Ante la injusticia climática, los desafíos globales del conjunto del planeta son enormes y exigen una especial responsabilidad de los estados así como la movilización de la sociedad civil mundial. “Si no logramos reducir las emisiones de gas de efecto invernadero y limitar a 2 grados el aumento de la temperatura mundial, el hambre, la sequía, y los conflictos serán incontrolables”
El ecosistema planetario está en cuarentena. La principal amenaza es el acelerado calentamiento climático. Y las víctimas más golpeadas son las poblaciones desfavorecidas del Sur.
Tesis central del seminario internacional organizado el pasado viernes 20 de junio por Acción Cuaresmal y Pan para el Prójimo, en Berna, Suiza.
Cerca de dos cientos participantes provenientes del mundo de la cooperación al desarrollo y de las organizaciones ecologistas participaron en el debate.
Inaugurado por el Consejero Federal -miembro del ejecutivo colegiado- Moritz Leuenberger, ministro del medio ambiente, transporte, energía y comunicación.
Quien subrayó la responsabilidad principal de las naciones desarrolladas en la actual emergencia climática. Incluida Suiza, que para coadyuvar al mejoramiento de esta situación, “se comprometió a reducir las emisiones de CO2 en un 20 % hasta el año 2020”, señaló.
Leuenberger recordó la importancia de promover bio-carburantes y de crear “semáforos sociales” en la búsqueda de soluciones.
Estas opciones no deben “amenazar la alimentación de la población mundial”, sujeta muchas veces, incluso, a “especulaciones financieras y bursátiles”, enfatizó el ministro suizo.
Reconociendo la brecha creciente entre el Norte y el Sur, Moritz Leuenberger, apostó “los esfuerzos para reducir el cambio climático sobre la base de una real solidaridad mundial”.
“Justicia climática”
“El cambio climático es una de las causas principales de las catástrofes naturales en aumento y del caos producido por la inseguridad alimenticia”, subraya en entrevista exclusiva la antropóloga costarricense Lorena Aguilar, Consejera mundial de género de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
Y ese cambio climático “no se mide solamente con los dos grados de temperatura media en aumento que amenaza al ecosistema, sino con los miles de millones de rostros humanos que lo padecen”, enfatiza.
Subrayando el impacto de género de los cataclismos. “Cuatro de cinco de las víctimas mortales en los desastres naturales en el Sur son mujeres. El 70 % de las personas más pobres también son mujeres”, enfatiza.
Lorena Aguilar, una de las dos invitadas de América Latina y el Caribe que participaron en el seminario de Berna, habló de tiempos políticos. “Los acuerdos internacionales para proteger el clima avanzan muy lentamente, en tanto los efectos desastrosos golpean aceleradamente”.
De ahí la necesidad de medidas muy concretas y a corto plazo. “En primer lugar el respeto de los acuerdos internacionales asumidos a partir de Kyoto. En segundo lugar la solidaridad activa con las víctimas de esta situación”.
Para Aguilar “las naciones del Norte son las principales responsables de estos cambios climáticos, por lo tanto es a ellas de asumir las consecuencias directas para paliar los efectos...Un simple acto de justicia”, enfatiza.
Desastre climático y miseria social
Concepto compartido por Alexandre Kettly, del directorio nacional del “Movimiento Campesino Papaya” de Haití invitada al foro de Berna.
Para la dirigente social caribeña, “Estados Unidos, que por sí solo emite el 23 % del gas de efecto invernadero en el planeta”, está a la cabeza de las naciones industrializadas promotoras de esta situación.
Sin olvidar a países emergentes, como China e India, “que acentúan los problemas climáticos”. Se trata, en síntesis, “de un modelo de desarrollo que desprecia la salud atmosférica”.
Y que penaliza, particularmente, a los sectores más desfavorecidos de la población del Sur. “Los desastres naturales golpean especialmente a los países pobres. Si entre 2000 y 2004, 268 millones de personas fueron afectadas cada año por cataclismos climáticos, un 98 % de las mismas habitan países en desarrollo”.
Haití es uno de los ejemplos más emblemáticos. En los últimos 30 años, “la frecuencia de los desastres naturales aumentó en un 40% con respecto a las décadas de los 40, 50 o 60”.
“En los últimos 20 años, nos convertimos en el símbolo de la devastación ecológica , social y económica del hemisferio americano”, enfatiza la portavoz del Movimiento Campesino Papaya.
Los desafíos globales
Ante la injusticia climática, los desafíos globales del conjunto del planeta son enormes y exigen una especial responsabilidad de los estados así como la movilización de la sociedad civil mundial. Síntesis conclusiva del seminario internacional de Acción Cuaresmal y Pan para el Prójimo.
Para las dos ONG helvéticas –ligadas a las iglesias católica romana y protestante-existe también una responsabilidad global hacia las 850 millones de personas que padecen actualmente hambre en el mundo.
“Si no logramos reducir las emisiones de gas de efecto invernadero y limitar a 2 grados el aumento de la temperatura mundial, el hambre, la sequía, y los conflictos serán incontrolables y reducirán a nada los esfuerzos de desarrollo”, enfatizan en el documento de base del cónclave de Berna. www.ecoportal.net
* Sergio Ferrari
Colaboración E-CHANGER + swissinfo