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Plantas de celulosa sobre el río Uruguay
24-03-07, Por Ricardo Carrere *

En su búsqueda de alternativas, la industria enfocó hacia el Sur. En materia de contaminación, ya existía una tendencia en el Norte a comenzar a trasladar sus industrias contaminantes a países pobres dispuestos a aceptar cualquier tipo de inversión. La producción de celulosa entraba claramente en esa categoría.

Plantas de celulosa sobre el río Uruguay. Un conflicto creado por la industria papelera del norte

En materia de contaminación, ya existía una tendencia en el Norte a comenzar a trasladar sus industrias contaminantes a países pobres dispuestos a aceptar cualquier tipo de inversión. La producción de celulosa entraba claramente en esa categoría. La industria tenía asimismo un problema en cuanto al abastecimiento de materia prima. Se necesitaba materia prima homogénea, que no existe en los heterogéneos bosques tropicales y subtropicales, pero sí se logra en monocultivos de árboles

Tradicionalmente, la producción de celulosa y papel se desarrolló en los países del Norte, en particular en Norteamérica (Estados Unidos y Canadá) y Europa. Las razones eran fundamentalmente dos: la abundancia de materia prima barata (los bosques) y un enorme mercado consumidor de papel y cartón.

Sin embargo, el crecimiento de la conciencia ambiental organizada en muchos de esos países comenzó a poner trabas a esta industria. Por un lado, la grave contaminación de lagos y cursos de agua vinculada a la producción de celulosa generó procesos de resistencia cada vez más fuertes, que obligaron finalmente a los gobiernos a imponer normas ambientales cada vez más estrictas a esta industria. Por otro lado, la paulatina desaparición de los bosques para su transformación en celulosa y papel fue el detonador para movimientos igualmente fuertes en contra de la destrucción de bosques resultante de esta industria, que también forzaron a los Estados a establecer límites a la explotación forestal.

Por su parte, la propia industria se había encargado de promover un creciente uso de papel y cartón en todos los sectores de la economía, en particular en embalaje y publicidad, por lo que todas las estimaciones sostenían que el consumo de papel y cartón continuaría creciendo. Frente a ese aumento previsto de la demanda, la industria se enfrentaba a un futuro incierto en cuanto al abastecimiento de materia prima (que se volvería por ende más cara), en tanto que su operatoria industrial se tornaba más costosa por los condicionamientos en materia de cuidado ambiental.

La mudanza al Sur

En su búsqueda de alternativas, la industria enfocó hacia el Sur. En materia de contaminación, ya existía una tendencia en el Norte a comenzar a trasladar sus industrias contaminantes a países pobres dispuestos a aceptar cualquier tipo de inversión. La producción de celulosa entraba claramente en esa categoría.

La industria tenía asimismo un problema en cuanto al abastecimiento de materia prima. Si bien en principio muchos árboles son aptos para la producción de celulosa, se necesitaba materia prima homogénea, que no existe en los heterogéneos bosques tropicales y subtropicales, pero sí se logra en monocultivos de árboles.

Desde la década de los ‘50, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) venía impulsando plantaciones de eucaliptos, pinos y otras especies de rápido crecimiento en los países del Sur y ya en la década de los ‘60 comenzaron a establecerse plantaciones en muchos países. La industria de la celulosa podía contar entonces con áreas plantadas y –más importante aún– con la experiencia acumulada sobre la adaptación de distintas especies a distintos tipos de ambientes y sobre su rapidez de crecimiento.

Si bien ya había plantaciones, lo que hacía falta era su expansión y concentración para hacer viable la instalación de grandes fábricas de celulosa. Es decir, se requería primero convencer a los gobiernos acerca de las ventajas de este tipo de emprendimientos, para luego lograr que estos adoptaran medidas de promoción.

Además de la FAO, en ese proceso intervinieron actores multilaterales como el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), empresas consultoras, agencias de cooperación, agencias de crédito a la exportación y la propia industria, a las que se sumó el apoyo casi irrestricto de la profesión forestal formada en la ideología de la FAO.

Todo ello con el objetivo de continuar abasteciendo un consumo excesivo de papel y cartón en el Norte. En efecto, el consumo anual per per en los países del Sur donde se instalan grandes plantaciones y se produce celulosa es mucho menor que el de los países del Nort: el de Chile es de 53 kilos, Sudáfrica 41, Uruguay 40, Brasil 38 e Indonesia 21, mientras el de Finlandia es de 430, Estados Unidos 331, Suecia 280, Canadá 263, Alemania 233 y Japón 250.1

El caso uruguayo

Uruguay es un caso típico. En la década de los ‘50 la FAO envió dos misiones al país, que recomendaron las plantaciones. En los ‘60 se aprobó la ley forestal, centrada en la promoción de monocultivos de eucaliptos y pinos. La ley no tuvo los resultados previstos debido a que no recibió financiamiento del Estado. En los ‘80 llega al país una misión de la Agencia de Cooperación Internacional de Japón, que elabora un “Plan Maestro” para la instalación de monocultivos forestales. En 1987 se aprueba una segunda ley forestal y el Estado adopta el Plan Maestro japonés como su propio plan forestal. El BM aporta los recursos financieros necesarios para la promoción. El Estado se encarga de definir tipos de suelos de “aptitud forestal” (aunque nunca estuvieron cubiertos de bosques) en los que se promueven plantaciones a expensas del ecosistema de pradera original. Las empresas reciben subsidios (se les devuelve al año el 50% del costo de plantación); exoneraciones impositivas totales y créditos blandos. En pocos años se llega así a una superficie plantada de 750.000 hectáreas. Si bien el Estado uruguayo nunca elaboró una política específica en materia del aprovechamiento de la madera plantada, resultaba claro que el objetivo de las plantaciones de eucalipto era la producción de celulosa. Desde el principio, las exportaciones de madera sirvieron para abastecer plantas de celulosa en Europa, de las mismas empresas que tenían en Uruguay sus plantaciones: Ence (España) y UPM/Kymmene (Finlandia).

A partir del año 2000 comienzan los rumores acerca de la posible instalación de las fábricas de celulosa de Ence y Metsa Botnia, que había comprado la parte de la multinacional Shell en las plantaciones que ésta había desarrollado con UPM/Kymmene.

El proceso se acelera y ambas empresas reciben el apoyo total del gobierno del Partido Colorado. Primero se aprueba la evaluación de impacto ambiental de Ence y en los últimos días de ese gobierno se aprueba la de Botnia. En ambos casos se realizan audiencias públicas, en las que las múltiples objeciones de la sociedad civil son ignoradas. En los estertores de su gobierno, el presidente Batlle otorga una zona franca a cada una de las empresas para que instalen allí sus fábricas.

Oposición interna y externa

Desde 1997, el grupo ambientalista uruguayo Guayubira se venía oponiendo activamente al avance de los monocultivos forestales. Cuando surgen los proyectos celulósicos, es el primero en oponerse, tanto porque implicarían la consolidación y ampliación del modelo forestal cuestionado, como por los impactos específicos de la industria de celulosa sobre la sociedad y el ambiente. Pese a la copiosa y fundada información documentada y difundida por Guayubira, tanto el gobierno colorado como el actual gobierno del Encuentro Progresista optan por ignorar los impactos ambientales y continúan dando su apoyo al modelo foresto-celulósico.

La oposición argentina surge mucho más tarde, recién a principios de 2005. Si bien ya antes había algunos grupos ambientalistas opositores, es recién entonces cuando el pueblo de la ciudad de Gualeguaychú se organiza contra las fábricas de celulosa que se instalarían del otro lado del río compartido entre ambas naciones, con las consecuencias ampliamente conocidas.

La intervención argentina, si bien fortalece la oposición a la instalación de estas industrias, debilita en cambio a la oposición uruguaya, convirtiendo lo que inicialmente era un conflicto interno en un enfrentamiento entre dos países, y despertando así el sentimiento nacional, lo que condena casi ostracismo a la oposición interna en Uruguay.

Tanto las organizaciones uruguayas como las argentinas (y su gobierno) han llevado la lucha a distintos ámbitos. La corporación financiera internacional pensaba financiar ambos proyectos, pero la presión ha evitado hasta ahora la aprobación de préstamos.

Organizaciones españolas están ejerciendo presión para que su gobierno no financie a Ence. Otras de diversos países lograron que el ING Bank no financiara a Botnia. La organización argentina CEDHA ha presentado demandas formales ante varios organismos, en tanto que el gobierno argentino presentó una demanda ante el Tribunal de La Haya, parcialmente desestimada (ver Villalpando, esta página). Pese a que Botnia continúa construyendo su planta como si nada pasara, lo cierto es que –como ha reconocido Ence– el futuro de estas plantas es aún incierto. El panorama se agrava incluso más ante anuncios de nuevos proyectos celulósicos para el país, entre los que se cuentan el de la empresa sueco-finlandesa Stora Enso, así como de inversores japoneses y canadienses.

Para los opositores uruguayos, el problema va mucho más allá de los monocultivos de árboles y estas dos fábricas de celulosa. Lo que está en juego es un modelo de país. Argumentan que el pueblo votó al actual gobierno porque prometió el cambio y que el modelo foresto-celulósico representa precisamente lo opuesto. Sostienen que la forestación concentra y extranjeriza la tierra, destruye los principales recursos del país (suelo, agua y biodiversidad) y genera menos empleo que cualquier otra actividad agropecuaria. A ello se suma que las fábricas de celulosa dan ocupación a muy poca gente, que destruyen fuentes existentes de empleo en los sectores de turismo, pesca, apicultura y agricultura orgánica, en tanto que los beneficios se van casi enteramente al exterior. Ese no es el modelo de país que el pueblo votó. www.ecoportal.net

* Ricardo Carrere
Coordinador Internacional del Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales
18 de octubre de 2006 (Publicado en Le Monde Diplomatique, Setiembre de 2006)
Rel-UITA / UITA


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Comentarios de los visitantes sobre este artículo

PASTERAS, por Ruben (25/03/2007)

Poco a poco, el conflicto va cambiando los actores en disputa. De una frontal confrontación contra el gobierno y pueblo uruguayos, los asambleístas han comenzado un viraje, apuntando sus baterías contra el tercero en discordia: Finlandia.
La estrategia de los asambleístas es clara. La avalancha de agresiones, insultos y declaraciones mordaces en contra de los uruguayos generaba un sentimiento opositor en el resto del pueblo argentino, históricamente hermanado con los orientales.
Los asambleístas, ciegos y xenofóbicos, realizaban declaraciones públicas donde alertaban sobre el riesgo que corrían los trabajadores argentinos, si se llegaba a realizar una masiva inmigración de uruguayos. Los comentarios capturados en video, en el documental de Montes-Bradley, mostraba a los asambleístas ironizando sobre la industria uruguaya y hablando despectivamente sobre el pueblo uruguayo.
Lamentablemente, para los asambleístas, el pueblo argentino rechazaba, una y otra vez, este tipo de estrategia.
La solución fue simple: cambiar la estrategia. No en forma radical, sino poco a poco. Se descartaron las movilizaciones frente a la embajada de Uruguay, pero se incrementaron los escraches frente a la embajada finlandesa y – de un tiempo a esta parte- la empresa Nokia.
Los carteles apuntando a nuestro país, con el título de “República Oriental de Botnia”, aún siguen firmes en la ruta entrerriana. Pero, cada vez más son los carteles que recuerdan “la hermandad entre los uruguayos y los argentinos”, junto con otros que apuntan sus dardos contra Finlandia, acusando a ese país de “imperio contaminador”.
La nota discordante la dio un sector del movimiento peronista, que pegó carteles en las paredes porteñas, con la frase “Uruguay, siempre fuiste traidor”. Hechos puntuales, fruto de la campaña de marketing que vinieron realizando los asambleístas en contra de Uruguay, su turismo, su industria, su gobierno y su pueblo.
El CEDHA intentó, vanamente, incorporar al gobierno de Finlandia en cada declaración o petición que realizó ante organismos internacionales.
Los nuevos “estudios técnicos” presentados para apoyar la postura de los asambleístas apuntan a desvirtuar a Finlandia, sembrando dudas sobre la sustentabilidad ambiental de ese país y encerrando entre interrogantes cualquier informe técnico que detalle la disminución de la contaminación en Finlandia y países vecinos.
Por ejemplo, se puede apreciar esta estrategia en el informe de Lázaro Cafferata y José Caram, titulado “¿Las fábricas de celulosa son realmente una amenaza para el ecosistema del río Uruguay?”.
En el informe de los profesionales argentinos, se vierte un comentario sobre un estudio realizado en Finlandia, más precisamente, en el Golfo de Botnia. El estudio se tituló “Organic Chemicals in the Aquatic Environment. Distribution Persistence and Toxicity” (ISBN 0-87371-597-7) y fue realizado por A.H. Neilson.
¿La fecha del estudio? 1994!
1994. Siete años ANTES del inicio de las conversaciones para definir la nueva legislación ambiental europea, que entrará en vigencia a partir de octubre de este año.
1994. Una época donde la industria de la celulosa, en todo el mundo, aún dependía en gran medida del método de blanqueo con cloro elemental.
Un informe técnico, que se presenta en el año 2007, y analiza una moderna planta de celulosa que se inaugurará a fines de este año, exige rigor científico. Y, sin lugar a dudas, lecturas de estudios realizados en fechas más recientes.
Si se desea presentar información sobre el estado actual del Mar Báltico y del Golfo de Botnia, lo lógico sería analizar no un estudio publicado hace más de 12 años, sino elegir uno de los cientos de estudios técnicos que periódicamente se publican año tras año.
En el caso particular del Mar Báltico, se puede acceder a los informes de HELCOM (Helsinki Convention), que ofrece un completo sitio web, lleno de documentos con datos actualizados e información detallada.
Uno de los informes, denominado “Vertidos atmosféricos de dioxinas y furanos al Mar Báltico”, permite analizar las emisiones de dioxinas y furanos de los países que cuentan con costas en el Mar Báltico. En él, se destaca un dato muy importante: las contribuciones más importantes de PCDD/Fs al Mar Báltico provienen de Alemania, Polonia y Rusia. Los dos países relacionados, en diferente grado, con el conflicto rioplatense, Finlandia y Suecia, ostentan bajísimos niveles de emisión de dioxinas y furanos.
Y, para pesar de los asambleístas, el sector donde más se ve la disminución de las emisiones de PCDD/Fs en el Mar Báltico es, justamente, en el Golfo de Botnia.
Finlandia, uno de los líderes mundiales en producción de pasta de celulosa, emitió, entre los años 1990 y 2004, un promedio de 32 gramos TEQ por año.
Suecia, otro país que cuenta con una importante industria celulósica, emitió, en el mismo período, un promedio de 39 gramos TEQ por año.

Plantas de Celulosa, por Benjamin Bof (26/03/2007)

Muy bien Ruben, Ricardo Carrére al igual que su patrón José Mujica y su socio Victor bachetta son devotos del culto a la vagancia. No trabajaron nunca y son fracasados reconocidos. Mujica con su prédica soez y grosera no tuiene vergüenza de apoyar a los "asambleistas" que son una forma nueva de guerrilla. Por suerte el gobierno uruguayo impidió los actos programados por los "piqueteros mediáticos" de Greenpeace. Argentina no tiene ningún derecho sobre lo que se haga en territorio uruguayo. Es una calamidad pública que la ley de bosques argentina sea impulsada por el terroerista Miguel Bonasso con el apoyo de los intrusos Greenpeace. El diputado salteño Carlos Sosa dijo que cuatro atorrantes no van a enseñarle sobre bosques refiriéndose a los integrantes de Greepeace que no son arte ni parte en ninguno de los problemas. Los "tupas" pretenden "inventar" un conflicto militar por los recursos y ya el CNIM bernardo Schweizer le envió una carta a sus camaradas uruguayos sobre el asunto que le costó la baja. benjamin Bof

Plantas de Celulosa sobre el Río Uruguay, por Ricardo Carrere (01/04/2007)

Don Ricardo Carrere. Siga para adelante. No haga caso a los comentarios de los malintencionados de siempre. "Ladrán Sancho ...". Al final, y falta poco, se verá quien tenía la razón. Cuando Botnia empiece a funcionar, y la atmósfera y el Río lo sufran, veremos donde están los que ahora la defienden. Hoy hay que tomar notar y acordarse de quienes la han defendido. Han sido muchos. No hay que olvidarlos.

Enrique.

Mar Baltico Juventud Conciencia.., por Dr. Marcos Sommer (02/04/2007)

02.04.2007 Mar Baltico. En el segundo piso del liceo Jenny Niström de Kalmar, pequeño puerto del sudeste de Suecia, se encuentra el laboratorio reservado al curso de sensibilización a la ecología. Su limpieza es impecable. En los estantes se observan instrumentos diversos, muchos fabricados por los propios alumnos, que sirven para analizar las muestras recogidas durante salidas escolares. En un rincón, hay un hornillo con dos recipientes de vidrio que contienen líquidos amarillentos: "Es un experimento que estamos haciendo ahora", explica Sven Åhlin, profesor de ciencias naturales, que precisa que los alumnos están analizando el agua de un estanque cercano a Kalmar, pues podría contener productos sospechosos.
Resultados alarmantes
Estas pruebas son mucho más que una práctica escolar, pues brindan testimonio de un interés verdadero de los alumnos por el medio ambiente. Y no es cosa nueva: desde la inauguración del centro escolar, en 1992, Åhlin acompaña cada año a sus alumnos a recoger muestras en el mar Báltico para observar la calidad del agua.
Y los resultados son peor que malos. "Los niveles de fósforo y nitrógeno no cesan de aumentar", indica el profesor, que habla incluso de "eutrofización del mar Báltico". Desde que hace más de 20 años se instaló en la isla de Oland, frente a Kalmar, Åhlin comprobó otros cambios no menos dramáticos: "Varias especies de peces están desapareciendo y la fertilidad de las aves decrece en forma constante", lamenta. No es el único en alarmarse. Con motivo de la Cumbre Europea de ministros de Medio Ambiente el 10 de marzo de 2005 en Bruselas, la ministra sueca, Lena Sommestad, alertó también a sus colegas europeos. Al referir las inquietantes conclusiones de un informe publicado en marzo en Estocolmo, Sommestad estimó que sin una movilización rápida y eficaz, las aguas del Mar Báltico, de tan contaminadas, pronto ya no podrán salvarse.
Sin embargo, Åhlin, que ronda la cincuentena, rechaza el pesimismo. Por el contrario, está convencido de que "el porvenir está en manos de los jóvenes". Entre otras, razones también por ello escogió, desde 1992, participar con sus alumnos en el proyecto del mar Báltico. Fundado tres años antes, el proyecto es el resultado de una Conferencia de Ministros Europeos de Educación organizada en 1988, en la sede de la UNESCO en París. En aquella ocasión, los ministros presentes lograron ponerse de acuerdo en dos puntos: por una parte, admitieron la necesidad de mejorar la calidad de las aguas del Báltico y por otra, manifestaron el deseo de incrementar las relaciones entre los jóvenes de la región.
Con muy buen criterio, la Comisión finlandesa para la UNESCO invitó a Helsinki, en mayo de 1989, a representantes del conjunto de países ribereños del Báltico. Les propuso elaborar un proyecto para "alentar a las escuelas ubicadas en países ribereños del mar Báltico a reflexionar juntas sobre los problemas del medio ambiente que enfrentan la región y sus habitantes". La iniciativa, patrocinada por la Red de Escuelas Asociadas de la UNESCO, recibió una acogida favorable.
Intercambios escolares
Quince años después, más de 200 centros escolares participan en el proyecto en Suecia, Finlandia, Dinamarca, Polonia, Alemania, Rusia y los tres países bálticos. Y, si bien desde 1989 el objetivo no evolucionó, el proyecto hace ahora hincapié en la noción de desarrollo sostenible. Así, precisa el coordinador sueco del proyecto, Martin Westin, "la meta es ayudar a los alumnos a comprender los aspectos científicos, sociales y culturales de las relaciones entre el hombre y la naturaleza".
Más aún, la sensibilización a la ecología del proyecto tiende a estimular la colaboración entre alumnos de diferentes países. Desde hace varios años, Åhlin colabora con los liceos de dos ciudades hermanadas con Kalmar, en Lituania y en Rusia. Estos centros pronto no participan todavía en el proyecto del mar Báltico pero que pronto adherirán a la Red de Escuelas Asociadas de la UNESCO. En mayo de 2003, una treintena de alumnos del liceo de Zelenogradsk, de la provincia rusa de Kaliningrado, pasaron una semana en Kalmar y el otoño siguiente recibieron a sus compañeros suecos.
Pese a las aprensiones del comienzo "pronto nos dimos cuenta de que a pesar de nuestras diferencias culturales, teníamos idénticos valores", relata María. "Todos teníamos un mismo objetivo, luchar para proteger nuestro medio ambiente", añade Stina. Therese Henriksson, alumna del último curso de bachillerato que participó en septiembre en la conferencia de Nacka, cerca de Estocolmo, organizada por la coordinación general del proyecto del mar Báltico, comparte la misma opinión. Durante una semana, un centenar de jóvenes oriundos de los nueve países que bordean ese mar y los de la región del Lago Victoria, en África, estudiaron el...

botnia, por fernando (02/04/2007)

solo estamos esperando que los argies (como les decian los ingleses) nos ataquen, ya que estan desplegando sus tropas mas cerca de la frontera con nosotros....es solo esperar.

Mar Baltico (continuación) , por Dr. Marcos Sommer (03/04/2007)

Pese a las aprensiones del comienzo “pronto nos dimos cuenta de que a pesar de nuestras diferencias culturales, teníamos idénticos valores”, relata María. “Todos teníamos un mismo objetivo, luchar para proteger nuestro medio ambiente”, añade Stina. Therese Henriksson, alumna del último curso de bachillerato que participó en septiembre en la conferencia de Nacka, cerca de Estocolmo, organizada por la coordinación general del proyecto del mar Báltico, comparte la misma opinión. Durante una semana, un centenar de jóvenes oriundos de los nueve países que bordean ese mar y los de la región del Lago Victoria, en África, estudiaron el problema de la eutrofización y sus consecuencias en la supervivencia del atún.
Antes de ir a Nacka, cada centro educativo invitado a la conferencia elaboró propuestas para luchar contra el desastre que amenaza el mar Báltico. “Casi 70% de las tierras cultivadas en Suecia producen forraje”, explica Therese. “Sería conveniente reducir la producción de carne y por tanto la producción forrajera para disminuir el empleo de abonos cuyos residuos luego se encuentran en los ríos y el mar”. La sugerencia se discutió en los seminarios organizados a lo largo de la semana y que contaron con la presencia de científicos, que prestaron gran atención a las propuestas de los jóvenes. Más información sobre el Mar Baltico: http://www.arpalombardia.it/new/live/percorsi/eea/pdf/cap6.pdf
Atte. Sommer www.oceanografossinfronteras.org

Para Fernando el Botnio, por Fernando (05/04/2007)

Estimado Fernando el Botnio: No te preocupes por los argies (no sabía que también eras inglés), ya nos invadieron los fineses, somos República Oriental de Botnia, por eso, quizás te convenga hacerte el botnio. Te entiendo. Te compadezco.

Enrique, un oriental de Artigas, no de Erkki Varis.


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