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Cómo saber si tu sal es refinada

La vida empezó en el mar y, por lo tanto, hemos vivido rodeados de sal (literalmente) desde que éramos pequeñas células flotando en el océano. Por eso se trata de un tema importante que ya empezamos a discutir en nuestro artículo anterior. Allí comentamos cuatro puntos relevantes:

La vida empezó en el mar y, por lo tanto, hemos vivido rodeados de sal (literalmente) desde que éramos pequeñas células flotando en el océano. Por eso se trata de un tema importante que ya empezamos a discutir en nuestro artículo anterior. Allí comentamos cuatro puntos relevantes:


1. No hay evidencias que respalden una reducción drástica en la ingesta de sodio.

2. Reducir el consumo de sodio puede ocasionar riesgos accidentales para la salud.

3. Tus niveles totales de potasio y tu “índice sodio/potasio” son los que realmente importan para la salud del corazón.

4. Lo que la industria alimentaria hace por seguir las recomendaciones sanitarias de reducir la ingesta de sodio puede tener consecuencias peligrosas. Te recomiendo que leas ese artículo para que conozcas los detalles de cada una de esas cuatro razones. En el artículo de hoy vamos a hablar de cómo saber si la sal es refinada y qué tipo de sal deberías comer.

CONTENIDO MINERAL: LA VERDAD DETRÁS LA SAL MARINA COMERCIAL

Quizás habrás escuchado acerca de cómo la “sal marina” es mejor para ti que la sal de cocina refinada normal. Pero la verdad es que todas las sales provienen (en algún momento) del mar y, por lo tanto, son todas marinas. Lo que nos importa realmente es conocer el proceso que la sal ha sufrido desde que fue recolectada. Aquí te pido que sigas la misma lógica que cuando comes tu alimento: cuanto más cercano a su estado original, mejor. Es decir, cuanta menor intervención humana, más nutritivo será tu alimento, o en este caso la sal.

Por desgracia la mayoría de las sales comerciales marinas han sido privadas de casi todos sus minerales y humedad, ya que han sido refinadas hasta alcanzar un nivel de “pureza” del 99.7% de cloruro sódico (NaCl). Ahora bien, quizás te estés preguntando ¿qué hay de malo con ese “99.7% de pureza”?¿Acaso no es eso bueno?

Cuando se trata de sal refinada, en realidad, no. Cuando le quitas los minerales a la sal y luego la ingieres, tu cuerpo no la procesa de forma óptima. La sal refinada se vuelve tóxica sin sus minerales. No es natural. Así que tu cuerpo la trata como una sustancia extraña, generándose toda clase de problemas de salud de los que hablé en mi último artículo sobre la sal.


La tabla de la izquierda muestra todos los minerales que se encuentran en una sal marina SIN refinar. Compara eso con una sal refinada que tan sólo contiene dos minerales (cloro y sodio).

En realidad, los productores de sal producen sal 100% pura en cloruro sódico (NaCl), el 0.03 % que mencionábamos antes se debe a los agentes antiaglomerantes. Estos agentes facilitan que la sal de cocina pueda salir del salero sin problemas.

El problema es que los agentes antiaglomerantes son esencialmente metales pesados, los cuales son extremadamente tóxicos para tu cuerpo. Échale un vistazo a los nombres: ferrocianuro de sodio, citrato de amonio y silicato de aluminio (¿notaste el nombre “cianuro” y el químico que las personas utilizan para limpiar los baños, “amonio”?)

¿Por qué hacen esto los grandes productores de sal? Para prolongar su período de conservación y facilitar su uso. En una palabra: ganancia. Sí, es verdad, nadie se va a morir de repente por tomar sal refinada ni ningún otro alimento procesado pero la realidad es que el efecto acumulativo de todos estos compuestos que hay en la comida procesada nos va debilitando con el tiempo. Las empresas añaden productos en sus alimentos que les ayudan a transportarlos y conservarlos durante el mayor tiempo posible y no están tan preocupados por nuestra salud como quizás pensemos. Eso sí, el sabor será siempre muy bueno. Pero no me voy a enrollar con esto de la comida procesada otra vez…

Volviendo a la sal. Repito, cuidado con el marketing. La “sal marina” comercial puede que venga del mar, pero básicamente ha sido tan refinada como la sal de cocina normal. En cambio, la sal real y sin refinar es húmeda, suave y grumosa. Claro, no es fácil hacer que salga de nuestros modernos saleros y de las latas y tubos comprados en tiendas elegantes, pero básicamente si tu sal no es húmeda, suave y grumosa no deberías ingerirla.

¿CÓMO SABER SI TU SAL ES REFINADA Y NO ES SALUDABLE?

Existen tres simples pruebas para la sal, las cuales puedes hacer en la comodidad de tu propio hogar.

Prueba#1: Observa la sal. ¿Es la sal de un blanco antinatural perfectamente uniforme? Si es así, probablemente fue blanqueada químicamente de alguna manera. La sal natural posee un tono blanquecino debido a las trazas minerales que en ella se encuentran.

Prueba#2: Sacúdela. ¿La sal se mueve bien y libremente? Si fluye fuera del salero sin ningún esfuerzo, se puede asumir que la sal fue procesada con agentes antiaglomerantes. La sal real es húmeda, suave y no se mueve fácilmente.

Prueba#3: ¿La venden en una caja o tubo? Las sales vendidas en una caja o en tubos están deshidratadas y probablemente le fueron añadidos agentes antiaglomerantes para que la sal no absorba la humedad y se arruine el paquete. La verdad es que la mayoría de sales de marcas reconocidas en las tiendas son refinadas y no pasan las tres pruebas mencionadas anteriormente.

¿QUÉ TIPO DE SAL DEBERÍAS ESTAR INGIRIENDO?

Si nuestro cuerpo necesita sal para vivir, pero la sal de cocina y la “sal marina” comercial poseen toxinas… ¿qué es lo que queda? Es simple. Regresar a la manera en que la sal que había hace 150 años, antes de que se industrializara. Debes encontrar sal CRUDA, por así decirlo. Hoy día gracias a internet y a tiendas especializadas estas sales (antes las únicas que había) son cada vez más fáciles de encontrar. Sí, vas a tener que invertir tiempo (sobre todo al principio) en encontrar un proveedor y también algo de dinero, pero cada vez hay más consumidores conscientes y la sal natural se ve cada día más en tiendas convencionales.

Me gusta la sal del Himalaya, la sal celta, la sal de Nueva Zelanda, la sal mediterránea (cuando la puedo encontrar natural). Es bueno variar de sal, cada una tiene una textura, un color y un sabor algo diferente. Esto es bueno y nos habla de sus propiedades únicas. Es una inversión que hago con gusto porque sé cuál es mi activo más valioso (mi cuerpo y mi mente, que son uno). De esta manera sé que estoy evitando toxinas, estoy evitando químicos, estoy comiendo algo limpio y real y además estoy obteniendo más de 80 minerales traza para funciones metabólicas, recuperación adrenal y desempeño atlético.

¡Que no falte la sal!

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