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Cómo controlar el asma inducida por el ejercicio

El asma inducida por el ejercicio, también conocida como broncoconstricción inducida por el ejercicio, o EIB, es el síntoma que se desarrolla cuando las vías respiratorias se estrechan como resultado de la actividad física. 

Según la ACAAI , es causado por la pérdida de calor, agua o ambos de las vías respiratorias durante el ejercicio al respirar rápidamente aire que es más seco que el que ya está en el cuerpo. Los síntomas pueden ocurrir dentro de los primeros minutos de ejercicio y continuar durante 15 minutos después de terminar su ejercicio. 

A continuación, se muestran algunas formas de ayudar a controlar los síntomas del asma inducida por el ejercicio:

Pruebe diferentes ejercicios: cuando las personas hacen ejercicio, su respiración se acelera, el aire se vuelve más frío y seco, lo que puede hacer que la membrana que recubre los pulmones se hinche. Estas membranas son sensibles en personas con asma, lo que podría provocar sibilancias, tos, dificultad para respirar y fatiga. Pruebe diferentes ejercicios como la natación. Un estudio sugiere que “la natación induce una broncoconstricción menos severa que otros deportes. Los mecanismos de este efecto protector de la natación no están claros, pero hay alguna evidencia experimental que indica que se debe en parte a la alta humedad del aire inspirado al nivel del agua, lo que reduce la pérdida de calor respiratorio”.

No escatime en calentamientos y enfriamientos: hacer calentamientos antes de un ejercicio y enfriarse después de un ejercicio hará que sus pulmones se aclimaten al aire, lo que reducirá las posibilidades de que las membranas pulmonares se inflamen y causen síntomas de asma. Un  estudio realizado en niños en edad escolar determinó que “El ejercicio después del calentamiento fue significativo para reducir el AIE (asma inducida por el ejercicio)”.

Haga ejercicios de ráfaga corta: se sabe que los tipos de ejercicios como fútbol, ​​béisbol, gimnasia y pista son más fáciles para las vías respiratorias que los deportes que requieren más resistencia como el fútbol, ​​las carreras de larga distancia y el baloncesto. Investigaciones realizadas sobre ejercicio y asma ilustraron “Los deportes con bajo riesgo de desarrollo de asma e hiperreactividad bronquial son aquellos en los que el esfuerzo físico es de corta duración y en los que no se alcanzan altos niveles ventilatorios”. 

Evite hacer ejercicio al aire libre durante el clima frío: lo que a menudo desencadena los síntomas del asma mientras hace ejercicio es respirar aire frío y seco en los pulmones, lo que irrita la membrana. Esto se intensificaría si alguien hiciera ejercicio en un clima frío donde el aire sería más frío y seco. La investigación realizada en adolescentes varones entrenados concluyó que “los resultados de este estudio sugieren que los adolescentes (aunque entrenados) deben evitar el ejercicio de alta intensidad (95% de frecuencia cardíaca máxima) en invierno (temperatura extremadamente baja)”.

Use medicamentos para el asma según sea necesario: este consejo puede parecer obvio, pero asegúrese de tomar su medicamento antes de hacer ejercicio para reducir el riesgo de tener síntomas mientras hace ejercicio. Según la AAFA, tomar un agonista beta-2 de acción corta (como el albuterol) con dos inhalaciones de 15 a 20 minutos antes del ejercicio puede prevenir los espasmos de las vías respiratorias durante varias horas. Un estudio ilustró que “los agonistas beta2, tanto SABA como LABA, son eficaces y seguros para prevenir la EIA (broncoconstricción inducida por el ejercicio) cuando se administran en una sola dosis”. 

Use una cubierta facial en temperaturas más frías: este consejo es simple y fácil de implementar. Dado que un desencadenante común del asma inducido por el ejercicio es respirar aire frío, cubrirse la nariz y la boca crea un ambiente para retener el aire caliente humidificado durante el ejercicio. Se realizó una investigación sobre esta teoría con niños y los resultados fueron “en el día de control, el volumen espiratorio forzado promedio del grupo en 1 s (FEV1) y la tasa de flujo espiratorio medio máximo (MMEF) disminuyeron desde el valor inicial previo al ejercicio al 66% y 47% del valor inicial, respectivamente, a los seis minutos; el día de la mascarilla, el FEV1 y el MMEF fueron el 91% y el 82% de los valores iniciales (aumentaron en todos los sujetos). Una simple mascarilla facial puede ser una alternativa económica y no farmacológica para el alivio de la EIA”.

Por Healthfitness Revolution

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