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de ago, 2008 |
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Monsanto y Ministerio de agricultura de Chile anucian agresión a la agricultura campesina y a la ciudadanía
04-04-07,
El 26 de marzo recién pasado, la empresa transnacional Monsanto y el Ministerio de Agricultura anunciaron que Monsanto ha elegido a Chile para sembrar hasta 20.000 hectáreas de soya transgénica para la producción de semillas. Monsanto además indica su intención de introducir en Chile maíz y papas transgénicos.
CLOC - Via Campesina Chile, representada por la Asociacion Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (ANAMURI), la Confederación Nacional Ranquil y Plataforma Rural por la Tierra, junto a la Alianza por una Mejor Calidad de Vida, representada por la Red de Acción en Plaguicidas y sus alternativas para América Latina (RAPAL), OLCA y CIAL, informan a las organizaciones sociales y a la ciudadanía que:
El 26 de marzo recién pasado, la empresa transnacional Monsanto y el Ministerio de Agricultura anunciaron que Monsanto ha elegido a Chile para sembrar hasta 20.000 hectáreas de soya transgénica para la producción de semillas. Monsanto además indica su intención de introducir en Chile maíz y papas transgénicos. De acuerdo a entrevista publicada en El Mercurio, la iniciativa tiene el pleno apoyo del Ministerio de Agricultura
El Ministro de Agricultura y el representante de Monsanto intentan presentar la producción de semillas transgénicas como una gran oportunidad para los agricultores, especialmente los pequeños. Ninguno de los dos menciona que la producción de soya transgénica en los demás países del Cono Sur ha significado la desaparición de miles de familias campesinas, el abandono del campo, la pérdida de la tierra y la intoxicación de miles de personas, hasta la muerte de niños y adultos. Monsanto se caracteriza por imponer contratos abusivos -incluso por sobre la ley- que reglamentan cada paso del proceso productivo, obligan al consumo de glifosato y otros pesticidas de Monsanto y dan poder a la transnacional para inspeccionar cada detalle de la actividad agrícola y comercial de quienes acepten trabajar con ellos, incluso si tales detalles no tienen relación con el contrato con Monsanto. Monsanto ha demandado judicialmente a cientos de agricultores canadienses, estadounidenses y argentinos que no han podido cumplir con las cláusulas abusivas, llevando a la ruina y a la pérdida de la tierra a muchos de ellos.
La iniciativa de Monsanto se suma a otras agresiones en contra de la Soberanía Alimentaria de los pueblos, a la agricultura campesina y la salud de todos los chilenos. Los actuales programas de INDAP y del Ministerio de Agricultura continúan embarcando a las familias campesinas en aventuras productivas en función de los intereses de las transnacionales, ejerciendo presión para eliminar la diversidad de la producción campesina y encadenarla a las grandes empresas agroexportadoras, agravando así el endeudamiento y pérdida de la tierra por parte de los campesinos. La producción agroexportadora continúa basándose en la explotación extrema de trabajadores y especialmente trabajadoras temporeras, y en la contaminación del ambiente y las personas.
Monsanto es la mayor productora de semillas transgénicas en el mundo y una de las más grandes productoras de agrotóxicos, incluyendo el “agente naranja”, utilizado como arma química en Vietnam durante la invasión por parte de Estados Unidos. Es también el mayor impulsor de semillas “Terminator”, es decir, semillas estériles que obligan a los agricultores a comprar semilla año tras año. Desde 1996 ha desarrollado una estrategia de contaminación transgénica deliberada de cultivos y alimentos, que ha incluido el contrabando de semillas, la violación de normas de seguridad y el soborno directo a funcionarios gubernamentales.
Así como Monsanto ha promovido la contaminación genética, el Estado chileno tiene una larga historia de incapacidad o desinterés para evitarla. A pesar de que en Chile la ley prohíbe los alimentos transgénicos, las grandes empresas alimenticias han introducido por años alimentos y materias primas transgénicas. Cuando una decisión judicial del 2002 aplicó la ley y ordenó retirar del comercio todo alimento con contenido transgénico, la SOFOFA indicó que eso era imposible, ya que habría que retirar cerca del 75% de los alimentos envasados. El gobierno por su parte, en vez de aplicar la ley, emitió un decreto, permitiendo oficialmente la contaminación transgénica de nuestra alimentación. Incluso en el 2003, levantó la prohibición de incluir materiales transgénicos en los alimentos para niños. Todos los chilenos estamos consumiendo alimentos transgénicos sin que siquiera se nos permita informarnos al respecto y nuestras posibilidades de acceder a productos campesinos sanos y variados están siendo destruidas por políticas agrícolas en favor de las grandes cadenas de supermercados.
La falta de fiscalización se combina además con la falta de transparencia. El SAG se ha negado a informar sobre la ubicación de los cultivos transgénicos en Chile, y a decir quién o quiénes son los funcionarios que finalmente autorizan tales cultivos. Dado el historial de Monsanto, no nos sorprendería que la falta de transparencia de pie para que Monsanto en cooperación con el Ministerio de Agricultura cree programas “reservados” (secretos) para enrolar agricultores en la producción de transgénicos, ya sea a través del ofrecimiento de créditos o alguna otra forma de presión.
Chile ya fue sindicado como fuente de contaminación algunos años atrás, al descubrirse contaminación en bancos de germoplasma de Estados Unidos que habían reproducido su semilla en nuestro país. El caso demostró que en Chile no se cumple con mínimas normas de seguridad y la fiscalización es deficiente. Las 20.000 hectáreas anunciadas por Monsanto y la posible introducción de maíz y raps multiplican de manera dramática las posibilidades de contaminación. La producción de semillas transgénicas producirá además una gran cantidad de granos de desecho, los que debido a la falta de fiscalización probablemente irán a parar a la alimentación animal o a la producción de aceite para consumo humano, agravando así la contaminación transgénica de alimentos en el país. Si Chile adquiere fama de país contaminado genéticamente, corren riesgo inmediato las exportaciones de semillas, miel, alimentos envasados, productos pecuarios y el conjunto de la producción agropecuaria orgánica. Ante esta amenaza, la aseveración del gobierno que es posible la coexistencia de cultivos transgénicos, no transgénicos y orgánicos carece de fundamento técnico y económico.
Resaltamos que lo que Monsanto intenta hacer no se traduce necesariamente en mayor producción de alimentos, ni para Chile ni para otros países. La introducción de transgénicos en Chile significará la presencia de cultivos tóxicos, no aptos para el consumo humano, como el maíz para la producción de biocombustibles o de fármacos de distinto tipo.
Es alarmante también que el representante de Monsanto diga que producirán en Chile porque aquí se respeta la propiedad intelectual, y que pida reglamentación para el cultivo de transgénicos. Chile en este momento está elaborando las llamadas normas de bioseguridad que reglamentarán los organismos transgénicos en el país. Adicionalmente, producto del tratado de libre comercio con Estados Unidos, Chile se encuentra a las puertas de cambiar su ley de propiedad industrial y permitir el patentamiento de semillas y animales. Las declaraciones del representante de Monsanto son parte de la presión política que esta y otras transnacionales junto al gobierno de Estados Unidos están haciendo sobre el gobierno y el parlamento chilenos, a fin de obtener las máximas garantías para operar en Chile. Entre otros, buscan la absoluta libertad para el cultivo y consumo de transgénicos, junto a leyes que convertirán en delito la pra?tica milenaria de reproducir libremente animales y semillas.
Informamos a la opinión pública, al Parlamento y al Gobierno que desde hoy nos movilizaremos para impedir que Chile se convierta en un peón más de la Monsanto. Creemos que el gobierno debe cumplir con el deber de proteger la salud, la producción de alimentos, el medioambiente y el bienestar de los chilenos, especialmente de sus sectores sociales más pobres y agredidos. Igualmente creemos que el parlamento tiene el deber de fiscalizar la actividad gubernamental e impedir que el Ministerio de Agricultura apoye a empresas transnacionales en desmedro del bienestar y el futuro de todos nosotros.
Llamamos a los campesinos y sus organizaciones, a los movimientos sociales y a las ciudadanas a movilizarse junto a nosotros, para que gobierno y parlamento cumplan con su deber, y para que la presión social impida que Monsanto nos sume a su larga lista de abusos. www.ecoportal.net
Santiago, abril 2007
Isabelle Delforge http://www.viacampesina.org
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Comentarios de los visitantes sobre este artículo
supersticiones transgénicas, por
jose manuel henriquez (05/04/2007)
En Chile el tema de los cultivos transgénicos no está zanjado. Porque la verdad es que una discusión seria aún no se ha hecho. Pero las afirmaciones de que existen tantos peligros de "contaminaciòn" o intoxicación por estas semillas, además de ser tremendamente vagas e imprecisas, deberían ser respaldadas, al menos con uno de esos "numerosos estudios" que siempre se mencionan, para que los mortales comunes podamos también enterarnos del asunto; (la cuestión es citar y entregar datos, porque todo lo demás es cháchara). Lo que todo el mundo sabe es que al alimentarnos de otros organismos, no adquirimos ninguna de sus características génicas ni sus mutaciones, porque (obvio), la herencia no se trasmite por vía alimentaria. Sin embargo, y a falta de datos más precisos, bastaría con saber que en la actualidad, ya mucha de la soja que se consume en el mundo es de origen transgénico, y un porcentaje igualmente significativo del maiz también lo es. Además sabemos que la soja es la principal y más importante fuente de proteina vegetal de alta calidad con que se cuenta en la actualidad, y el maiz constituye el más importante de los forrajes: por lo tanto la conclusión debe ser obvia; si los alimentos de origen transgénico ( o genéticamente modificados) fueran peligrosos para la salud, ya se habría visto, sobre todo en Estados Unidos, donde se consumen sin limitación. Si nuestro inteligentísimo gobierno nos tiene prohibido consumir alimentos de origen transgénico, igual importamos enormes cantidades de maiz y soja desde Argentina con los que alimentamos pollos y chanchos, que de todas maneras terminan en la parrilla y en la mesa. Es decir, por vía indirecta estamos comiendo maiz transgénico, y hasta el momento ¿.......se ha sabido de algún problema?. Obvio que No.
En cuanto a que el desarrollo de la transgenia , toda vez que introduce cultivos modificados genéticamente que pueden contaminar de forma irreversible los cultivos y flora nativa, alterando toda la cadena alimentaria., como tantas veces se ha dicho esta es una aseveración temeraria que amerita un análisis.
Porque, planteándolo profesionalmente: ¿De qué manera un cultivo transgénico podría "contaminar de forma irreversible los cultivos y la flora nativa" (alterando toda la cadena alimentaria)?. ¿Acaso fecundando a la vegetación circundante? ¿se entiende la inconsistencia de esta afirmación?. Para entender el fondo del asunto hay que repasar conceptos; para empezar, Especies diferentes pero genéticamente muy afines pertenecen a un mismo género; y en este caso es posible y hasta frecuente la fecundación cruzada interespecífica con descendencia más o menos fértil, pero que no llega a constituir especies en sí misma. Del mismo modo, géneros diferentes pero genéticamente afines se agrupan en familias, (y las familas forman órdenes, y etc etc). El punto es que la hibridación intergenérica no se da espontáneamente en la naturaleza, es decir, especies de distinto género no se fecundan naturalmente entre sí (salvo un caso artificial, mencionado más adelante). Imaginemos un cultivo transgénico de soya: (Llamado Glycyne soja o Soja hyspida), ¿a qué otro cultivo podría "contaminar"?; ¿al poroto común (que es Faseolus vulgare)? No; ¿hay alguna especie natural del género (Soja o Glycine), creciendo silvestre en nuestros campos que pueda ser "contaminada" con polen transgénico? la respuesta es No; ¿cuando se ha visto polinización exitosa intergenérica (entre especies de distintos géneros) libre en la naturaleza? La respuesta es fácil: NUNCA. No hay caso registrado en la ciencia agrológica, salvo el muy artificial Tritical* producto de hibridación ARTIFICIAL entre trigo (Triticum vulgare) y centeno (Cecale cereale). (*El tritical es una especie de gramínea artificial creada por el hombre en la década de los 60, que fué un hito en la batalla mundial contra el hambre en Asia (cuando Asia era pobre); en los hechos la primera especie artificial, y el primer cultivo transgénico; todavía se cultiva). Pero, aun cuando es posible que se produzca, -espontáneamente en la naturaleza,- fecundación polínica entre especies diferentes (del mismo género), es prácticamente imposible que ello ocurra entre especies de géneros distintos (nunca visto). Por lo tanto, si no hay una especie silvestre del género Soja (o Glycine), no hay peligro alguno de "contaminación" con la soja transgénica. Otro caso: si estamos cultivando un maiz (Zea mays) transgénico ¿a qué otra planta podría "contaminar"?, existe alguna especie del género Zea silvestre en nuestros campos? la respuesta es no. No existe. Pero aún así, supongamos que los cultivos transgénicos sí pudieran fecundar ("contaminar") a otros cultivos de la misma especie: por ejemplo, desde un maiz transgénico se poliniza sembrados vecinos: estos pueden ser de semilla comercial o rústica...
conclusión de lo anterior, por
jose manuel henriquez (05/04/2007)
Pero aún así, supongamos que los cultivos transgénicos sí pudieran fecundar ("contaminar") a otros cultivos de la misma especie: por ejemplo, desde un maiz transgénico se poliniza sembrados vecinos: estos pueden ser de semilla comercial o rústica. En el primer caso sabemos que el cultivo perderá sus características sobresalientes a la siguiente generación, por lo que prácticamente nadie resiembra semillas hijas de híbridas; ahí se termina el problema. En el segundo caso, si el polen del transgénico transmitió una característica nueva a la variedad rústica ¿a quién perjudica eso?, si los transgénicos se hicieron para agregar características DESEABLES a los cultivos, no tendrá nada de malo que aquellas características (deseables) se trasmitan espontáneamente a los cultivares rústicos. El último caso posible es que un transgénico se cultive en un area donde efectivamente haya alguna especie silvestre del género: por ejemplo, si se cultivan frutillas transgénicas en las montañas valdivianas, existe la poibilidad de fecundación cruzada con la especie primigenia (Fragaria chilensis). En este caso, el más infrecuente, aun cuando no tendría nada de malo que la especie silvestre adquiriera una característica de la variedad comercial, perfectamente se podría hacer una reserva genética para mantener el genotipo original en estado puro. Se pueden hacer bancos de genotipos primigenios y ponerlos a cargo de instituciones idóneas, sean públicas o privadas. Sería algo sin la menor complicación. La ingeniería genética, la biotecnología, la transgenia, y todo el desarrollo conexo, están configurando una nueva etapa de la "revolución verde", y por ende de la "revolución industrial". Los organismos genéticamente modificados (OGM) son la frontera actual de la aventura tecnológica de la humanidad. No hay ninguna duda de que en el futuro algunos procesos industriales muy contaminantes (hoy en día) podrán ser realizados limpiamente por bacterias GM, ni que se dispondrá de cultivos transgénicos de uso múltiple, que en la misma planta producirán grano, fibra, fijación de nitrógeno, etc., con el consiguiente ahorro de tierras, energía, tiempo y esfuerzo. No podemos cerrar los ojos a esta realidad.
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