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El imperio del consumo
14-03-07 Por Eduardo Galeano

El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En la fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar.

La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble.

La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar.

La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo.

El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En la fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica.

EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por ciento de la población mundial.

«Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un pobre hombre. «Cuando no tenés nada, pensás que no valés nada», dice un muchacho en el barrio Villa Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en la ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas».

Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias pautas de consumo. Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que cualquier dictadura del partido único: impone, en el mundo entero, un modo de vida que reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor ejemplar.

El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta civilización, que confunde la cantidad con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación. Según la revista científica The Lancet, en la última década la «obesidad severa» ha crecido casi un 30 % entre la población joven de los países más desarrollados. Entre los niños norteamericanos, la obesidad aumentó en un 40% en los últimos dieciséis años, según la investigación reciente del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado. El país que inventó las comidas y bebidas light, los diet food y los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas diarias devorando comida de plástico.

Triunfa la basura disfrazada de comida: esta industria está conquistando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local. Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos, tienen, en algunos países, miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo que de alguna manera está en los fogones de todos y no sólo en la mesa de los ricos. Esas tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de manera fulminante, por la imposición del saber químico y único: la globalización de la hamburguesa, la dictadura de la fast food. La plastificación de la comida en escala mundial, obra de McDonald's, Burger King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho, porque en la boca tiene el alma una de sus puertas.

El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó, entre otras cosas, que la tarjeta MasterCard tonifica los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud y que el menú de McDonald's no puede faltar en la barriga de un buen atleta. El inmenso ejército de McDonald's dispara hamburguesas a las bocas de los niños y de los adultos en el planeta entero. El doble arco de esa M sirvió de estandarte, durante la reciente conquista de los países del Este de Europa. Las colas ante el McDonald's de Moscú, inaugurado en 1990 con bombos y platillos, simbolizaron la victoria de Occidente con tanta elocuencia como el desmoronamiento del Muro de Berlín.

Un signo de los tiempos: esta empresa, que encarna las virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la libertad de afiliarse a ningún sindicato. McDonald's viola, así, un derecho legalmente consagrado en los muchos países donde opera. En 1997, algunos trabajadores, miembros de eso que la empresa llama la Macfamilia, intentaron sindicalizarse en un restorán de Montreal en Canadá: el restorán cerró. Pero en el 98, otros empleados de McDonald's, en una pequeña ciudad cercana a Vancouver, lograron esa conquista, digna de la Guía Guinness.

Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra. Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así, las virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de interés que tal o cual banco ofrece.

Los expertos saben convertir a las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla. La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar: ellas también pueden ser símbolos de ascenso social, salvoconductos para atravesar las aduanas de la sociedad de clases, llaves que abren las puertas prohibidas. Cuanto más exclusivas, mejor: las cosas te eligen y te salvan del anonimato multitudinario. La publicidad no informa sobre el producto que vende, o rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función primordial consiste en compensar frustraciones y alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted convertirse comprando esta loción de afeitar?

El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la pobreza extrema. También son fruto de la ética individualista. La obsesión social del éxito, dice Platt, incide decisivamente sobre la apropiación ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir que el dinero no produce la felicidad; pero cualquier televidente pobre tiene motivos de sobra para creer que el dinero produce algo tan parecido, que la diferencia es asunto de especialistas.

Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso fin a siete mil años de vida humana centrada en la agricultura desde que aparecieron los primeros cultivos, a fines del paleolítico. La población mundial se urbaniza, los campesinos se hacen ciudadanos. En América Latina tenemos campos sin nadie y enormes hormigueros urbanos: las mayores ciudades del mundo, y las más injustas. Expulsados por la agricultura moderna de exportación, y por la erosión de sus tierras, los campesinos invaden los suburbios. Ellos creen que Dios está en todas partes, pero por experiencia saben que atiende en las grandes urbes. Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un porvenir para los hijos. En los campos, los esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando; en las ciudades, la vida ocurre, y llama. Hacinados en tugurios, lo primero que descubren los recién llegados es que el trabajo falta y los brazos sobran, que nada es gratis y que los más caros artículos de lujo son el aire y el silencio.

Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto pronunció en Florencia un elogio de las ciudades. Dijo que las ciudades crecían «porque la gente tiene el gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse. Ahora, ¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? Si las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones entre cosas, ¿cuánta gente se encuentra con las cosas?

El mundo entero tiende a convertirse en una gran pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero no se tocan. Las mercancías en oferta invaden y privatizan los espacios públicos. Las estaciones de autobuses y de trenes, que hasta hace poco eran espacios de encuentro entre personas, se están convirtiendo ahora en espacios de exhibición comercial.

El shopping center, o shopping mall, vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso pagar pasaje. Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades que aún no han merecido estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes posaban al pie de la estatua del prócer en la plaza. Beatriz Solano ha observado que los habitantes de los barrios suburbanos acuden al center, al shopping center, como antes acudían al centro. El tradicional paseo del fin de semana al centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la excursión a estos centros urbanos. Lavados y planchados y peinados, vestidos con sus mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta donde no son convidados, pero pueden ser mirones. Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula espacial que recorre el universo del consumo, donde la estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante de modelos, marcas y etiquetas.

La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso mediático. Todo cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en un parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la inseguridad, las mercancías, fabricadas para no durar, resultan tan volátiles como el capital que las financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un desempleado en potencia. Paradójicamente, los shoppings centers, reinos de la fugacidad, ofrecen la más exitosa ilusión de seguridad. Ellos resisten fuera del tiempo, sin edad y sin raíz, sin noche y sin día y sin memoria, y existen fuera del espacio, más allá de las turbulencias de la peligrosa realidad del mundo.

Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta a unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta. www.ecoportal.net


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Comentarios de los visitantes sobre este artículo

Comida chatarra, por Eduardo Galeano (14/03/2007)

Felicitarlo y más que felicitarlo maestro. Cuando leo artículos de calidad como éste, me horrorizo del diarismo banal. Hacen falta plumas como la suya, para que el pensamiento transmitido en cuartillas, no convierta al periodismo en mercadeo publicitario. Porque la publicidad desplaza con mañas y artimañas de las multinacionales al periodismo contemporáneo que se ha convertido en la campana multiplicadora
lo ligth, lo bonito, lo efímero y vacío, por la marca en el golf que compiten muchos diaristas, saltaron del verde billar al verde del green. Wilton Rizzo

los shoping , por jose manuel henriquez (16/03/2007)

Tanta, tanta, tanta cháchara para decir que no le gustan los shopping, ni los Mac Donalds, ni los Burger, en fin para decir lo que todos sabemos. Afortunadamente para Ud., Ud. es libre de decidir lo que quiere comer, donde y cuando, y donde y cuando comprar, y donde y como vivir. No es malo esto de poder elegir...

Respuesta al anterior, por Stefano (16/03/2007)

Aaaa, no es tan facil como usted lo plantea señor... eso de poder elejir es medio dificil de explicar... cuando a uno lo condicionan de pequeño le crean una barrera que solo los muy despierton logran atravesar, y elejir no es ser libre, va si, soy libre de elejir lo que me dan, que clase de libertad es esa?, yo tengo 20 años y a mi nadie me dice lo que verdaderamente pasa, lo tube que buscar yo por internet, suena paradojico pero es asi, la internet me dio mayor visivilidad, si me dejo llevar vendo mi alma al diablo por mi libertad, y es tan comodo dejarse llevar...

Eduardo Galeano es un maestro y sus libro deben estar en todos los colegios de sudamerica.

Reflexión sobre un comentario., por Mariana Atan (16/03/2007)

Claro que está bueno eso de poder elegir.

Pero...todos podemos elegir?

Yo creo que hoy por hoy cada vez menos pueden elegir.

Y esos son precisamente los que te hacen creer que lo podés hacer.

respuesta a Stefano, por j.m.henriquez (16/03/2007)

Analiza tu carta; nadie tiene obligación decirte nada, aparte de tus padres. Si tú encontraste en Internet información que te abrió horizontes nuevos e ignotos, lo hiciste ejerciendo tu libertad, y gracias a que existe internet libre. Y elegir Sí es ser libre; poder elegir es la esencia de la libertad. Y no sólo estás condicionado a elegir entre lo que te ofrecen, sino que además tienes la facultad de buscar por tus medios lo que realmente deseas. No te deslumbres con Galeano ni con ninguno de estos "maestros", que se ganan la vida despotricando contra el capitalismo sin renunciar a ninguna de sus ventajas; ellos descubrieron que pueden vivir muy bien así, rodeados de comodidades y holguras, y sin mucho esfuerzo. Bien por ellos, no todo el mundo puede tener ciertos talentos, pero analiza el mensaje: rechazar y execrar todo individualismo, calificándolo de "egoista"?, ¿y qué proponen? ¿qué es lo contrario del individuo?? ¿la masa? exacto! la masa, el rebaño, el grupo de idiotizados que renunciaron a pensar por su cuenta.
La Libertad es lo importante, y lo principal, es que funciona. El primer paso es renunciar a presuntos "maestros", y comienza a ejercer tu derecho a la duda, la crítica y la experimentación. Por ejemplo: al Sr. GOre, que predica el ahorro de energía, ¿cuánto es su cuenta de luz?. Al Sr. Galeano, que rechaza el individualismo, el comercio, el dinero, etc. etc. etc. ¿de qué vive?, acaso regala sus libros? ¿qué hace con sus derechos de autor? (¿los regala a los pobres, dejándose sólo lo imprescindible para vivir.....?).
Y para no alargarme más, recuerda que estás en la edad en que se es casi dueño del mundo, y con seguridad dueño de tu destino; adelante que el mundo es ancho, y la libertad empieza en la propia mente.
Ah! Y preocúpate más de tu ortografía.

a ese asunto de elegir, por Jeremias Hernandez, Guatemala. (20/03/2007)

¿libertad de elegir? en el consumismo no existe, precisamente el que usted y yo dependamos de ellos -los autores del consumismo- es el objetivo para ellos, hacer de usted y de mi un consumidor y dependiente mas de ellos. Gracias a personalidades como Eduardo Galeno que buscan sencibilizar a la humanidad frente a ese espejismo cruel del consumismo es que estamos descubriendo tambien las concecuencias para los PUEBLOS.

El sistema consumista, por Topo (23/03/2007)

Este artículo de Galeano es otra obra profética en la misma línea que la de Frei Betto, "El ojo electrónico de la divinidad monetaria," y también del mensaje implícito de la película "The Matrix." La verdad es que debemos despertarnos, y empezar a soñar otro tipo de mundo, más anexo a la tierra, a la naturaleza, y a comunidades afines.

Comentario a algunos comentarios, por Vinicio Meza (27/03/2007)

Me parece que algunas de las personas que comentan en contra del artículo de Eduardo Galeano, no comprenden el sentido del mismo ni mucho menos se plantean realmente un análisis crítico de la realidad que viven, son al parecer conformistas, por supuesto que quienes vivimos en una ciudad somos de entrada ya consumidores, a veces la sociedad no te deja realmente alterantivas viables para cambiar de manera individual una realidad prevaleciente, yo no esperaría que ningún escritor crítico a muchos activistas políticos en favor de una sociedad más justa hayan de vivir ajenos y margninados de la sociedad, en ese caso no tedrían ni la más mínima posibilidad de hacer oir su palabra, el problema de cavmbiar las cosas prevalecientes no es de la voluntad de un individuo, ni mucho menos de aquellos que pretendan marginarse de la sociedad, los fracasos de los movimientos contestatarios y marginalistas lo demustran un planteamiento así no tiene mayor efecto sobre el conjunto de la sociedad, se requiere que muchos asumamos estas valiosas críticas, que las aquilatemos en su valor, pues solo muy pocos hombres como es el caso de Galeano, y de muchos otros críticos de esta sociedad tienen el tezón y talen to necesario para entender los hilos profundos que mueven esta sociedad y los cuales la mayoría somos ciegos, mucho hay que agradecerles a estos intelectuales que nos aporten a todos esta compresnión creativa de la realidad, no importa si ese intelectual vive bien o se ha marginado, eso es lo de menos lo importante es que muchos actuemos en conjunto contra este estado de cosas donde prevalece el egoismo, el consumismo absurdo, la corrupción y la injusticia, es labor de muchos no de la voluntad de uno solo... Aporvechemos estos análisis porque iluminan el lado obscuro de una realidad que por lo común permanece oculta a nuestros ojos, aprovechemoslo y unámonos con otras gentes y otros grupos para iniciar ese cambio tan necesario en esta sociedad tan jodida, si no, no más asómense al campo mexicano, a los barrios pobres de nuestras ciudades adentrémonos en alguna actividad humanitaria y de inmediato aparecerá la realidad tal como es... aquella que los medios de información y la publiciadad no nos deja ver, aquella que los políticos corruptos se empeñan en maquillar...

Todos tienen algo de razon, por Eduardo (09/04/2007)

Galeano acierta cuando apunta a que de a poco han logrado transformarnos a todos en unos bobos consumidores de TV, un amigo lo resumía hace poco así "Homero Simpson ganó" sin embargo quienes le reclaman a los Galeanos mas honestidad en su propia vida suelen tener razón también, abundan los ecologistas que viven en un piso 10 y lo mas cerca que vieron una planta es un perejil en una maceta, sus hijos piensan que la leche sale en cajas del culo de las vacas, abundan los "compañeros" que escriben sus diatribas mientras la sirvienta les alcanza su cafecito, recostados en su cómodo sillón, muy lejos de ninguna herramienta. Muchos reclaman contra la globalización, pero se maravillan con la web, ?en que quedamos? lo que si es claro es que tiene profunda razon en como termina el articulo, el planeta no alcanza para que sus 6000 millones vivan con el lujo de EEUU, entonces... que hacemos? dejamos de consumir? les prohibimos a los chinos que sigan su vertiginoso paso, que pronto hará que todos tengan heladeras... saben cuantas heladeras se requeriran para 1300 millones de chinos? los matamos a todos antes de que lleguen? los exportamos a Marte? Tal vez habrá que ponerse a pensar un poco, largar la tele y discutir entre todos que Mundo queremos, luego que lo decidamos tendremos que quitar el poder a los poderosos y devolverlo a las ciudadanías, ya que solo ellas tienen el sentido común como para hacer lo que debe hacerse

sociedad de cosumo, por jose (05/08/2007)

Creo que el pesimismo de Galeano, su negativa postura ante este mundo administrado, abriga la esperanza de algo mejor y distinto. Como consumidor, parte de una familia, pudimos con mi mujer algunos pasos hacia la libertad: no tenemos tarjeta de credito desde hace 8 años, hace poco pudimos regular esta ansiedad de tener telefono para hablar por hablar, no consumimos cahatarra afuera de la casa. en fin ahora estamos en esto de lograr vencer la obligacion de tener cable, de tener television con 180 canales y solo ver dos. Podemos, se requiere valentia y decision. Se lo tentador que es armarse de un discurso y crearse una falsa conciencia al respecto, o ser empujado a la marginalidad y una vez en la misma, creerse distinto y sostenedores de filosofias de vida diferentes y combativas (cuando en el fondo somos un producto mas). Tambien soy consciente, que la lucha no se resume a un televisor, el telefono, la hamburguesa y el shopping; tenemos que recrearnos en otro sentido de vida, en otro camino y aqui entran en juego: que educacion procuramos a nuestros hijos, que buscamos en la vida nosotros, que valoramos en el dia a dia, un mundo de eceteras mas que hacen a nuestro existir y al compromiso de estar vivos de una manera autentica.

¿Quién sos Enríquez?, por María (09/02/2009)

No sé quién es Enríquez ni el otro que también discute, pero creo que si pensás que la literatura de Galeano tiene sentido de ser para despotricar contra el capitalismo y que eso debería llevarlo a dejar todos sus bienes (un poquito de equilibrio no vendría nada mal!), evidencia que nunca leíste a Galeano. Te comento que muchos más aparte de nuestros padres tienen la obligación de informarnos e interiorizarnos (no sé si escuchaste alguna vez las palabritas libertad y democracia!), soy Profesora de Literatura y precisamente es una de mis obligaciones (deberías leer aparte de galeano, la declaración de los derechos humanos y la Constitución Nacional).

También coincido con alguno de los comentarios en cuanto a que no todos tenemos libertad de elección (yo estoy frente a una computadora, pero muchos nunca usaron una ni conocen Internet), trabajo en un colegio ubicado en una zona de periferia sé de lo que hablo y me entristece mucho ver gente que no tiene posibilidades de elegir nada. Aprovechá el tiempo y ponete a leer!!


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