22/05/2002

Globalización del Terror y Guerra

El gobierno de Bush, fuertemente influido por los intereses cortoplacistas de la poderosa industria del gas y del petróleo de EUA en el Caspio, está enajenando a generaciones enteras de Mahometanos, cosechando enemistades y represalias, en una escala colosal.

Fernando Carmona, in memoriam.

1. Preámbulo y antecedentes históricos.

Los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 y la espiral de violencia que le ha seguido con el igualmente brutal y unilateral bombardeo realizado por EUA e Inglaterra, contra Afganistán, con la complicidad europea y de regímenes política y jurídicamente irresponsables como el de Vicente Fox en México, son de un alto orden de magnitud humana, histórica y estratégica. Humana porque lo ocurrido a partir de ese día deja a miles o quizá decenas de miles de civiles inocentes, muertos y heridos. No existen palabras adecuadas para expresar nuestros sentimientos. Son tan abrumadoras las imágenes de la destrucción de las Torres Gemelas como las de los cadáveres de niños, mujeres y hombres masacrados por las bombas de fragmentación usadas por la Fuerza Aérea de EUA en su incalificable guerra contra Afganistán, un pueblo pobre y devastado ya por 20 años de guerra; imágenes que son un registro instantáneo y estremecedor, de la gran tragedia humana que se despliega ante nuestros ojos. Los organismos internacionales estiman que esta guerra está a punto de generar unas cien mil víctimas por hambre y que la catástrofe humanitaria derivada del inusitado e inútil castigo del gobierno de Bush a Afganistán, podría infligir más daños, aún la muerte, a millones de personas.

La complicidad inglesa en esta campaña y la triste actuación de Tony Blair, el Primer Ministro de esa nación, en el papel de correveidile de Bush en el Oriente Medio y en Europa, es inexcusable: la experiencia del Reino Unido tras una lucha de tres décadas contra el terrorismo, muestra, de manera contundente, que ante ese fenómeno no existe solución militar siendo la vía política la única salida.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) denunció formalmente el 24 de octubre de 2001 que Washington lanzó bombas de fragmentación en sus ataques sobre la población de Herat, donde bombardeó un hospital militar, una mezquita, un pueblo vecino y un asilo de ancianos. () Abdullah Abdullah, un líder de la oposición al régimen afgano, reconoció que los bombardeos han causado mucho dolor y muertos entre la población civil por lo que instó a EUA a evitar a toda costa esas muertes, "pues el pueblo afgano ya ha sufrido el terror de otras guerras". Washingon, no obstante, intensificó sus ataques a lo largo y ancho de ese país, elevando la cifra de víctimas a más de mil quinientos y el Departamento de Defensa(DdD) anunció que los bombardeos continuarían aún durante el mes sagrado del Ramadán, al tiempo que Osama bin Laden, presunto organizador de los atentados terroristas contra EUA, hizo un llamado al mundo islámico sobre lo que calificó como una agresión histórica de los cristianos contra el Islam. Aunque esa aseveración es falsa, ya que las operaciones militares de EUA están motivadas más por los intereses geoestratégicos por encaminarse al dominio de la tercera cuenca petrolera y gasera más importante del mundo, que por aspectos religiosos, el feroz y sanguinario ataque, con su secuela de víctimas inocentes, es percibido como una brutal bofetada contra los mil millones de seres humanos que se identifican con el Islam. Se trata quizá de uno de los errores de mayor calibre histórico jamás perpetrados por la "diplomacia de fuerza" estadounidense posterior a la Segunda Guerra Mundial (SGM).

Nuestra proximidad en el tiempo y en el espacio nos dificulta aprehender, en toda su significación, las ramificaciones históricas y las consecuencias estratégicas, político-constitucionales, geopolíticas y geoeconómicas de estos acontecimientos. Pero lo cierto es que el gobierno de Bush, fuertemente influido por los intereses cortoplacistas de la poderosa industria del gas y del petróleo de EUA en el Caspio, está enajenando a generaciones enteras de Mahometanos, cosechando enemistades y represalias, en una escala colosal La motivación geoestratégica-empresarial de fondo que impulsa la política de Bush en Asia Central, es sintetizada por Brisard y Dasquié en estos términos:

?Moscú y Pekín multiplican los acuerdos para construir oleoductos que podrían monopolizar el transporte de las reservas de Asia Central. Además, en el verano de 2000 empezó a funcionar el oleoducto ruso por el que pasa el petróleo del Mar Caspio, mientras que su competidor, el oleoducto de EUA que desembocará en Ceyhan (Turquía),, sigue siendo un proyecto. Si la situación sigue así, pronto los campos de petróleo y de gas de Kazakstán, Turkmenistán y Uzbekistán, que pertenecen a compañías estadounidenses, serán exclusivamente conectados a oleoductos y gasoductos controlados por Rusia y China .

En sicología se usa la palabra "subliminal" para referirse a estímulos que son tan pequeños que no los podemos percibir. El encadenamiento de eventos desatados desde el 11 de septiembre es tan inmenso e impactante, que tampoco lo podemos percibir. Sus componentes pertenecen a la categoría de lo "supra-liminal". Como lo indica Günther Anders,..podría ser posible imaginar o arrepentirse por el asesinato de un semejante o aún compartir la responsabilidad; pero figurar la eliminación de miles de seres humanos "?definitivamente sobrepasa nuestro poder imaginativo. Entre más grande sea el efecto posible de nuestras acciones tanto menos capaces somos de representárnoslo, de arrepentirnos o de sentir responsabilidad por él; entre más ancho el abismo, tanto más débil es el mecanismo de frenaje. Eliminar cien mil personas apretando un botón es algo incomparablemente más fácil que destazar a un individuo"..

De manera unilateral, al margen de cualquier instancia judicial internacional y sin mayor fundamentación de hechos, EUA convirtió el combate al terrorismo en una guerra contra Afganistán, aumentando continuamente el número de personas muertas y heridas al tiempo que se corren serios riesgos de que el conflicto se haga general en un contexto en el cual el gobierno de Bush, profundizando su desprecio por el Estado de derecho, observado con gran inquietud desde que asumió la presidencia, se atribuye el derecho de atacar a otros países bajo el pretexto de perseguir a un terrorismo sin rostro ni localización precisas. Sea en las Torres Gemelas o en Afganistán, o por los ataques usando ántrax de alta tecnología, es palpable la barbarie y la cobardía del ataque indiscriminado contra una población indefensa. No existe nada sobre este mundo que justifique ese tipo de acciones: no hay terrorismo bueno o malo. El terrorismo en cualquiera de sus manifestaciones, es decir, incluyendo al terrorismo organizado por el Estado, debe ser categorizado como un crimen contra la humanidad.

Los acontecimientos ocurridos en Nueva York, en Washington, en Pennsylvania y en Afganistán, han llevado el fenómeno, en términos de la conciencia pública, a niveles impactantes y dramáticos, otorgándole a los enlazamientos causales entre "terrorismo de Estado" y "terrorismo internacional", una mayor visibilidad. Ello hace necesario el esfuerzo encaminado a dilucidar sus antecedentes, características estructurales y su dinámica. Después del 11 de septiembre de 2001, la palabra terrorismo y la experiencia del terror, adquirió una presencia existencial-fenomenológica y un impresionante impacto: la trascendencia moral y el peso de la tragedia personal, familiar y comunal, no conoce, éticamente, tasación alguna, en términos de una reflexión comparativa. Pero el orden de magnitud histórica, política y militar de ese acontecimiento y la espiral de violencia que le ha seguido, sí amerita un cuidadoso escrutinio a fin de valorar su significado, lo que sólo puede hacerse en un contexto histórico-comparativo. Sin este esfuerzo histórico, analítico y explicativo, será difícil lograr un acercamiento que conceptual y operativamente permita la delimitación sobre el orden de magnitud de lo que acontece. La historia proporciona un marco indispensable para calibrar y empezar a comprender el significado mayor de lo que está ocurriendo. Ofrece espacio para la reflexión, la comparación, la serenidad y un sano distanciamiento del Iguazú de eventos a los estamos sometidos.

En esta dirección ya algunos analistas han comparado el ataque contra Nueva York y Washington con el de Pearl Harbor (diciembre de 1941), que marcó el ingreso formal de EUA a la guerra. Las similitudes y diferencias entre estos acontecimientos ameritan atención. En primer término las diferencias se centran en el hecho de que en Pearl Harbor se conoció inmediatamente el origen del atacante y no involucró al territorio nacional-continental y mucho menos la sede misma del poderío económico y militar de EUA. Por otra parte, existe evidencia documental que indica que al menos Winston Churchill, tenía conocimiento previo del ataque. Igualmente se desató una gran controversia sobre si la misma Armada de EUA también estaba enterada del operativo previo al ataque japonés. Aún dejando a un lado las hipótesis de conspiración, los documentos de máximo secreto recientemente liberados dejan ampliamente ilustrados inexplicables errores militares y del aparato de inteligencia, extraños equívocos y manipulaciones en el manejo de mensajes cifrados, una anormal abulia en el proceso de toma de decisiones y la existencia de un pacto secreto entre Roosevelt y Churchill, en agosto de 1941, en el que el presidente de EUA se comprometió, al margen de la legalidad vigente en ese momento, a la defensa del Imperio Británico en el Lejano Oriente. Fue un pacto sin fundamento constitucional que en criterio de importantes analistas representó una estrategia de disuasión errónea que estimuló, junto con un embargo total de los envíos de petróleo a Japón por parte de las empresas angloamericanas que monopolizaban su comercialización, el ataque sorpresivo japonés. Durante esa reunión secreta del 8 de agosto, Churchill se esforzó por defender los intereses comerciales del Imperio Británico, amenazados por las propuestas de Roosevelt, y además dejó claramente establecido ante el Presidente que deseaba que EUA declarara la guerra al Eje inmediatamente. Según las minutas del Gabinete de Guerra británico,-un documento que se mantuvo en secreto, " el Presidente dijo que haría la guerra, pero que no podía declararla", por la oposición aislacionista que prevalecía en el Congreso, pero "? que adoptaría una postura cada vez más provocativa". Y que "si a los Alemanes no les gusta, entonces que ataquen a las fuerzas de EUA". Roosevelt prosiguió diciendo que, "? debía hacerse todo lo posible por crear un 'incidente' que conduzca hacia la guerra".(textual:"Everything was to be done to force an 'incident' that could lead to war." Comentando estos extraordinarios hallazgos documentales, el historiador Walter LaFeber, apunta, primero que las palabras de Roosevelt se mantuvieron secretas y el público se enteró de ellas treinta años después. Es comprensible el sigilo, ante el brutal sacrificio de miles de soldados estadounidenses. También recuerda que los acontecimientos que siguieron plenamente avalan su autenticidad. Roosevelt, en efecto, aprobó el despliegue de operativos dirigidos a la provocación de ataques contra EUA. Por ejemplo, a principios de septiembre de 1941 un destructor de EUA, el Greer, acosó a un submarino de guerra alemán por tres horas, indicando su localización a las fuerzas británicas, hasta que este cambió de rumbo y atacó. El Greer escapó sin daño, pero Roosevelt usó el incidente para denunciar a Alemania por un ataque no provocado. Nunca le dijo al público que el Greer había provocado el ataque del submarino.

Posteriormente el Presidente expresó que ante tales ataques inesperados, lo mejor era destruir los submarinos alemanes "antes de que atacaran". En Octubre continuaron las provocaciones y cuando tres barcos de guerra de EUA fueron torpedeados y uno hundido, Roosevelt aprovechó la oportunidad para persuadir al Congreso con el fin de dejar sin efecto lo que quedaba de las restricciones del Acta de Neutralidad, para que el Presidente actuara sin impedimento legal alguno.

Estaba claramente establecido el interés tanto de Churchill como posteriormente de Roosevelt de que EUA ingresara formalmente como beligerante en esa guerra y Pearl Harbor fue el "acontecimiento" que materializó tal aspiración. El Congreso de manera inmediata procedió a la declaración formal de guerra con un apoyo abrumador de la opinión pública. Se otorgaron amplios poderes de guerra al Presidente y el país entró en un estado de emergencia. El affaire de Pearl Harbor es un parteaguas en la historia de EUA y el mundo, como también ahora lo es el ataque del 11 de Septiembre, por lo que, como se mencionó, conviene establecer las similitudes y diferencias respecto a esos acontecimientos recientes.

Lo que más ha llamado la atención ha sido la espectacular incapacidad de los organismos de inteligencia y seguridad de EUA en detectar y evitar la catástrofe en Nueva York y Washington, que le costó la vida a miles de personas. Es necesario, desde ahora, tomar nota, en las palabras de Baltasar Garzón, magistrado de la Audiencia Nacional de España, sobre "? las posibles responsabilidades por omisión culpable de todos los servicios de seguridad, inteligencia y policiales de EUA en la no prevención de la masacre". Dicha incompetencia es sorprendente, tanto porque los senadores Gary Hary y Warren Rudman, de la Comisión Hart-Rudman habían advertido desde enero específicamente que "el terrorismo era una amenaza tan grande que requería mucho más que la sola atención de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias" , haciendo propuestas para neutralizarlos, mismas que fueron incomprensiblemente desdeñadas por la Casa Blanca, el Secretario de Defensa , el de Estado y la asesora de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, como porque existen indicios de que varios grupos políticos y de inversionistas tenían conocimiento previo sobre el ataque. Los servicios de inteligencia tras rastrear las informaciones disponibles en los últimos meses, admiten que desde junio disponían de pistas de que se preparaba un gran atentado. En los primeros meses del verano, la CIA comenzó a recibir informes sobre preparativos para efectuar "alguna actividad terrorista espectacular",y, más específicamente "la CIA supo en junio que integristas islámicos preparaban un gran atentado" según informaron a "Time", fuentes de esa agencia. De acuerdo con un informe de prensa despachado desde Londres, en las 72 horas previas a los ataques contra las Torres Gemelas, varios políticos italianos tuvieron conocimiento por una fuente absolutamente fiable de las tenebrosas intenciones de grupos terroristas de usar aviones comerciales suicidas contra edificios en EUA. La fuente identificada es el sacerdote francés, Jean Marie Benjamín, quien alertó que una red terrorista "islámica", tenía tales intenciones., Con más de treinta mil millones de presupuesto y con una larga y estrecha vinculación y monitoreo de la comunidad política italiana prácticamente desde 1948, es asombroso que ni la estación de la CIA en Roma ni Berlusconi, cuyo aparato político, además de contar con una amplia infraestructura para el espionaje electrónico y telefónico, se ufana de tener la mejor información personal sobre lo que acontece día a día en Italia, no se hayan percatado de las advertencias de Benjamín, máxime que se trata de una de las principales autoridades en el tema.

También es ampliamente conocido que, según analistas de transacciones en varias bolsas, se registraron operaciones bursátiles que durante los días anteriores a los ataques, especularon con las acciones de varias empresas de aviación, corredurías y aseguradoras, que serían gravemente afectadas por el uso de aviones comerciales, con pasajeros, como instrumentos de guerra. Este sospechoso entramado, fortalece la hipótesis -y la sospecha-, de que grupos políticos y de inversionistas de diversos países occidentales, incluyendo los propios de EUA, tenían conocimiento anticipado de los planes terroristas. El 12 de Septiembre se comprobó que seis días antes de los atentados, se habían llevado a cabo maniobras bursátiles con las acciones de United Airlines (uno de cuyos aviones se estrelló en la torre sur del World Trade Center -WTC- y otro se desplomó en Pennsylvania), y las de American Airlines, (un avión suyo se estrelló en el Pentágono y otro en la torre norte). Fuentes fiables indican que estas manipulaciones, características del delito de "aprovechamiento ilícito de informaciones privilegiadas" no se realizaron con ninguna otra aerolínea del mundo, excepto la KLM. Operaciones similares se registraron con las opciones de venta de Morgan Stanley Dean Witter & Co -empresa que ocupaba 22 pisos en el WTC así como con las del primer corredor de bolsa del mundo, Merril Lynch & Co -cuyas oficinas estaban localizadas en un edificio cercano a las Torres, a punto de derrumbarse. Otras operaciones igualmente sorprendentes se realizaron con las acciones de grupos de seguros: Munich Re, Swiss Re y Axa.

El politólogo James Petras ha recordado que varios de los pilotos árabes suicidas fueron adiestrados por las fuerzas armadas de EUA por lo que no descarta que algunos de ellos hayan sido agentes dobles. Lo que apunta a la existencia de vínculos inquietantes entre la Agencia Central de Inteligencia, el Pentágono, la red Al Qaeda, los intereses manejados por la familia Bush y Osama bin Laden. Se trata de una relación estrecha a lo largo de los años en que Washington alentó, adiestró, financió y pertrechó a los grupos fundamentalistas que luchaban contra la URSS en Afganistán.

Por ejemplo en 1979, por solicitud del príncipe Turki al-Faisal al Saud, director de los servicios de inteligencia sauditas, se encargó a Bin Laden, "para administrar financieramente las operaciones secretas de la CIA en Afganistán". Se trata de 2 mil millones de dólares, "el operativo más costoso jamás emprendido por esa Agencia".

Es virtualmente imposible que la Agencia de Seguridad Nacional de EUA (NSA) no haya estado al tanto de los movimientos y manipulaciones financieras que antecedieron al brutal ataque contra civiles en Nueva York. La NSA ha vigilado por años las actividades de grupos criminales así como de grandes empresas y bancos europeos por medio de "Echelon", un dispositivo de espionaje supersecreto, establecido en 1947 y que opera desde Fort Meade, Md, en el cual participan Inglaterra, Australia, Nueva Zelanda y Canadá Su existencia se conoció en 1988 y en 1997 el Parlamento Europeo realizó una investigación sobre el uso de Echelon para desactivar contratos de empresas de la Europa continental y de Japón, rivales de las estadounidenses, especialmente en el área de alta tecnología como la industria aeroespacial y la biotecnología.

También se le conoce como "el oído más poderoso sobre el bajo mundo". Se usó para localizar al terrorista Carlos (the Jackal) en 1994 y a Pablo Escobar, acusado de tráfico de drogas, en 1993. Según Forbes, ambos fueron descubiertos "por medio de llamadas telefónicas". La NSA informa directamente a la Casa Blanca y cuenta con sus propios satélites capaces de interceptar cualquier comunicación en el mundo. Este es un sistema laberíntico, con equipos de inteligencia artificial que intercepta señales de satélite, microondas, celulares, cable submarino y fibra ópctica, en cualquier parte del mundo, permitiendo reconocer aquella información que es de interés comercial e inversión, de carácter político-militar o relacionada con transacciones criminales. Según un análisis reciente, "terroristas como Osama bin Laden saben que las llamadas y los correos electrónicos son vulnerables al monitoreo, de tal manera que a menudo sólo se comunican personalmente y usan a amigos o familiares como mensajeros", Pero, como lo indica Steven Aftergood, un analista de política de inteligencia, de la Federación de Científicos Estadounidenses: "?a fin de cuentas estamos hablando de dar seguimiento a una red de terroristas. Una red no puede funcionar totalmente sin recurrir a la tecnología" "Tienen que ser capaces de transferir fondos, tienen que ser capaces de viajar. Y tienen que ser capaces de comunicarse".

Considerando lo anterior, después de varios ataques contra embajadas estadounidenses en Africa, con decenas de muertos y heridos, los cuerpos de seguridad e instrumentos de detección anti-terrorista estaban en un estado continuo de alerta, por lo que es inconcebible la "grieta generalizada de seguridad" de los servicios policiales y de inteligencia a todo nivel, lo que abrió una ventana de oportunidad espacio-temporal a los grupos de terroristas, para lograr acceso y control de los aviones y dirigirlos con precisión hacia sus blancos, máxime que oficialmente se reconoce que la NSA había interceptado dos mensajes que vinculaban a varios terroristas que habían ingresado a EUA desde Canadá, con Bin Laden. Fuentes oficiales del gobierno informaron a la revista Time de que " esos primeros indicios tenían visos de ser ciertos en un 90% de posibilidades". Igualmente inexplicable, es que ninguna autoridad del Ejecutivo o del Legislativo de EUA haya iniciado una investigación a fondo y como paso previo a un juicio formal de los responsables, de lo que, prima facie, y en criterio de la diputada Dana Rohrabacher es "una falla catastrófica". Después de todo, se destinan 11 mil millones de dólares anuales al combate antiterrorista.

La situación es delicada ya que todavía no se sabe, con certeza, desde dónde se perpetró el ataque. Como en 1941, el acontecimiento marca la transición entre un período en la historia de la Unión Americana -y del mundo-, y el inicio de otra "era", especialmente en lo que se refiere a la mayor concentración de poderes de "la Presidencia Imperial"-así calificada por Arthur Schlesinger - y de los impactos sobre el ordenamiento constitucional, las libertades civiles, el derecho a la información, las relaciones cívico-militares y un extraordinario estímulo e incremento a los presupuestos y personal de la comunidad de inteligencia, la carrera armamentista y por lo tanto al poder derivado de la conjunción de intereses militares e industriales de EUA.

Me refiero a los sucesos inmediatos a los atentados, cuando el Presidente Bush recibió -con un voto en contra- amplios poderes de guerra. Posteriormente, el 24 de octubre la Cámara de Diputados de EUA aprobó un paquete de medidas para aumentar el poder y los presupuestos de los organismos militares, de inteligencia y de seguridad interna. El paquete otorga al aparato de inteligencia el derecho de intervenir teléfonos y correos electrónicos,(Echelon) de arrestar a sospechosos y suspender el derecho de habeas corpus y otros procedimientos elementales de protección de sospechosos contra arbitrariedades policiales. Posteriormente y a petición de la Casa Blanca, se ha restringido el acceso del público a los archivos oficiales que habían sido abiertos bajo el Acta de Libertad de Información, precisamente en los que se encuentran detalles sobre las "vinculaciones" entre los intereses de la familia Bush con grupos y personajes del Oriente Medio antes mencionadas. La aprobación del proyecto de ley antiterrorista, conocida como "Ley Patriota" había sido demorado por la preocupación de diputados y senadores en a las libertades civiles y el respeto a la vida privada. El bioterrorismo con ántrax perpetrado contra líderes y edificios legislativos y medios de comunicación, creó un clima de temor e indignación que ayudó, de una forma u otra, a "legitimar" ante la opinión pública doméstica los bombardeos contra Afganistán y a impactar el medio ambiente sico-social y político en el que finalmente la "Ley Patriota" fué aprobada. Surgió de un compromiso negociado con el Senado, adoptado por 357 votos a favor contra 66 La ley otorga a la policía y a los organismos de inteligencia amplios poder para combatir el terrorismo, incluyendo poderes para registrar en secreto las viviendas de los sospechosos y sus documentos mercantiles, asi como para escuchar sus conversaciones telefónicas y leer su correo electrónico. Los legisladores, preocupados ante a posibilidad de que las auoridades ausen de los poderes ue ls otrga la nueva ley, le dieron una vigencia de solamente cuatro años ("sunset clause"), lo que, según la senadora Dianne Feinstein, "nos da tiempo para investigar si hubo abusos egregios" De hecho esa ley pasó en medio de episodios de terrorismo con ántrax, con audiencias legislativas y un debate mínimos En ella se eliminan de manera significativa las diferencias entre las actividades de inteligencia en ultramar y las encaminadas al mantenimiento doméstico de la ley y el orden. Por ejemplo, se permite al Departamento de Justicia acelerar los procedimiento, investigar más a fondo y atacar a los sospechosos de actividades terroristas. Con ello, paralelamente, se presenta la preocupación de si estos cambios realmente "reducirán la amenaza terrorista o aumentará el nivel de temor del ciudadano respecto a su propio gobierno". El Procurador John Ashcroft giró instrucciones al Asistente encargado de la División Criminal del Departamento de Justicia, Michael Chertof para manejar los procesos legales de cerca de novecientos detenidos desde los sucesos del 11 de septiembre. Todos los cargos se han hecho en sesiones secretas, lo que dificulta determina si ocurren abusos de autoridad. Los temores de abusos a los derechos constitucionales y civiles han sido expresados por republicanos y demócratas. El senador republicano, conservador, Bob Goodlatte, expresó su preocupación sobre abusos de estos poderes mientras el senador demócrata Russell Feingold expresó que "la ley permite que se realicen investigaciones criminales regulares en esta corte secreta, lo que francamente no es en realidad ninguna "corte". "Es el patio de juego del Procurador General". Estas ansiedades ciertamente se vieron fortalecidas por el decreto presidencial firmado por Bush otorgando poderes al Secretario de Defensa Rumsfeld, para el establecimiento de "Tribunales Militares Secretos", con poderes de procesamiento, enjuiciamiento y ejecución secretos de individuos de origen extranjero, migrantes, residentes en EUA, o en cualquier otro país, como Afganistán o Paquistán, que sean sospechosos de actos de terrorismo. El equilibrio cívico-militar parece estar gravemente afectado, aunque el proceso de militarización de la dinámica política no es nuevo. Las advertencias y observaciones han procedido de personajes tan disímiles como el General David M. Shoup, quien hace varias décadas había advertido que "Estados Unidos se ha transformado en una nación militarista y agresiva": o el senador H. Ellender de Luisiana, de postura conservadora, quien advirtió, en medio de la Guerra de Vietnam, que "por casi veinte años muchos de nosotros en el Congreso hemos seguido ciegamente las indicaciones de los voceros militares. Algunos representantes son cautivos de los militares. Estamos a punto de convertirnos en una nación militar" Y el Senador J. W. Fullbright, continuamente se lamentó sobre los impactos domésticos de la militarización de la política exterior.

La privatización de los servicios de seguridad de importantes centros de investigación del gobierno y del DdD, presenta, junto con su equivalente en los servicios aeroportuarios, uno de los más serios problemas, habiéndose registrado a lo largo de los últimos dos años incidentes sobre extracción de materiales de muy alta peligrosidad de laboratorios dedicados al diseño y fabricación de armas de destrucción masiva. A finales de octubre los organismos de seguridad no descartaban que el origen de los ataques de ántrax fuese doméstico. En un documento oficial, en torno al armamento biológico, se establece que una de sus ventajas en relación con el armamento químico o nuclear, es que es de difícil detección por el lapso entre su uso y la aparición los síntomas, lo que entorpece determinar el momento y lugar del ataque. Aún más, un ataque biológico "fácilmente puede atribuirse a causas naturales, proveyendo al país atacante con amplias bases para 'negar plausiblemente' su involucramiento." Por lo que su uso ha resultado atractivo para el aparato encargado de realizar operaciones clandestinas, dentro o fuera de EUA.

Resulta sugerente que, según un experto entrevistado en el programa Hard Talk de la BBC, una de las cepas de ántrax usadas al menos en uno de los incidentes reportados por los medios hasta ese momento, provenía de una muestra de la década de 1950, contenida en un depósito oficial, y sólo capaz de ser generada con equipo adecuado en un laboratorio, imposible de haber sido producida por novatos. Posteriormente los expertos reconocieron que los ataques que siguieron también tenían esas características. Los primeros hallazgos fueron inexplicablemente lanzados al baúl de los olvidos tanto por el fiscal general, John Ashcroft y el portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer como por el exconsejero de seguridad ruso, Alexei Yablokov. Días después Genady Onishchenko, viceministro de Salud de Rusia junto con altos funcionarios de la Defensa, negaron categóricamente que las esporas de ántrax encontradas en EUA pudieran haberse originado en Rusia. Genady dijo estar seguro "de que se prepararon en territorio estadounidense." Robert Mueller, Director de la FBI coincidió con los voceros rusos admitiendo la posibilidad de que los ataques bioterroristas " tengan origen en EUA", aunque precisó que no se descarta ninguna hipótesis. Según Mueller, "es posible que haya alguien en Estados Unidos que produzca el bacilo.". Es decir, no cabe duda de que el FBI se abre ante el abanico de posibilidades y no se constriñe a la hipótesis de que el ántrax provenga del fundamentalismo islámico, sino que acepta que pueda proceder de grupos o individuos racistas, blancos y ultraderechistas o alguien como , el "unabomber". En medio de estos informes llama poderosamente la atención la prisa de algunos importantes semanarios estadounidenses por vincular al Taibán con el ántrax así como las declaraciones de voceros de la Casa Blanca en el sentido de que, en respuesta a ese bioterrorismo se contemplaba el uso de armas nucleares tácticas en Afganistán al tiempo que Bush afirmó que " los ataques con ántrax" representaban "la segunda fase" de los ataques terroristas. Lo cual nos deja perplejos y lógicamente nos lleva a plantear varias preguntas en torno a las supuestas vinculaciones entre actores externos e internos, empezando por si, en verdad existe un eje articulador de esa conexión entre las dos fases, es decir, entre los ataques terroristas contra Nueva York y Washington, presumiblemente realizados por fuerzas externas y los subsecuentes ataques bioterroristas,que el FBI hipotetiza que están siendo perpetrados por individuos o grupos domésticos Aún más, ¿cuál es la función de la "fase dos"?, ¿mantener el clima de conmoción pública y de agudo patriotismo por medio de ataques a personajes clave de los medios de comunicación? ¿por eso, la agresión con ántrax contra líderes senatoriales que se ha mantenido hasta ahora, habiéndose encontrado pequeñas cantidades de esporas en las oficinas de los Senadores Edward Kennedy y Chris Dodd? Esos ataques selectivos al Poder Legislativo ¿han generado un clima favorable o desfavorable a favor de la nueva legislación anti-terrorista? Las respuestas son cruciales aunque, hasta ahora, la suposición de que se trata de un "golpe de Estado técnico", sólo se basarían en hipótesis que se sustentan en indicios reales.

La historia sigue siendo una importante guía, para determinar la forma de actuación y la dinámica política interna, especialmente en las relaciones de los poderes cívico-militares y el impacto de las poderosas comunidades de la industria del gas y del petróleo y de inteligencia, o de sectores dentro de ella, que inciden en los procesos de toma de decisión en EUA. La última vez que se otorgaron poderes de guerra a un Presidente de EUA, fue durante la Guerra de Vietnam, conferidos a favor de Lyndon Baines Johnson (LBJ) como resultado de unos ataques de torpedo contra barcos de guerra de EUA en el Golfo de Tonkin, presumiblemente realizados por botes torpedo de Vietnam del Norte el 2 de agosto de 1964. Dos días después, se supone que ocurrió otro ataque, al menos así se informó oficialmente al público. La respuesta de LBJ fue fulminante: giró instrucciones para el bombardeo de bases y barcos de Vietnam del Norte y solicitó al Congreso la aprobación de "La Resolución del Golfo de Tonkin", que le otorgó poderes de guerra, a fin de "tomar todas las medidas necesarias para evitar otra agresión". La resolución fue aprobada unánimemente en la Cámara Baja por 416 votos a favor y 0 en contra. En el Senado enfrentó las objeciones de Wayne Morse y Ernest Gruening, ambos demócratas, quienes advirtieron que la medida "?daba un cheque en blanco al presidente para usar la fuerza a su antojo en Asia Sudoriental". El senado aprobó la medida el 7 de agosto, con 88 votos a favor y 2 en contra, en medio de una fuerte campaña mediática, con el arrebato, ignorancia y desinformación del público como componentes primordiales ante lo que se presentó como un ataque no provocado contra naves de EUA.

A lo largo de los cuatro años que siguieron, apareció información documental que mostraba que el ataque en el Golfo de Tonkin había sido provocado por la propia Armada de EUA que realizaba operaciones de sabotaje y ataques contra Vietnam del Norte y que el segundo ataque probablemente jamás ocurrió. Los Documentos del Pentágono , una enorme masa de informes y comunicaciones altamente secretas dadas a conocer al público por Daniel Ellsberg, un exanalista vinculado al servicio de inteligencia de la Fuerza Aérea y publicados por The New York Times, finalmente mostraron que todo había sido un hábil montaje, encaminado a manipular al Congreso con el fin de que otorgara poderes de excepción a LBJ y justificar ante la opinión pública nacional e internacional la intensificación de la guerra así como un incremento sorprendente de tropas, equipo y presupuestos castrenses para las tres armas y los servicios de inteligencia. Una suerte de "golpe de Estado técnico" realizado por los equipos de "operadores" del vasto sistema de inteligencia de esa nación. Según el teniente Fletcher Prouty, el problema se hace más complejo y la situación más peligrosa ya que lo que él identifica como el Directorio de Operaciones, o "The Secret Team", y autores como David Wise y Thomas Ross denominan "el gobierno invisible" , también usa estos métodos para manipular la dinámica política "interna" estadounidense. Según Prouty, una de las mayores fortalezas de la Dirección de Operaciones de inteligencia ha sido su capacidad para activar varios elementos dentro del gobierno -usualmente al Departamento de Defensa, con pequeños estímulos diseñados para crear una reacción-. Para llevar la situación a un nivel más alto, revela Prouty, "?la CIA utiliza su infraestructura clandestina para estimular las acciones que le interesan con el fin de generar reacciones dentro de la estructura gubernamental de EUA. Aunque tales acciones y reacciones usualmente empiezan en una escala menor, pronto se intensifican como en Indonesia, Tibet y Grecia. Se salieron totalmente de control en el Asia Sudoriental." El "plan de juego" consiste primero en definir la escena, con declaraciones acerca de que el enemigo está a punto de atacar, luego el equipo de operadores lanza un ataque muy secreto y provocativo, "?del tipo que generará una respuesta abierta". Según este experto en inteligencia militar, "?estos ataques secretos, que bien pueden haber sido realizados por terceros o mercenarios sin vinculación estatal alguna, cuyos materiales fueron secretamente suministrados por la CIA, sin duda crearán una reacción que a su vez es observada en EUA. El siguiente paso es categorizar el acto del enemigo como 'una agresión' o una 'insurgencia subversiva', y la siguiente etapa es activada por la CIA que lleva estos hechos ante el Consejo de Seguridad Nacional, para que se adopten medidas apropiadas de respuesta". Esta técnica, ampliamente confirmada por Los Documentos del Pentágono, fue llevada a cabo por Walt Rostow y McGeorge Bundy, contra Vietnam del Norte, sentando el marco de referencia para los ataques en el Golfo de Tonkin. Todo el misterio generado alrededor de estos acontecimientos fue dispersado en esos documentos, en su referencia al esquema encubierto conocido como OPLAN-34. El recuerdo de este esquema operativo está lejos de representar un hecho histórico inerte. No es una pieza de museo o una reliquia, si se tiene presente lo inmensamente relevante que resulta contestar, ahora, el interrogante en torno a la relación entre la Dirección de Operaciones con Osama bin Laden, la organización Al Qeda y las guerrillas islámicas, una pregunta natural, si se tiene presente que agentes de esa instancia gubernamental, supervisaron operativos de gran impacto político-militar, como el manejo de varios miles de millones de dólares -a cargo de bin Laden-, la entrega de cohetes Stinger a los jumahidines afganos durante la guerra contra la URSS,y el desarrollo de vastos operativos clandestinos dirigidos a acelerar el deterioro de la posición soviética en Europa Central,- con la participación oficial del Vaticano-, y en Asia Central.

El registro histórico también indica que desde la llamada "Guerra de 1812", el territorio continental de EUA no había sido atacado. En efecto la última vez que se registró un hecho de esta naturaleza ocurrió el 3 de agosto de 1814 cuando una fuerza de cinco mil soldados y marinos británicos, salieron de as Bermudas hacia la costa atlántica de EUA. Entre ellos se encontraban tres mil 800 veteranos de la campaña contra Napoleón, conocidos como "los invencibles de Wellington". La operación fue dirigida contra la ciudad de Washington, cuyos principales edificios y símbolos públicos fueron sometidos a fuego de antorcha. Sin dejar a un lado su importancia, lo ocurrido en septiembre de 2001 hace palidecer los acontecimientos de 1814 y el de Pearl Harbor. Uno de los aspectos de mayor relevancia es que formal y operativamente EUA está en estado de guerra y que, por primera vez desde 1814, su territorio continental y su población forman parte y parcela del "campo de batalla", -como se verá posteriormente, esto conlleva profundas consecuencias para las relaciones político/estratégicas internacionales, y de manera particular representa un reto histórico y una amenaza potencial para la soberanía territorial de México y Canadá-.

2 Terrorismo de Estado y Terrorismo Internacional.

Está plenamente establecida la relación causal entre terrorismo de Estado y Terrorismo Internacional. Desde 1997 el Defense Science Board informó a la Subsecretaría de Defensa para Adquisiciones y Tecnología que, "?la información histórica muestra la existencia de una fuerte correlación entre la intervención de EUA en ultramar y el aumento de ataques terroristas en su contra". El documento continúa advirtiendo que, "?además, la asimetría militar que le niega a otros Estados la capacidad de realizar ataques abiertos contra EUA, les induce a usar actores transnacionales, es decir, terroristas de un país atacando a otro.". El reconocimiento de que la práctica del terrorismo de Estado como parte de los instrumentos de política exterior puede ocasionar un estado generalizado de anarquía y guerra, fue reconocido en el Acta de Seguridad de 1947, por medio de la cual se refundaron los servicios secretos de EUA, para labores de inteligencia y la práctica de cuestionables operaciones que, por su naturaleza son clandestinas y deben mantenerse secretas porque violan el derecho internacional, penal, comercial y constitucional así como la normatividad de los Juicios de Nuremberg. En esa Acta, se estableció que esos operativos de terror de Estado, que incluían el asesinato político, los atentados, la desestabilización y la inducción de golpes de Estado, entre otras actividades, debían realizarse de manera "clandestina" y con la capacidad "de negación plausible", los que conllevaban al mantenimiento del sigilo respecto a la participación del gobierno de EUA en su planeación, financiamiento y ejecución. Durante 50 años este tipo de diplomacia de fuerza, basada en operaciones secretas, para posteriormente justificar acciones militares o políticas abiertas, se aplicó marcadamente en América Latina, aunque también en Asia y en el Oriente Medio.

El sentimiento de pérdida, de rabia y de duelo en relación a un acontecimiento colectivo de masacre que sentimos el martes 11 de septiembre lo habían experimentado veintiocho años antes, el mismo día pero del año 1973, cuando dio inicio una espantosa operación de terrorismo de Estado en Chile que derrocó a un presidente constitucional generando un baño de sangre que quitaría la vida a miles de hombres y mujeres y sometería a crueles torturas a muchos otros, inflingiendo daños morales, físicos y emocionales a miles de familias, marcando a toda una generación.

Esa no fue solo una operación endógena. Existe abundante documentación que indica fue iniciada e impulsada por Nixon, con Henry Kissinger como principal coordinador, desde las oficinas de la asesoría de seguridad nacional de la Casa Blanca, de las operaciones secretas de guerra económica, política, militar que inciden en la polarización interna. Conviene recordar ahora este caso latinoamericano, uno entre muchos, porque ahí están otros operativos como la participación de EUA en la instauración de una brutal dictadura en Brasil desde 1964, en los años 1970 en Argentina y Uruguay y en los ochentas el establecimiento de regímenes de terror de Estado en Centroamérica, protagonistas de horrendas masacres en Guatemala, Honduras y El Salvador, con especial saña, infamia e ignominia contra la población Maya.

El recordatorio histórico es necesario para ejemplificar el concepto de "terrorismo de Estado", fundamental para lanzar vistas más certeras sobre los procesos causales que pueden estar en la base de la tragedia que se viene registrando desde septiembre. Se trata de la relación entre el "terrorismo de Estado" y la promoción de las condiciones objetivas que inducen el "terrorismo internacional".

En el caso del operativo desplegado por el gobierno de EUA en Chile, conviene retomar las evidencias documentales ofrecidas por Peter Cornbluth y el archivo de Seguridad Nacional, así como la síntesis ofrecida por el periodista Jon Lee Anderson: "el plan de juego, de acuerdo con documentos gubernamentales de EUA desclasificados, se dirigió a crear la ingobernabilidad en un Chile gobernado por un presidente socialista electo, Salvador Allende, provocando el caos social con el fin de inducir un golpe de Estado?Un cable de la CIA sintetizó los objetivos claramente al jefe de su estación en Santiago en estos términos "?es nuestra firme y persistente intención que Allende sea derrocado por medio de un golpe?vamos a continuar generando la presión máxima hacia la consecución de este fin, usando todos los medios disponibles. Es imperativo que estas acciones sean aplicadas de manera clandestina y segura de tal suerte que la mano del gobierno de EUA permanezca bien oculta".

El ciudadano promedio de EUA poco conocía sobre ese tipo de operaciones y atrocidades cometidas por su gobierno. No voy a describir ni enumerar las matanzas, los desaparecidos y los torturados y los perseguidos, o su coordinación internacional por medio de la Operación Cóndor. Stella Calloni ya lo hizo de manera puntual. Sólo quiero recordar al lector que este tipo de diplomacia de fuerza se proyectó con igual saña y barbarie en Asia y de manera particularmente intensa, en el Oriente Medio. Los operativos clandestinos y el terrorismo de Estado virtualmente se registran a lo largo y ancho del orbe. Por ejemplo, como resultado de la intensificación bélica que siguió a los incidentes del Golfo de Tonkin en 1964, cientos de miles de personas resultaron muertas durante el gobierno de Johnson y de Nixon. Nixon y Kissinger arrojaron más bombas sobre la población rural de Camboya que el total lanzado sobre Japón durante toda la Segunda Guerra Mundial muriendo al menos tres cuartos de millón de campesinos camboyanos y ayudando a legitimar el movimiento del Khmer Rouge de Pol Pot, cuya revancha y búsqueda de pureza ideológica significó la muerte de millón y medio de camboyanos, tanto rurales como urbanos.

Desde aquel entonces hasta nuestros días aumentó de manera considerable la diplomacia de fuerza, expresada en violencia abierta de corte intervensionista. (Téngase en la memoria el bombardeo contra los barrios populares de la ciudad de Panamá, perpetrado por el padre del actual mandatario estadounidense en diciembre de 1989). Así, conforme se amplió e intensificó la diplomacia de fuerza, también aumentó la masa de agredidos, dispuestos a ante esa diplomacia, observándose la incapacidad estadounidense para controlar los efectos inesperados:las respuestas de corto mediano o largo plazo de las víctimas, que en la jerga de la seguridad nacional de EUA se conoce como "blowback" (una suerte de efecto boomerang). Según Chalmers Johnson, "?el término 'blowback'" fue "?inventado por funcionarios de la Agencia Central de Inteligencia, para uso interno, y empezó a circular entre los estudiosos de relaciones internacionales. Se refiere a las consecuencias no esperadas de operaciones que fueron mantenidas en secreto y sin que los estadounidenses se enteraran. Lo que la prensa diariamente califica como actos malignos, de 'terrorismo' o 'capos de la droga' o 'rogue states', o 'mercaderes ilegales de armas' a menudo resultan ser el 'blowback' de operaciones estadounidenses realizadas anteriormente." Los ejemplos más notables de "blowback" ofrecidos por Johnson provienen de los operativos desplegados por Washington en el Oriente Medio, como el ataque terrorista de 1988 contra el Vuelo 103 de la Pan Am que mató a 256 pasajeros y a 11 personas en tierra.Una respuesta, según Johnson, del ataque aéreo de Reagan en 1986 contra Libia que mató a la nuera de Kadafi.

El "blowback" tiende a generar más "blowback" en una espiral de violencia. Una buena ilustración de esta característica la ofrece precisamente la reacción del gobierno de EUA a los ataques del 7 de agosto de 1998 contra varios edificios de las embajadas en Nairobi y Dar es Salaam: "?el gobierno pronto culpó a Osama bin Laden, un saudita que por años había denunciado a los gobernantes de su país y a sus aliados estadounidenses. El 20 de agosto EUA respondió lanzando cerca de 80 cohetes crucero (con un costo de 750 mil dólares cada uno) contra una planta farmacéutica en Cartún, Sudán, y contra un viejo campamento mujaidín en Afganistán? Ambos blancos habían sido identificados por el aparato de inteligencia de EUA como áreas vinculadas con Osama Bin Laden o sus seguidores. Pronto se dio a conocer, que la información sobre ambos sitios era errónea y que ninguno de los blancos tenía relación alguna con aquellos que se sospechaba habían atacado las embajadas? los voceros gubernamentales continúan justificando estos ataques como formas para disuadir el terrorismo aún si los blancos han sido comprobadamente irrelevantes a cualquier daño ocasionado a edificios estadounidenses? de esta manera, se siembran en el mundo las posibilidades para más 'blowback' en el futuro? Los mismos voceros ignoran que de hecho, Bin Laden, el supuesto responsable de la maquinación de los ataques contra las embajadas, es un ex 'protegé' de los EUA. Cuando EUA organizaba a los rebeldes afganos contra la URSS en los años de 1980, él jugó un importante papel en sacar a la Unión Soviética de Afganistán y sólo se volvió anti-estadounidense en 1991 porque consideró que la presencia de tropas de EUA en Arabia Saudita durante la Guerra del Golfo era una violación de sus creencias religiosas." Por ello, Osama Bin Laden fue vetado por Washington para acceder al puesto de ministro de petróleo de Arabia Saudita.

El análisis sobre los efectos y peligros de la diplomacia de fuerza, con sus políticas de infiltración, penetración, desgaste y desgarre de estructuras internas de legitimidad interna aplicados por la CIA, desde las embajadas de EUA en el mundo, me hizo advertir en 1977 que el uso de este tipo de diplomacia de fuerza, podía repercutir dentro de los Estados Unidos, con crecientes riesgos, ese ha sido mi temor desde entonces, de que "desembocara en una tragedia humana generalizada, pero en una proporción inmensamente mayor en los propios EUA". En ese libro consideré, que una diplomacia de corte hitleriano, como la que habíamos observado en Chile y posteriormente en Argentina y Uruguay, "?significa el inicio de una era hobbesiana"; y dejé constancia de mi opinión en el sentido de que antes de seguir aplicando la guerra política y urbana en el exterior, "?el ejecutivo norteamericano haría bien en advertir que su agresividad internacional transforma a su propio sistema político en blanco de ataque inmediato por parte de actores internos o externos, que han sido atacados y/o provocados; después de todo, se trata de una guerra barata (que no excluye el sabotaje urbano químico-bacteriológico) capaz de ser desarrollada eficientemente por cualquier nación?Como lo ha reconocido Brian Jenkins, experto del Laboratorio de Ideas de la Rand Corporation, '?los gobiernos podrían emplazar a grupos terroristas o preparar grupos propios, ya que la perspectiva es una forma barata de guerra limitada'".

El texto de 1977 continúa: "? ello significaría que el sistema político norteamericano tendría que explicitar todos los elementos de Estado-guarnición que ya contiene, tanto al nivel legal, como operativo, pero ni un Estado policiaco-militar sin precedentes en la historia norteamericana sería capaz de garantizar el funcionamiento de sus grandes -y vulnerables- centros metropolitanos. La complejidad de la sociedad norteamericana y la notable interdependencia de todo el sistema colocan a EUA ante alternativas poco dichosas para el ejercicio de la guerra política y urbana en el exterior".

Mi crítica a la diplomacia de fuerza, se basó en varios estudios realizados por especialistas estadounidenses indicando las vulnerabilidades estructurales de EUA. En ellos se mencionaba la explotación de esas vulnerabilidades por parte de movimientos revolucionarios. Hoy se aplicarí a al terrorismo o a las respuestas probables de la gran acumulación de grupos y Estados agredidos por la diplomacia de fuerza. En una de esas investigaciones, realizada por I. Horowitz, se describe la vulnerabilidad estructural como resultado de la accesibilidad a un número inmenso de blancos indefensos y estratégicamente importantes, mencionándose la "complejidad de la estructura social, política y económica" como fuente de una amplia gama de blancos vulnerables: "?sistema de transporte y comunicación, fuentes de energía y centros de diversión". Horowitz advertía que, "?la interdependencia del sistema hace posible crear un daño significativo por medio de la destrucción de blancos relativamente insignificantes. Por ejemplo, la falla que causó un apagón en los sistemas eléctricos de toda la costa del Este en 1968, fue causado por un pequeño error del componente eléctrico. Si una subunidad de un sistema complejo e interdependiente puede ser destruida, todo el sistema resulta afectado. Una disminución en las actividades de una parte del sistema de producción en masa puede crear embotellamientos en todo el sistema de producción. La complejidad misma de EUA hace imposible defender todos los blancos posibles de ataque?la lista no conoce límites. No hay ausencia de blancos. Para defenderlos se requeriría un Estado guarnición: aún así permanecerían muchos puntos vulnerables".

En medio de esta fragilidad y vulnerabilidad estructural, nos parecía entonces, y con mucho más razón nos parece hoy, después de la tragedia del 11 de septiembre y de la espiral de violencia que se ha seguido, que es imperativo detener inmediatamente el brutal ataque contra Afganistán. Es irracional e irresponsable proseguir con una diplomacia que usa el terror de Estado de manera frecuente, generando miles o millones de víctimas y por lo tanto cosechando enemigos por doquier. Más aún, en la era del armamento balístico intercontinental y de los dispositivos termonucleares y bioquímicos de destrucción masiva, la " globalización del 'blowback'", se presenta como una de las más serias amenazas a la seguridad y estabilidad y sobrevivencia de la humanidad.

3. El Terror de Estado como condición mundial

Hoy la situación es más compleja y peligrosa que a principios del siglo XIX Es un mundo en que el terror de Estado ha sido su principal característica. A lo largo de los últimos siglos el Estado ha sido el instrumento político fundamental y formidable tanto para organizar la expansión global del capitalismo como para proyectar las fuerzas policiaco-militares y de inteligencia capaces de proteger sus intereses comerciales y de inversión en ultramar. La más leve auscultación histórica sobre la globalización muestra la estrecha relación entre el proceso de internacionalización de los flujos de mercancías, capital y tecnología y los instrumentos de proyección financiera, monetaria, naval aérea y terrestre, también organizados y sistematizados por el Estado metropolitano con la imprescindible participación de los instrumentos de Estado periféricos, igualmente hegemonizados por clases sociales con intereses afines y relaciones clientelares con sus contrapartes del "norte". Esta línea interpretativa, que reconoce que la globalización ocurre en un contexto de poder signado por la asimetría, la dominación y la explotación, enfatiza además el análisis de clase y contrasta con la postura de Samuel Huntington, en el sentido de que aunque las civilizaciones, como la islámica o cristiana, puedan compartir importantes tradiciones culturales y sistemas de creencias, no constituyen un nuevo marco de referencia para las relaciones internacionales estratégicas y de seguridad. El centro de la modernización en el mundo ha sido el Estado hegemonizado por intereses de clase y no la civilización. No existe fundamento alguno para proponer, como lo hace Huntington en Choque de Civilizaciones -y lo repiten loritos locales siempre sicológicamente dispuestos a adoptar la última moda en el pensamiento metropolitano-, que después de la Guerra Fría las civilizaciones sean las nuevas formas de organización de la política mundial, desplazando al Estado nacional como unidad básica del sistema internacional. Es el Estado y no la civilización el que organiza y pertrecha a las fuerzas militares con tanques, aviones, bombas, equipo para ataques biológicos, químicos y nucleares y lo hace por medio de la movilización bélico-industrial, el financiamiento de la investigación y el desarrollo y la apropiación de vastos recursos públicos, por medio de sistemas impositivos, a favor de esos conglomerados de poder empresarial y castrense. Son los líderes estatales y no los representantes de las civilizaciones, los que tienen sus dedos en los botones nucleares. Si el discurso del globalismo "pop" se esmeró en lanzar la idea de que el Estado era un fenómeno obsoleto y contra toda evidencia sostenía que estaba en vías de extinción, ahora, con Washington en estado formal y operativo de guerra, el chasco es mayor y embarazoso.

Segunda parte

Artículos relacionados

Comentarios

Copyleft: Se permite la copia, distribución y uso de los contenidos de EcoPortal y Ambiente y Sociedad, siempre y cuando NO se utilice con fines comerciales y se reconozca la autoría. Agradeceremos se indique como fuente http://www.ecoportal.net. Las opiniones vertidas por visitantes o colaboradores en el sitio pueden no reflejar las ideas de los miembros de EcoPortal.net. Para la realización de este sitio utilizamos software libre.