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Cosecha de tempestades. Encontronazos políticos atizan el debate entre científicos y ecologistas sobre los transgénicos

14/07/08 Por Marcos Chumpitaz

Con el inicio de las competencias del Ministerio del Ambiente, los esfuerzos del titular de Agricultura por aprobar una normativa que reglamente los cultivos trangénicos en el Perú han caído en saco roto. Se creyó que la norma se promulgaría esta semana pero todo quedó en suspenso luego del que el ministro Antonio Brack exigiera que ésta sea examinada por su despacho.

Con el inicio de las competencias del Ministerio del Ambiente, los esfuerzos del titular de Agricultura por aprobar una normativa que reglamente los cultivos trangénicos en el Perú han caído en saco roto. Se creyó que la norma se promulgaría esta semana pero todo quedó en suspenso luego del que el ministro Antonio Brack exigiera que ésta sea examinada por su despacho. Mientras tanto, la polémica se agudiza: ¿son los transgénicos la solución a la hambruna en el planeta o es el nuevo negocio de las grandes transnacionales?

Las plantas, formadas dentro de una increíble diversidad a lo largo de 3.8 billones de años de evolución, parecen haber resistido a casi todo, excepto a la acción del hombre. Cuando a mediados de 1970 los científicos descubrieron que podían transferir el ADN de una especie a otra, pocos pensaron en las consecuencias que eso podía traer en el futuro. En ese tiempo, pensaban que los genes eran como "legos" que podían moverse independientemente, sin afectar la vida o el cauce natural de una especie. Sin embargo, se equivocaron.

En su famoso ensayo A Tale Of Two Botanies, los científicos Amoryy Hunter Lovins, advierten que en su proceso de creación, los organismos genéticamente modificados pueden generar cambios masivos en el funcionamiento natural de su ADN. Pueden mutar, suprimirse permanentemente o cambiar sus niveles de expresión, a veces de manera incontrolada. Esa característica los vuelve impredecibles. "A nadie le gusta que le manipulen su vida', indica Luis Gomero, presidente de la Sociedad Nacional del Ambiente y asesor de la Red de Acción de Agricultura Alternativa (RAAA). "Muchos científicos están cruzando las barreras naturales que habían separado a las especies a través de millones de años de evolución. Ahora las plantas y los animales pueden ser equipados con genes que en su estado natural sería imposible juntar".

Injertos en cuestión

Los científicos han trabajado en algunas combinaciones interesantes. Desde genes de araña que son insertados en el ADN de cabras para crear materiales más resistentes que las fibras sintéticas. Genes de vaca insertados en la piel de cerdo para convertirla en cuero. O cerdos a los que se ha adicionado genes de medusas para que brillen en la oscuridad. Genes de peces árticos aplicados a los tomates y fresas para tolerar las heladas. Incluso las compañías farmacéuticas ya son capaces de modificar la genética de las bacterias para convertirlas en nuevas drogas.

Ahora con los cultivos transgénicos está surgiendo una nueva forma de entender la botánica. La llamada "revolución verde" que se inició en los años sesentas con los fertilizantes químicos y la agricultura intensiva se ha convertido ahora en la revolución de los genes. Una revolución que, según sus detractores, en nombre del cambio climático y la crisis alimentaria se esfuerza por alterar, aislar y modificar la naturaleza a su antojo, sin tomar en cuenta el cauce natural de las especies y el ecosistema. "Hay muchos intereses económicos. La necesidad de introducir los transgénicos en el Perú no va tanto por el lado de sembrar grandes extensiones de tierra, sino en aprovechar nuestros recursos genéticos. Las empresas quieren montar laboratorios para utilizar nuestros cultivos originarios, generar semillas y patentarlas, hacerlas suyas. Ese es su objetivo", señala Gomero.

Estos supercultivos tienen características muy distintas a sus pares "más naturales". Por ejemplo, una papa transgénica podría requerir solo un octavo de agua que la papa normal para sobrevivir. Los actuales cultivos de soya, canola y maíz ya son capaces de resistir a muchas plagas que antes causaban pérdidas económicas incalculables. y hasta el arroz puede ser enriquecido con una do is extra de vitamina A, para combatir la ceguera infantil. Así, las cosas, los transgénicos no parecen ser tan malos como se los pinta. Incrementan la productividad agraria, utilizando menos pesticidas, y, por tanto, conservan el medio ambiente.

¿Por qué entonces tanto rechazo?

"Porque responde a intereses de empresas, más que de la gente", replica Sacha Barrio, experto en alimentos y autor de La Gran Revolución de las Grasas. "Es una ilusión pensar que el transgénico tiene más productividad. Se ha demostrado que la soya transgénica tiene 10% menos productividad que la natural. Además, se está rompiendo una barrera natural. Se ponen genes de pescado, de virus, de reptiles alas plantas. Tiene un riesgo que no hemos terminado de descubrir". En su reciente libro Genetic Roulette ("la ruleta genética"), el investigador Jeffrey M. Smith, documenta 65 riesgos para la salud de los alimentos modificados genéticamente llegando a la conclusión que estos pueden generar alergias, toxinas y problemas nutricionales. Sin embargo, para la OMS, la FAO y otros organismos mundiales, los transgénicos son seguros, por ahora.

El problema del hambre

Se estima que los peruanos consumimos más de 30 mil productos con algún derivado transgénico. Está en las galletas y chocolates que comemos. Incluso es probable que el pollo que almorzamos hoy día haya sido alimentado, antes de su fatal desenlace, con maíz transgénico. Durante el 2007 hubo cerca de 282 millones de hectáreas sembradas con estos cultivos en todo el mundo. Y el mercado para las semillas genéticamente modificadas duplicó sus ganancias desde el 2001, de 3 a 7 billones de dólares. Para muchos científicos, esta nueva gran revolución verde podría ser la solución al hambre en el planeta. Con la creciente amenaza de una crisis alimentaria en muchos países, la utopía de preservar el medio ambiente resulta moralmente incorrecta, y hasta absurda.

De hecho, el hambre está creando una "generación perdida", según la revista Time, y ahora que el precio de los alimentos se sale de control (el mejor ejemplo es el arroz), surge el temor de que otros muchos millones de los habitantes más pobres del planeta también sean víctimas de las consecuencias. En Corea del Norte, por ejemplo, donde la escasez alimentaria ha sido endémica, el adolescente promedio es 18 centímetros más bajo que su contemporáneo surcoreano. Y en los últimos años, se han registrado levantamientos provocados por la escasez de alimentos en 22 países. "A eso aspiramos, a que la gente no se muera de hambre. Así como la primera revolución verde fue en un éxito, los transgénicos también esperan serlo. Lo orgánico no va a poder alimentar al planeta. La gente ve lo transgénico como algo malévolo y extraño, cuando no es asÍ. No hay argumentos para oponerse", indica Ernesto Bustamante, decano del Colegio de Biólogos del Perú.

Ley en suspenso

En el Perú, lo transgénico ha tocado una fibra sensible. Al ser dueños de una biodiversidad enorme, se corre el riesgo de que las semillas modificadas puedan contaminar el ecosistema y pongan en riesgo nuestros cultivos originarios, adaptados hace miles de años. Por ello la mayoría de leyes que se han elaborado en fomento a esta tecnología no ha tenido suficiente apoyo en el Congreso, y por ahora es difícil que eso suceda. La única "salida" fue hacerla a través del ministerio de Agricultura, aprovechando la delegación de facultades que se le dio en virtud al TLC con EE.UU.

El propio jefe de INIA, Juan Risi, anunció que el reglamento de bioseguridad que norma el uso de los transgénicos se aprobaría para esta semana (30 de junio). Pero la norma hasta ahora no ha alcanzado buen puerto. Al parecer, habría recibido una fuerte oposición desde el ministerio del Ambiente que ha preferido revisar todo lo concerniente a este tema y ser más "prudente" antes de apurar cualquier decisión. Además, como afirma Susana Villarán, activista en derechos humanos, aprobado habría sido un error ya que no estamos preparados ni técnica ni económicamente para establecer los criterios de seguridad sobre los transgénicos como otros países. "Debemos declarar una moratoria a la entrada de los transgénicos para poder evaluar con calma sus beneficios y riesgos. No podemos quedamos impasibles frente a los grandes intereses que quieren hipotecar nuestra rica diversidad".

Alternativa orgánica

Así, las cosas, la apuesta por lo orgánico parece ser una salida inteligente. Si sabemos que este mercado crece un 20% cada año en países como Estados Unidos, sería una "torpeza económica" no aprovechar esa oportunidad. Actualmente tenemos cerca de 35 mil productores orgánicos certificados lo que nos ubica en el sétimo lugar en número de productores en todo el mundo. El propio Gastón Acurio escribió hace poco que nuestro territorio resulta "escaso y complejo" para el tipo de agricultura asociada a los transgénico, y que más bien en esa complejidad se esconde el patrimonio de la biodiversidad que podría generar muchas oportunidades para el desarrollo.

"Si hacemos un análisis costo-beneficio, al Perú le conviene mas vender biodiversidad que transgénicos", acota Luis Gomero. "Podemos ofrecer una variedad de productos y las ventajas económicas serían superlativas. El mundo se dirige más a lo orgánico. Y pide cada vez más productos naturales, que respeten al medio ambiente. ¿Por qué no vendernos al mundo como un país libre de transgénicos? Ahí está nuestro futuro". www.ecoportal.net

Chirapaq - Centro de Documentación
http://www.chirapaq.org.pe/htm/cendocset.htm

Revista Somos
N° 1126 , 05/07/08, p. 30-35 y 115
URL: http://www.chirapaq.org.pe/pdf/Jul_2008.pdf

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