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Salvavidas de plomo, transgénicos, celulosas y otros males
16-08-06, Por Eduardo Galeano

América Latina nació para obedecer al mercado mundial, cuando todavía el mercado mundial no se llamaba así. Esta triste rutina de los siglos empezó con el oro y la plata y siguió con el azúcar, el tabaco, el guano, el salitre, el cobre, el estaño, el caucho, el cacao, la banana, el café, el petróleo… Ahora es el turno de la soja transgénica y de la celulosa.

Nuestros países se modernizan. Ahora el discurso oficial manda honrar la deuda (aunque sea deshonrosa), atraer inversiones (aunque sean indignas) y entrar al mundo (aunque sea por la puerta de servicio).

En realidad, nos seguimos creyendo los cuentos de siempre.

América Latina nació para obedecer al mercado mundial, cuando todavía el mercado mundial no se llamaba así, y mal que bien seguimos atados al deber de obediencia.

Esta triste rutina de los siglos empezó con el oro y la plata y siguió con el azúcar, el tabaco, el guano, el salitre, el cobre, el estaño, el caucho, el cacao, la banana, el café, el petróleo… ¿Qué nos dejaron esos esplendores? Nos dejaron sin herencia ni querencia. Jardines convertidos en desiertos, campos abandonados, montañas agujereadas, aguas podridas, largas caravanas de infelices condenados a la muerte temprana, vacíos palacios donde deambulan los fantasmas…

Ahora es el turno de la soja transgénica y de la celulosa. Y otra vez se repite la historia de las glorias fugaces, que al son de sus trompetas nos anuncian desdichas largas.

***

¿Será mudo el pasado?

Nos negamos a escuchar las voces que nos advierten: los sueños del mercado mundial son las pesadillas de los países que a sus caprichos se someten. Seguimos aplaudiendo el secuestro de los bienes naturales que Dios, o el Diablo, nos ha dado, y así trabajamos por nuestra propia perdición y contribuimos al exterminio de la poca naturaleza que queda en este mundo.

Argentina, Brasil y otros países latinoamericanos están viviendo la fiebre de la soja transgénica. Precios tentadores, rendimientos multiplicados. Argentina es, desde hace tiempo, el segundo productor mundial de transgénicos, después de Estados Unidos. En Brasil, el gobierno de Lula ejecutó una de esas piruetas que flaco favor hacen a la democracia y dijo sí a la soja transgénica, aunque su partido había dicho no durante toda la campaña electoral.

Esto es pan para hoy y hambre para mañana, como denuncian algunos sindicatos rurales y organizaciones ecologistas. Pero ya se sabe que los paisanos ignorantes se niegan a entender las ventajas del pasto de plástico y de la vaca a motor, y que los ecologistas son unos aguafiestas que siempre escupen el asado.

***

Los abogados de los transgénicos afirman que no está probado que perjudiquen la salud humana. En todo caso, tampoco está probado que no la perjudiquen. Y si tan inofensivos son, ¿por qué los fabricantes de soja transgénica se niegan a aclarar, en los envases, que venden lo que venden? ¿O acaso la etiqueta de soja transgénica no sería la mejor publicidad?

Y sí que hay evidencias de que estas invenciones del doctor Frankenstein dañan la salud del suelo y reducen la soberanía nacional. ¿Exportamos soja o exportamos suelo? ¿Y acaso no quedamos atrapados en las jaulas de Monsanto y otras grandes empresas de cuyas semillas, herbicidas y pesticidas pasamos a depender?

Tierras que producían de todo para el mercado local, ahora se consagran a un solo producto para la demanda extranjera. Me desarrollo hacia fuera, y del adentro me olvido. El monocultivo es una prisión, siempre lo fue, y ahora, con los transgénicos, mucho más. La diversidad, en cambio, libera. La independencia se reduce al himno y a la bandera si no se asienta en la soberanía alimentaria. La autodeterminación empieza por la boca. Sólo la diversidad productiva puede defendernos de los súbitos derrumbamientos de precios que son costumbre, mortífera costumbre, del mercado mundial.
Las inmensas extensiones destinadas a la soja transgénica están arrasando los bosques nativos y expulsando a los campesinos pobres. Pocos brazos ocupan estas explotaciones altamente mecanizadas, que en cambio exterminan los plantíos pequeños y las huertas familiares con los venenos que fumigan. Se multiplica el éxodo rural a las grandes ciudades, donde se supone que los expulsados van a consumir, si los acompaña la suerte, lo que antes producían. Es la agraria reforma: la reforma agraria al revés.

***

La celulosa también se ha puesto de moda, en varios países.

El Uruguay, sin ir más lejos, está queriendo convertirse en un centro mundial de producción de celulosa para abastecer de materia prima barata a lejanas fábricas de papel.

Se trata de monocultivos de exportación, en la más pura tradición colonial: inmensas plantaciones artificiales que dicen ser bosques y se convierten en celulosa en un proceso industrial que arroja desechos químicos a los ríos y hace irrespirable el aire.

Aquí empezaron siendo dos plantas enormes, una de las cuales ya está a medio construir. Luego se incorporó otro proyecto, y se habla de otro y de otro más, mientras más y más hectáreas se están destinando a la fabricación de eucaliptos en serie. Las grandes empresas internacionales nos han descubierto en el mapa y se han brotado de súbito amor por este Uruguay donde no hay tecnología capaz de controlarlas, el estado les otorga subsidios y les evita impuestos, los salarios son raquíticos y los árboles brotan en un santiamén.

Todo indica que nuestro país chiquito no podrá soportar el asfixiante abrazo de estos grandotes. Como suele ocurrir, las bendiciones de la naturaleza se convierten en maldiciones de la historia. Nuestros eucaliptos crecen diez veces más rápido que los de Finlandia, y esto se traduce así: las plantaciones industriales serán diez veces más devastadoras. Al ritmo de explotación previsto, buena parte del territorio nacional será exprimido hasta la última gota de agua. Los gigantes sedientos nos van a secar el suelo y el subsuelo.

Trágica paradoja: éste ha sido el único lugar del mundo donde se sometió a plebiscito la propiedad del agua. Por abrumadora mayoría, los uruguayos decidimos, en el año 2004, que el agua sería de propiedad pública. ¿No habrá manera de evitar este secuestro de la voluntad popular?

***

La celulosa, hay que reconocerlo, se ha convertido en algo así como una causa patriótica, y la defensa de la naturaleza no despierta entusiasmo. Y peor: en nuestro país, enfermo de celulitis, algunas palabras que no eran malas palabras, como ecologista y ambientalista, se están convirtiendo en insultos que crucifican a los enemigos del progreso y a los saboteadores del trabajo.

Se celebra la desgracia como si fuera una buena noticia. Más vale morir de contaminación que morir de hambre: muchos desocupados creen que no hay más remedio que elegir entre dos calamidades, y los vendedores de ilusiones desembarcan ofreciendo miles y miles de empleos. Pero una cosa es la publicidad, y otra la realidad. El MST, el movimiento de campesinos sin tierra, ha difundido datos elocuentes, que no sólo valen para Brasil: la celulosa genera un empleo cada 185 hectáreas y la agricultura familiar crea cinco empleos por cada diez hectáreas.

Las empresas prometen lo mejor. Trabajo a raudales, millonarias inversiones, estrictos controles, aire puro, agua limpia, tierra intacta. Y uno se pregunta: ¿por qué no instalan estas maravillas en Punta del Este, para mejorar la calidad de vida y estimular el turismo en nuestro principal balneario?. www.ecoportal.net


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Comentarios de los visitantes sobre este artículo

Artículo de , por Eduardo Galeano (18/08/2006)

No podía haber una forma más simple y realista de describir lo que nos sigue sucediendo a los latinoamericanos, siguen "Abiertas las venas de América Latina". Que maravilla que este hombre nos acompañe con su pluma. Comparto plenamente lo que dice, pero a veces a las personas comunes, el común de la gente no nos cree, pero a él sí. Sería bueno que enviaran esta editorial a los grandes diarios de todo Latinoamérica, especialmente a Argentina. Yo se los agradecería. Sería muy bueno verlo en el sector agrícola de Clarin o Nación.

Los Felicito por la calidad de gente que publica

Ing. Agr. Nélida Granval. Trabajo en investigación en Agricultura Orgánica, buscando formas ecológicas de producir.

E mail: ngranval@speedy.com.ar

Comentario, por Daniel Morales Ramirez (18/08/2006)

¿Qué se puede comentar después de tan devastadora y contundente ratificación de algo ya sabido, aunque no completamente valorado? ¿Acaso ha llegado ya el momento de cruzar los brazos, bajar la cabeza y resignarse ante el brutal tamaño del multifacético e histórico enemigo? Sólo de pensar la imagen surge (en algunos, pocos) un sentimiento no definido, mitad bestia y mitad humano, parte de impotencia y parte de rabia, coraje contenido, pero, sobre todo, un algo que en los pueblos originarios, en los antiguos, en los que precisamente son los que más "estorban" en los planes neoliberales de dominio y rapáz voracidad descritos, un algo, decía, que tienen muy comunitariamente arraigado y que nosotros, occidentalmente denominamos Dignidad dice, grita: ¡No!, no me rindo y me organizo. Nos encarcelan, violan, secuestran y matan por organizarnos y por gritar ¡no!, pero no podemos hacer otra cosa, se trata de resistir, resistir y organizarnos porque sabemos que "ellos" no tienen razón, la razón está de nuestra parte, está en el corazón y el corazón está abajo y a la izquierda. ¡La Otra Campaña, va! "El gigante no es tan gigante, ni tan indestructible" Y sino, pregúntemosle a Israel..., ¿quién te acaba de ganar la batalla?

Salvavidas de plomo......., por Eduardo Galeano (25/08/2006)

Eduardo Galeano demuestra en tantos trabajos, desde "Las venas abiertas de América Latina", que la debilidad de nuestros pueblos pasa por la debilidad de la conciencia social, por la no comprencíon política de las traiciones que oligarquias y burguesías practicaron sobre nosotros, nuestros recursos, nuestra felicidad. Estaremos transitando nuevos caminos....? O viviendo otro proceso colonizador....? Galeano nos coloca con su palabra clara y directa ante la necesidad de comprender para poder cambiar la realidad. También nos dice que no se defienda ambiente y recursos sin una poítica alternativa y alterativa del capitalismo realmente existente. Ojalá que estas líneas sirvan también para enviarle un abrazo fraterno a mi escritor.

Marcelo Kacanas mkacanas@yahoo.com.ar

 

 


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