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La frialdad de las políticas puede calentar más aún el ambiente
05-06-07, Por Percy Aquino R.

Cuando más tiempo pase y menos se haga para evitar el crecimiento de esa bola de nieve que representa el efecto catastrófico del alza de la temperatura en el mundo, todo esfuerzo será insuficiente frente a la magnitud de lo que se viene. Durante los últimos años la tecnología y el conocimiento se han desarrollado tanto y a pesar de actuar en nombre del desarrollo sus efectos en vez de ayudar a prevenir desastres, pueden ser los causales de la involución humana.

Hace 10 años, al recordar el Día Mundial del Ambiente, me pase de optimista al creer que el Perú formaba parte de la carrera ambiental, es decir de aquella megatendencia que pretendía imponer la visión del desarrollo sostenible en el mundo. Pero no soy el único que constata que la realidad es otra. Hace 15 años la Cumbre Mundial de la Tierra, en Brasil, discutió sobre la gran agenda verde que al cabo de varios años los países debían cumplir, y que a la fecha es sólo una promesa. Un viejo científico peruano me ha comentado, casi decepcionado, que desde hace 40 años discute en diversos foros sobre el peligro que representaría el cambio climático sin que hasta ahora se haga algo serio para enfrentarlo.

Cuando más tiempo pase y menos se haga para evitar el crecimiento de esa bola de nieve que representa el efecto catastrófico del alza de la temperatura en el mundo, todo esfuerzo será insuficiente frente a la magnitud de lo que se viene. Durante los últimos años la tecnología y el conocimiento se han desarrollado tanto y a pesar de actuar en nombre del desarrollo sus efectos en vez de ayudar a prevenir desastres, pueden ser los causales de la involución humana. No es una exageración, ni menos una proclama anti-industrial. Tampoco es revolucionario el discurso ambientalista de Al Gore, pero es una verdad incomoda frente al impulsor de políticas contaminantes, George Bush.

La falta de convicción para adoptar una nueva agenda del desarrollo (ó agenda de sobrevivencia para algunos países que enfrentan una fuerte degradación de sus ecosistemas) tiene varios motivos, entre los cuales destacan dos: una falta de voluntad de los gobiernos nacionales por priorizar el cumplimiento de políticas ambientales; y una errada visión empresarial, que privilegia tasas de retorno rápidas de inversión, en perjuicio de la degradación del ambiente. Podríamos agregar un tercer motivo: el estilo de vida de una minoría de la población mundial que consume tanta energía, agua y recursos, que en grandes porciones del mundo escasean. La globalización de la economía no distribuye riqueza por igual, pero sí contaminación.

En el Perú existen casi 5 mil normas ambientales, que se incumplen, superponen unas a otras, o van más a la sanción, que a la prevención; hay Programas de Adecuación y Manejo Ambiental en varios sectores muy débiles en su aplicación; agendas regionales ambientales casi concertadas; y una propuesta interesante de gestión ambiental institucionalizada, que no puede ser asumida porque al Consejo Nacional del Ambiente, CONAM, se le niega el rol de autoridad ambiental, y no tiene el debido presupuesto. Además hay un incipiente proceso ambiental de participación ciudadana, por la falta de información sobre las causas y efectos de la contaminación y por la carencia de conciencia sobre el cuidado de los recursos.

Si desde el gobierno existiera la convicción política de que la política ambiental es una prioridad (permitiendo el adecuado funcionamiento de una autoridad ambiental), eso impulsaría a la actividad empresarial a ir más allá del cumplimiento de estándares ambientales y a emprender sus políticas de Responsabilidad Social Empresarial como un motor para el desarrollo sostenible y no sólo como un mecanismo para manejar impactos externos. La reciente creada Comisión Especial de “Cambio Climático y Biodiversidad” del Congreso de la República más que sobre analizar el tema, debería fiscalizar el cumplimiento de políticas públicas ambientales.

Este es el significativo granito de arena que el Perú podría aportar ante la contaminación del planeta, impulsando de paso la marcha de eco negocios, basados en nuestra rica biodiversidad, frente al gran mundo industrial, que debe reducir sus emisiones contaminantes, buscando sobre todo nuevas alternativas energéticas. De lo contrario, el deshielo de los glaciares (el Perú posee gran parte de los que hay en el mundo) y la sequía pueden ser aún más fatales en países como el nuestro. www.ecoportal.net

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