"El diseño consigue lo mismo que los grandes paneles de seguimiento pero lo condensa en una superficie casi plana", explica el investigador de la Universidad de Michigan y coautor del estudio publicado esta semana en Nature Communications, Aaron Lamoureux. Este ingeniero no ha estado solo a la hora de diseñar estas placas, pues se trata de un trabajo conjunto entre expertos en materiales y artistas.
Gracias a ellos ha sido posible desarrollar unas placas solares eficientes pero a la vez lo suficientemente ligeras como para ser instaladas en cualquier hogar sin necesidad de reforzar el techo. "La belleza de este diseño reside en que nada cambia a la hora de instalarlo, pero a pequeña escala las diferencias son asombrosas", asegura Max Shtein, otro de los investigadores involucrados.
Se dice que un panel solar puede seguir o rastrear el sol cuando no importa demasiado el grado con el que inciden los rayos solares. En condiciones normales, lo mejor sería que estos alcanzaran las células de forma perpendicular, pero con el diseño adecuado es posible mantener bastante estable la eficiencia aunque lo hagan con ángulos mucho más agudos.
Esto es lo que ha logrado el prototipo desarrollado por Lamoureux y Shtein. El secreto se encuentra en la estructura: en lugar de ser una única placa gigante, está formada por gran cantidad de pequeñas células que se desplazan. Gracias a su forma pueden recoger los rayos del sol de forma óptima: si los paneles de seguimiento mejoran el almacenamiento en uno 40%, el nuevo diseño logra porcentajes del 36% sin ser voluminoso ni pesado.
Para dar con el diseño adecuado, el equipo comenzó jugando con el kirigami desde el principio, con papel y tijeras. El siguiente paso consistió en trabajar con plástico y láser para dar con la configuración más adecuada. Curiosamente, las figuras más sencillas mostraban una mayor eficiencia que las complejas.
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