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Biotecnología en Puerto Rico: Mitos y peligros

31/10/06 Por Carmelo Ruiz Marrero

La biotecnología se ha puesto en boga y el gobierno de Puerto Rico le apuesta a ella como salida a la debacle económica que sufre el país. Una vez más, en alianza con intereses empresariales locales y extranjeros, se embarca en una ruta de desarrollo económico y tecnológico sin indagar para nada los posibles costos sociales y ecológicos y los impactos a largo plazo.

La biotecnología se ha puesto en boga y el gobierno de Puerto Rico le apuesta a ella como salida a la debacle económica que sufre el país. Los medios noticiosos publican expresiones provenientes de la academia, la empresa privada y agencias de gobierno al efecto de que esta industria de alta tecnología no sólo salvará nuestra economía sino que también brindará un sinnúmero de beneficios, como la cura para el cáncer y el fin al hambre en el mundo, entre muchos otros.

Una vez más nuestro gobierno, en alianza con intereses empresariales locales y extranjeros, se embarca en una ruta de desarrollo económico y tecnológico sin indagar para nada los posibles costos sociales y ecológicos y los impactos a largo plazo. Se repite la misma historia que con el “boom” farmacéutico de las 936, con su saldo de basura tóxica y sitios de Superfondo; las petroquímicas, un sector igualmente tóxico ahora llegado a menos; y la minería a cielo abierto- originalmente propuesta en el plan 2020.

De particular preocupación para el Proyecto de Bioseguridad es el uso de Puerto Rico como semillero comercial y laboratorio de cultivos genéticamente alterados, también llamados transgénicos. ¿Qué riesgos al ambiente y a la salud humana pueden ocasionar su siembra y consumo? Al respecto, Luz Cruz Flores, gerente de investigaciones de Monsanto Caribe y presidenta de la Asociación de Investigación de Semillas de Puerto Rico, dijo lo siguiente en un suplemento de 16 páginas publicado el mes pasado en el semanario Caribbean Business titulado “Biotechnology: Transforming our quality of life”:

“Las personas preocupadas por la seguridad de los alimentos transgénicos (‘biotech foods’) apreciarán que estudio tras estudio ha documentado la inocuidad de los cultivos agrícolas desarrollados mediante la biotecnología- para el ambiente y para la mesa de comer. El hecho más saliente es que no ha habido un solo caso documentado de una enfermedad causada por un alimento desarrollado con biotecnología… Cultivos y alimentos que usan biotecnología están entre los más examinados en la historia y son certificados como seguros mucho antes de ser lanzados al mercado.”

Tales expresiones son verdaderamente sorprendentes en vista del número creciente de científicos destacados que están advirtiendo que la tecnología de la ingeniería genética se basa en premisas erróneas y obsoletas y que ésta presenta unos peligros inherentes e inaceptables para nuestra sociedad y el ecosistema. Quien no se haya enterado de estas críticas científicas debería ilustrarse un poco más sobre el tema.

Al interesado le recomiendo que empiece leyendo la documentación del Independent Science Panel (www.indsp.org/). Este grupo, compuesto por una veintena de destacados científicos de siete países, que abarcan las disciplinas de agroecología, agronomía, biomatemática, botánica, química médica, ecología, histopatología, ecología microbiana, genética molecular, bioquímica nutricional, fisiología, toxicología y virología, sostiene que "Los peligros más graves de la ingeniería genética son inherentes al proceso mismo".

Puede leer además las críticas y advertencias de la toxicóloga de la EPA Suzanne Wuerthele; Richard Lewontin, profesor de genética de Harvard; los profesores Brian Goodwin, Jacqueline McGlade, Peter Saunders, Richard Lacey, Norman Ellstrand, Peter Wills, Gordon McVie y varios otros colegas, disponibles en esta página: http://www.gmwatch.org/archive2.asp?arcid=6281

Si los alimentos transgénicos son tan seguros e inocuos como nos dice la representante de Monsanto, ¿entonces por qué la oposición a que los etiqueten? Monsanto y otras compañías productoras de semilla transgénica se oponen de manera obstinada al etiquetado y han gastado fondos sustanciales, y realizado extraordinarios esfuerzos de cabildeo por el mundo entero a ese fin. ¿Por qué? Tanto que hablan de la necesidad de educar al público sobre las "virtudes" de la biotecnología, y a la vez se empeñan en mantener a los consumidores ignorantes sobre sus productos. ¿Por qué?

En un simposio sobre biotecnología realizado por el Servicio de Extensión Agrícola en el 2002, se planteó el etiquetado y un representante de Dow Agrosciences dió un brinco y ripostó que eso no se puede hacer "porque la gente va a pensar que hay algo malo con el producto". Tal es la fe que tienen las compañías de biotecnología en la inteligencia y buen criterio de nosotros los consumidores. Simplemente no confían en nosotros, y tampoco están confiados en la inocuidad de sus productos transgénicos.

El mal ejemplo de la papaya transgénica

Un artículo publicado en El Nuevo Día el pasado 25 de septiembre cita a Judith Rivera, portavoz de la empresa semillera Pioneer Hi-Bred (subsidiaria de Dupont), quien opinó que se debe sembrar en Puerto Rico la papaya genéticamente alterada: “Existe una papaya transgénica que utilizan en Hawaii, que no se está utilizando en Puerto Rico y que podría ser de alto impacto económico para los agricultores”.

Definitivamente y sin duda alguna, la papaya transgénica ha tenido un alto impacto económico entre sus plantadores comerciales en Hawai, pero este impacto de ninguna manera se puede considerar positivo.

La papaya transgénica, introducida en Hawai en 1998, fue alterada para resistir un virus (ringspot) que causa daños a la cosecha. Hay que señalar que los cultivadores de papaya hawaianos nunca fueron informados de esta acción ni mucho menos se les pidió su consentimiento. Fue sólo cuestión de tiempo antes de que esta papaya se proliferara mediante polen y dispersión de semillas y comenzara a contaminar los cultivos de agricultores que para nada querían tener transgénicos en sus fincas. La organización GMO Free Hawai realizó extensas y minuciosas pruebas y constató que la papaya transgénica se ha proliferado de manera descontrolada y contaminado un sinnúmero de plantaciones comerciales. Como resultado de esta contaminación, hoy es prácticamente imposible producir papaya libre de transgénicos en las islas de Hawai y Oahu.

Según datos del propio Departamento de Agricultura federal, en 1995 la cosecha de papaya hawaiana sobrepasaba los $22 millones pero hoy es menos de la mitad de eso. En 1997, antes de la introducción de la papaya transgénica, los agricultores recibían $1.23 por kilogramo de sus papayas. Al año siguiente esa cifra bajó a 89 centavos cuando los mayores compradores del producto, Canadá y Japón, se negaron a comprar papaya transgénica. La razón de este rechazo es sencilla: el consumidor no quiere alimentos transgénicos, y siempre que pueda escoger optará por el producto no transgénico. Es por esto que los productos agrícolas no transgénicos cotizan más alto que los transgénicos.

Hoy en día el cultivo de papaya en Hawai está en su punto más bajo en décadas, de hecho hay menos producción ahora que en el peor momento de la epidemia de ringspot. Desde 1998 los estadounidenses han duplicado su consumo de papayas, y sin embargo en Hawai el área cultivada con ella ha bajado 28% desde la introducción de la transgénica. (Para más información: http://www.higean.org/) La señora Rivera tiene mucha razón, la papaya genéticamente alterada ha tenido un alto impacto económico en Hawai. El porqué ella desea que los sembradores de papaya puertorriqueños gocen de ese impacto es para nosotros un misterio.

Cultivos resistentes a herbicidas

En su entrevista con El Nuevo Día, Rivera también elogia los cultivos transgénicos resistentes a herbicidas. De hecho, la mayoría de los transgénicos sembrados en el mundo hoy día son Roundup Ready, de la compañía Monsanto. Este tipo de cultivo es resistente al herbicida Roundup, hecho también por Monsanto. Este es posiblemente el agroquímico más lucrativo y de más amplio uso en el mundo hoy. Con la semilla Roundup Ready, Monsanto puede vender la semilla y el herbicida como un solo paquete.

¿Realmente son buena idea los cultivos resistentes a herbicidas? Una de las principales justificaciones de Monsanto para sus semillas Roundup Ready es que el Roundup alegadamente es relativamente benigno para la salud humana y el ambiente. Pero hallazgos recientes contradicen tales afirmaciones.

Un estudio epidemiológico hecho en la provincia canadiense de Ontario encontró que la exposición al glifosato, el ingrediente activo del Roundup, casi duplica el riesgo de abortos espontáneos en embarazos avanzados. Más recientemente en Francia, un equipo dirigido por Gilles-Eric Seralini, bioquímico de la Universidad de Caen, descubrió que las células de la placenta humana son muy sensitivas al Roundup, y que el glifosato puede afectar el sistema endocrino, aun en dosis muy bajas. Niños nacidos de usuarios de glifosato tienen niveles elevados de defectos neurológicos que afectan su conducta, informa el Independent Science Panel. El Roundup además causó división celular disfuncional que podría estar relacionada a cáncer en humanos.

También hay efectos dañinos sobre la ecología y la vida silvestre. El glifosato causó crecimiento retardado en el esqueleto fetal de ratas de laboratorio, inhibe la síntesis de esteroides, y es genotóxico en mamíferos, peces y sapos. Exposición de gusanos de tierra causó una mortalidad de por lo menos 50% y daño intestinal significativo entre los gusanos sobrevivientes.

Confirmación adicional sobre estos daños surgió en 2005 cuando la Real Sociedad del Reino Unido presentó los resultados de un estudio de cuatro años sobre cultivos transgénicos. El estudio, realizado en 266 sembradíos por todo el país, confirmó que cultivos resistentes a herbicida perjudican la vida silvestre, incluyendo flores silvestres, abejas y mariposas.

Y encima de todo esto está el problema del surgimiento de supermalezas resistentes a Roundup, un fenómeno documentado por lo menos desde hace una década. Naturalmente, el uso de semilla Roundup Ready ha multiplicado el uso de Roundup y esto ha acelerado el desarrollo de resistencia a este producto por parte de los yerbajos. No es de sorprender. La experiencia con la agricultura en las últimas décadas demuestra que al ser repetidamente expuestas a venenos agrotóxicos las malezas y plagas desarrollan resistencia con el pasar de las generaciones. Eventualmente hay que usar más y más agrotóxicos para lograr el mismo efecto. Cuando el agrotóxico finalmente se hace inútil, la industria agroquímica "resuelve" el problema introduciendo productos más tóxicos aún. A la larga, los agrotóxicos sólo exacerban los problemas de la agricultura y sus únicos beneficiados son las corporaciones que los producen.

En lugar de promover el uso de herbicidas y transgénicos compatibles con éstos, la academia y las instituciones públicas y privadas encargadas de promover el agro deberían desarrollar alternativas sustentables. Para esto haría falta redefinir el concepto de yerbajo o maleza, ya que muchas de estas plantas supuestamente inútiles son comestibles o medicinales, o cumplen importantes funciones, como repeler plagas, combatir la erosión o fijar nitrógeno en el suelo. Aquí en Puerto Rico tenemos varios ejemplos, como la verdolaga, el anamú y el llantén.

Pero tal reconceptualización de nuestra relación con los llamados yerbajos implicaría repensar el modelo imperante de agricultura industrial, dependiente de monocultivos, insumos sintéticos e instituciones centralizadas. Obviamente esto no le convendría a las transnacionales del agronegocio y seguramente tampoco les interesará a los ideólogos de la revolución biotecnológica y la llamada economía del conocimiento.

¿Transgénicos contra las plagas?

Rivera, como todos los defensores de los transgénicos, menciona los cultivos resistentes a plagas. Estos cultivos, conocidos como Bt, emiten una toxina bacterial insecticida. Los cultivos Bt, que hoy día son mayormente maíz y algodón, se fundamentan en tres premisas: 1) que la toxina Bt es inofensiva a seres humanos, 2) que los insectos benéficos no se perjudicarán, y 3) las plagas no desarrollarán resistencia. Las tres premisas han demostrado ser erróneas.

¿Inofensiva a seres humanos? Desde el 2004 el científico noruego Terje Traavik, del Instituto de Ecología Genética de la Universidad de Tromso, ha reportado hallazgos de estudios sobre el maíz Bt que ha realizado en las Filipinas. Documentó que habitantes de poblaciones cercanas a cultivos de ese maíz desarrollaron síntomas de alergia y los síntomas cesaban cuando se les removía a áreas donde no se sembraba maíz Bt.

En torno a la segunda premisa, los efectos perjudiciales de los cultivos Bt sobre insectos beneficiosos son conocidos por lo menos desde 1999, cuando una investigación dirigida por Charles Losey, de la Universidad de Cornell, descubrió que el polen del maíz Bt es tóxico a las larvas de mariposas monarcas bajo condiciones de laboratorio.

"El potencial de toxinas Bt moviéndose a través de las cadenas alimenticias de insectos tiene implicaciones serias", advierte Miguel Altieri, entomólogo de la Universidad de California. "Evidencia reciente demuestra que la toxina Bt puede afectar a depredadores insectívoros beneficiosos que se alimentan de plagas presentes en cultivos Bt. Las toxinas producidas por plantas Bt pueden transferirse a depredadores y parasitoides por vía de polen. Nadie ha analizado las consecuencias de tales transferencias sobre los variados enemigos naturales que dependen del polen para su reproducción y longevidad."

Investigaciones científicas muestran que los cultivos Bt afectan de manera negativa a los insectos que se comen al escarabajo de la papa de Colorado, que ocasiona pérdidas sustanciales a la agricultura, y larvas que se alimentan de plagas que comieron maíz Bt tuvieron una mortalidad anormalmente alta. Además, la toxina Bt persiste en el suelo por hasta 234 días, uniéndose a partículas de barro o suelo.

En cuanto a la tercera premisa, Altieri advirtió hace años que "ningún entomólogo serio se pregunta si la resistencia surgirá o no. La pregunta es, ¿cuán rápido?". En Makhathini Flats, Sudáfrica, la mayoría de los pequeños agricultores que sembraron algodón Bt dejaron de usarlo pues no podían pagar sus deudas. Un estudio de cinco años hecho por Biowatch South Africa demostró que la mayoría de los agricultores que sembraron algodón Bt no se habían beneficiado. En la India, el algodón Bt le falló a grandes números de agricultores en Andhra Pradesh y Madhya Pradesh, y muchos cometieron suicidio como resultado de las enormes deudas que asumieron al comprar semilla Bt, la cual es 3-4 veces más cara que la convencional.

Los pesticidas agrotóxicos y los cultivos Bt se fundamentan en premisas erróneas y obsoletas acerca del funcionamiento de un agroecosistema. Las nuevas escuelas de pensamiento ecológico, como la permacultura y la agroecología, que combinan la ciencia moderna con conocimientos antiguos y tradicionales, establecen que una plaga es simplemente un organismo cuyos depredadores naturales han sido diezmados. Por lo tanto, instituciones como el Departamento de Agricultura y los recintos universitarios, en lugar de promover los pesticidas y transgénicos supuestamente resistentes a plagas, deberían dirigir sus esfuerzos hacia la restauración de las poblaciones de depredadores que son aliados naturales del agro.

Por ejemplo, en Puerto Rico la rata es una de las peores plagas de la agricultura, y es un hecho consabido que animales autóctonos como el múcaro, el guaraguao y la boa puertorriqueña constituyen un control natural de roedores. Además, hay especies de murciélagos y pájaros insectívoros que también controlan plagas gratuitamente y hacen innecesario el uso de agrotóxicos. Al igual que con el asunto de las malezas, el repensar nuestra relación con las plagas en términos ecológicos no es compatible con el modelo imperante de hacer agricultura ni con los intereses de transnacionales que nos venden agroquímicos venenosos y semillas transgénicas cuya inocuidad y necesidad no se han probado.

¿Hacia dónde ir?

Algunos académicos, agrónomos y agroempresarios, apegados a la agricultura convencional, considerarán ridículos los planteamientos en contra de los agroquímicos y transgénicos que venden las transnacionales del agronegocio y en pro de una nueva relación entre la agricultura y la ecología. Pero lo que es realmente ridículo es proseguir de manera sonámbula con el modelo agrícola actual, que es ecológicamente suicida, además de socialmente retrógrado y adverso a los intereses del consumidor.

Las corporaciones de la biotecnología continuamente expresan su interés en resolverle problemas al agricultor. Pero los problemas mayores del agricultor puertorriqueño no son las malezas ni las plagas, sino la escasez de mano de obra y la suma irrisoria que se le paga por su producto. Estos problemas, que no son de naturaleza técnica sino política y económica, no los van a resolver los Monsantos del mundo, y de cualquier modo a estas corporaciones no les interesa para nada resolverlos. Desgraciadamente la academia, los gremios agrícolas y las agencias de gobierno parecen estar más pendientes de atender los intereses corporativos que los del agricultor.

La movida hacia una agricultura ecológica y justa para el agricultor y el consumidor no puede contar con la ayuda del gobierno o de las grandes corporaciones, ya que están comprometidos con la "economía del conocimiento", que incluye como componente esencial la imposición de productos de biotecnología a la trágala y sin la debida precaución. La bola está en la cancha de los agricultores (especialmente los pequeños), consumidores con conciencia, ambientalistas, académicos y científicos comprometidos, y un sinnúmero de sectores afines que si bien carecen de financiamiento y poder político, tienen compromiso y tesón de sobra. www.ecoportal.net

26 de octubre 2006
* Carmelo Ruiz Marrero
Director, Proyecto de Bioseguridad de Puerto Rico
Internet: http://www.bioseguridad.blogspot.com

Carmelo Ruiz Marrero, autor del libro "Balada Transgénica: Biotecnología, Globalización y el Choque de Paradigmas", es un periodista y educador dedicado a esclarecer la problemática ambiental en Puerto Rico y a nivel internacional. Es además becado (Fellow) del Instituto Oakland (oaklandinstitute.org) y (Senior Fellow) del Programa de Liderazgo Ambiental (elpnet.org). De 2002 a 2004 fue becado también de la Asociación de Periodistas Ambientales (sej.org).

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