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Proclama de paz con la naturaleza, revisemos…

23/02/08 Por Guillermo Quirós
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La Proclama de Paz con la Naturaleza del Presidente Arias (6 julio, 2007) marca un nuevo rumbo a la política internacional y al desarrollo de Costa Rica. Este paso trascendental señala un golpe de timón en el rumbo de las relaciones internacionales y en las relaciones entre países ricos y pobres. Para convertirla en valor universal es preciso primero poner la casa en orden, hablar claro y propiciar un esfuerzo político concertado e integral para darle cuerpo y coherencia a lo proclamado.

La Proclama de Paz con la Naturaleza del Presidente Arias (6 julio, 2007) marca un nuevo rumbo a la política internacional y al desarrollo de nuestro país. Es un gesto digno, producto de una correcta lectura de la realidad del planeta. Motivo de orgullo para los costarricenses, este paso trascendental señala un golpe de timón en el rumbo de las relaciones internacionales y en las relaciones entre países ricos y pobres. Para convertirla en valor universal, tenemos la obligación de aportar lo mejor de nos a esta acción. Es preciso primero poner la casa en orden, hablar claro y propiciar un esfuerzo político concertado e integral para darle cuerpo y coherencia a lo proclamado.

Con ese espíritu hemos de señalar un error de escala: ya el balance de carbono nacional es positivo por mucho que se contamine el cielo tico. Hay un problema cultural y es conceptuar al país igual que lo hacíamos en el siglo IXX y tal como erróneamente lo enuncia nuestra Constitución: Costa Rica se sitúa entre el mar Caribe y el océano Pacífico… Por lo tanto seguimos enseñando en la escuela que solo mide 51.000km2 y no los 640.000km2 a que nos da derecho la misma reforma constitucional de 1976. Esta amplia concepción no solo nos permite afirmar que somos el país más grande de América Central, si no también el más rico en recursos naturales bióticos y abióticos -aunque la soberanía solo cubra el 8% del territorio nacional-. Una de nuestras grandes riquezas son los afloramientos oceánicos y costeros del pacífico con una superficie verde del orden de 350.000km2, mayor que la cobertura vegetal de todos los bosques centroamericanos juntos. Tal cobertura de microorganismos vegetales se halla en pocos países del orbe, recicla el anhídrido carbónico que causa el efecto invernadero; convirtiéndose en el gran pulmón planetario y logrando explicar por qué todavía el ambiente en que se desenvuelve el ser humano en el 2007 tiene asombrosamente condiciones de hábitat propicio. Por esta causa solo este bosque nacional compensará por mucho nuestra contaminación terrestre y el balance nacional siempre será positivo, aunque hagamos desastres. Y estamos seguros esa no es la intención del Presidente.

En segundo lugar nuestro ordenamiento interno en materia ambiental da vergüenza. El art. 50 constitucional de 1994 es una pobre concepción de la relación ser humano-ambiente. Por más que se ha esforzado la Sala IV en sacarle punta, nació muerto. Por ejemplo desconoce la relación sociedad-ambiente, ignora el valor del ecosistema, no maneja el concepto de desarrollo sostenible, ignora el compromiso intergeneracional y desde luego los logros de las convenciones de Naciones Unidas sobre la materia. Ya recientemente los directores de Telenoticias denunciaron con valentía algunas incongruencias visibles. Por ello suena hueco nuestro tambor por la paz con la naturaleza ante quienes seriamente realicen una evaluación de escala para juzgar la congruencia nacional en la materia.

Y si a la ley marco del ambiente nos referimos… bueno ni pa’ que les digo!. Siendo el territorio nacional 92% océano, desconoce la existencia del suelo y subsuelo marinos pasando por alto los mayores y más ricos recursos naturales de nuestros hijos: hidratos de metano, gas natural, níquel, cadmio, manganeso, hierro y hasta titanio; toda una promesa de desarrollo para los siguientes 300 años. Y desde luego como desconoce nuestra riqueza, no regula ni orienta su utilización racional para nuestro beneficio, ignorando el compromiso básico del Gobierno para con su pueblo en el Siglo XXI: el desarrollo sostenible. Por ello una proclama que no se fundamente en sólidas bases y que continúe manejando una filosofía que mira a nuestro país como el pequeño exportador de postres centroamericano debe revisarse.

Para realmente avanzar, es preciso poner la casa en orden, reformar la Constitución y leyes obsoletas. Y aquí se requiere un compromiso nacional en todos los órdenes políticos. www.ecoportal.net

* Guillermo Quirós es Oceanógrafo Físico

 

 

 

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