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Evolución y desarrollo de comunidades indígenas: un dilema entre el mito y la incomprensión

25/11/06 Por Walter Chamochumbi

En Latinoamérica las poblaciones indígenas han sido excluidas de los procesos de modernización y desarrollo impulsados por los gobiernos. Y desde la perspectiva global de desarrollo, se las sigue percibiendo como sociedades menos evolucionadas. En este artículo intentaremos ir más allá de las consideraciones meramente académicas y retóricas.

En torno al complejo proceso de evolución y desarrollo de las comunidades indígenas de las diferentes regiones, existen numerosos estudios –según las diferentes disciplinas científicas y las corrientes ideológicas predominantes- que ensayan diversas interpretaciones. En tal sentido, nos interesa enfocarnos en el contexto de las comunidades indígenas de Latinoamérica, a fin de aproximar un análisis de los posibles factores de mayor influencia en su evolución. Es así que proponemos que este proceso ha sido resultado de la interacción de tres elementos principales: adaptación territorial, resiliencia social y desarrollo endógeno. En este artículo intentaremos ir más allá de las consideraciones meramente académicas y retóricas que sobre el tema se ha escrito.

Alcances sobre las teorías evolutivas y la noción de comunidades indígenas

Un primer aspecto que queremos señalar es que siempre que mencionamos el término evolución nos resulta inevitable pensar en las teorías evolutivas sobre el origen de los organismos (o especies). Por suerte, con algunas excepciones, hemos superado lo que antes fue el largo y oscuro imperio de la doctrina creacionista de la iglesia, y hoy en día podemos asumir que la evolución de los organismos se constituye en un hecho científico incuestionable. No obstante, si bien la teoría evolutiva de Charles Darwin marcó un hito mundial sin precedentes cuando sostuvo que a lo largo de la historia es la vida (es decir, los seres vivos) quien(es) se han ido adecuando al entorno ambiental mediante el proceso de selección natural. Posteriores investigaciones y teorías, como la “Teoría Gaia” de James Lovelock, en 1969, ensayan nuevas explicaciones científicas cuestionando la teoría evolutiva de Darwin y sosteniendo lo contrario. Es decir, que no es la vida la que se adecua al entorno sino al revés, es ella misma la que ejerce su influencia sobre el entorno ambiental adecuándola a sus requerimientos.

Sin embargo, no es materia de este artículo entrar a discutir sobre las teorías evolutivas de las especies, sólo queríamos llamar la atención respecto a que en determinados momentos o periodos de la historia nos enseñan (o nos imponen) ciertas verdades como hechos incuestionables o absolutos. Pero, luego, a fuerza del proceso de búsqueda e indagación constante del conocimiento y la verdad, encontramos nuevas evidencias e indicios que nos llevan a cuestionar nuestra información original y nos hacen cambiar de parecer, incluso podemos cambiar de paradigma y nuestra percepción sobre el curso de determinados acontecimientos históricos y sociales. Suponemos que ocurre una situación similar cuando pretendemos explicar el proceso de evolución que pueden haber seguido las poblaciones indígenas de nuestro continente. Y es que en materia de evolución y cambio social existen distintas teorías y formas de percepción de los procesos históricos y de transformación social seguidos por las distintas culturas y etnias que habitaron la región desde la antigüedad. Pero, más allá de las interpretaciones socio o etno históricas, antropológicas, políticas o incluso idílicas que sobre el particular existen, lo cierto es que debemos entender la evolución como un proceso dialéctico, de constante cambio y de transformación social, en tanto es un hecho incuestionable de la realidad en la que múltiples culturas y etnias se han desenvuelto en el espacio y tiempo a través de la historia de la humanidad.

Un segundo aspecto que queremos señalar, es que conocemos los matices y diferencias de interpretación que existen sobre la noción de “comunidades indígenas”.1 Por lo tanto, sin entrar en mayor disquisición al respecto, presentamos una aproximación del término, en tanto son agrupamientos humanos que de forma general o particular resultan originarios de un lugar, o constituyen grupos tribales o migratorios que presentan distintos patrones de asentamiento y localización espacial-territorial. Son comunidades que han conformado sociedades simples como altamente complejas, presentando diversos agrupamientos sociales y representando múltiples grupos culturales y etnias (en tanto pueblos, nacionalidades, identidades y poblaciones) que se encuentran dispersas en las distintas regiones geográficas y siguiendo diferentes procesos de ocupación-adaptación territorial y de uso de los recursos naturales.

Sociedad-naturaleza y teorías sobre la evolución de las comunidades indígenas 2

Hemos manifestado nuestro interés por comprender los términos de intercambio que fluyen en los espacios locales de desarrollo, en tanto interacción de las actividades humanas y el medio natural como expresión de la relación sociedad-naturaleza. Sobre el tema existen diversas teorías y modelos explicativos que abarcan en su estudio –a través de la historia y de otras ciencias-, desde la aparición de la mujer y el hombre (hace poco más de veinte mil años) y luego con los primeros grupos tribales, las primigenias comunidades (más de 10,000 años en el caso de las poblaciones indígenas americanas), hasta las formas civilizatorias más elaboradas.

En general se sabe que la evolución de las comunidades indígenas se percibe como un proceso lineal invariable y ascendente en el espacio y tiempo (esto siguiendo los enunciados de las “teorías del evolucionismo lineal” propuestos en los siglos XIX y XX). Sin embargo, considerando las complejas relaciones de interacción como sociedad-naturaleza y de las diversas evidencias sobre los modos de vida de las comunidades indígenas de la región, se conoce también que este proceso evolutivo no siempre ha sido linealmente equilibrado, sucesivo y único. Por el contrario, siguiendo el enunciado de la “teoría evolutiva multilineal” de Julián Steward (1955), propone que la evolución de las comunidades indígenas ha seguido trayectorias múltiples y variables, presentando distintas fases o etapas -que en forma simultánea y asincrónica- han configurado heterogéneos escenarios con distintos tipos de sociedades y culturas en ámbitos territoriales específicos.

Si bien como tendencia general entendemos que las comunidades indígenas evolucionaron siguiendo un patrón ascendente en el tiempo, simultáneamente involucraron también múltiples rumbos y discontinuidades (o desfases temporales). Esta idea la proyectamos como una figura evolutiva de forma y función “helicoidal”. Es decir, sinuosa y contradictoria, con avances y aparentes retrocesos, con retrocesos y aparentes avances pero con una tendencia final multidimensional y progresiva. Por lo tanto, suponemos que los diferentes rumbos evolutivos seguidos por las comunidades indígenas han estado condicionados por diferentes factores (objetivos y subjetivos, endógenos y exógenos) relativos a los territorios que ocuparon y a sus entornos ambientales y sociales, en cuyos procesos particulares –y en el tiempo- sus estrategias adaptativas se han ido diversificando y complejizando.

Durante los procesos de ocupación y adaptación territorial, las comunidades indígenas tuvieron que desarrollar previamente un conocimiento pormenorizado de la estructura y funcionamiento de los ecosistemas naturales, para luego ensayar -en forma progresiva- las transformaciones necesarias que aseguraran su sobrevivencia. Estos procesos involucraron distintos impactos y efectos ambientales (los cuales no siempre fueron positivos, en muchos casos fueron negativos). Sin embargo, los conocimientos que las comunidades indígenas lograron aplicar en los territorios ocupados -en miles de años de observación, experimentación y aprendizaje-, no sólo se ajustaron al ensayo de formas exitosas de sobrevivencia sino que, además, en el mismo proceso desarrollaron fuertes vínculos de identidad cultural y formas armónicas de relación con la naturaleza.

Nicolo Gligo y Jorge Morello3 sostienen que en estricto no existió tal relación armónica de las comunidades indígenas con la naturaleza, sino más bien que existió una relación de artificialización de la misma. Lo que resulta probable ya que estos procesos de interacción no se han dado bajo condiciones homogéneas ni relajadas. Por el contrario, las evidencias indican que mayormente se han dado bajo condiciones de alta heterogeneidad y tensión constante. Pero, no obstante este análisis, suponemos que el proceso de artificialización de los ecosistemas por las comunidades indígenas debió implicar –en el caso de las experiencias exitosas- diversas formas de equilibrio en tanto fueron resultado de su interacción positiva como sociedad-naturaleza.4

Adaptación territorial y resiliencia social de las comunidades indígenas

Según el estudio del proceso adaptativo que ensayaron las comunidades indígenas en su entorno territorial, analizamos sus niveles de interacción y los cambios progresivos que realizaron con el tiempo. Estos cambios se perciben como una constante ejercida por generaciones sucesivas de distintos grupos que integraron las comunidades indígenas, ensayando las modificaciones ambientales, tecnológicas y socioeconómicas necesarias para su progreso. En tal sentido, coincidimos con lo señalado por Emilio Morán5 respecto a que el proceso adaptativo resultará siempre imperfecto (o mejor dicho perfectible). Por otra parte, el proceso de adaptación territorial también se relaciona con los niveles de control energético local que alcanzaron las comunidades indígenas en su evolución. La posibilidad que lograran un mayor o menor control energético en la gestión de los recursos naturales ha estado condicionado por sus formas de interacción y niveles de intercambio en sus flujos de energía local (es decir, de haber incrementado sus “outputs” y de haber reducido sus “inputs”). En consecuencia, cuando las comunidades indígenas logran reducir su grado de incertidumbre en el manejo de los diversos factores microambientales y maximizan su eficiencia energética local (con el uso de tecnologías innocuas, uso intensivo de conocimientos y mano de obra local, etc.), les posibilitó alcanzar un mayor grado de autonomía en la gestión de sus recursos naturales y en sus niveles de subsistencia.

Un aspecto importante a señalar es que el estudio de estos procesos adaptativos se deben analizar en el nivel “colectivo”, porque es el nivel que configura y expresa mejor la naturaleza y las formas predominantes de relacionamiento de las sociedades y culturas con su entorno territorial y ambiental. En esa medida, notamos que el sentido de identidad y pertenencia territorial de las comunidades indígenas se ha expresado con mayor nitidez cuando se han referido al ámbito de la colectividad. Es en ese nivel, adscrito al espacio-territorio que ocupan, en el que las comunidades indígenas logran integrar su cosmovisión y existencia misma como tales, construyendo un conjunto de elementos subjetivos (su imaginario). Estas formas de identidad territorial, cimentadas en el nivel colectivo, les ha permitido la construcción de una relación respetuosa con la naturaleza y una línea de continuidad e identidad intergeneracional.

Por último, analizamos dos conceptos complementarios claves: “territorio” y “resiliencia”. La noción de “territorio” expresa el proceso de apropiación del espacio (físico natural) ocupado por los distintos grupos humanos en el tiempo, y a partir del cual construyen un sentido de identidad y pertenencia territorial. Mientras que la noción de “resiliencia”, en el campo social, expresa la capacidad de respuesta afirmativa y el proceso de aprendizaje de las comunidades indígenas –de sus aciertos y errores-, en medio de las dificultades que les tocó enfrentar para superarse y progresar. Estos conceptos se relacionan con lo que algunos investigadores –como Peigne6- señalan sobre el proceso de “dialéctica territorial”. Es decir, los procesos de adaptación (o inadaptación) de las comunidades indígenas a los territorios que ocuparon fueron resultado de los cambios y reordenamientos ocurridos al interior (y en su entorno de influencia) como consecuencia de las tensiones propias de cada proceso seguido por ellas en el tiempo. Por un lado, influye el grado de resiliencia social desarrollado por las comunidades indígenas en tanto evolucionan con procesos muy dinámicos, en constantes conflictos y con distintas formas y funciones de ordenamiento de su espacio (vertical y horizontal); y por otro lado, se expresan como resultado de su particular proceso dialéctico territorial.

Si bien sabemos que la evolución de las comunidades indígenas se ha dado en función de múltiples procesos adaptativos (e inadaptativos) ensayados en ámbitos territoriales específicos, en condiciones multivariadas de oferta de recursos naturales disponibles y según los tipos de organización socioeconómica y de racionalidad ambiental que aplicaron en el manejo de los ecosistemas. Sin embargo, suponemos que en forma simultánea estos procesos adaptativos se supeditaron al desarrollo de determinadas capacidades de resiliencia social (fuerte o débil), gestadas por las distintas sociedades y culturas para enfrentar y superar las dificultades y lograr adaptarse al entorno territorial ocupado (o de lo contrario fracasar e inadaptarse). Acotamos que existen otros factores -directos e indirectos, internos y externos- que también habría que considerar en el análisis. Por ejemplo, el crecimiento demográfico de los países y la mayor presión de uso sobre los recursos naturales, la expansión del proceso de globalización y la economía de libre mercado, las políticas centralistas y excluyentes de desarrollo de los países, la dependencia tecnológica de los países del Sur y el papel de las corporaciones transnacionales, etc. Factores que sin duda han impactado en el comportamiento y evolución de la problemática de las comunidades indígenas y en los asimétricos escenarios de desarrollo que hoy presentan.

Evolución y desarrollo endógeno de las comunidades indígenas

En el contexto latinoamericano existen muchos ejemplos de diversas culturas y etnias que habitaron la región desde épocas prehispánicas y que lograron formas particulares y avanzadas de desarrollo y gestión de sus territorios y ecosistemas. Sin embargo, como es bien conocido, estos procesos locales de desarrollo fueron interrumpidos abruptamente durante la conquista española –a partir del siglo XV-, produciéndose los mayores impactos y efectos que modificaron drásticamente los paisajes y territorios ocupados por las culturas originarias. Este periodo ciertamente no fue pacífico, por el contrario, involucró episodios de mucha violencia y casi exterminio de las comunidades indígenas de ese entonces, y hasta hoy, modificando significativamente el rumbo evolutivo de sus culturas y sus formas de vida tradicional. De hecho hoy en día muchas comunidades indígenas enfrentan nuevos episodios de violencia por la defensa de sus derechos colectivos y sus formas de vida y desarrollo en sus territorios originarios.

Las comunidades indígenas han transitado por cambios sucesivos (e interrupciones) relativas a los diferentes escenarios de desarrollo que enfrentaron. Sus microespacios locales fueron trasladados con los macroespacios nacionales de los estados-naciones en los que fueron inmersas. En ellos los procesos de acumulación y distribución de la riqueza generada, según las políticas y los modelos económicos aplicados por los distintos gobiernos, fueron marcadamente centralistas y excluyentes. Así, en este multidimensional escenario de evolución y desarrollo de las comunidades indígenas, sintetizamos el predominio de dos modelos (procesos) principales: los modelos de desarrollo exógeno y endógeno. Al respecto, son los elementos de mayor modernidad y al mismo tiempo de exclusión e inequidad social y económica los que han caracterizado a los procesos de desarrollo exógeno, limitando (desde una perspectiva histórica) las posibilidades evolutivas y de desarrollo de las comunidades indígenas. Por el contrario, son los procesos de desarrollo endógeno los que mejor se corresponden con la realidad cultural, territorial y ambiental de las comunidades indígenas y con sus posibilidades evolutivas y de desarrollo actual. En tal sentido, coincidimos con lo que diversos autores señalan respecto a que los procesos de desarrollo endógeno expresan mejor los elementos compositivos de la cultura, estructura y dinámica de interacción de las comunidades indígenas con la naturaleza. Sin embargo, más allá del análisis teórico formal respecto de su devenir evolutivo, y de la mitificación que, de otro lado, se ha hecho de su relación como sociedad-naturaleza. Lo cierto es que actualmente son poblaciones que por su relativa capacidad de intercambio y negociación con el ámbito externo, en su mayoría no gozan de los beneficios de la llamada modernidad y viven en situación de pobreza, exclusión y relativo aislamiento de los principales centros o polos de desarrollo presentando una serie de carencias y bajos niveles de calidad de vida.

Movimientos y organizaciones indígenas del contexto latinoamericano

En Latinoamérica las poblaciones indígenas representan un importante porcentaje de su población (se estima que entre México, Guatemala, Ecuador, Bolivia y Perú suman entre 80% a 90% de toda la población indígena del continente, y que sólo entre Bolivia, Ecuador y Perú suman entre 15 a 16 millones de indígenas). A pesar de ello, son poblaciones que han sido excluidas de los procesos de modernización y desarrollo impulsados por los gobiernos de estos países. Y desde la perspectiva global de desarrollo, se las sigue percibiendo como sociedades menos evolucionadas (por lo que son mal comprendidas dentro de la concepción occidental moderna de estado-nación). Muchas comunidades indígenas han sido (o pretenden) ser subsumidas en el marco de sociedades y culturas nacionales que hoy son percibidas a través del filtro homogenizador de la globalización. Así, las implicancias actuales son complejas e incluso contradictorias respecto de cómo percibimos los procesos de evolución y desarrollo de las comunidades indígenas y por qué su situación de pobreza y exclusión.

No obstante esta compleja problemática, las comunidades indígenas vienen desplegando múltiples luchas y demandas históricas por la defensa de sus territorios, sus culturas y sus formas de vida. Al respecto diversos estudios evidencian que desde inicios de la década de 1990 y hasta hoy existe un importante avance de movilización política y reivindicación identificatoria de los diferentes movimientos y organizaciones indígenas de la región. Sin embargo, estas organizaciones no son homogéneas y no se constituyen en un movimiento unitario (nos referimos a “movimiento indígena” en un sentido abstracto nominal). De hecho existe un escenario múltiple de organizaciones indígenas emergentes en toda la región, cada una intentando liderar y responder –a su manera- a las complejas problemáticas y demandas sociales específicas –e históricas- de desarrollo para sus pueblos en los distintos países. Por lo tanto, percibimos que su evolución -como movimiento indígena- viene ocurriendo de forma singular y contradictoria, y como la manifestación dinámica y original de todas sus vertientes culturales, políticas y organizativas que en algún momento, si acaso se presentan determinadas condiciones objetivas y subjetivas, probablemente tiendan a confluir.

La posibilidad de la confluencia de los diferentes enfoques y visiones de desarrollo del movimiento indígena latinoamericano, quizá resulte hoy uno de los mayores retos por enfrentar de los dirigentes y líderes de las bases indígenas, así como de los distintos sectores políticos, académicos y emergentes de la sociedad civil. De ello dependerá que logren su integración plena en el marco de sociedades nacionales mayores que pretenden construir una visión integral y moderna de desarrollo con inclusión. www.ecoportal.net

* Mag. Ing. Agrónomo, Consultor en Gestión Ambiental y Desarrollo.

1 Sobre el significado de “comunidades indígenas” existen diversas discusiones. Por ejemplo, Laura Carlsen en “Autonomía indígena y usos y costumbres”, se refiere a tres interrogantes: 1) si son una creación en lo fundamental prehispánica o colonial; 2) si su desarrollo representa una evolución humana-social o una dinámica histórica específica; y 3) si la denominación es alguna forma de mitificación.

2 Ver “Las comunidades indígenas y su evolución en el proceso de adaptación territorial, resiliencia y desarrollo endógeno: teorías y notas del contexto latinoamericano”, ensayo de Walter Chamochumbi. Lima, ene. 2006, 43 p.

3 “Notas sobre la historia ecológica de América Latina”, de Nicolo Gligo y Jorge Morello (1980); publicado en Estudios Internacionales, 13, Nº 49, Santiago de Chile, enero-marzo de 1980, pp. 112 a 148.

4 En el proceso los ecosistemas reaccionan con alto grado de resiliencia ambiental, asimilando los cambios ensayados por las comunidades indígenas sin que afecten en forma significativa su estructura y funcionamiento. Con el tiempo se afirma que la resiliencia ambiental de los ecosistemas se ha ido debilitando en la medida que las actividades humanas se han ido tecnificando y sofisticando para satisfacer nuevas necesidades de crecimiento económico y desarrollo. Ver “La Resiliencia en el Desarrollo Sostenible: algunas consideraciones teóricas en el campo social y ambiental”, artículo de Walter Chamochumbi (2005)…en ECOPORTAL (http://www.EcoPortal.net), Lima, 5 p.

5 Ver Emilio F. Morán (1996)…”La ecología humana de los pueblos de la amazonia”, 101 p.

6 Ver”Territorialidad andina”, Peigne, A. (1994)…Trabajos Colegio Andino Nº 13, Edic. CBC-Bartolomé de Las Casas, Cusco, 104 p.

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