Berenjena

Berenjena

Esta hortaliza de verano, una joya de la cocina mediterránea, ayuda a controlar el colesterol y la oxidación celular. Además resulta ligera y digestiva.

La planta de la berenjena (Solanum melongena)pertenece a la familia de las solanáceas, como el tomate, el pimiento y la patata. Considerada una fruta, que se cosecha de junio a octubre, la berenjena se encuentra de muchas formas, tamaños y colores. Su origen se halla en el sureste de la India, donde se consume desde hace más de 4.000 años.

Amiga del hígado
Las propiedades más valiosas de la berenjena no son debidas a su riqueza en vitaminas y minerales, sino a compuestos químicos específicos que se hallan sobre todo en la piel y las semillas. Destaca especialmente su capacidad para reducir el colesterol «malo» o LDL. El aporte de fibra es una posible causa, pero todo indica que la diferencia está en los alcaloides con estructura química similar a las estatinas –medicamentos que inhiben la síntesis del colesterol–, pero sin sus efectos secundarios.
Estas sustancias de sabor amargo estimulan el buen funcionamiento del hígado y el vaciamiento de la vesícula biliar, de manera que favorecen la digestión de las grasas. Son efectos que se consiguen a través de recetas culinarias y mediante infusiones (se corta la berenjena en cubitos que se dejan hervir unos minutos; luego se va tomando el líquido a lo largo del día).

Poder antioxidante
La berenjena contiene una decena de ácidos fenólicos antioxidantes muy potentes y antocianinas que impiden la oxidación del colesterol y con ello previenen tanto los trastornos cardiovasculares como las enfermedades degenerativas. La nasunina protege especialmente las membranas de las neuronas, por lo que previene y combate diversos trastornos de tipo nervioso. También se ha investigado su utilidad en la lucha contra el cáncer porque inhibe la formación de nuevos vasos sanguíneos que alimentan los tumores y combate la indeseable acumulación de hierro en los tejidos.
Por otra parte, la medicina natural y popular ha encontrado utilidad fuera de la cocina a los principios de la berenjena que se han considerado tóxicos. En Francia y Australia existen preparados a base de solasonina y solamargina para tratar lesiones benignas o precancerosas de la piel.

Para la salud, mejor entera y asada
En la cocina, para beneficiarse de todas las propiedades de la berenjena es deseable consumirla entera, con la piel y las semillas, pues en estas partes se encuentran las sustancias más activas.
La manera más saludable y digestiva de consumirla es asada al horno o en la plancha y luego aliñada o trabajada en patés vegetales.
Frita también gusta, pero es más indigesta y puede multiplicar su aporte calórico. Para evitar que absorba mucho aceite, se corta la berenjena en rodajas o a tacos, se espolvorea con sal (no hace falta que sea mucha) y se deja reposar unos 30 minutos en un colador, para que vaya soltando jugo. Pasado ese tiempo se enjuaga, para quitarle la sal, y se seca con papel absorbente. Al reducir la humedad de la pulpa, esta se vuelve más densa y, en consecuencia, empapa menos aceite. Igualmente, después de cocinarla, se puede colocar de nuevo sobre papel absorbente para reducir el exceso de aceite.
Es importante que después de este tratamiento se ponga la berenjena a cocer lo antes posible, para evitar la oxidación y que adquiera sabores acres.

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