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GAKs y La Garbancita Ecológica. Trece años de Consumo Responsable Agroecológico

27/07/10 Por Pilar Galindo

La producción agroecológica campesina y el consumo agroecológico autogestionado no son posibles la una sin el otro. Esta relación directa entre productor@s y consumidor@s no es táctica, instrumental y anónima, sino estratégica, sustancial, personalizada y basada en la confianza. No es posible detener la destrucción del campesinado y de la naturaleza sin construir una nueva relación entre el campo y la ciudad, que cuestione un modelo modernizador que entrega el mando al beneficio privado y a la tecnología. El horizonte tiene que ser la vuelta al campo y a la producción agroecológica. Comprometerse con la seguridad y la soberanía alimentaria exige cambiar nuestros hábitos alimentarios pero también enfrentarse a las multinacionales y al doble lenguaje de los políticos y la constelación de entidades subvencionados. La fuerza para avanzar la deben poner miles de consumidor@s responsables.

Resumen

Nuestro objetivo como consumidor@s organizad@s es garantizar la seguridad alimentaria de tod@s a través de una alimentación ecológica con precios populares, pero también justos para l@s agricultor@s y mediante circuitos cortos de comercialización. Estamos muy lejos de ello. La mayoría de la población padece una alimentación mercantilizada, industrializada y globalizada, causante de millones de muertes anuales por escasez o por abundancia y toxicidad de los alimentos. La impotencia, cuando no complicidad de los poderes públicos y la implantación de deseos irracionales en los consumidores por la publicidad, presentan lo que es una emergencia alimentaria como algo natural e inevitable.

Difundimos cultura alimentaria para generar hábitos de alimentación saludables. Al abordar esta tarea nos encontramos con diversos obstáculos. El primero es nuestra propia ignorancia nutricional. El segundo, la intoxicación publicitaria que provoca en la población, en particular, en nuestros niñ@s, el deseo de consumir alimentos indeseables. El tercero, la necesidad de abandonar la cultura de la queja para tomar en nuestras propias manos (adultos, educadores, niños y niñas) la defensa de nuestra seguridad alimentaria. El cuarto, las dificultades para sostener un proceso con dimensiones culturales, económicas y organizativas, generar estudio, elaboración y difusión, dinámicas de participación y cooperación campo-ciudad desde la autogestión y la autonomía económica y política. Para condicionar a las instituciones hay que avanzar desde dentro pero, sobre todo, desde fuera de ellas.

Esta ponencia [1] analiza un proyecto de consumo responsable agroecológico y autogestionado, iniciado en 1997 -los Grupos Autogestionados de Consumo (GAKs)- que, en los últimos tres años, ha dado el paso de construir una cooperativa de economía social para avanzar en mejores condiciones frente a los obstáculos mencionados.

¿Quiénes somos?

El Consumo Responsable Agroecológico es una respuesta de la sociedad a la contaminación, el cambio climático y el aumento de enfermedades alimentarias (obesidad, diabetes, cáncer, caries, etc.) en la población, especialmente en nuestros niños y niñas. La Garbancita Ecológica, junto a los Grupos Autogestionados de Consumo (GAKs), pioneros en las redes de consumo madrileñas, estamos comprometid@s en la defensa de la salud y la seguridad alimentaria.

La garbancita. El garbanzo representa atributos fuertes de nuestro proyecto: proteína vegetal, autóctona, barata, previsora de enfermedades y soporte de la actividad campesina. La acepción femenina del garbanzo evoca el trabajo de cuidados, realizada de forma exclusiva e invisible por las mujeres.

Ecológica. Incorpora valores como: cercanía, vegetal, alimento de temporada, ausencia de productos químicos, trabajo digno, reducción del gasto energético, reutilización de envases y reciclaje de residuos.

Consumo responsable. Se responsabiliza de las dimensiones sociales de la alimentación. Pero también de la elaboración y difusión de cultura alimentaria. Aprende a cuidar de la propia salud y a disfrutar moderando voluntariamente el consumo superfluo.

Autogestionado. Proyecto social, no lucrativo y autónomo. Demuestra que la cooperación no reside en el dinero sino en nuestra conciencia y nuestra voluntad.

Popular. No sólo para pequeños grupos o minorías con poder adquisitivo, sino para tod@s, con precios justos para l@s campesin@s y asequibles para l@s consumidor@s.

¿De dónde venimos?

La Garbancita Ecológica es una cooperativa de consumo responsable sin ánimo de lucro que, tras trece años de actividad, intenta resolver los cuellos de botella del consumo responsable agroecológico, avanzando en una dimensión empresarial. Movemos miles de kilos cada quincena, procedentes de una treintena de pequeños agricultores, ganaderos, artesanos y elaboradores ecológicos para dos centenares de consumidores.

Historia de los GAKs

Las primeras experiencias organizadas de cooperación entre productores agroecológicos y grupos autogestionados de consumo en Madrid nacen en 1997, impulsadas por personas y colectivos vinculados al Movimiento contra la Europa de Maastrich y la Globalización Económica (Movimiento Anti Maastrich-M.A.M.)

Desde el M.A.M. propiciamos el encuentro de las redes antiglobalización con el mundo rural un fin de semana de Noviembre de 1996 en Amayuelas (Palencia), con representantes de la COAG, la Plataforma Rural y la Vía Campesina. Resultado de este encuentro fue la realización de unas jornadas organizadas por el M.A.M. y la “Red de Economía Alternativa y Solidaria”, los días 1, 2 y 3 de Mayo de 1997 en Córdoba, con la asistencia de 400 personas procedentes de todo el Estado Español.

“Los Grupos Autogestionados de Konsumo (GAKs) somos, que sepamos, la primera experiencia de agroecología y consumo autogestionado en Madrid. De hecho, uno de los GAKs, Lavapies, comenzó unos meses antes en solitario, a raíz de la feria de Biocultura de 1996, recibiendo los productos en casa de alguno de sus miembros.

Los GAKs llevamos cinco años impulsando, en un terreno real, una experiencia de economía solidaria y apoyo mutuo entre familias rurales y urbanas, entre agricultor@s y consumidor@s ecológic@s; apostando por la construcción de unas relaciones que se basen en el diálogo de las necesidades de todas las partes (producción, distribución y consumo, a nuestra pequeña escala) y no en la lógica del mercado. La iniciativa surge de personas vinculadas al movimiento antiglobalización, de personas que están consumiendo productos ecológicos, productos de comercio justo, etc. Las personas que iniciamos esto, y las que luego se fueron sumando, lo hicimos desde una motivación por un consumo responsable, no sólo por alimentarnos de una forma saludable, poniendo interés y tiempo en impulsar, de forma colectiva, una realidad económica y social y no algo testimonial. En definitiva construir, desde lo que somos y donde podemos, un espacio colectivo y cooperativo desde el que ejercemos nuestro derecho a la soberanía alimentaria. (Galindo, P. (2002) “Los Grupos Autogestionados de Konsumo (GAKs)” en Revista Rescoldos, Monográfico Salud y Agroecología, nº 6, Madrid.)

Iniciamos este camino no solamente para consumir alimentos sanos sino también, convencidos de que la forma de comer es tan política como la forma de trabajar. El año 1997 fue un año de una gran actividad de movimientos sociales: Marchas Europeas contra el paro que pasaron por Madrid en Abril, Contracumbre de la OTAN en Julio, II Encuentro por la Humanidad y Contra el Neoliberalismo en Agosto, etc. (Morán, A. (coord.) (2003) “El movimiento antiglobalización en su laberinto. Entre la nube de mosquitos y la izquierda parlamentaria”. Madrid. Ed. La Catarata-CAES. Pág 57-81)

A finales de 1997 y tras algunas altas y bajas éramos ocho grupos en Madrid (“Malabar” en Canillejas, C.S.O. “el Laboratorio” en Lavapies, “La Lavandería” en Vallecas, Hortaleza, EKKAIA, Aedenat, CAES y Kybele). Todos recibíamos los productos agroecológicos de un agricultor ecológico de Burgos.

Desde esos inicios, hemos necesitado siempre un inmenso esfuerzo autoorganizativo para sobrevivir en diversos escenarios. Podemos afirmar con satisfacción que hemos contribuido a difundir una nueva sensibilidad en el terreno de la alimentación y también, que casi todo lo que hay en Madrid en consumo responsable ha salido de este tronco fundacional.

Una característica de nuestro avance ha sido elaborar nuestra experiencia para corregir los errores y potenciar los aciertos. Como rasgos del modelo de agroecología y consumo responsable de los GAKs, producto de una década de experiencia y debate, podemos citar:

a) Apostar por relaciones de apoyo mutuo entre productor@s agroecológicos y redes de consumo, a través del debate de los problemas en condiciones de transparencia y reciprocidad, desde la igualdad, autonomía, iniciativa propia y responsabilidad de cada una de las dos partes.

b) Considerar que desarrollo de la producción agroecológica de alimentos sólo es posible desde el compromiso de redes de distribución urbanas que aseguren un volumen de compra y unos precios justos a l@s productor@s. Los términos del intercambio deben tender al equilibrio entre la calidad, cantidad y variedad de alimentos producidos y unos precios que garanticen la viabilidad de la actividad agraria, incluyendo una remuneración justa para l@s agricultor@s. El equilibrio y el desequilibrio en el intercambio es algo sujeto al debate y al acuerdo, desde el mutuo reconocimiento como iguales entre agricultor@s y consumidor@s. Los desequilibrios son admisibles a condición de que sean voluntariamente aceptados tras una exposición motivada y transparente, en un horizonte de intercambio equitativo. El apoyo mutuo no es compatible con un desequilibrio tácito, unilateral y crónico. Esta situación implica la centralidad de una de las dos partes respecto a la otra.

El apoyo mutuo no puede ser unilateral. Es decir, producirse en una dirección hegemónica, por ejemplo, desde las redes de consumo hacia la unidad de producción. Tampoco puede admitirse que una de las dos partes cargue sobre la otra las responsabilidades básicas de su actividad. Por ejemplo, un proyecto de producción traslada constantemente sus problemas de número de trabajador@s, maquinaria, vehículo, etc, a la red de consumo. Al igual que tampoco sería aceptable que la problemática de funcionamiento de la red de consumo, incluido su propio transporte, le sea trasladado a l@s productor@s, o bien que una parte asuma la representación política de la realidad.

Cada parte debe asumir su propia viabilidad y descansar en la otra, sólo en aquello que le complementa. Es decir, los productores deben ofrecer alimentos adecuados en cantidad, calidad y variedad y la red de consumo debe ofrecer un volumen de compra, una regularidad y un precio suficientes. Los apoyos no deben ser unilaterales sino recíprocos. Los desequilibrios no deben ser estructurales sino coyunturales.

Aunque a veces tengamos que aceptarlo, nuestro modelo no es una relación subordinada de una parte respecto a otra, ni tampoco una relación instrumental entre ambas partes. [2]

Algunos rasgos del consumo responsable autogestionado

a) Crisis por falta de productores

En enero de 2000, los GAKs nos encontramos con la primera crisis de productor de hortalizas. La familia agricultora que nos suministraba las verduras decidió cesar en su proyecto de comercialización directa. Con ello se paralizaba la red de agricultores que impulsaba en Castilla y León y que nos suministraban a los GAKs otros productos. Esta primera crisis, como supimos años después, tuvo que ver con la irregularidad y falta de compromiso en las compras de algunos grupos. La autonomía con la que cada grupo dejaba de comprar o reducía sus compras al margen de los demás y de los daños que ocasionaba al productor, no era conocida ni controlada por parte de la Red de los GAKs. Este fue el origen de la crisis. La falta de diálogo sobre estos problemas hizo el resto.

La crisis nos obligó a buscar, lo más rápido posible, una alternativa de productores/as de hortalizas y a arbitrar un refuerzo del compromiso interno de los grupos con el resto de los productos y productores/as que se recibían con regularidad semanal o quincenal. Se acordaron distintas medidas para impedir que desaparezcan grupos, aunque no conseguimos neutralizar la caída de miembros.

Iniciamos un proceso de negociación con productores/as en Extremadura. Se creó una asociación de 3 familias productoras (dos ya ecológicas y una que quiere intentarlo) que se repartían la producción. Esta frágil alianza hace crisis después del verano: diferente cultura entre las familias productoras, escasa experiencia de todas en la producción ecológica para comercialización directa, comienzo tardío de la cosecha (última semana de junio y en seguida el verano), dificultades de coordinación de información entre agricultores que vivían en pueblos distintos. Se hicieron algunos pedidos con posterioridad hasta finalizar la campaña de verano. De todos ellos quedó uno interesado en continuar, pero en búsqueda de socio/a.

Para la campaña siguiente (2001-2002) teníamos dos productores asociados entre sí. Acordamos un pedido mínimo por cada GAK (en función del número de familias) y compartir los costes de transporte a Madrid (el 75% lo pagaban los GAKs repartido de forma solidaria según su tamaño y el 25% restante l@s productor@s). En 2002-2003, los productores asisten a las reuniones de coordinación que pueden.

Estas primeras crisis que, hoy nos parecen minúsculas, comparado con la dinámica actual, apuntan a un problema muy frecuente: la falta de diálogo sobre las diferencias entre productores y consumidores y sobre las dificultades de cada parte es una fuente de problemas. Mientras que algunos proyectos pretenden “disolver las diferencias” negándolas, en nuestro caso nos hemos fortalecido reconociendo dichas diferencias, saliendo al encuentro de los problemas y dialogando sobre ellos. Sin embargo, las crisis también escondían, con esta pequeña escala, el problema del crecimiento. Sin voluntad para crecer por parte de las redes de consumo, no hay agricultor que pueda vincularse por un periodo largo. Es necesaria una masa crítica suficiente para planificar y asegurar la estabilidad del agricultor/a mediante venta directa o, de lo contrario, su relación con nosotros, sólo puede ser un pequeño epígrafe de sus ventas que acaban dirigiéndose a las grandes superficies y la exportacion. Por otro lado, los grupos de consumo ecológico que miran sólo hacia sí mismos y no se plantean el problema del crecimiento y la organización del mismo, tienden a depender, al menos una parte del año, de distribuidoras que oferten un número amplio de productos, en algunos casos, de importación.

Así manifestábamos nuestra idea de compromiso campo-ciudad y de los problemas de dicha relación en 2006:

“No es posible detener la destrucción del campesinado y de la naturaleza sin construir una nueva relación entre el campo y la ciudad, que cuestione un modelo modernizador que entrega el mando al beneficio privado y a la tecnología. El horizonte tiene que ser la vuelta al campo y a la producción agroecológica. Pero ese horizonte ni es inmediato, ya que se han roto las raíces culturales campesinas, ni puede hacerse por imposición porque tiene que partir del deseo de la gente. La construcción de numerosas experiencias de autonomía y cooperación entre productores agroecológicos y consumidores responsables, es un camino por explorar. Creer que eliminando de nuestro lenguaje la dicotomía productor-consumidor o fundiendo, en un único espacio verbal a productores y consumidores, se disuelve la fractura construida durante siglos entre campo-ciudad, es una fantasía.

El enfrentamiento entre el campo y la ciudad desarrollada por el mercado, exige reconocer que existen distintas realidades, necesidades e intereses, promover el diálogo sobre las mismas y buscar el acuerdo sobre las condiciones de intercambio y compra-venta de los alimentos (o del trabajo en algunas versiones), siendo conscientes de las dificultades de cada parte y comprometiéndose a resolverlas mediante el diálogo.

Tenemos que estar prevenidos porque, aunque formulemos estos deseos y pongamos los medios, hay una tendencia social a instrumentalizar a la otra parte para el propio beneficio. De un lado: es más fácil colocar un producto que el mercado no ‘traga’ a través de las redes de consumidores solidarios. Es bueno “contar con la solidaridad y la entrega de redes de consumidores” cuando uno está empezando, para luego olvidarse de los acuerdos, una vez que la producción está en marcha. Del otro lado: en la teoría, defender la fidelidad al productor con el que hay una relación prolongada y compromisos estables de compra, pero, en la práctica, y ante una mala cosecha, antes de hablar sobre soluciones compartidas (alimentos para unos y compensación de la pérdida para otros) y llegar a ellas de forma dialogada, se busca un contacto alternativo y se “deja tirado” al productor o mermada la compra que tenía prevista con nosotros. Reclamar el compromiso del productor, pero no querer asumir la responsabilidad que conlleva. El compromiso colectivo de las redes de consumo para que sea verdadero y no sólo una declaración de intenciones, exige trabajar, en la práctica, e internamente, en cada grupo, nuestros comportamientos individualistas. Pero esto implica salirse del “buen rollito” y entrar en el riesgo de señalar los comportamientos dañinos, disfrazados de libertad individual, para que sean corregidos colectivamente y considerados por todos como contrarios al consumo responsable que defendemos.” (Galindo, P (coord.) (2006) “Agroecología y Consumo Responsable. Teoría y práctica”. Madrid. Ed Kehaceres, Pág 109-110).

B) Actividad cotidiana y tamaño de los GAKs

Comprar es una actividad cotidiana en la que buscamos el mejor equilibrio entre calidad y precio. Cuando se trata de alimentos pasa casi lo mismo. No es fácil apartarse de esta práctica y emplear criterios (ecológicos, sociales, solidarios, etc.) que aporten otras razones no estrictamente económicas. Más difícil resulta hacerlo en grupo y no individualmente. Se necesita el acuerdo por parte de las distintas personas participantes. Por ejemplo, comprar las naranjas por cajas y en un número de cajas suficiente para llenar un palé y así abaratar el transporte. Eso obliga a ajustar el pedido a esos módulos. No todo se reduce a cuestiones cuantitativas. Esta práctica compleja pone a prueba nuestra voluntad de involucrarnos en un consumo responsable que implica no sólo nuestras necesidades como consumidor@s, también las de las personas que cultivan esos alimentos. Quienes llevamos tiempo en esta forma de comprar y consumir, lo resumimos en la frase: “un GAK no es una tienda”.

La actividad de los GAKs, sobre todo si pretenden alcanzar todas las dimensiones que declaran, exige un enorme esfuerzo organizativo y participativo. La actividad cotidiana se despliega en: a) dinámica del pedido, b) relación con los proveedores, c) cuentas y caja, d) coordinación, información y fomento de la participación, e) actividades del GAK en los movimientos sociales y f) actividades de comunicación social (boletín, radio, artículos, cursos, participación en campañas, etc.). Si además se pretende abordar todo esto desde cada grupo, o se realiza un esfuerzo enorme o queda en una declaración para la galería, posponiendo siempre las soluciones a los problemas hasta que seamos más fuertes.

La forma de crecimiento ha sido una de nuestras preocupaciones en varias vertientes. Desde el principio hemos querido crecer, aunque durante diez años nos hemos dedicado, sobre todo, a neutralizar la amenaza de disminución y desaparición. También nos ha preocupado cómo hacer el trabajo de sensibilización y a qué gentes llegar, para evitar que nos confundan con una tienda, pero permitiendo igualmente, que personas menos sensibilizadas pudieran ir sumándose a nuestro proyecto. Siempre hemos optado por crear nuestros propios medios de comunicación social: boletines, programas de radio, charlas y debates, artículos, cursos, nuestra propia web, talleres en el medio educativo, etc.

En octubre de 2001, en una asamblea de los GAKs llegamos a la conclusión de que debíamos expandir nuestra experiencia al mismo tiempo que conseguir fortalecernos. Desde entonces hemos ensayado distintas fórmulas: espacio mestizo de grupos GAK y BAH (2000-2003), coordinadora con grupos diferentes a los GAKs que pretendían resolver problemas de escala pero sin crecimiento ni autonomía política (2002-2005), crecimiento en solitario (2005-2007) y, en los 3 últimos años, un fuerte desarrollo gracias a la cooperativa. La Garbancita Ecológica es un instrumento para centralizar las compras y fomentar la creación de nuevos grupos a la vez que la participación de personas y grupos en las distintas dimensiones prácticas y teóricas del consumo responsable (organizativas, educativas, sociales, políticas, etc). En estos tres años hemos crecido tres veces más que en los diez años anteriores.

Una cosa es crecer hasta ser arrastrados por el tamaño y perder la propia identidad y otra, lo lejos que estamos de la mínima escala que garantice nuestra viabilidad y la de nuestros agricultores. De la conciencia sobre esta contradicción se derivan diferentes identidades en el consumo responsable. Para salir de la marginalidad impulsamos un espacio común con diversas redes de consumo agroecológico que, tras varios meses, acabó en febrero de 2002 siendo la Coordinadora de Grupos de Consumo Agroecológico de Madrid. En una década hemos participado en la fundación de los GAKs, del BAH y de la Coordinadora. El afán de cooperación y sensibilización para el crecimiento, nos conducían a estas alianzas para sacar al consumo responsable agroecológico de la marginalidad.

Enfrentar todas estas limitaciones exige abordar, los aspectos organizativos, de coordinación y un elemento troncal, la distribución. Pero su estabilidad depende de factores como: 1) la cantidad, calidad y diversidad de productos; 2) el tamaño de los GAKs y su número; 3) la necesidad de más y mejor gestión e infraestructuras; 4) abordar el estudio y la propia formación alimentaria como herramienta para enfrentar la inseguridad alimentaria de la población, en particular, la obesidad y otras enfermedades alimentarias producto de la mala alimentación de nuestros niños y niñas.

c) La distribución interna y su transporte en Madrid

En diversas etapas, algunos GAKs compartimos el transporte que nos distribuía los alimentos en Madrid. Posteriormente, compartimos nuestro transportista con el BAH, aunque éramos proyectos distintos, teníamos 5 grupos en común. La coordinación de esta distribución se realizaba desde dos asambleas distintas. Al pretender el colectivo de trabajadores del BAH hacerse cargo de la distribución de ambos proyectos, finalizó esta experiencia compartida. Posteriormente, en la Coordinadora de Grupos de consumo Agroecológico de Madrid, intentamos darle ese trabajo a alguna empresa social de transporte, pero no fue posible porque los volúmenes que manejábamos y el escaso número de grupos, no facilitaba unos costes razonables.

La distribución en una gran ciudad como Madrid es un asunto complejo pero necesario para potenciar el consumo responsable sobre una base de grupos o puntos de compra colectiva (centros de trabajo, asociaciones, colegios, institutos, etc.). Exige plantearse: a) cómo se reparten los costes (un único coste por punto; un pago proporcional en función del tamaño del grupo; pago en función de volumen; una cantidad fija y una parte variable; un mínimo de volumen de compra, una tarifa distinta según la distancia a recorrer, etc.); b) las condiciones de pago a los transportistas (kilometraje y tiempo de reparto, vehículo propio u otras fórmulas; c) la responsabilidad en caso de pérdidas, roturas, multas, accidentes; etc.

En el modelo de funcionamiento de los GAKs, la distribución interna supuso, casi desde el principio, la columna vertebral. Se han elaborado diversos documentos que dan cuenta de esta necesidad.

A la problemática mencionada se unía un intento de favorecer a los grupos más pequeños. En el documento “Reparto solidario de costes de transporte entre los GAKs” se explican los criterios y la forma de cálculo. La experiencia nos enseñó que este gesto solidario, puede llegar a ser demasiado paternalista, cuando los miembros de los grupos pequeños dejan de preocuparse por alcanzar un tamaño suficiente para dejar de estar subvencionados por los grupos más grandes. Durante el tiempo en que apoyamos a los grupos pequeños, ninguno de ellos dejó de serlo. Cuando dejamos de hacerlo y nos planteamos que cada grupo debía aspirar a tener un tamaño que pagase sus gastos, los grupos se preocupaban de alcanzar su mínimo necesario y lejos de suponer una dificultad, servía para promover el desarrollo del grupo.

En estos momentos la repercusión de los costes de transporte continúa siendo una preocupación pendiente. La Garbancita Ecológica realiza este reparto con trabajo voluntario y vehículos particulares, además de una vieja furgoneta de segunda mano que hemos comprado. Los grupos o puntos colectivos deben asumir un volumen mínimo de pedido y pagar un porte que se establece en función de la zona de la ciudad y la distancia desde el centro de distribución. Para poder garantizar una remuneración necesitaríamos una mayor densidad en las rutas y así diversos puntos poder sufragar el trabajo de dicho reparto.

d) Teorizar nuestra propia práctica: memoria colectiva y crecimiento en tamaño y en participación.

Los grupos autogestionados de consumo (GAK) llevamos una década fomentando una relación directa entre productores agroecológicos del campo y consumidores responsables de la ciudad. Promovemos unas relaciones de cooperación desde los márgenes del mercado global. La mayor dificultad está en la transformación de una relación social que también es económica. Esta transformación interpela a la conciencia pero también a las actitudes y prioridades para ajustar nuestras palabras a nuestros hechos y para crear las condiciones de reproducción y crecimiento de nuestros proyectos agroecológicos. Algunos principios que hoy expresan la teoría de nuestra práctica son:

La producción agroecológica campesina y el consumo agroecológico autogestionado no son posibles la una sin el otro. Esta relación directa entre productor@s y consumidor@s no es táctica, instrumental y anónima, sino estratégica, sustancial, personalizada y basada en la confianza.

Defendemos el apoyo mutuo entre productor@s y consumidor@s desde: a) el respeto y la autonomía de cada parte; b) la responsabilidad, reciprocidad, igualdad de derechos y centralidad entre ambos. Equidad en el intercambio. Las situaciones de desigualdad deben ser puntuales y no estructurales; c) trasparencia y diálogo como base para la expresión y resolución de los conflictos; d) libertad de funcionamiento, organización interna y coalición con otr@s para producir y distribuir alimentos sanos, en cantidad y variedad suficiente y a unos precios razonables.

La Agroecología y el Consumo Responsable contemplan diversos planos: a) seguridad y soberanía alimentaria; b) dimensión económica: precios pactados para toda la temporada, suficientes para pequeñ@s productor@s y asequibles para consumidor@s de pocos recursos; c) dimensión ecológica (austeridad, temporada, proximidad, reutilización de envases); d) dimensión social-laboral-tecnológica; e) el máximo protagonismo y participación posibles de l@s integrantes del proyecto en todas sus fases y lugares; f) la máxima información y transparencia y simétricamente, máximo respeto a los acuerdos compartidos; g) tomar partido ante las políticas gubernamentales que defienden o atacan la seguridad y soberanía alimentarias; h) participar, desde la autonomía y el respeto a la pluralidad, en la coordinación con otros colectivos sociales activos en el terreno de la producción y consumo de alimentos en clave agroecológica.

El crecimiento no es sólo en tamaño, sino también en la participación en las tareas, la deliberación sobre los principios, el perfeccionamiento de la distribución, la cantidad, calidad y variedad de los productos, el control colectivo sobre la escala y el tamaño del proyecto. Un proyecto social no puede mantener sus principios más allá de una dimensión en que la economía, las estructuras organizativas y la eficacia se imponen. Tampoco es posible sin el tamaño mínimo que garantice la viabilidad económica, organizativa y participativa en sus distintas fases. Hay que mantener la tensión entre incorporar a sectores sociales más amplios y la defensa de los principios. El estudio colectivo, la implicación y el trabajo de sensibilización social son claves para las tratar las contradicciones mencionadas.

Si es posible, el transporte, sobre todo el interno en la gran ciudad, debe ser una dimensión del proyecto agroecológico a todos los efectos.

La participación en los MMSS. Nuestra actividad se enfrenta a las políticas del capitalismo global y a sus efectos en las formas de alimentación. Sin unir ambas cosas sólo tenemos el interés individual de agruparnos para comer mejor. Viceversa, sin la participación consciente de los proyectos sociales pequeños y reales, los movimientos sociales contra la globalización no podrán dejar de ser marginales o burocráticos.

Desde la voluntad de participar en los movimientos sociales aportando nuestra realidad y beneficiándonos de otras experiencias asociativas, debemos respetar los distintos ritmos, experiencias, identidades y deseos. Impulsar espacios compartidos por todas las experiencias agroecológicas y procurar la conexión con las redes agroecológicas presentes en el movimiento desde el respeto a la pluralidad y la situación de cada colectivo. Fomentar el debate y la formación como garantías del avance de l@s integrantes del proyecto y del crecimiento del mismo.

Estas ideas resumen nuestra apuesta por un movimiento de consumo responsable agroecológico organizado desde abajo. (Galindo, P. (coord.) 2006 “Agroecología y Consumo Responsable. Teoría y práctica. Ed. Kehaceres. Madrid). Sin embargo, hacía falta dar un paso adelante. La Garbancita es ese nuevo paso.

La Garbancita, herramienta para el crecimiento del consumo responsable agroecológico autogestionado

La Garbancita es una cooperativa que, frente al consumismo insostenible y la compra compulsiva, defiende y práctica un consumo responsable.

Procuramos tratar a los consumidores, a los agricultores y a nosotros mismos como seres inteligentes. La Garbancita es un laboratorio que produce ideas colectivamente y las transforma en acciones concretas. Al hacerlo, también nos transformamos nosotros, acercando lo que hacemos a lo que decimos y lo que somos a lo que debemos ser.

La Garbancita es una empresa muy particular: a) integrada en los Grupos Autogestionados de Consumo (GAKs) pioneros en el Consumo Agroecológico Autogestionado concebido como movimiento social, b) autónoma del capital y del estado, c) preocupada por la calidad, tanto de los productos como de las relaciones entre productor@s y consumidor@s, d) participativa, impulsando dinámicas que permitan intervenir al consumidor/a al nivel que desee hacerlo.

La fuerza depende de la creatividad y la creatividad del deseo. El deseo puesto a cooperar es la mayor fuerza productiva. Pero el deseo debe ser racional. Decir “racional” es lo mismo que decir “social”, “comunitario” y “no individualista”. El deseo racional depende del conocimiento. Por eso nuestro proyecto se basa en el conocimiento, que surge de la acción y del estudio, tanto en la sociedad, como en nosotr@s mism@s.

Queremos crecer a favor de las necesidades humanas racionales, los límites de la naturaleza y la agricultura ecológica. No solo valoramos el cuerpo de los alimentos, sino también su alma representada en las relaciones sociales que las han producido.

Somos una red de colectivos autónomos que apuestan por el cambio social hacia la seguridad alimentaria en el terreno de la producción, distribución y consumo de alimentos. El poder de cada integrante del grupo es una porción del poder del grupo. El poder del grupo resulta de la integración cooperativa del poder de cada uno de sus componentes. Hacer propuestas incluye el compromiso de llevarlas a la práctica asumiendo las consecuencias positivas y negativas. El diálogo, la cooperación y el compromiso, son fuente de bienestar social e individual. El doble lenguaje y el aislamiento son los asesinos de cualquier proyecto de cambio social.

Un cambio cualitativo: trabajo voluntario pero también profesionalizado desde la autogestión

Nuestro proyecto pretende combinar trabajo voluntario, recursos materiales y trabajo a plena dedicación. El soporte material lo da la venta de productos a consumidores. El margen económico de estas ventas financia los gastos, la inversión inicial y la ampliación de trabajo cualificado que permita el desarrollo y la extensión del proyecto, al tiempo que aumenta la superficie de contacto con la sociedad.

No es pensable el éxito de un Consumo Responsable Agroecológico Autogestionado y Popular en base a personas asalariadas, sin un amplio apoyo de trabajo militante. Organizar ese trabajo parece algo opuesto a la eficacia, sin embargo, este celo garantiza la calidad social y la viabilidad del proyecto. Crear estructuras organizativas según las necesidades, conseguir personas que las integren, cuidar de su funcionamiento regular, de la circulación de las informaciones relevantes, fomentar la libertad de expresión y tener en cuenta las opiniones, asegurar las convocatorias de reunión, orden del día, materiales, participación en los debates, toma de decisiones y respeto a las mismas. Las personas colaboradoras deben ser objeto de un gran esfuerzo informativo, formativo, participativo y deliberativo. La Asamblea General regulará este modo de pertenencia y participación para todas las personas colaboradoras que lo deseen.

La fuerza principal es la comunicación bis a bis de unas personas a otras, de unos colectivos a otros. Cuando una persona se adhiere al proyecto de consumo, recibe información sobre la Cesta Básica, información y formación sobre nutrición, el boletín que informa sobre charlas, cursos, visitas a productores, campañas sociales, etc. (Estatutos de La Garbancita Ecológica)

Un año de transición: doble modelo organizativo GAKs y cesta básica

Tras varios meses de trabajo y reuniones de personas miembros de los GAKs, surge La Garbancita Ecológica en septiembre de 2007, bajo la forma de Cesta Básica mensual de alimentos no perecederos (pan, pasta, legumbres, aceite de oliva, conservas de tomate, etc). En enero de 2008 introducimos las naranjas. Cuando se acabó la temporada de naranjas en mayo introducimos nuevas frutas.

Durante este periodo pudimos ensayar un modo de crecimiento más allá de los GAKs. Aparecieron personas y grupos. Pero también exploramos un mensaje de alimentación saludable, de primera necesidad, para la población y no sólo para los que estamos sensibilizados en la alimentación ecológica, haciendo énfasis en la alimentación infantil. Esa apuesta nos afianzó en la línea de apostar no tanto por una alimentación ecológica sino, sobre todo, dando prioridad a la seguridad alimentaria y a la educación en cultura alimentaria. Desde el mes de octubre de 2007, junto con la Cesta Básica iniciamos un boletín mensual que, junto a los alimentos, introducía cultura alimentaria y ecológica. Este boletín, con investigación y elaboración propia del que han salido 23 números en dos años y medio, iba más lejos que los boletines que, de forma irregular, habíamos impulsado desde los GAKs, varios años antes.

La disponibilidad de alimentos ecológicos básicos a precios populares junto con la facilidad de constituir un grupo de consumo se manifiesta como una herramienta para la educación alimentaria en el medio educativo.

Llegados a este punto, hacia falta hacer confluir la dinámica de los GAKs y la de la Cesta Básica. Aunque los GAKs veteranos estaban recibiendo los productos de la Cesta básica, los nuevos grupos sólo tenían acceso a los productos de ésta. Los nuevos grupos demandaban verduras y frutas. Teníamos que iniciar la transición. Para ello estudiamos y debatimos con los GAKs la forma de hacerlo.

Los GAKs y la Cooperativa “la Garbancita Ecológica” realizábamos una compra integrada en parte, desde hacía casi un año coincidiendo en fecha (los mismos martes alternos), utilizando el mismo reparto desde Mercamadrid y en el interior de la ciudad y una parte de ambos conjuntos de consumidores, compramos tanto los productos de los suministradores de los GAKs, como los gestionados por La Garbancita.

Esta doble coordinación duplica tareas como: relación con los proveedores, logística y coordinación del conjunto de la actividad de consumo responsable. En el caso de La Garbancita se realiza en un contexto de incorporación de nuevos proveedores, productos y consumidor@s individuales y colectivos. Esto supone una ostensible duplicación de costes y también de gestiones (proveedores, asentadores de Mercamadrid, almacén, reparto de salida de Mercamadrid y distribución a los distintos colectivos, seguimiento de los pagos a los distintos proveedores y servicios, así como de diversos cobros, etc.).

Necesitábamos eliminar duplicidades y una mayor eficacia en la gestión de compras. Por eso, sometimos a la consideración de todos los colectivos implicados en esta actividad común, la posibilidad de formalizar y perfeccionar la gestión integrando todas las operaciones en una única gestión de compra.

Esta integración presentaba indudables ventajas:

1) ofrecer más productos a tod@s los consumidores de los GAKs (GAKs tradicionales y red de La Garbancita). Los primeros, reciben la oferta de varias decenas de productos no perecederos y de nuevos productos frescos en incorporación. Los segundos, tienen la oportunidad de recibir los productos de frutas y verduras de los suministradores tradicionales de los GAKs.

2) la suma de alimentos en una única oferta es un incentivo para la incorporación de nuevos consumidor@s individuales y colectivos, facilitando la tarea a los grupos que reciben productos de ambas listas.

3) el crecimiento de consumidor@s es un objetivo perseguido por los GAKs, que no somos “comesanos” individualistas sino parte de un movimiento social en defensa de la seguridad alimentaria. No podemos crecer en consumidor@s sin mejorar los métodos de trabajo de diez años de GAKs y no podemos mejorarlos sin una gestión más profesional, asumiendo sus gastos.

4) Dicho crecimiento favorece directamente la viabilidad de los proyectos de producción agroecológica actualmente en una deriva hacia las grandes superficies, las subvenciones y la exportación, precisamente por la marginalidad de nuestros proyectos.

5) A medio plazo, el crecimiento de nuestros proyectos, que exige reajustes y mejoras en la gestión, redundará en precios más bajos. Muchos productos, con precios actuales sólo asequibles para ecoyuppies, podrán bajar simétricamente al aumento de nuestro volumen de compra.

6) Ganábamos en transparencia. Este pequeño reajuste en el funcionamiento práctico de nuestras redes permite visualizar costes ocultos. Desde el origen de los GAKs, algunas personas de entre nosotr@s han realizado una actividad muy intensa y profesional y algunos colectivos han prestado su infraestructura gratuitamente mientras el compromiso y la actividad de otras personas y otros colectivos se ha limitado a poco más que recoger su propia compra. A este tipo de cosas es a lo que llamamos “costes ocultos”.

7) Un proyecto como el nuestro no puede ser autogestionado hasta que el conjunto de sus integrantes asuma el conjunto de las tareas imprescindibles para un buen y respetuoso funcionamiento respecto a productores y consumidores. La dedicación profesional no es el origen de los diferentes compromisos sino la solución para salir de la marginalidad y, en un proceso de crecimiento, generar dinámicas participativas más potentes.

Estos cambios también acarreaban algunas consecuencias que, a primera vista, pudieran parecer negativas:

1) La gestión de compras unificada exige poner en juego locales, transporte y trabajo cualificado con dedicación plena. No tenemos miedo a los riesgos que esta “centralización” presenta en el terreno de jerarquía, subalternidad y desigualdad. Estos factores ya existen en la realidad. Durante años, su ocultación nos ha impedido crecer. A pesar de todo, hemos vinculado el consumo responsable al conjunto de movimientos sociales anticapitalistas y garantizado la horizontalidad, la participación y la incorporación de contenidos culturales y sociales a algo que, sin ellos, es poco más que la compra-venta de comida ecológica.

2) No todos los productos de los suministradores habituales de los GAKs podían ser incorporados en una primera etapa. La simplicidad de nuestro funcionamiento ha limitado nuestro horizonte a dos únicos suministradores, ambos con una fuerte componente de distribución, aunque de distinta magnitud. Sin embargo, en un año de actividad de La Garbancita, hemos abierto nuevos campos y nuevos contactos con suministrador@s cuya distribución está basada, sobre todo, en su propia producción. Los suministradores que no son productores directos sino distribuidores pueden tener dificultades para facilitarnos el trabajo dándonos un margen que nos permita crecer sin subir nuestros precios y recompensarles con un volumen mayor de nuestros pedidos. Su proyecto no es fomentar el consumo responsable a través de la autoorganización de los consumidores agrupados en colectivos, sino vender al mayor número posible de consumidores individuales y pequeños colectivos sin más proyecto que comprar comida sana. Esta es precisamente la estructura y el funcionamiento del “mercado de consumo responsable” que explica el avance de las grandes superficies y de la agroecología globalizada. Se trata de un círculo vicioso: como la autoorganización de los consumidores responsables es imposible, los agricultores no pueden sobrevivir con nuestras compras microscópicas. Como los agricultores, para sobrevivir, se organizan mirando a la exportación, a los favores del estado y a la gran distribución, no pueden fiarse de experimentos asociativos que, durante muchos años, han demostrado su impotencia. Nosotros queremos romper este círculo vicioso poco a poco, con experiencia, diálogo y entusiasmo.

Un crecimiento armónico del número de consumidores y el volumen de alimentos supone contar con un margen de intermediación en los productos para financiar los gastos en salarios, locales y otros medios de trabajo. Esto exige concentrarse en los productos ecológicos con precio asequible que permitan dicho margen. Si nuestro proyecto de consumo responsable agroecológico y autogestionado pretende ser popular, los costes de funcionamiento no pueden suponer precios más altos para los consumidor@s. La financiación de los gastos de la gestión integrada de compras deberá proceder de los productor@s que, entendiendo nuestro proyecto, quieran colaborar con nosotros dándonos un precio de coste inferior. También saldrá de cobrar los servicios de transporte y distribución. La mayor parte de estos servicios ya los pagamos los GAKs. Se tratará de ajustar, caso a caso, el traslado de dicho pago a la nueva gestión integrada.

La Garbancita Ecológica es un proyecto integrado en los GAKs que facilita la formación de nuevos grupos con una central de compras y actividades de educación alimentaria. Apostamos por la extensión del consumo responsable agroecológico a precios populares y justos para los agricultores, lo que implica necesariamente aumentar la escala de la demanda, agregándola y organizándola desde los movimientos sociales. Lo hacemos desde la extensión de la cultura alimentaria en colectivos sociales, fundamentalmente en el medio educativo. El eje central es la acción directa contra una obesidad infantil y otras enfermedades alimentarias fruto de la alimentación industrializada y globalizada.

La Garbancita Ecológica es una cooperativa de consumo responsable agroecológico y autogestionado. Una empresa de economía social sin ánimo de lucro que apuesta por superar los problemas de crecimiento del consumo responsable al margen de las grandes superficies. Sin la alianza con el consumo responsable, los agricultores ecológicos no podrán sustraerse a los problemas de intensificación, competitividad, precarización, dependencia de subvenciones y huida hacia adelante a la que ya se ven empujados los agricultores convencionales.

El consumo responsable agroecológico es un sujeto necesario para el avance de la agroecología campesina, es decir, de una agroecología para la agricultura familiar. La fuerza de este sujeto, que no debe quedar oculto en la distribución, es resultado de una producción agroecológica pujante, pero también es su premisa. (Documento de debate GAKs-La Garbancita sep 2008, inédito).

Una cooperativa que es un proyeco social pero también una empresa

Apostar por una cooperativa supone avanzar en la legalización. La legalización supone un salto adelante. Exige financiar los gastos fijos y variables de una actividad legalizada además de los costes de un local en el que podamos procesar los varios miles de kilos que movemos en cada cesta básica. En nuestros estatutos se define tan necesario el trabajo asalariado, garante de la seriedad y el buen funcionamiento del proyecto, como el trabajo voluntario, clave de la dimensión participativa y social de nuestra actividad. Los excedentes económicos (cuando se produzcan, aún estamos lejos de ello) se destinarán, según establecen los estatutos, a incrementar los puestos de trabajo y a tareas de investigación, estudio, elaboración, edición y difusión de cultura alimentaria, verdadera clave de bóveda para el avance en la sociedad de un consumo responsable agroecológico, autogestionado y popular. Para mantener hábitos de consumo saludable hay que desearlo y para desearlo hay que conocer la diferencia entre una alimentación buena y una alimentación mala.

Actualmente trabajamos con una treintena de agricultores, elaboradores y artesanos ecológicos fundamentalmente de la CAM, Comunidad Valenciana, Castilla La Mancha y Castilla-León. El número de personas que colaboran activamente en las tareas de procesado, control de calidad, elaboración de pedidos, atención a los consumidores y reparto a domicilio es de 24. Realizamos estas tareas cada quincena, los miércoles alternos, desde las 6:30 horas de la mañana hasta las 18:30 horas. Está previsto pasar a pedido semanal en breve.

Estamos en un proceso de crecimiento para alcanzar el volumen necesario que pueda sufragar los costes de la cooperativa, incluidos unos salarios dignos pero austeros para las personas, dos ó tres, con plena dedicación. Para ello, la apuesta fundamental reside en el impulso de la educación alimentaria en el medio educativo.

La lucha contra la obesidad infantil, un objetivo prioritario

En los últimos 20 años se está produciendo un rápido aumento de las personas con sobrepeso y obesidad, especialmente en el caso de los niñ@s y adolescentes. A escala europea, España ocupa un puesto intermedio en la prevalencia de la obesidad en adultos pero está a la cabeza en niñ@s y adolescentes con sobrepeso.

Las causas principales de esta epidemia son: los importantes cambios en la dieta y los cambios en la actividad física. Se ha desplazado a la dieta mediterránea, base de nuestra alimentación hace cuarenta años, por una alimentación rica en grasas, azúcares y proteínas de origen animal, reduciendo la ingesta de frutas, verduras, hidratos de carbono “lentos” y proteína vegetal.

La actividad física (juegos, deportes, socialización de niñ@s en parques, plazas y patios) ha retrocedido ante el sedentarismo y las actividades individuales (ordenador, televisión, videojuegos, etc).

Existe evidencia empírica de que los cambios negativos en la dieta y en la actividad física de niños y niñas están en correlación con el aumento de sobrepeso, obesidad y otras enfermedades alimentarias. La obesidad infantil compromete la salud física, síquica y social de nuestros niñ@s y jóvenes, aumentando la probabilidad de que sean adultos obesos y enfermos.

Por una pedagogía alimentaria

En la Garbancita Ecológica y los GAKs defendemos la necesidad de que los contenidos del consumo responsable organizado formen parte de la cultura agroecológica para el medio educativo. Estamos trabajando en ello desde 2002 en colaboración con el Area de Educación-Exclusión-Menores participando, cada año, en sus jornadas “Educar para la vida y no amaestrar para el mercado”. En este espacio mixto hemos profundizado, durante 7 años, en la necesidad de abordar, en la escuela, una alimentación saludable de la mano del consumo responsable agroecológico. Porque no puede haber una alimentación saludable de frutas y verduras, de cereales integrales, de reducción del consumo de carne, sin tener en cuenta la carga tóxica y la destrucción de la economía rural que se ocultan en la agricultura industrial para el mercado global.

También en estos años hemos constatado no sólo las dificultades sino lo inadecuado de abordar el consumo de alimentos ecológicos sin atender a la problemática de la mala alimentación infantil y juvenil que causa obesidad y enfermedades alimentarias en lo que se conoce como la epidemia del siglo XXI, la cara de la inseguridad alimentaria de los países industrializados. De hecho nos hemos dedicado, sobre todo, a señalar los problemas de no poner freno a la comida basura fomentada por las multinacionales del agronegocio y su publicidad sobre niños y adolescentes. En el último año, desde el Grupo de Estudios de Consumo Agroecológico (GEA) de los GAKs, hemos avanzado en el estudio y la elaboración de materiales para la educación alimentaria en un curso-taller que contenía dos dimensiones. Por un lado, el estudio teórico de la alimentación globalizada. Por otro lado, la dimensión práctica consistente en abordar una pedagogía alimentaria, desde la investigación participativa entre consumidores, madres, padres y maestros. Estamos promoviendo talleres para padres, madres, profesores y alumnos desde infantil a bachillerato. Estos talleres nos sirven para conocer lo que sabemos, pero también nuestras limitaciones, nuestra incultura alimentaria y, desde ahí, elaborar, con nuestras propias herramientas, el problema de la obesidad y las enfermedades alimentarias fruto de la mala alimentación. También para impulsar la cultura alimentaria desde los más pequeños y promover en ellos el deseo y la voluntad de comer alimentos sanos y apetitosos. Los talleres parten de la vida cotidiana. Empleamos dinámicas de dramatización que, desde el distanciamiento que provoca la representación colectiva de lo que hacemos cada día, permiten abordar, también colectivamente y desde dentro de la comunidad educativa, la solución. Involucrar a toda la comunidad educativa exige dar pasos cortos pero firmes y contar, para avanzar en cada centro, con l@s convencid@s. Para ayudarles ponemos en sus manos la infraestructura que permite crear grupos de consumo en los colegios e institutos, demostrando que es posible consumir alimentos agroecológicos directamente de agricultores y a precios populares.

Los primeros materiales de pedagogía alimentaria que hemos elaborado han sido publicados en la veterana revista educativa Rescoldos, nº 21 y monográfico titulado “Educación Alimentaria y Consumo Responsable Agroecológico. Experiencias en el medio educativo”.

Aplicamos en nuestra actividad de educación alimentaria los contenidos y metodologías del “Programa Educativo de Referencia para la Salud, Ejercicio Físico y contra la Obesidad” (PERSEO) auspiciado por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria, el Ministerio de Educación y el Ministerio de Sanidad, así como la Estrategia NAOS (Nutrición, Actividad, Obesidad y Salud del Ministerio de Sanidad y Consumo). Las estrategias de las instituciones son necesarias pero no suficientes. Es preciso activar la acción local y participativa. El medio escolar, donde convergen los principales actores (escolares, profesores, comedores y familias), es un espacio privilegiado para revertir esta alarmante epidemia mediante procesos de investigación participativa y comunicación social a través de la cultura alimentaria y el consumo responsable.

Quienes tenemos la responsabilidad de formar a nuestros niños y niñas, no podemos ignorar la necesidad de hacerlo también en unos hábitos alimentarios saludables que les protejan de enfermedades para el resto de su vida. Al afrontar este desafío aparecen diversos problemas.

El primero es nuestra propia ignorancia nutricional.

El segundo es la intoxicación publicitaria que, diariamente, provoca en nuestros niños y niñas el deseo de consumir alimentos indeseables. Estos alimentos son especialmente apetitosos para ellos por la creación artificial de sabores agradables (palatabilidad). El mensaje publicitario incluye la manipulación de su fantasía para que nos presionen hasta que se los compremos.

El tercero es la necesidad de salir de la cultura de la queja, muy presente en nuestras formas de vida, y tomar en nuestras manos la defensa de la seguridad alimentaria de todos, a través de la educación alimentaria propia y de nuestros niños, niñas y adolescentes. Salir del asistencialismo y el victimismo para entrar en la responsabilidad y la participación.

El cuarto es la tarea colectiva de generar contenidos, unidades didácticas, metodologías y dinámicas participativas capaces de educar(nos) en unos hábitos de alimentación responsables, saludables, agradables y, a ser posible, divertidos.

En paralelo a esta actividad, desarrollamos una Escuela de Educación Alimentaria en el local de reparto, La Lavandería, en Vallecas. Es una actividad abierta a l@s vecin@s con periodicidad mensual. www.ecoportal.net

Pilar Galindo , La Garbancita Ecológica - Julio 2010 - Grupos Autogestionados de Konsumo (GAKs) y La Garbancita Ecológica. Trece años de consumo responsable agroecológico - Ponencia presentada en el X Congreso de Sociología. Grupo Sociología de la Alimentación. Pamplona, 1, 2 y 3 de julio de 2010.

Bibliografía:

Díaz Méndez, C. y Gómez de Benito, C. (coord.) (2008) Alimentación, Consumo y Salud, Barcelona, Obra Social La Caixa.

Galindo, P. (coord.), Ruiz, A. et al. (2006) Agroecología y Consumo Responsable. Teoría y práctica, Madrid, Ed. Kehaceres.

Morán, A. (coord.), Galindo, P. et al., (2003) El movimiento antiglobalización en su laberinto, Entre la nube de mosquitos y la izquierda parlamentaria, Madrid, Ed. La Catarata-CAES.

Rescoldos, revista de diálogo social (2009) Educación alimentaria y consumo responsable. Experiencias en el medio educativo. Madrid. Ed. Asociación Cultural Candela.

Documentos, actas y historia de los GAKs, inédito. www.nodo50.org/lagarbancitaecologica

Referencias:

[1] Ponencia presentada en el X Congreso de Sociología. Grupo Sociología de la Alimentación. Pamplona, 1, 2 y 3 de julio de 2010.

[2] Fuente: “Notas sobre la producción, distribución, transporte y consumo de los alimentos en los márgenes del mercado global. Los grupos autogestionados de consumo (GAKs) de Madrid (1996-2006)”. síntesis elaborada para presentar nuestra iniciativa en el Curso-taller: “Agroecología y consumo responsable: teoría y práctica”, realizado por los GAKs, los días 7, 8, 14 y 16 de junio de 2006 en Madrid.

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