El crecimiento de la industria de biocombustibles ha desencadenado incrementos no sólo en los precios del maíz, de semillas oleaginosas y otros granos, sino también en los precios de cultivos y productos aparentemente no relacionados.
Alimentos versus combustibles
“Hambre” fue una de las palabras más escuchadas esta semana. La Cumbre de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO), llevada a cabo en Roma, mostró a las claras que el problema del alza en los precios de los alimentos más básicos incrementa en cientos de millones las estimaciones de la población mundial con graves problemas de déficit alimentario.
La gran crisis en torno a los precios de los alimentos es una oportunidad para recapacitar sobre estrategias de prevención, declaró Ban Ki- Moon: "Sólo si actuamos juntos y como socios podremos superar esta crisis hoy y para el futuro".
Pero no se trata de una crisis que se solucione sólo con buenas intenciones. Jacques Diouf, director de la FAO, dejó en claro que los gobiernos no pueden confiar en las fuerzas del mercado para contrarrestar la suba de precios de los alimentos, y que se requerirá una clara voluntad política para aumentar la producción del agro.
Este aumento vertical de precios se debe a una conjunción de factores entre los que se encuentra el aumento de precios de los fertilizantes y del petróleo.
Es muy pernicioso también el papel de los especuladores en esta crisis, que se han lanzado a buscar oportunidades en los mercados de materias primas y alimentos.
Los famosos mercados a futuro, que tanto preocupan a un sector de los productores argentinos no son, ni más ni menos, que una timba financiera en la que la mayoría pierde mientras un pequeño grupo hace fortunas en muy poco tiempo.
La terrible combinación de altos precios del petróleo y de subsidios gubernamentales muy generosos en los Estados Unidos, ha logrado que el etanol derivado del maíz esté de moda como combustible.
El crecimiento de esta industria trajo como consecuencia que un porcentaje cada vez mayor de la producción de maíz se utilice para alimentar los molinos que producen etanol. Según algunas estimaciones, las plantas de etanol consumirán la mitad del abasto interno estadounidense de maíz en unos cuantos años.
Su demanda llevará los inventarios de maíz del 2008 a sus niveles más bajos desde 1995, año de una terrible sequía. Puede ser que, pronto, el histórico estado maicero de Iowa se convierta en un importador neto de maíz.
El enorme volumen de maíz requerido por la industria del etanol está produciendo alzas a través de todo el sistema de alimentos.
Estados Unidos representa por sí solo el 40% de la producción total mundial de maíz y más de la mitad de todas las exportaciones del grano.
Los precios del trigo y el arroz también se han incrementado a sus máximos en décadas; pese a que se usan cada vez más como sustitutos del maíz, los agricultores están plantando más hectáreas con maíz y menos con otros cultivos.
Esto podría parecer el paraíso para los productores, pero difícilmente lo será para los consumidores, en especial en los países pobres en vías de desarrollo que se ven sacudidos por un doble golpe, ya que se mantienen altos los precios de los alimentos y del petróleo.
El presidente mexicano Felipe Calderón realizó un anuncio con medidas para contener el precio de productos como la tortilla, alimento básico de las clases bajas mexicanas, que se realiza a base de maíz.
Funcionarios del país aseguran que se está haciendo el mejor esfuerzo para evitar que se sigan incrementando los precios, eliminando aranceles, dotando de apoyo a los industriales del ramo con subsidios para el transporte de maíz, entre otras cosas.
Con un precio tan alto de materias primas, la locura por el biocombustible sigue presionando significativamente a otras áreas del sector agrícola.
El crecimiento de la industria de biocombustibles ha desencadenado incrementos no sólo en los precios del maíz, de semillas oleaginosas y otros granos, sino también en los precios de cultivos y productos aparentemente no relacionados.
El uso de la tierra para cultivar maíz y así alimentar la voracidad del nuevo combustible, está reduciendo la cantidad de terrenos destinados a otros cultivos.
Los precios al alza de los alimentos también están golpeando a las industrias del ganado y las aves de corral.
En Estados Unidos, algunos estudios demuestran que los costos más altos de alimentos hicieron que los rendimientos caigan drásticamente, en especial en los sectores de las aves de corral y los porcinos.
De seguir bajando los rendimientos, la producción declinará y se elevarán los precios de pollos, pavos, cerdos, leche y huevos.
En los próximos años muchos productores de porcinos de Iowa podrían salir del mercado viéndose obligados a competir con las plantas de etanol por el abasto de maíz.
Si el precio del petróleo sigue alto, lo cual es muy probable, las poblaciones más vulnerables a las alzas de precios acarreadas por el auge de los biocombustibles serán las que viven en países que padecen insuficiencia de alimentos e importan petróleo.
Se prevé que los precios de las oleaginosas, como la soja y las semillas de girasol, se eleven un 26% hacia 2010 y un 76% hacia 2020, y los precios del trigo en un 11% para 2010 y un 30% hacia 2020.
En las partes más pobres del África subsahariana, Asia y América Latina, donde la mandioca es un alimento básico, se espera que su precio ascienda en un 33% hacia 2010 y un 135% hacia 2020.
Varios estudios realizados por economistas del Banco Mundial y otras instituciones indican que el consumo calórico entre los pobres del mundo desciende casi medio punto porcentual siempre que los precios promedio de todos los alimentos básicos más importantes suben un 1%.
Cuando un alimento básico sube de precio la gente trata de cambiarlo por uno más barato, pero si suben los precios de casi todos los básicos., no les queda ninguna alternativa.
¿Deberían utilizarse los cultivos de maíz y la semilla de soja como combustibles?
Las semillas de soja y especialmente el maíz son cultivos en hilera que contribuyen a la erosión del suelo y a la contaminación del agua, y requieren grandes cantidades de fertilizantes, plaguicidas y combustible para su crecimiento, cosecha y secado.
Son la principal causa del escurrimiento de nitrógeno (el dañino derrame de nitrógeno de los campos cuando llueve), del tipo que ha formado la llamada zona muerta en el Golfo de México, un área oceánica del tamaño de Nueva Jersey con tan poco oxígeno que casi no permite la vida en sus límites.
Son muchas las preguntas sin respuesta y los problemas de difícil solución. No somos el ombligo del mundo y nuestras dificultades están inmersas en una problemática que nos excede.
Si no vemos la real magnitud del tema, no encontraremos soluciones a nuestros pequeños problemas caseros. www.ecoportal.net
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