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Desde 1940 los gobiernos colombianos de turno venían insistiendo en esta obra colosal en el municipio de Tierralta-Córdoba, pero la ejecución del proyecto se inició medio siglo después, cuantificado en mil doscientos millones de dólares. A partir de 1999 surgieron los primeros desastres ambientales advertidos al gobierno. La navegación fluvial Embera se cortó para siempre; las ciénagas y humedales, entre ellas, Góngora Grande en Lorica, quedaron en manos de terratenientes y mafiosos, dedicadas a extensas plantaciones de palma aceitera y de árboles para la industrialización. Aproximadamente 70.000 familias que derivaban su sustento del río Sinú fueron afectadas por los poderosos dueños de Urrá I.
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