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Cómo hicieron otros la transición al veganismo: testimonios de veganos novatos

Estos testimonios están escritos por algunos de los usuarios del Boletín “Lechugas y Tomates”, que edito semanalmente en internet. Leerlos te ayudará mucho en tu transición al veganismo, pues reflejan exactamente las mismas preocupaciones, dudas e inquietudes que puedas sentir tu en este momento. Es reconfortante y anima a seguir adelante.


Estos testimonios están escritos por algunos de los usuarios del Boletín “Lechugas y Tomates”, que edito semanalmente en internet. Leerlos te ayudará mucho en tu transición al veganismo, pues reflejan exactamente las mismas preocupaciones, dudas e inquietudes que puedas sentir tu en este momento. Es reconfortante y anima a seguir adelante.

Primer Testimonio
Cuando me hice vegetariano, hace poco más de un año y medio (ahora tengo 17 años), dejé de golpe la carne y el pesado, y al principio lo pasé mal (a parte del poco apoyo por parte de mis amigos, me encontraba cansado). Ahora, quiero hacer la transición al veganismo de una forma más lenta (y sana).
Primero he substituido, por la mañana, el vaso de leche por una taza de leche de soja (al principio me costó acostumbrarme, pero al final la encuentro buena y todo, además hay muchas marcas y puedes ir cambiando).
Mi dieta, casi no ha cambiado, sólo he aumentado un poco el consumo de legumbres. Por la “famosa” vitamina B12, me tomo dos pastillas diarias de la alga espirulina. Los huevos, que consumía tres a la semana, ahora sólo uno, (siempre procedente a la agricultura biológica).
Dar el paso ideológico hacia el veganismo, no me costó mucho ya que siempre he admirado mucho a la gente vegana.
Además, los días que tengo tentaciones de comer algún lácteo me voy a ver una granja/fábrica de vacas lecheras (vivo en una zona con una gran industria porcina y vacuna) y veo el estado en que están, eso me anima a seguir adelante.
J.C.

Segundo Testimonio
En mi caso dicha transición todavía no se ha producido del todo. En mi casa y cuando como fuera de ella (en restaurantes) si que sigo una dieta estrictamente vegana; y sólo tomo huevos, (eso sí, siempre biológicos, incluso conozco las gallinas de las que proceden porque viven cerca de mi casa) esporádicamente cuando me invita algún familiar o amigo a comer, y únicamente por facilitarle un poco la tarea de pensar qué hacerme de comer. Pero vamos, incluso estos casos cada vez son menos porque con el paso del tiempo la gente que me rodea se va dando cuenta de la tremenda variedad de alimentos que hay a parte de los de procedencia animal. Sólo hay que enseñárselos y abrirles un poco los ojos para que se den cuenta de todas las posibilidades que ofrece este estilo de vida.

A parte de lo relativo a la alimentación tampoco utilizo ningún producto de higiene personal que esté testado o que contenga productos animales, así como también evito la toma de cualquier tipo de medicamento (salvo que fuese estrictamente necesario, y tocaré madera porque todavía no se ha dado el caso).
Otro punto en el que todavía no me puedo considerar completamente vegano es en el tema del calzado. El resto de la ropa sí que es completamente vegana, pero por desgracia en el calzado todavía utilizo la piel, cosa que me desagrada bastante, pero todavía no he encontrado una alternativa para dejar de utilizarla. Sé de algunas páginas en Internet donde se puede comprar calzado vegano en Inglaterra, pero en España no conozco ningún sitio donde poder hacerlo, menos mal que también utilizo bastante calzado deportivo de tela.
D.B.E.

Tercer Testimonio


Cuando decidí hacerme vegetariana, pensé en dejar de forma radical de consumir productos de origen animal. Pero como no tenia ningún antecedente y sopesando las dificultades con las que me encontraría, y lo importante que era para mí tener éxito en la tarea que me había propuesto, decidí hacerlo escalonadamente.
Primero tenía que aprender a apreciar un tipo de sabores más suaves, y otras texturas a las que no estaba acostumbrada, aprender a cocinar y a ser creativa con las verduras.
Primero dejé de comer carne, al cabo de unos meses pescado. Ahora tras ocho años de ser vegetariana y tomando como punto de partida una cura de uvas de 40 días que estoy realizando, me planteo llegar a conseguir lo que desde un primer momento había deseado: una alimentación de origen no animal (vegana o vegetaliana).
Creo que el nuevo reto de dejar de consumir huevos, leche y miel va a resultar en principio un poco costoso, sobre todo por los huevos.
Hasta el momento, cuando iba con otras personas a un restaurante no vegetariano no tenía problemas. A partir de ahora va a ser más complicado, y creo que voy a tener que ser más selectiva con los lugares que se elijan para comer y quizá más exigente, pero por otro lado creo que también será una forma de "protesta" y de que las personas que me rodean sepan de mi respeto, preocupación y sensibilidad hacia unos seres que la mayoría de la gente trata como objetos de uso y disfrute.

Otro problema con el que me voy a encontrar va a ser mi familia, que aún cuando consumo leche, huevos y miel, no están en absoluto de acuerdo con mi dieta. Ahora va a ser aún más complicado cuando vaya a comer a casa de mis padres. La fuerza de la costumbre y el apoyo social y comercial, hacen que por mucho que quiera explicarles, no estén de acuerdo y no entiendan que pueda estar perfectamente alimentada sin consumir productos animales, y que tampoco comprendan por qué una de sus hijas les ha salido "tan rara".
No es agradable sentirse diferente de las personas que te rodean, "fuera del grupo", no es agradable que un acto feliz y vital como es el alimentarse, se convierta en el horror y la tristeza que supone tener que estar sentada a una mesa donde veas a tus amigos los animales caídos, humillados, decapitados, desmembrados, cocinados y devorados alegremente por las personas que quieres y aprecias.
No es agradable tener que aguantar las bromas de los que comen carne, ni tener que aceptar todo con una sonrisa.

No es agradable tener que enfrentarse con la gente que uno quiere para que le acepten tal y como uno es, y supongo que esta lucha la hemos vivido, la vivimos y la seguiremos viviendo las personas que, nacidas en un ambiente hostil para con los animales, sentimos que vivimos en un mundo injusto, violento y cruel en especial hacia estos seres que lo único que desean es vivir en paz, sin la intromisión y manipulación humana, sin que este animal que un día se alzó sobre sus dos patas, que se llama a sí mismo ser humano, se apropie de la vida y la muerte del resto de los seres con los que comparte este planeta.

Me encantaría que un día cuando los años vividos hayan surcado mi piel, abra los ojos y pueda ver y saber que las mujeres y los hombres son más justos, más sensibles, más consecuentes, más humildes, más pacíficos, más respetuosos, más conscientes de la importancia de la educación y el ejemplo ante las nuevas generaciones, y del gran valor e importancia que tiene el mundo natural que les rodea y todos los seres que lo habitan.
Pese a toda la rabia, la tristeza, los inconvenientes, los problemas, los enfrentamientos, la polémica y la lucha que los derechos de los animales conlleva, la causa de los vegetarianos merece realmente la pena ser vivida desde la fuerza de nuestras convicciones y el ejemplo de nuestras vidas.
Un abrazo para todos, felicidades por vuestra elección, fuerza y ánimo para seguir defendiendo algo tan básico como las vidas de los débiles, de los que no tienen voz, de los que no pueden defenderse a sí mismos.
M.C.

Cuarto Testimonio
Llevo casi 5 años siendo vegetariana. Siempre he pensado que lo más coherente es el veganismo, porque abarca todos los aspectos de la explotación animal. Sin embargo, he de reconocer que me cuesta más dejar de comer lácteos, huevos y miel que carne y pescado.

En general tiendo a consumir lo menos posible estos productos, pero cuando como fuera de casa, en restaturantes o en casas de amigos y familiares, no soy tan estricta. La razón es que hay ciertos productos que, aunque está comprobado que no son saludables (tanto para los explotados como para los expotadoros) no los considero igual de dañinos. Esto me preocupa porque es señal de que mi conciencia no está en armonía con mi razonamiento. También siento (no lo puedo evitar) que estoy causando problemas a la gente que no está habituada a una dieta libre de crueldad.

En una ocasión me propuse firmemente ser vegana, incluso cuando veía un trozo de queso, en mi mente estaba viendo sangre coagulada. Pero la presión externa fue mayor que cuando me hice vegetariana y no era capaz de soportarla.

Ahora me he independizado y soy yo la que cocina. Tengo más poder de decisión, pero también más responsabilidades. Lo que hago es comer uno o dos huevos de gallinas de corral por semana, reducir mi consumo de queso al máximo y hacer mis propios yogures con leche de soja. La miel casi ni la pruebo y no compro ropa de piel, cuero, lana… Sólo me compré unas botas de montaña buenas, que me durarán. Existe calzado "vegano", pero es muy caro para mí y hay que pedirlo por correo a Inglaterra.

Sé que el que algo quiere algo le cuesta, pero en mi caso mi compromiso llega hasta aquí. Más allá sería demasiado problemático, no lo llevaría convencida, sino obligada y a disgusto.

Espero que la lucha por la liberación animal siga adelante, que cada vez seamos más y consigamos cambiar los hábitos y los prejuicios de tanta gente, que en realidad es lo que frena o hace avanzar cualquier cambio social.
S.V.R.

Quinto Testimonio
Solamente llevo una semana en transición del vegetarianismo al veganismo y hasta ahora no se lo había contado a nadie, porque lo hacía más bien como un experimento a ver que pasaba.
Tengo 45 años y soy lacto-ovo-vegetariano desde hace 25. Los 5 primeros años totalmente estricto, los siguientes no tanto pues he dado más importancia a la relación con las personas que a la alimentación, no importándome en determinadas ocasiones adaptarme a las circunstancias y cometer algún que otro "pecado culinario".
La semana pasada, cuando me decidí a no consumir nada que proviniera del sufrimiento animal, estaba preocupado por la salud, los hábitos y todo eso. Tendría que dejar de tomar Polen, Miel, Kéfir, Yogur, Requesón, Queso Fresco y los deliciosos huevos, que de vez en cuando nos daba el vecino del campo, de sus gallinas que tiene correteando por allí y cuyo sabor me recordaba a aquellos huevos con la yema color naranja fuerte de la infancia.
Pero la verdad es que estoy realmente alucinado, porque ahora no siento ninguna preocupación en absoluto. Me siento bien conmigo mismo. Como más a gusto, con más placer y más apetito. He sentido una paz, una serenidad y a su vez un afecto, una sensibilidad y una compasión por los animales que no había sentido antes. Ya no me importa si algún día cogeré cualquier enfermedad por cierta deficiencia, es como lo que dicen determinados fumadores, que prefieren vivir equis años a gusto que tantos más a disgusto.
Me parece mentira que en tan sólo 6 ó 7 días haya sentido tantas emociones y tanta energía. Siento ganas de correr, de subir las escaleras de dos en dos y me siento más joven, más alegre y mucho más feliz.
Creo que ha sido un gran comienzo y os doy las gracias a todos los que colaboráis con el boletín semanal y la página web y en especial a Ana Moreno por ser un valioso instrumento de ese gran amor y respeto hacia todos los seres vivos. F.M.H. www.EcoPortal.net

Ana Moreno
Extraído de "Manual de Supervivencia para Veganos Novatos"http://www.mundovegetariano.com

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