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Nuevas tecnologías, Agricultura a Control Remoto

14/09/04 Por Carmelo Ruiz Marrero

Ninguna ficción hay en esta nueva tecnología. Pero existe un riesgo, sostiene el autor: la ambición desmedida de las trasnacionales podría concentrar este avance tecnológico en perjuicio de los pequeños agricultores del mundo.

Ninguna ficción hay en esta nueva tecnología. Con un equipo mínimo y el software adecuado, un agricultor podrá auscultar su cultivo a distancia y conocer variables como temperatura, humedad, velocidad del viento, nutrientes, plagas... La ?agricultura de precisión?, basada en el rastreo satelital, permitirá eso y más. Pero existe un riesgo, sostiene el autor: la ambición desmedida de las trasnacionales podría concentrar este avance tecnológico en perjuicio de los pequeños agricultores del mundo.

ES UNA NOCHE CALIDA Y SECA. Un agricultor se encuentra a 15 kilómetros de distancia de su cultivo y se pregunta si éste necesitará irrigación. No puede darse el lujo de gastar tiempo y gasolina, pero tampoco tiene que moverse de su casa. Por Internet puede recibir datos precisos de las condiciones del tiempo y activar a distancia el sistema de riego si efectivamente su cultivo lo necesita.

En el cultivo hay numerosas estacas "separadas 10 o 20 metros unas de otras" con pequeños sensores que registran temperatura, humedad, dirección y velocidad del viento, y otras variables. En cada una hay un teléfono celular que transmite los datos cada 15 minutos y el agricultor puede revisarlos por Internet.

Dado que la ubicación física del usuario es irrelevante, el agricultor podría estar en cualquier punto del planeta: a 10 o mil kilómetros de su cultivo. La siembra podría estar en Oaxaca y el agricultor en Estocolmo (lo cual nos hace preguntar si la definición de la palabra "agricultor" no se estará estirando demasiado). También se puede programar el sistema para que la siembra sea irrigada automáticamente. ¿Ciencia ficción? No, agricultura de precisión.

La agricultura de precisión es el nombre colectivo que se da a una gama de tecnologías de punta de la informática y el monitoreo de fincas. Los alegados beneficios de este nuevo paquete tecnológico incluyen mayores rendimientos de las cosechas, mejor información para tomar decisiones en el manejo de una granja, reducción de agroquímicos y fertilizantes, aumento en los márgenes de ganancia, y reducción en la contaminación causada por actividades agrícolas.

Sus detractores temen, sin embargo, que esta nueva tecnología representa un riesgo para la agricultura sustentable y la democracia, ya que puede someter a los agricultores a nuevas formas de dependencia y establecer de facto un Estado agropolicial, gobernado por corporaciones trasnacionales. La agricultura de precisión se sirve de varias tecnologías, incluidos sistemas de información geográfica, percepción remota, telecomunicaciones, computadoras móviles, procesamiento de información, y el sistema de posicionamiento global (GPS, por sus siglas en inglés). Este último es clave por el alto grado de exactitud geoespacial que provee.

"El término "agricultura de precisión" significa acomodar cuidadosamente el manejo de los suelos y el cultivo para ajustarlos a las diferentes condiciones encontradas en cada campo", afirma Chris J. Johannsen, del Departamento de Agronomía de la Universidad de Purdue, en Estados Unidos.

Las corporaciones involucradas en este campo son al mismo tiempo fabricantes de equipo agrícola (John Deere), compañías agroquímicas (Monsanto y DowElanco), de biotecnología (Rhone Poulenc, Syngenta y Astra Zeneca) y firmas especializadas en manejo de datos, así como corporaciones con un largo historial de servicio en el complejo militar industrial y en las agencias de inteligencia estadunidenses, como Rockwell y Lockheed Martin.

Este último, gigante aeroespacial estadunidense, anuncia, por ejemplo, que puede hacer maravillas por una finca de papas de mil acres: instalar estaciones meteorológicas que reportan cada 15 minutos 13 distintos parámetros atmosféricos; 430 instrumentos para medir la irrigación; realizar mediciones de rendimientos cada tres segundos durante la cosecha; un análisis de muestras de ésta; pruebas de suelo de 18 parámetros de nutrientes; estudios de las comunidades microbiales del suelo, y mucho más. Pero aquí surge un interesante paralelo histórico. De la misma manera en que los químicos y la maquinaria de la llamada Revolución Verde en la agricultura fueron desarrollados por contratistas militares estadunidenses en la Segunda Guerra Mundial, la agricultura de precisión es en gran parte una extensión de las tecnologías militares y de vigilancia utilizadas en la Guerra Fría. De esta forma, la estrecha relación entre industria militar y agricultura industrializada continúa en el siglo XXI.

Percepción remota

La "percepción remota" es un importante elemento de la agricultura de precisión. Un botón de muestra es Ag 20/20, un proyecto de investigación en el que participa la agencia espacial estadunidense (NASA), que incorpora la percepción remota a la agricultura. Uno de los logros de Ag 20/20 es el desarrollo de un sensor instalado en un satélite que monitorea campos agrícolas y distingue hasta 256 frecuencias de luz.

Ya se están probando sistemas similares con sensores instalados en aviones y vehículos terrestres. Con el equipo, software y destrezas necesarias, el agricultor puede usar esta información para auscultar la salud de su cultivo. Por ejemplo, si necesita irrigación, si está bajo ataque de plagas, si está ganando terreno la maleza, los niveles de nitrógeno, etcétera.

El uso de satélites en la agricultura ya es una realidad. En Argentina se usa la vigilancia satelital para determinar qué agricultores estafan al erario al subreportar el tamaño de sus siembras y quiénes guardan semillas ilegalmente. El gobierno de la isla australiana de Tasmania emplea tecnología GPS en unas 600 granjas, como parte de un programa piloto de protección de identidad. Se pretende extender este sistema a todas las operaciones agrícolas en Tasmania en 2005.

Protección de identidad

Protección de identidad o preservación de identidad es el nombre dado a las técnicas noveles para mantener cultivos debidamente segregados y recopilar información detallada sobre éstos en beneficio de clientes empresariales, incluidas agroempresas, comerciantes de grano, detallistas y restaurantes. Esta subcategoría de la agricultura de precisión emplea sistemas avanzados para rastrear el historial de una cosecha, desde el campo en que fue cultivada hasta el supermercado en que fue vendida. Uno de estos sistemas es Crop Tracer, desarrollado en conjunto por las compañías John Deere, VantagePoint Network y Crop Verifeye.com LLC.

"A través de Crop Tracer, un comprador puede verificar las condiciones de cultivo al momento de hacer el trato con una empresa que produzca ingredientes alimenticios, por ejemplo, en Tokio", refiere Jim Mock, de Crop Verifeye. "Cuando consolidemos nuestras capacidades para auditar desde el campo los alimentos, seremos capaces de rastrear la integridad genética de los más importantes ingredientes de forrajes, alimentos y fibras desde su origen", agrega. Linnet, una firma canadiense de software, desarrolló Croplands-The System, que hace amplio uso de un sistema de información geográfica. En Croplands-The System se incorporan registros detallados sobre el productor, el campo y la historia del cultivo, el manejo y datos agronómicos, cantidad de lluvia, calidad del cultivo, rendimiento, enfermedades y régimen de aplicación de agroquímicos. "La idea es que los sistemas de distribución de semilla, fertilizante y fumigación puedan quedar registrados para referencias futuras, y que el comprador sea capaz de investigar la historia detallada de sus proveedores", informa el Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (Grupo ETC), organización canadiense que desde 1997 ha documentado el desarrollo de la agricultura de precisión.
"Los compradores obtienen obvios beneficios al verificar y seguir la pista a las prácticas de producción desde el almácigo al supermercado. La misma tecnología ofrece oportunidades sin precedentes para que los procesadores industriales de comida y distribuidores determinen quién cultivará qué, cómo lo harán y bajo qué condiciones."

"Todo esto da a cada empresa la capacidad para monitorear a miles de agricultores que tienen contratos, recopilar información detallada sobre sus prácticas agronómicas y la identidad de lo que producen en todas las etapas de la cadena de insumos alimenticios", afirma la agrupación.

No sorprendería que los sistemas de preservación de identidad estén siendo empleados para detectar y rastrear la contaminación transgénica de los alimentos. De hecho, varias firmas de alta tecnología buscan desarrollar un aparato portátil, de precio razonable, que pueda analizar granos o alimentos y determinar en tiempo real si son transgénicos o no.

En este grupo se encuentran empresas como Dupont Quaulicon, Genetic ID, Envirologix y Strategic Diagnostics, mientras que Motorola Life Sciences desarrolla un detector portátil de ADN llamado eSensor.

El nuevo debate

Estos desarrollos generan cambios significativos en el debate sobre los cultivos y productos transgénicos, en especial en las campañas en pro de su etiquetado. El biólogo Brian Tokar, del Instituto de Ecología Social de Estados Unidos, sostiene que las campañas en favor del etiquetado de transgénicos no son compatibles con los llamados a prohibir estos productos.

Si un producto nuevo podría ser dañino a la salud humana y a la biodiversidad, entonces lo que hay que hacer es prohibirlo, no etiquetarlo, argumenta. Hay varias razones para pensar que la industria biotecnológica podría convivir con el etiquetado y rastreo de transgénicos, y hasta le convendría:

- En primer lugar el fiasco Starlink. Entre 2000 y 2001, trazas de Starlink, un maíz transgénico no aprobado para consumo humano, aparecieron en cientos de productos de supermercado en Estados Unidos. Compañías semilleras, procesadores de alimentos y distribuidores de grano gastaron hasta mil millones de dólares en seis meses en esfuerzos para rastrear y decomisar el producto. Aún hoy aparece ocasionalmente en las exportaciones agrícolas de ese país. La industria necesita evitar que se repita esta situación.

- Muchos de los grandes importadores de alimentos, incluidos Japón y la Unión Europea (UE), tienen regímenes estrictos en materia de transgénicos. Estados Unidos intenta forzar a la UE a abrir su mercado a estos productos, pero mientras se discute el asunto en la Organización Mundial de Comercio, los exportadores estadunidenses seguirán segregando el grano transgénico si no quieren ser objeto de costosas demandas.

- Las corporaciones de biotecnología se disponen a introducir al mercado una nueva generación de productos transgénicos de valor añadido, conocidos como nutracéuticos o alimentos funcionales. Estos incluirán el llamado arroz dorado (enriquecido con vitamina A), tomates antivirales, y hasta frutas que combaten las caries. Estos productos serán etiquetados y presentados al público consumidor como "beneficiosos".

- Esta nueva generación de transgénicos incluirá plantas y animales que producirán fármacos y químicos industriales en sus tejidos. Pero éstos deberán ser segregados de modo que no sean usados accidentalmente como alimento humano, lo cual causaría una tragedia de salud pública y demandas de clase.

La industria de alimentos orgánicos, que está creciendo rápidamente y cayendo a igual ritmo bajo control de corporaciones trasnacionales, también se está montando en el tren de la preservación de identidad y etiquetado de transgénicos. Acción Internacional por los Recursos Genéticos (GRAIN), agrupación con sede en España, no ve con buenos ojos los sistemas de preservación de identidad, ya que "se basarán en el uso de semillas certificadas, tanto para los cultivos genéticamente no modificados como para los genéticamente modificados con "valor agregado", lo que implica que, a fin de "garantizar" la identidad de sus cultivos, los agricultores tendrán que cultivar a partir de semillas compradas a las empresas, sin dejar ningún espacio para la preservación o intercambio de semillas".

"Al final de todo esto, un pequeño círculo de grandes empresas o alianzas empresariales emergerá con el completo control de los sistemas alimentarios y la agricultura, controlando tanto el sector de los transgénicos (ya sea en mercaderías a granel como la soja Roundup Ready o en cultivos con "valor agregado") como el sector no genéticamente modificado, que se convertirá en un nicho de mercado dirigido a los sectores ricos, como en gran medida ha llegado a ser la agricultura orgánica", advierte GRAIN.

La nueva dependencia

"La agricultura de precisión implica el control de la información y su transformación en mercancía, y es una de las herramientas de alta tecnología que impulsa la industrialización de la agricultura, la pérdida de conocimientos agrícolas locales y la erosión de los derechos del agricultor", comenta a Masiosare Hope Shand, directora de investigación del Grupo ETC.

"Con la agricultura de precisión los agricultores se hacen paulatinamente más dependientes de la toma de decisiones desde fuera de la granja para determinar los niveles de insumos. Por ejemplo, dictar qué semilla, fertilizante, químicos, espacio entre surcos, irrigación, técnicas de cosecha se usarán, y otros requerimientos", agrega.

Según Shand, este tipo de cosecha busca legitimar y reforzar la uniformidad y requerimientos de uso intensivo de químicos y el control y toma de decisiones fuera de la finca, bajo el pretexto de proteger el ambiente y mejorar la eficiencia.

"La agricultura de precisión tiene menos que ver con mitigar la contaminación agrícola que con adelantar modos industriales de producción", plantean los científicos sociales Steven Wolf y Fred Buttel.

Por su parte Peter Nowak y Francis Pierce, de las universidades de Wisconsin y Michigan, respectivamente, afirman que "la prueba de que la agricultura de precisión es amable con el medio ambiente generalmente no está documentada y los beneficios actuales no son necesariamente para el corto plazo."

¿Qué agricultores podrán siquiera entender esta tecnología de punta? En Puerto Rico, por ejemplo, sólo 14% de los agricultores tienen grados universitarios y un porcentaje mayor es analfabeto. El agricultor puertorriqueño tiene en promedio 55 años de edad, según el más reciente censo agrícola.

¿Cómo esperar que un agricultor sin estudios formales, casi en edad de jubilación y plagado de deudas y limitaciones económicas adopte sistemas avanzados de software, aprenda a usar GPS, interprete imágenes satelitales y domine otras tecnologías de punta?

Los promotores de la agricultura de precisión dicen que esto no será problema, pues todo esto se aplicara con "buenos sistemas de servicio al cliente". Pero los críticos sostienen que esto exacerbará la dependencia del agricultor.

Los pequeños productores

"La adopción de la agricultura de precisión no entrega al agricultor valores o ganancias automáticas directas. Es sólo a través de la interpretación y aplicación de los datos que se deriva el valor", señala el Grupo ETC. "El valor viene de las decisiones administrativas basadas en la información, no de la adopción de la tecnología", precisa.

¿Qué campesino tendrá los recursos para adoptar esta nueva modalidad agrícola si los paquetes básicos tienen un precio de 15 mil o 20 mil dólares Si los pequeños agricultores de Puerto Rico, México, Estados Unidos u otra nación enfrentan la extinción a causa de las fuerzas económicas hostiles, ¿de dónde sacarán dinero para adquirir estas tecnologías?

Una pregunta más pertinente:

¿Qué pasará con los pequeños agricultores y comunidades rurales si los procesadores de alimentos, detallistas y otros grandes compradores de productos agrícolas comienzan a requerir a sus suplidores el uso de la agricultura de precisión y sistemas de protección de identidad?

Las grandes granjas industrializadas de Estados Unidos y la Unión Europea, que reciben subsidios de cientos de millones de dólares, no cada año sino cada 24 horas, podrán fácilmente hacerse de estos sistemas y los usarán para aumentar sus ganancias. Los pequeños agricultores que viven al día correrán otra suerte.

*Carmelo RUIZ MARRERO
Periodista radicado en Puerto Rico, colaborador de Ecoportal y otros medios.
Autor de "Agricultura y globalización: Alimentos transgénicos y control corporativo"

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