Asia

La extraordinaria historia del monje que vive solo en la cima del Pilar Katskhi

El lugar donde se apoya este “templo” es el Pilar Katskhi, un monolito de piedra caliza de 40 metros de altura ubicado en el pequeño país de Georgia, en lo profundo de la región del Cáucaso, donde Asia Occidental y Europa del Este se encuentran (Foto: Disclose TV)

Una humilde y pequeña casa encaramada en lo alto de un acantilado, probablemente para muchas personas sea algo imposible de sostener, sin embargo para el monje Maxime Qavtaradze es el paraíso en la Tierra.

El lugar donde se apoya este “templo” es el Pilar Katskhi, un monolito de piedra caliza de 40 metros de altura ubicado en el pequeño país de Georgia, en lo profundo de la región del Cáucaso, donde Asia Occidental y Europa del Este se encuentran.

La historia de este refugio es larga y legendaria. La tradición comenzó alrededor del año 423 dC cuando los monjes, para evitar los placeres terrenales del mundo y acercarse a Dios, se alejaban hacia lugares inhóspitos y elevados a fin de poder desapegarse de todo.

Sin embargo, esta tradición ya se había perdido y desde el año 1400 que el monolito estaba deshabitado, hasta que Maxime Qavtaradze, hace unos años hizo renacer esta costumbre.

Qavtaradze vive una existencia completamente aislada la mayor parte del tiempo y solo baja del acantilado dos veces a la semana para visitar un monasterio cercano para aconsejar a los jóvenes que acuden por su ayuda.

Qavtaradze explica –según Disclose TV- que él era un joven muy problemático y tenía serios problemas con el alcohol.

En un período muy sombrío de su vida cayó en prisión y fue allí donde se volvió hacia el cristianismo y encontró su vocación como monje.

Tras su liberación de la prisión en 1993, tomó votos monásticos y a partir de allí dedicó su vida a reconstruir el complejo del monasterio, la capilla y la ermita en la zona, demostrando que con voluntad una persona sí puede reinventar su vida y volcarse al bien.

Para muchas personas, este tipo de existencia aislada es muy extraña y hasta incomprensible, pero según Qavtaradze, él no querría vivir de otra manera. En el pico del acantilado, el monje dijo que puede sentir la presencia de Dios.

Por ahora Qavtaradze no tiene problemas para bajar por la escalera del acantilado y le lleva unos 20 minutos completar el tramo, sin embargo, él sabe que llegará un momento en que será demasiado frágil para hacerlo.

Él explicó tranquilamente que cuando llegue ese momento planea permanecer en la casa hasta que se cumpla su ciclo en la Tierra y muera, al igual que los ermitaños de la época medieval que vivieron allí antes que él.Esta tradición también se remonta a la antigua China. Los monjes subían a una cueva de montaña con una cuerda para cultivarse sentados en meditación por muchos años. Cuando no tenían éxito en su cultivación morían adentro de la cueva ya que la soga era cortada ni bien subían.

Dicen que muchos de ellos todavía están allí meditando, solo que no los podemos ver.

Ecoportal.net

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