercambio de semillas de variedades locales. Aunque quedó un poco humilde, los comentarios son todos muy positivos.

“Carta ocho, 18 de septiembre

¡Buenas noches!

Mientras escuchaba a los grillos con el fresquito de la noche, pensaba en lo que os iba a escribir hoy en el mensaje y me ha venido a la memoria la tarde del pasado domingo, y de ello os voy a hablar. Ese día llevamos a cabo la tercera vendimia de la familia en la huerta.

“Carta nueve, 26 de septiembre

Con esta imagen que acabo de describiros os he querido traer y llamar la atención sobre la cultura tan grande que existía, y existe aún, en los pueblos pero que se está destruyendo a pasos agigantados, en gran medida por que entre todos (unos más que otros) nos hemos encargado de despreciarla y abandonarla. Una cultura que desde hace poco estamos viendo que va a ser vital para el futuro y que es además una cultura no escrita, muy local, que puede desaparecer mas fácilmente de lo que creemos.

“Carta once, 9 de octubre

Estamos muy contentos por la gran afluencia de público a la feria, creemos que ha sido un éxito y que la concienciación de la gente hacia los productos ecológicos está aumentando de manera muy significativa. También queremos pediros perdón por los errores o pequeñas faltas que hayamos cometido a la hora de atenderos.

“Carta doce, 16 de octubre

Os voy a contar brevemente una maravillosa costumbre de las gentes de campo, se le llama un "turno peón", al menos así le llamamos en Coín. Pero está extendido con otros nombres en cualquier zona rural del mundo. Se trata de cooperar y ayudarse entre los vecinos cuando hay una tarea que necesita más mano de obra, por ejemplo: cuando había que sacar las patatas, varios vecinos se juntaban e iban rotando por las fincas de cada uno hasta que las sacaban todas: hoy me toca a mí, mañana a ti... Un gesto precioso que nos hacia la vida más humana y llevadera.

“Carta dieciocho, 4 de diciembre

El cielo nos ha regalado unos magníficos días de lluvia, además ha sido un “agua calma” que la tierra ha podido absorber tranquilamente, por lo que no sólo ha venido genial a los cultivos si no que seguro alimentará también a los acuíferos. Y a los que seguro que les ha caído bien, han sido a los agricultores, que estamos encantados. No hay más que fijarse en mi padre, estos días de lluvia, está sonriente y feliz, canturreando alegrías y fandangos a todas horas y cuando no, dormitando calentito en cualquier sillón, aprovechando que no puede trabajar en el campo. Para que veáis que no a todos les produce melancolía la lluvia.

“Carta veintitrés, 8 de enero de 2011

Perdonad el retraso, aunque hoy realmente he sido consciente de ello, pero la noche de ayer fue dedicada en exclusiva a los niños, ya sabéis: Cabalgata, preparar los regalos, detalles, ilusiones..., conseguir que se duerman entre tanta emoción....Y esta mañana, el desbordamiento, ¡la gran sorpresa! Así que hasta ahora mismo no he podido sacar tiempo para enviaros el mensaje semanal del mercadillo.

“Carta veinticuatro, 15 de enero

Bueno os dejo, que me estoy poniendo muy crítico. Ah!, y mirar de vez en cuando al cielo que han comenzado la migración hacia África y no es raro observar grupos de milanos, halcones abejeros, cigüeñas y otros muchas aves en dirección al Estrecho (de Gibraltar)

“Carta veintisiete, 12 de febrero

Es admirable la energía y rapidez que emplean las plantas en esta función, cuando les llega su momento. Las flores están “pintando” de color el paisaje, transformándolo día a día, es como si se comunicaran entre sí y dieran la voz de alarma: !Vamos, vamos…florezcan ustedes! De hecho hay recientes investigaciones que así lo admiten, que confirman la capacidad de las plantas de comunicarse entre ellas por mensaje químicos que pueden afectar incluso a su propia composición.

“Carta veintinueve, 27 de febrero

Eso sí, el campo continua acicalándose, cada día más bello, no sólo en las huertas sino también en la parte salvaje. Por poneros un ejemplo, las aulagas y romeros están que “se salen”

“Carta treinticuatro, 3 de abril

Para contrarrestar tantos buenos olores, nos hemos dedicado estos días a repartir estiércol de oveja y cabra para después arar la tierra y atajarla (hacer lomos) y preparar las gomas de goteo; todo listo para plantar las verduras de verano y las sandías.

“Carta treintiséis, 16 de abril

Sin ir más lejos me comentaba mi hermano José, que conocía a una "mujer del campo" que le cantaba a sus cebollas por que decía que las notaba más contentas y se ponían más bonitas; no sé si esto tiene algún fundamento científico como la música y los fetos o la música y las gallinas ponedoras, o simplemente es que no tenía otro auditorio mejor que la escuchara. Pero lo que siempre me ha resultado maravilloso es escuchar a la gente cantar mientras trabaja; ya apenas ocurre y esto, seguro que debe ser sintomático de los malos tiempos que corren.

“Carta treintisiete, 24 de abril

Por cierto, si os gusta y tenéis tiempo es estos días festivos, quedaros una tarde en el campo y esperar que anochezca, que con un poco de suerte escucharéis al cuco, al ruiseñor, al chotacabras o al autillo; le dan un tono especial a los anocheceres de primavera, son momentos únicos pues sólo nos visitan y cantan en una época del año.

“Carta treintinueve, 14 de mayo

Ahora los huertos van para arriba que vuelan: los calabacines se estrenarán esta semana aunque sólo sea alguna pieza; los pepinos lo harán en un par de semanas más; los tomates ya se están amarrando a las cañas (aunque el mildiu con tanta humedad y las patatas tan próximas me dan yuyu, crucemos los dedos...); las habichuelas de enrrame ya “gatean” por las cañas y las de suelo ("las nanas") ya se les atisban las flores en los cogollos; las berenjenas también muestran las primeras flores; las matas de sandías se extienden por el suelo; y las patatas están dando la cara "diciendo: estoy lista pa que me saquéis". Y en los frutales, las ciruelas ya gordean colgando de las ramas; los albaricoques están hinchones; y las naranjas se van apurando poco a poco. Las brevas ya se distinguen en las higueras; las cerezas empiezan a blanquear (a ver si Fina, nuestra amiga agricultora ecológica de Jubrique, no nos falla este año, desde aquí un arrechuchón con mucho cariño); las almendras tienen ya el tamaño máximo que alcanzarán; y los olivos comienzan a limpiar la trama y en algunos se pueden intuir la cosecha. En fin, como para no parar de mirar y echar fotos por doquier. Es un momento culminante en la efervescencia de la primavera.

“Carta cuarenta, 21 de mayo

Pero a pesar de la humedad, el año sigue su ciclo y eso se palpa en el paisaje, que ya ha comenzado a perder verdor: los marrones y amarillos ganan la batalla a los verdes, los colores de las flores en las praderas de hierbas son menos notorios, aunque todavía amarillean con fuerza las flores de la retama en los bordes de camino y acequias, y también se observan los anaranjados de los capullos florales de las chumberas. Y a los sonidos de los pajarillos en celo, se le han sumado algunos nuevos de esta época, como la oropéndola, las bandadas de abejarucos al atardecer y los chotacabras y autillos en la noche. ¡Qué suerte tengo de poder contaros esto y haberlo disfrutado antes! (perdón pero me he dado cuenta conforme lo escribía). Pues vale por hoy que ya va tardeando…

“Carta cuarentiuna, 29 de mayo

Acabo de plantar unos mangos y de labrar y retirar hierbas a una tanda de zanahorias pequeñitas y, ¡uf!, cómo se nota ya la calorcita. El sombrero de ala ancha se hace imprescindible, con el pirulo de agua fresquita también cerca para ir reponiendo el líquido elemento, que trabajando en el campo no veas cómo te fluye. Que uno está delgadito no sólo por las verduritas y la fruta, que la actividad física cuenta, ¡y bastante!
“Carta cuarentidós, 5 de junio

Pues ahí andamos en las fincas sacando patatas, labrando hierba a las zanahorias pequeñas, plantando nuevas tandas de lechugas, pimientos, las berenjenas cuerno de gacela (salchicheras) que tanto gustaron, etc. Y los cultivos veraniegos van para adelante, ya se ven los bultos como pelotitas entre la plantación de sandías, las primeras habichuelas han comenzado a dar frutos, tenemos ciruelas, se acaban los nísperos y los albaricoques y ya mismo aparecerán las perillas sanjuaneras y las brevas. Como veis es una época maravillosa para la huerta, sobre todo por que puedes ir comiendo frutas por doquier como si fueras un mirlo criando tu prole, todo un lujo del que uno no es consciente hasta que ve como otras personas disfrutan increíblemente cuando les das la posibilidad de comerse una fruta, tomándola con sus manos directamente del árbol, mientras pasean por la huerta.

“Carta cuarentitrés, 11 de junio

¡Qué encuentro más bonito tuve cogiendo naranjas días atrás! Me topé con un minúsculo nido de currucas capirotadas, que es un pajarillo insectívoro que eriza una pequeña cresta de plumas en la nuca, tiene un canto llamativo y precioso. Es un encantador ayudante de la huerta y un infalible insecticida.

“Carta cuarenticuatro, 18 de junio

Pues esto es igualmente aplicable en la agricultura, comienzas a levantarte más temprano para trabajar y te anochece mientras terminas, con lo cuál el día se alarga una barbaridad. Esto tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Ayer mismo por la noche mientras regaba tuve la suerte de poder disfrutar del eclipse lunar en todas sus fases, mientras oyes cantar a un chotacabras o a una zorra "guarreando", y alertando a todos los perros de la zona que le ladraban para delatar su presencia. Claro está que la parte negativa, es la sensación de limitación y agobio que te produce le dependencia diaria de estas tareas, máxime ahora en verano cuando no puedes saltarte un día sin regar, ya que sería catastrófico. Pero he aquí una más de las ventajas pedagógicas de la agricultura (de estas cosas no hablan en los manuales de agricultura): que tienes que ver la parte buena y reestructurar tus pensamientos para disfrutar de lo que haces y ver la botella llena y no la vacía, y este ejercicio es fundamental para afrontar las muchas durezas con las que te vas a encontrar en la vida, algo así como un entrenamiento psicológico preparatorio para mejorar tu actitud en la existencia.

Algunos después de este párrafo diréis: ¡hay que ver lo que este muchacho le saca a la agricultura!, y yo que creía que sólo producía tomates, patatas y pepinos...

“Carta cuarenticinco, 26 de junio

Y es que hace tan sólo una hora, mientras terminábamos de regar los naranjos, un punto de luz verdosa fluorescente llamaba la atención en medio de la oscuridad a mi hermano Sebas y después a mí, cuando pasé por el mismo lugar de la huerta.

Claro está, no podía ser otro cosa que una ¡LUCIÉRNAGA! Y diréis: tanta fiesta para un bichito-lú (así es como lo llamábamos en nuestra infancia). Pero es que no puedo evitar ilusionarme cada vez que me las encuentro. Que todo sea dicho, cada vez son menos los encuentros. Desgraciadamente, es de los insectos más sensibles a los insecticidas y al resto de fitoquímicos, de hecho, creo, que en algunos estudios lo consideran un bioindicador de calidad. No deja de ser curioso, mágico y fascinante que un animalito tan pequeño pueda producir luz de noche, ¡con tanta tecnología de la que presumimos! Nuestras placas solares continúan teniendo ese hándicap, por las noches no pueden producir energía.

“Carta cuarentiséis, 3 de julio

Pues, al hilo de la luciérnaga, o mejor, a la luz de la luciérnaga os comento otro reencuentro que he tenido esta semana: las alúas. Y algunos os preguntaréis, ¿qué son las alúas? Pues se trata de las hormigas que en esta época del año, convertidas en sucesoras al trono real, y engalanadas con el lujo de tener alas, salen en un momento del día y vuelan con la idea de formar otra “monarquía hormiguera”, apartada de su materno hormiguero y de su regia madre. La suerte, es poder verlas justo en ese momento, cuando van saliendo aceleradas del agujero. Suben a una brizna de paja o a una planta cercana...., y en cuanto sopla la brisa abren sus alas y zuuuummm ¡a volar! A ellas no les pasa lo que a los hijos de hoy día, que no se van del lecho materno ni a empujones, aquí está todo cronometrado. Pues bueno, este instante era un espectáculo para los niños, que corríamos a avisarnos unos a otros si encontraban un hormiguero en plena ebullición de “princesas voladoras”, y allá que nos dedicábamos a jugar con ellas.

“Carta cincuenta, 7 de agosto

¡Buenas noches!

¡Uumh!, aunque sea bien tarde para escribiros tengo la ventaja de la noche y el verano como aliados, y es que ahora mismo en el silencio de la noche... por la ventana de la cocina me llega el fresquito y el aroma de la dama de noche y, cómo no, el cántico incesante de un grillo instalado a la entrada de mi casa. Pero ya veremos por la mañana quién me levanta de la cama.

“Carta cincuenta y cinco, 10 de septiembre

Por las fincas es momento intenso de siembra: coles, lombardas, coliflores, brócolis, lechugas de todo tipo, zanahorias, remolachas, rabanillas, nabos, cebolletas, patatas, habichuelas, habas, rúculas ..., la lista es aún más larga, pero como el calor todavía combate, hay que estar muy pendientes de los riegos iniciales de apoyo hasta que las plantas ya agarran bien y pueden "tirar” ellas solas. Es época de uvas, mangos, melones, membrillos, almendras, algarrobas, higos secos y, ya mismo, comienzan las granadas y los caquis. De estos últimos ya he visto algunos madurando, pero los primeros como siempre son para los mirlos (“mirras” en coineño). Es el impuesto revolucionario que hay que pagarles hasta que estén bien hartos y haya caquis suficientes para todos.
“Carta cincuentiocho, 2 de octubre de 2011
¡Buenos días!

¡Uhmm!, que fresquito más bueno hace por las mañanas, "acurrucaíto" con la sabanita y la colcha no apetece levantarse. Pero el campo me espera, las patatas me están susurrando que tienen mucha hierba y necesitan que las labre. ¡Arriba!, se acabó de tanto retozar en la cama. (…y al final concluye) ¡!!Un gran beso, nos vemos...!!!”

Y de la las cartas de esperanza y agradecimiento entresacamos estos dos textos, el primero de Federico y el segundo de Fuensanta:

Federico: “En fin, aquel día y aquella noche fueron especiales y soy yo el que se siente agradecido a la gente de Coín que me acogió y que me ha vuelto a acoger varias veces más. Yo no sé de dónde ha salido esta gente pero sigo pensando que Cristóbal, Salvi, Bartolo y las familias respectivas, y muchas más personas de cuyos nombres no me acuerdo, son personas que han sido (y son) muy importantes en mi vida, son gente sabia y amorosa y yo, que iba a “enseñar”, aprendí que tengo mucho que aprender y que es un regalo de la vida encontrarse con estas personas tan poco normales.

Y además me he quedado enganchado para siempre a esa maravilla que son las aceitunas aloreñas.”

Fuensanta: “Nos sentimos parte intrínseca de nuestra tierra, de nuestra cultura y nuestras tradiciones y sentimos el dolor hondo de cómo no se valoran en su justa medida ni se tiene el interés necesario para atesorarlos y transmitirlos (…) Gracias de nuevo Cristóbal, sigue así, no decaigas, somos muchos los que sentimos la vibración de la vida al igual que tú y nos sentimos reconfortados con tus sensaciones. Un abrazo.”

Colofón

El libro concluye con unos calendarios de verduras y frutas de temporada, de variedades locales, de siembra y transplante y con un léxico campesino del lugar, de Coín. A modo de muestra, copiamos lo que se dice del término “papa” del citado léxico: “Papa: se llama “patata” en otras regiones, pero en Andalucía, y en la mayor parte de los países Latinoamericanos, se conserva el nombre original quechua “papa”. Unos dicen que al mezclarse este nombre primero con el de “batata” dio lugar a “patata”; otros afirman que el Papa de Roma no podía permitirse que lo confundieran con un tubérculo, por ello trató de cambiarle el nombre. Andalucía no se dejó.”

El libro, en su propio colofón, nos informa que: El Diario Campesino de Familia se acabó de imprimir un día calmo y soleado de otoño del año 2011 cuando las alúas revoloteaban sobre el partido de Huertas Viejas en Coín

Nosotros concluiremos este repaso a un libro extraordinario, que recomendamos encarecidamente, con un lema que exhiben estos campesinos de familia cuando asisten semanalmente a los mercadillos ecológicos de proximidad. Es una leyenda grabada en un trozo de madera, esculturalmente cuidado, y que reza así: La familia Hevilla nos alimenta y nos da vidilla.

Que sigan así. www.ecoportal.net

Paco Puche – Febrero 2012 – España

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