16/06/2004

Chiapas: Entre TLCAN y Migración.

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"Sólo desde cuando la historia se ha convertido en historia mundial se han condenado pueblos enteros, declarándolos como superfluos... Las sentencias se proclaman en voz alta y se ponen sistemáticamente en práctica, de modo que ninguno quede con la duda de cual sea el destino que le está reservado: Éxodo o Migración, Exilio o Genocidio" La Gran Migración. Hans Enzensberger.

"Sólo desde cuando la historia se ha convertido en historia mundial se han condenado pueblos enteros, declarándolos como superfluos... Las sentencias se proclaman en voz alta y se ponen sistemáticamente en práctica, de modo que ninguno quede con la duda de cual sea el destino que le está reservado: Éxodo o Migración, Exilio o Genocidio" La Gran Migración. Hans Enzensberger.

La historia de la migración mexicana hacia los Estados Unidos de América se remonta al año de 1880 cuando dos empresas ferroviarias, la South Pacific y la Santa Fé, empezaron a "importar" mano de obra barata, en su gran mayoría indígena Yaqui, Cora y O'otam, desde el vecino del Sur. Hasta 1910 cerca de 20.000 mexicanos al año eran reclutados por los agentes de las compañías ferroviarias. Durante la 1ª. Guerra Mundial los trabajadores mexicanos tuvieron un papel central en el desarrollo de la economía estadounidense , pero la usual gratitud del gobierno gringo no tardó en presentarse bajo forma de la más feroz oleada de violencia xenofóbica de la cual el pueblo mexicano haya sido víctima. Mientras los veteranos de guerra atacaban a los trabajadores y las trabajadoras "ajenas" en sus puestos de trabajo, y mientras quemaban sus casas y robaban sus pertenencias, las empresas agropecuarias, ferroviarias y la industria automotriz continuaban contratando a los mexicanos por un salario de hambre, dejándolos en una situación de permanente ilegalidad y peligrosa vulnerabilidad ante las agresiones de las clases pobres norteamericanas.

Desde aquel entonces, la ambigua política migratoria por parte del gobierno estadounidense no ha cambiado. La clandestinidad y la peligrosa ilegalidad son la condición usual que los migrantes mexicanos afrontan desde el primer momento que meten pié en los EE.UU. .

El 1° de enero del año 1994 entra en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés y TLCAN en español), un acuerdo multilateral que une la economía canadiense, norteamericana y mexicana al modelo neoliberal. Los principios inspiradores son la apertura de las fronteras a las mercancías, la redacción de leyes que favorecen la generación de beneficios de los grandes capitales y la disminución del poder político de los "estados-naciones", los cuales, si en la fase de negociación del tratado adquieren un papel secundario, no tendrán en el futuro la posibilidad de modificar las decisiones impuestas por el acuerdo. Desde este momento las contradicciones que se ven en la política migratoria de los dos países más ricos son cada día más importantes. Un estudio de la United Status General Accounting Office (GAO) del año 2001 señala que, aunque el gasto para la seguridad en la frontera sur de los EE.UU. haya sido aumentado en los últimos 7 años, el flujo migratorio no ha disminuido, como consecuencia sólo se ha producido un aumento de los muertos en la frontera, debido al cambio de rutas habituales que ahora resultan ser más inseguras. Acerca de ello el Centro de Búsqueda de la Universidad de Houston, Texas, estima que entre los años 1995 y 1998 el número de muertos por hipotermia e insolación se ha triplicado respecto a los niveles de la década de los años '80 . Se calcula, según la Comisión de Derechos Humanos del Senado de la República Federal de México, que en el año 2003 se han encontrado 400 muertos en la frontera norte.

Si por una parte asistimos, entonces, a un endurecimiento de la política norteamericana al respecto de las personas que intentan atravesar la frontera, por la otra nos encontramos con una gran presencia de trabajadores y trabajadoras mexicanas tanto clandestina como no clandestina, que cumplen un papel fundamental por la prosperidad de la economía de EE.UU.

La misma teoría neoliberal nos explica que acelerando y garantizando la movilidad del capital y facilitando la intervención del capital foráneo, se fomenta la movilidad laboral: "...cuando el sistema político y económico se interconectan, la fuerza del trabajo tiende a fluir hacia el país adonde existe menor estratificación social y donde los estándares de vida son más altos" .

Sin embargo, esta teoría no da cuenta de las terribles condiciones que empujan a los hombres y a las mujeres mexicanas a abandonar sus casas, sus afectos y sus comunidades para afrontar el viaje hacia una prosperidad económica que probablemente no encontrarán, siendo obligados, por su condición de clandestinos, a aceptar trabajos mal pagados e inseguros. Una investigación de la Associated Press de los EE.UU. afirma que muere un trabajador mexicano al día. Si bien ha aumentado la seguridad en los puestos de trabajo, la cantidad de muertos mexicanos ha seguido incrementándose: el 30% a mediados de los años '90 y el 80% en el año 2003. Los oficiales de Seguridad Pública explican el fenómeno afirmando que es la misma condición de ilegalidad que obliga a los mexicanos a aceptar cualquier tipo de trabajo que se les proponga, siendo generalmente éstos poco remunerados y con un alto grado de riesgo.

Lo que nos sorprende es la reacción de las autoridades federales en caso de accidente mortal: el OSHA (Occupational Safety and Health Administration) multa al contratista por falta de cumplimento de los estándares de seguridad. La cifra asciende a 50,475 dólares .
Este es el precio que el gobierno gringo considera apropiado en concepto de sanción por la muerte de un no ciudadano.

Se calcula que actualmente se encuentran en territorio estadounidense 8.5 millones de mexicanos, de los cuales 5.5 millones responden a los requisitos legales para su permanencia y los restantes 3 millones son considerados indocumentados, con el consecuente riesgo de deportación o encarcelamiento. Además se estima que cada año emigran temporalmente cerca de 610 mil mexicanos, los cuales en su gran mayoría no poseen la documentación necesaria para afrontar el viaje . A estos datos se añade la creciente importancia que adquiere en el interior de la economía mexicana el valor de las remesas de los trabajadores que residen en EE.UU. En el año 2002 las remesas alcanzaron los 6.75 billones de dólares constituyendo la sexta fuente de ingresos del país. Ya en enero del año 2004 figuraban en el segundo puesto (entre 9.4 y 14 billones de dólares ) siendo sólo superada por las ventas del petróleo.

A diez años del ingreso de México en el mercado global el salario mínimo nacional ha perdido el 20% de su poder adquisitivo, la clase política mexicana no ha sabido ni ha querido afrontar y resolver el problema de la creciente desocupación y es constante la demanda de mano de obra en los sectores agropecuario e industrial por parte de los Estados Unidos. Considerando, asimismo, la diferencia salarial que existe entre las dos economías, no nos sorprende que el fenómeno migratorio mexicano hacia el vecino más rico vaya en constante crecimiento y que 1.3 millones de familias dependan directamente de las remesas provenientes de los EE.UU. . Lo que en realidad nos asombra es la falta de intención por parte de los dos gobiernos interesados de regular este fenómeno, permitiendo que bandas de "polleros" se organicen en la empresa transnacional conocida como la "Gringo Coyote Company", moviendo alrededor de 8 billones de dólares anuales. Si se considera que en el año 1995 un mexicano que confiaba su vida a un pollero para cruzar la frontera pagaba entre 20 y 30 dólares, y que hoy en día, con un aumento considerable del riesgo, paga entre 1,500 y 2,500 dólares nos es fácil hacernos una idea del volumen de dinero que diariamente se mueve de un lado a otro fomentando el tráfico clandestino de trabajadores y la corrupción de los agentes aduaneros.

Uno de los estados donde la Gringo Coyote Company tiene más conexiones es el de Chiapas. En el municipio de Comalapa, por ejemplo, el 24 de Marzo del año 2004 seiscientos hombres emprendieron el viaje de la esperanza contratados por una de tantas "agencias de viajes" recién surgidas en el municipio.

"Aquí en Comalapa no hay más trabajo, en cada esquina hay una cantina, los precios del maíz y del café están disminuyendo y el pinche gobierno no hace otra cosa que prometer, no desarrolla la industria y no se da cuenta que desde acá parten cada mes 2,400 personas hacia los EE.UU., no se da cuenta que dependemos económicamente del dinero que nos envían desde allá". Así se expresaba Joaquín López López, un hombre que con su familia ha intentado más de una vez atravesar la frontera.

Mientras tanto en Comalapa (un municipio que cuenta con 7,500 habitantes en su zona urbana y en total con todas sus comunidades y éjidos con 52,111 habitantes ) han abierto 30 casas de cambio, 2 bancos y oficinas de correos, lo que da una clara idea de la importancia que tiene para este municipio el puente económico con los EE.UU. Y no es un ejemplo aislado en el estado; en el municipio de Siltepec, enclavado en la zona Sierra, se calcula que cada mes parten 200 personas de una edad comprendida entre los 20 y los 45 años y que el monto de las remesas mensuales proveniente de los Estados Unidos superan el millón de dólares. En la comunidad de Las Delicias, perteneciente al mismo municipio, ya no se ven más hombres. Se han quedado solo las mujeres y los viejos, que sobreviven únicamente gracias al dinero que los maridos e hijos consiguen enviar a casa.

Finalmente, serán cerca de cincuenta mil los chiapanecos que anualmente toman la difícil decisión de dejar hogar y familia en busca de fortuna tras la frontera. Y se estima que son 380 millones de dólares al año el fruto de las remesas enviadas por los trabajadores, lo que en términos de PIB (Producto Interno Bruto) representa un 45% del mismo.

Para una mejor comprensión de las razones de este éxodo impuesto y de su estrecha relación con el TLCAN se pueden observar las consecuencias producidas en el mercado del maíz tras el año 1994.

Históricamente, Chiapas ha sobrevivido gracias al campo, representando la producción agrícola el 45% del PIB del estado. Asimismo el 95% de los productores de maíz, al cual se dedica el 65% de los terrenos, cultivan una extensión de tierra inferior a las 5 hectáreas . Con la entrada del TLCAN se han abierto también las fronteras para este producto, cosa que implica una fuerte competencia entre la pequeña producción mexicana y la gran industria agrícola estadounidense. De hecho, el rendimiento medio de producción de maíz en los EE.UU. es de ocho a diez toneladas por hectárea, mientras que en México oscila entre el dos y el cinco, y en Chiapas entre el uno y el tres. Además, gracias a una ley promulgada en el año 2001, el estado norteamericano concede a cada agricultor una cifra igual a 52.30 dólares diarios en concepto de subsidio; mientras que México solamente concede 1.8 dólares al día. Por ello, la producción de maíz mexicana cuesta 181.9 dólares la tonelada pero el precio del mercado internacional se mantiene en 129.18 dólares. Consecuentemente el gobierno mexicano y las corporaciones transnacionales pueden comprar el maíz proveniente de los EE.UU. a un menor precio, incluidos gastos de transporte.

Y es exactamente lo que hacen.

Los campesinos mexicanos y chiapanecos, encontrándose con la imposibilidad de vender sus propias cosechas, se ven obligados a abandonar el campo y buscar suerte en otros lugares. El trabajo que durante milenios ha dado de comer a esta región ha sido obviado de un plumazo y todavía hoy es causa de fuga y muerte de millares de personas.

Chiapas es uno de los estados de México donde es más representativa la ferocidad de la política neoliberal; donde los recursos naturales y culturales, abundantes en el territorio, son presa fácil de las grandes compañías transnacionales, pero donde la resistencia cotidiana de los pueblos indígenas es el único y verdadero dique contra la invasión de la homologación Coca Cola. En este escenario de lucha se da el fenómeno migratorio fruto de este sistema neoliberal, que impone el exilio y la criminalización del exiliado.

Después del 11 de septiembre de 2001, los EE.UU. han agravado mucho su política para con el extranjero, transformándolo de por sí en un potencial terrorista. El miedo inducido en la gente permite y justifica el comportamiento conjunto del gobierno y las grandes corporaciones que, en nombre de una seguridad nacional más mencionada que definida, mantiene ilegal la condición del inmigrante. De esta forma se impide que el mismo adquiera y goce de los derechos que los trabajadores han peleado durante siglos (salario digno, seguridad social, jornada laboral digna, derecho a la educación y a la organización sindical, etc.), y que acepte, bajo amenaza de deportación, los trabajos más arriesgados facilitando los grandes negocios de las empresas agropecuarias norteamericanas.

El círculo vicioso fruto del esquema globalizador -apertura de mercados, consecuente bajada de los precios que obliga a la migración, no legalidad del migrante y mantenimiento de salarios bajos- alimenta este entramado donde son las grandes empresas agropecuarias las que siempre salen ganando, junto con los canales transmisores de los recursos, como la Western Union, Elektra, Telégrafos Nacionales, Servicios Panamericanos y Cometra, los bancos, etc. Paralelamente a ello encontramos otro modelo que surge desde la misma tierra chiapaneca: el movimiento zapatista. Este hace de la solidaridad y de la tradición indígena sus cimientos, y responde a la amenaza de muerte del neoliberalismo con un proyecto de autonomía comunitaria que resulta ser la posible alternativa contra un agresivo mercado internacional que hace de la falta de reglas su única regla. En una época histórica donde la injusta homogeneidad cultural se transforma fácilmente en el genocidio de los diferentes saberes, el horizonte diseñado por los indígenas del Chiapas parece ser la respuesta más eficaz para la supervivencia y el rescate de este pueblo que, a causa de la agudización del fenómeno migratorio, continua sufriendo la política colonizadora de las grandes potencias mundiales. Por ello la importancia del zapatismo, de empeñarse en construir alternativas al modelo neoliberal, partiendo desde sus 11 demandas básicas: salud, educación, tierra, techo, trabajo, alimentación, paz, justicia, independencia, democracia con dignidad para todos los mexicanos y mexicanas.

Carlo Calabró
CIEPAC
Centro de Investigaciones Económicas y Políticas de Acción Comunitaria
Página Web: http://www.ciepac.org/

BOLETÍN "CHIAPAS AL DÍA" No. 406
CIEPAC; CHIAPAS, MÉXICO
(20 de abril de 2004)

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