19/11/2010

Cambio climático y uso del suelo

Los efectos del Cambio Climático -CC- se traducen en perturbaciones tan colosales que ya nos producen afectaciones y padecimientos casi generalizados en el mundo. La población mundial está demandando recursos del planeta en una magnitud del cincuenta por ciento por encima de su capacidad de recuperación. En fin, el hogar común está afectado… y el rancho ardiendo.

Hoy como ayer -Copenhague 2009- estamos pendientes de la Conferencia Mundial sobre Cambio Climático de Cancún -Diciembre 2010-. Los efectos del Cambio Climático -CC- se traducen en perturbaciones tan colosales que ya nos producen afectaciones y padecimientos casi generalizados en el mundo. La cosecha de granos en Rusia ha caído de 90 mil millones de toneladas a 60 mil millones, debido a la oleada de calor del verano anterior. Las inundaciones en Pakistán, Bangladesh y México, entre otros Colombia, han desplazado millones de seres sumiéndolos en la pobreza, con amenaza de hambrunas por la subsecuente pérdida de cosechas y hábitats. Más de mil millones de personas carecen en el mundo del acceso seguro al recurso agua. La concentración de gases de efecto invernadero -GEI- ha superado las 390 partes por millón -PPM-, mientras se consideraba que el límite máximo tolerable es de 350 PPM. “Producimos” 32.000 hectáreas de desierto por día en el globo terráqueo. En fin, el hogar común está afectado… y el rancho ardiendo.

La población mundial está demandando recursos del planeta en una magnitud del cincuenta por ciento por encima de su capacidad de recuperación. O sea que estamos consumiendo los recursos de las próximas décadas colocando en peligro no sólo la seguridad alimentaria sino la viabilidad misma de la especie humana. Hoy vivimos como si el planeta fuera mucho más grande y recursivo de lo que en realidad es. Todo lo anterior es conocido y hasta reconocido por la comunidad global. Pero, hasta ahí llegan los acuerdos. No hay la más mínima voluntad política de encarar seriamente el comienzo de la solución de tan apremiante situación, y menos de parte de los causantes y responsables directos de tal desastre, que durante los últimos 100 años intensificaron a niveles intolerables la destrucción del planeta: los llamados países industrializados o desarrollados.

Desde antes de Kioto a Cancún, lo más relevante ha sido lograr una infinita confusión y empantanamiento del tema en interminables negociaciones y discusiones por las ramas, parciales, secundarias y colaterales. Muy útiles para convertir el tema en algo infinitamente complejo y evitar la reflexión sobre lo principal que debería hacerse. No es un problema de desconocimiento o ignorancia. Se trata de un conflicto de intereses, entre la necesidad de enfrentar las causas del CC y la rentabilidad inmediata de los negocios multinacionales.

Veamos. A la vez que se hacen compromisos para reducir emisiones se crean las formas de evitarlos como el mercado de carbono y sus Mecanismos de Desarrollo Limpio, Comercio de Emisiones e Implementación Conjunta; que a la vez que son ineficaces para la reducción de GEI crean un nuevo negocio de compra y venta de “derechos” y “licencias” para emitir, inclusive mediante “mecanismos” contaminantes, por ejemplo, los agrocombustibles. Ni son realmente útiles para mitigar el calentamiento global, ni son más baratos que los combustibles fósiles y si se degrada el suelo y se resta fósforo y tierras fértiles para la producción de alimentos. Dos recursos que tienden a agotarse rápidamente en el planeta. Además de consumir grandes cantidades de fertilizantes nitrogenados que son una fuente inagotable de potentes GEI e influir en el encarecimiento de los alimentos, según FAO, FMI y BM (1). Pero, si son un buen negocio, excelente, sobre todo para obtener “incentivos” gubernamentales, que siendo recursos de toda la sociedad los obtienen y usufructúan argumentando "nobles propósitos”. Resultado: las 390 PPM. La contribución 'fabulosa' de los carros eléctricos… ¿Cómo se obtiene la energía eléctrica para mover los autos? De termoeléctricas que queman combustibles fósiles (carbón, gas natural y derivados del petróleo). Más del 65% de la electricidad mundial es producida por dichas generadoras. Habría que empezar por reducir tal dependencia de la energía eléctrica. Lo dicho, no somos ignorantes… somos negociantes.

En ultimas, las innumerables Conferencias, Encuentros, Agendas y Cumbres sobre CC reflejan una contienda de tire y afloje entre la sociedad y sus gobiernos frente a las multinacionales y “sus” gobiernos. Que por supuesto, hasta ahora, siguen ganando estas últimas. ¿Que otra cosa significa el grandilocuente titular de prensa mundial?: “Cumbre de la ONU logra un acuerdo para salvar la naturaleza” (2). En la Convención sobre la Diversidad Biológica de Nagoya -octubre 2010- los 200 países acordaron: “…proteger el 17% de la superficie terrestre y de las aguas internas y un 10% de las áreas costeras y marinas para 2020”. ¿Para reír o para llorar? El alborozo mediático del titular de prensa oculta el éxito total de las multinacionales de los cosméticos, medicamentos y cultivos, en cuanto a la autorización para depredar y expoliar los recursos genéticos en el 83% y 90% del planeta.

Se puede hablar desde limitar las emisiones industriales, asunto apremiante e ineludible, hasta fabricar un alimento especial para que las vacas emitan menos GEI, pero mientras no se adopte como estrategia fundamental el frenar y revertir la generalizada y global degradación de los suelos del planeta, toda medida parcial, aunque sea muy conveniente, será en últimas poco o nada útil. El suelo es el más eficaz, rápido y económico sumidero y reservorio de carbono. Dicho de otra forma, la única manera viable de reducir la concentración de GEI es captándolo de la atmosfera a través de todos los procesos vitales que genera el suelo, especialmente mediante la actividad fotosintética, el incremento tendencial de la materia orgánica y de la vida del suelo. Lo que no es otra cosa que preservar e incrementar la fertilidad de los suelos del planeta, que a su vez garantizaría la seguridad alimentaria de la humanidad.

Por el contrario, la absoluta mayoría de los negocios agropecuario industriales saca sus ganancias de la degradación, agotamiento y desertificación de la madre tierra. Convirtiendo a los suelos en una fuente de emisión de GEI en magnitudes comparables con la suma del sector energético y transporte. Pero, doblemente grave porque la función natural del suelo es capturar y no ser un factor neto de emisión. De tal manera, que relativamente a la emisión industrial de las urbes, o los impactos de minería y petróleos, o la producción de residuos por consumismo, o la pesca indiscriminada, o la contaminación de los océanos, etc. es más grave y suicida degradar los suelos del globo terráqueo. El suelo es el sistema defensivo, “inmunológico”, del planeta. Y es manejable antrópicamente.

De lo que se trata principalmente es de reorientar, cambiar, los sistemas y métodos de usos del suelo hacia una producción agropecuaria industrial que preserve e incremente su fertilidad. No hay otra salida. Este es el reto para el desarrollo que las circunstancias le plantean a la humanidad. Todo lo demás son pañitos de agua tibia. Espinas defensivas, pero que en últimas sólo surcaran el sendero hacia la tragedia global. (Villavicencio -Colombia-, Noviembre 2010). www.ecoportal.net

Referencias:

(1) FAO: Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación / FMI: Fondo Monetario Internacional / BM: Banco Mundial

(2) Reuters ESPAÑA, 29 de octubre de 2010

Artículos relacionados

Comentarios

Copyleft: Se permite la copia, distribución y uso de los contenidos de EcoPortal y Ambiente y Sociedad, siempre y cuando NO se utilice con fines comerciales y se reconozca la autoría. Agradeceremos se indique como fuente http://www.ecoportal.net. Las opiniones vertidas por visitantes o colaboradores en el sitio pueden no reflejar las ideas de los miembros de EcoPortal.net. Para la realización de este sitio utilizamos software libre.