Cuba

Nilda Iglesias descifra la ecuación de armonía con la tierra

De matemática a productora de conservas, agroecóloga y permacultora. Así ha sido el trayecto de Nilda Iglesias Domecq, una profesora universitaria que no rehúye a humedecer diariamente sus manos en el surco, cuando se trata de alimentar a su familia.

Por Helen Hernández Hormilla

De los momentos difíciles sacó la savia del emprendimiento. Cuando enviudó hace 12 años y quedó sola a cargo de su hija adolescente, echó mano a lo aprendido de la abuela gallega -quien conservaba todo tipo de alimentos- y lo convirtió en su medio de vida. "Desde los siete años ella me paró frente a un fogón a cocinar y eso me ha servido de mucho. En casa siempre había un encurtido o un chorizo y existió la tradición de conservar", asegura a SEMlac la máster en Ciencias Pedagógicas y profesora de la Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba, a más de 700 kilómetros de La Habana. En los años difíciles de la crisis económica, Nildita, como se le conoce entre sus colegas, salió adelante simultaneando el trabajo estatal con el arreglo de uñas, peluquería, costura y artesanía, otra destreza de herencia familiar. "Una tiene que crecerse y saber que todo es posible sin que nadie te manipule, humille o diga que no puedes, por ser mujer. Justamente por serlo, puedo hacer lo que hago", reflexiona. En 2003 encontró nuevas motivaciones como profesora en los cursos de Nutrición y Conservación de Alimentos que ofrece en la región oriental del país el Centro Cristiano de Servicio y Capacitación "Bartolomé G. Lavastida" (CCSC- BG Lavastida), de Santiago de Cuba. "Primero enseñé lo que sabía por mi abuela, pero luego me fui superando con el proyecto de Vilda y Pepe, en Marianao, La Habana, donde aprendí nuevas técnicas que extendemos en los cursos", sostiene la facilitadora de la organización no gubernamental. Como parte de su intención por promover el desarrollo comunitario, la soberanía alimentaria, la ecología y el empoderamiento de las poblaciones vulnerables, el CCSC- BG Lavastida difunde una cultura nutricional saludable mediante talleres prácticos. Nildita ha contribuido con ellos a socializar, entre personas de diversas comunidades, sobre todo rurales, métodos de conservación por secado solar, ácido, deshidratación, pausterización y en miel de abejas, así como a confeccionar vinagre y vino. Ella cree que conservar es una gran ventaja en Cuba, porque en la isla se cosecha por estaciones y con estas técnicas es posible mantener una alimentación variada durante todo el año. Además, "así se aprovechan los picos productivos cuando los alimentos son más baratos". Buscando los insumos para sus conservas, la mujer de 48 años decidió implementar un sistema de permacultura en la media hectárea de tierra detrás de su casa, donde produce buena parte de lo que consumen su familia y vecinos cercanos. "Comencé en 2010, cuando el paso del huracán Sandy por Santiago de Cuba provocó daños devastadores y temimos que se encareciera la comida. Dos años atrás había fallecido mi padre, quien acostumbraba a trabajar la tierra, y me motivé a cultivarla con los conocimientos de agroecología y permacultura que recibí en los talleres del Centro Lavastida", evoca. Siguiendo la ética de proteger por igual a las personas y su entorno, la permacultura promueve la producción de alimentos, el abastecimiento de energía y el uso ecológico de los bienes. Este tipo de diseño responde a principios de sostenibilidad e integra de manera armónica la vivienda y el paisaje, produciendo menos desechos y conservando los recursos naturales. Nildita cosecha en su parcela lechuga, tomate, cebolla multiplicadora, ají, boniato, frijoles negros, yuca, maní, aguacate y limón, entre otros productos vegetales, y además cría dos cerdos, cuatro pavos, 12 patos, 15 conejos, tres perros y varios pájaros. Con ayuda del CCSC- BG Lavastida y la agencia Acción Ecuménica Sueca (DIAKONIA), recientemente instaló un biodigestor que transforma en gas natural las heces fecales de los animales y un baño seco ecológico que no usa agua y aprovecha los desechos humanos en la fertilización.

"Las capacitaciones me han hecho crecer como ser humano y cambiar mi estilo de vida. Ahora nos acostumbramos a ir al campo y tomar los productos frescos y orgánicos", reseña.

Este sistema de permacultura es netamente femenino, pues Nildita lo atiende junto a su madre e hija.

Cuando requiere labores más fuertes como arar la tierra, desyerbar o picar un árbol grande solicita la ayuda de un vecino. Por lo general, distribuye entre personas de la comunidad el excedente de su cosecha, al punto de beneficiar directamente a 10 familias y más de 60 personas de forma indirecta, porque abastece de condimentos y hortalizas un centro laboral cercano. Hasta el momento, no se ha decido a comercializar lo que produce porque primero prefiere crear una base estable en el cultivo de especias y concentrarse en esa rama.

Con su imponente estatura y la seguridad de unos ojos que miran exactos como las cuentas que traza sobre la pizarra, asevera estar realizada por encontrar los vínculos entre su profesión y el trabajo productivo.

"La matemática es lo más exacto que existe. Todo en la vida es calculable y esa ciencia te ofrece la capacidad de abrir la mente a los emprendimientos de la vida, ayuda a valorar lo que puedes hacer o no", reflexiona.

En cualquier unidad de medida, ya sea tiempo, espacio o la firmeza, aparentemente incalculable, Nildita sopesa sus necesidades de subsistencia. Su día comienza a las cinco de la mañana, cuando riega la parcela, atiende los animales y luego se alista para llegar a las clases. En las tardes se dedica a las actividades del Centro Lavastida y los talleres en comunidades lejanas los reserva para los fines de semana.

"La estrategia para conciliar lo que hago es tener la retaguardia segura.

A la hora de sembrar vamos todas al campo y hasta mis estudiantes han venido a ayudarnos", describe. Ahora proyecta terminar su doctorado en ciencias pedagógicas y extender su sistema de permacultura con la construcción de un pozo. "Con esta filosofía, trato de cerrar círculos y vivir en armonía con el ambiente", sostiene. "Algunas personas piensan que alguien más tiene que hacerme las cosas porque no tengo la imagen de quien trabaja en el campo. Pero todo requiere sacrificio, y he tenido que luchar contra ese resquemor cuando alguien niega que puedo ser profesora de matemática y, a la vez, agroecóloga", expone.

Lo mismo les sucede a otras mujeres vinculadas con estas prácticas.

"En los talleres de conservación trato de insertar temas de género porque, cuando hay mujeres hablando de cocina, siempre sale a relucir su situación de vida.

Muchas me cuentan que no han podido encontrar trabajo porque tienen que cuidar los niños o el marido no las deja salir", refiere.

Nildita les motiva a confiar en sus capacidades para salir adelante como mujeres y a ganar en conocimientos, lo mismo que transmite a su hija, recién graduada de psicología, y pretende inculcar a la nieta de un año que sostiene en brazos mientras transcurre la entrevista.

"Para ella quisiera un mundo limpio, donde se respire aire puro. Deseo que no le tenga miedo a nada, tome sus propias decisiones sin que la sociedad la limite y luche por lo que quiere, como hice yo", resume antes de iniciar el arrullo que calma el llanto de la pequeña.

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