Eco-Noticias

Globalización del Terror y Guerra – Segunda Parte

Por John Saxe-Fernández

Primera Parte

Más aún, después de la Segunda Guerra Mundial se consolidó el desarrollo de un modelo de desarrollo tecnológico en el armamento atómico, termonuclear, químico-biológico y balístico, que efectivamente hizo algo más que eliminar las distancias entre los continentes aumentando el potencial para la destrucción a niveles no registrados en momento alguno, a lo largo de la experiencia de nuestra especie, con un proceso evolutivo estimado en cerca de cinco millones de años: la globalización de la experiencia del terror, además de estar literalmente sentada en la capacidad tecnológica de aniquilar las distancias y las distinciones entre cercano y lejano, vecinos y extranjeros, nos hizo a todos proximi, y ha transformado de manera profunda los fundamentos de la existencia y de la ética. Conforme aumenta el número de integrantes del club nuclear, como resultado de la proliferación armamentista, también se incrementó la posesión de armas que tienen una capacidad destructiva que va más allá de la experiencia y de la imaginación. La diseminación del armamento de destrucción masiva aumenta inconmensurablemente la importancia del Estado nacional.

Hemos vivido en medio de un ?equilibrio de terror? que amenaza con entrar en un estado de profunda desestabilización, con el abandono, por parte de EUA, de los instrumentos normativos que han permitido, hasta ahora, lo que el liderazgo ruso y chino, conciben como los fundamentos de la ?civilidad estratégica?. Me refiero, desde luego, al anuncio realizado en agosto de 2001 por el presidente Bush de que Washington, a su tiempo, abandonaría el Tratado Anti-Balístico de 1972 (ABM), al mismo tiempo que se retira del Tratado de Armas Químicas y Biológicas en julio de ese mismo año, ambos fundamento de toda la arquitectura de seguridad estratégica que, junto con la credibilidad tecnológica de la disuasión, hasta ahora han evitado un intercambio estratégico, es decir, una conflagración terminal.

Desde la crisis de cohetes de 1962, el mundo no había conocido niveles de peligro de procesos de intensificación bélica a todo nivel como los que vivimos desde el 11 de septiembre. En tiempos de guerra, con EUA como principal protagonista, la situación se torna día a día más crítica y delicada. La balanza entre una paz precaria y una guerra general puede tener un giro de consecuencias literalmente inimaginables no sólo por la presencia de armamento termonuclear, biológico y químico y de cohetería balística intercontinental, sino también por el accionar de grupos terroristas que bien pueden estar operando desde afuera o desde adentro de las estructuras gubernamentales de las potencias. La alternativa que se perfila está entre el derecho y la guerra, y por ?guerra? me refiero a una dinámica de acciones y reacciones, de intensificación de procesos bélico-terroristas, de confusiones y de presencia de actores difusos estatales y no estatales o presuntamente ?no-estatales?. En un contexto signado por una condición subjetiva (?cualquiera puede ser mi enemigo en cualquier momento?), aumenta el orden de probabilidad de conflagración en el corto mediano o largo plazo, lo que hace frágil a la coalición montada por Washington para los ataques militares contra Afganistán. Detrás de la coalición se esconden temores y nuevas realidades de la era de la proliferación nuclear. De hecho el bombardeo contra Afganistán rápidamente se transforma en una grave crisis regional en la que aumentan los riesgos de un conflicto nuclear entre Paquistán e India y además, se juega el control del arsenal nuclear de Paquistán, por los efectos desestabilizadores que emanan de la peligrosas acciones militares impulsadas por la Casa Blanca. Este sería un ?blowback nuclear?, es decir, en palabras de Seymour M. Hersh, ?las consecuencias no previstas de la decisión del presidente (Bush ),de lanzar ataques aéreos y terrestres contra el gobierno talibán en Afganistán? Entrevistas con la cúpula gubernamental, indican que esta política, han creado una grave ruptura entre los expertos gubernamentales de EUA en las áreas de inteligencia y diplomacia relacionados con Asia, y el equipo de la Casa Blanca. Las cadenas televisivas estadounidenses, bajo una influencia militar sin precedentes, han tratado de minimizar ante el público los enormes riesgos globales -y para la misma integridad física de la población y territorio de EUA-, que se derivarían de una profundización de la desestabilidad regional. El redactor en jefe de la Canadian Broadcasting Corporation subrayó recientemente el contraste entre la cobertura televisiva de seis semanas de guerra por las grandes cadenas estadounidenses y sus homólogos europeos, un fenómeno igualmente criticado por el Wall Street Journal y el New York Times. ?Es como si se tratase de dos guerras diferentes?, comentó Tony Bruman. ?La BBC británica está focalizada en mayor medida en las cuestiones humanitarias en la región?la dimensión humana?, mientras que la cobertura de las grandes cadenas estadounidenses NBC, ABC y CBS se basa ?casi exclusivamente? en temas evocados en conferencias de prensa que realiza a diario el Pentágono.? Parece que los medios televisivos estadounidenses no se deciden a hablar del impacto humano del conflicto. El tono ?acrítico e hiperpatriótico? de las tres principales cadenas nacionales es prácticamente idéntico, algo que sorprende en un medio extremadamente competitivo? El sometimiento de las cadenas televisivas al aparato militar, una grave manifestación de los impactos de los operativos terroristas del 11 de septiembre en las relaciones cívico-militares de EUA, está relacionado, desde luego, con el intento del gobierno de minimizar los efectos de los bombardeos con sus miles de civiles muertos, manifestaciones callejeras en Islamaba, Quetta, Peshawar sobre la correlación de fuerzas en las que se sostiene el General Pervez Musharraf, especialmente en la oficialidad que lo llevó a tomar el poder en Paquistán.

Considerando que Paquistán cunta con al menos veinticuatro ojivas nucleares, que pueden ser lanzadas por medio de cohetes de alcance medio o de una flota de aviones F-16, la preocupación sobre la confiabilidad sobre quiénes están a cargo del control de ese armamento son ampliaente justificadas. Una de las diferencias entre los expertos gubernametales estadounidenses y el equipo de la Casa Blanca reside precisamente en que los primeros tienen serias dudas sobre la capacidad de Musharraf de controlar a los militares y el arsenal, en la eventualidad de un golpe de Estado.

También se discute la posibilidad de que grupos de oficiales fundamentalistas, se apoderen de las ojivas. Como bien sintetiza el problema Hersh, ?con el continuo bombardeo de EUA contra blancos civiles, aumentan los riesgos de intensificación bélica? El Senador Joseph Rl Biden, presidente del Comité de Relaciones Exteriores, advirtió que ?Paquistán y Musharraf bien pueden, en los hechos, colapsarse? Si tal cosa ocurriera, nos encontraríamos frente a una endiablada concatenación de fuerzas en la región mucho mayor que la que enfrentamos ahora?, Así, se incrementan las probabilidades y con ellas se generalizan los temores de que la espiral de violencia se salga de control y ella adquiera un ímpetu propio que involucre a más actores, estatales y privados y desemboque en procesos de intensificación bélica incontrolables. El ?téte a tete? estratégico entre Bush y Putin, ampliamente publicitado, no hace sino indicar que existe una ?ansiedad mayor?, en el sentido de que una vez traspasado el umbral nuclear o químico-biológico, la situación difícilmente podrá mantenerse bajo los límites de una conflagración regional. Agréguese a esto la desestabilización del contexto estratégico y se entenderá mejor por qué estamos en un serio predicamento civilitatorio: después de todo, los mecanismos de disuasión de guerra general termonuclear han sido puestos en entredicho por Bush cuando anunció el eventual retiro de EUA del ABM auspiciando además la construcción de una desestabilizante estructura anti-balística que es interpretada por otros interlocutores estratégicos como un intento por disminuir su capacidad de segunda respuesta ante un ataque sorpresivo, lo que les lleva a adoptar posturas de primer ataque y activar sistemas de ?launch on-warning? (lanzamiento sobre aviso).

Según Bush, dió inicio la primera guerra del Siglo XXI. Lo que es cierto, si se piensa secuencialmente y no en términos tanto de la estrategia militar propia a la era nuclear o de la periodización histórica. En rigor, estaríamos en los prolegómenos de lo que podría desembocar en el corto, mediano o largo plazo en la Tercera Guerra Mundial. Como por ?largo plazo? se entiende un período de entre 30 y 60 años, es desde la perspectiva temporal de la evolución de nuestra especie, sólo un instante, y es precisamente la especie la que pende de un hilo. Historiográficamente, nuestra era comenzó en el momento mismo en que se desarrolló la capacidad de aniquilación, y junto con ella, la destrucción de la biosfera requerida para el sostenimiento de la vida. En la era nuclear,y del armamento químico y biológico, el fundamento de toda alternativa a la guerra se concreta en una estrategia política, social, económica y militar que se fundamenta en la capacidad de ?mantener el fin, sin fin?, y ha sido en este contexto de valorización de la vida, desde el que debe articularse la oposición a la diplomacia de fuerza, a la movilización bélico-industrial y a las políticas de distribución regresiva del producto mundial bruto, impulsadas por los sectores que hegemonizan la acción estatal en EUA. Los ?prolegómenos? se mantendrán hasta el instante mismo en que alguno de los actores decida usar armamento de destrucción masiva: biológico-incontrolable, químico/ balístico y nuclear/balístico, algo cuyo orden de probabilidad se acrecentaría si naciones política y socialmente inestables pero poseedoras de esas tecnologías son arrastradas por el bioterrorismo u otros dispositivos clandestinos, a enfrentamientos como resultado de la política de fuerza que aplica el gobierno de Bush.

Cabe apuntar que existe una línea de continuidad que va desde el primer bombardeo atómico contra la población civil el 6 de agosto de 1945, totalmente injustificado desde la perspectiva técnico-militar, hasta el bombardeo contra Afganistán en nuestros días, también sin aparente justificación. La persistente e indiscriminada acción bélica en Afganistán tiende a fragmentar la coalición elaborada por la acción diplo-militar del gobierno de Bush. El problema es de orden mayor, porque el anuncio hecho meses antes del 11 de septiembre sobre el despliegue del escudo antibalístico, ya incide en todo el sistema de alianzas, como uno de los derivados más significativos y peligrosos de la proliferación nuclear. Bracken ha sintetizado lo que es una característica nodal de la condición en que vivimos. Me refiero al hecho de que la posesión de armas de destrucción masiva permite a las naciones depender menos de las coaliciones para garantizar su sobrevivencia, y que, como lo está mostrando Bush con su Escudo Nacional Antibalístico (ENA) se perfilen como entes más distantes y autónomos. La decisión de ampliar la OTAN, tuvo como uno de sus objetivos, diluir la percepción de que EUA no sacrificaría alguno de sus corredores megalopolitanos para defender a Europa de un ataque hipotético de Rusia o China. Esta característica también afecta e impacta a las otras naciones poseedoras de armamento nuclear lo que los hace menos propensos, como lo indica Bracken, a confiar en los lazos de la cultura, la religión o la etnicidad que atan a los miembros de una civilización. Las naciones pueden sentir la necesidad de construir sus propios arsenales porque las promesas de sus aliados de protegerlos resultan poco creíbles. Como las consecuencias de la guerra son catastróficas, el Estado nación asume un papel central en la adopción, presupuestación y coordinación de las actividades que permitan la sobrevivencia nacional.

Después de la SGM creció el número de pensadores, de conciencias, quienes irónicamente insistieron que finalmente habíamos arribado al establecimiento de un proceso social internacional que había ayudado a universalizar un clima emocional, una atmósfera dominada por el temor de que habíamos arribado, en las palabras de Günther Anders, a ?? la era en la que en cualquier momento disponemos del poder para transformar cualquier lugar de nuestro planeta, aún nuestro planeta mismo, en una Hiroshima. Desde ese día somos, al menos modo negativo, omnipotentes pero, puesto que, por otra parte, en cualquier momento podemos ser ?borrados?, también desde ese día somos totalmente impotentes. Cualquiera que sea el tiempo que esta era pueda durar, aún si durara por siempre, ésta es la ?última edad?: porque no existe ninguna posibilidad de que su differentia specifica, la posibilidad de nuestra auto-extinción, pueda terminar sino es con el final mismo.

En 1946, a escasos meses después de los horrores de Hiroshima y Nagasaki, Albert Camus, percibió la globalización del terror en estos términos: ??¿quién puede negar que vivimos en un estado(emocional) de Terror?? Para escapar a este terror debemos ser capaces de reflexionar y de actuar de manera consistente. Pero una atmósfera de terror difícilmente estimula la reflexión. Sin embargo, creo que en lugar de echarle la culpa de todo a este temor, debemos de considerarlo como uno de los factores básicos de la situación, y tratar de hacer algo al respecto. No existe tarea más importante?Y si esta atmósfera de temor no estimula el pensamiento certero, entonces lo primero que hay que hacer en enfrentar y vencer al temor?.

4. México en tiempos de Guerra

Formal y operativamente, como repetidamente se ha indicado, por su trascendencia, nuestro poderoso vecino entró en un estado de guerra, con profundas implicaciones internacionales y de manera particularmente delicadas, con repercusiones de largo alcance en la relación bilateral. Hoy México y la comunidad internacional viven ?tiempos de guerra?. En este nuevo contexto, es necesario retomar y discutir el giro antinacional en la política económica que se observa desde finales de la década de 1970, especialmente en torno a los sectores estratégicos de la economía, en la dirección de especializar al país en un exportador de crudo y de auspiciar la privatización e integración de la infraestructura petrolera y eléctrica con la de EUA. Al respecto cabe recordar que Heberto Castillo desde entonces, presentó los argumentos más convincentes sobre sus implicaciones para la soberanía e integridad territorial de la Federación, de sobrevenir circunstancias como las que hoy estamos viviendo. Por aquellos tiempos estuve elaborando estudios sobre asuntos estratégicos vinculados con la administración de los recursos minerales y petroleros del país, habiendo realizado una crítica a una iniciativa estadounidense apoyada desde dentro del gobierno de López Portillo por personajes como Jorge Díaz Serrano, ya desde entonces vinculado empresarialmente con el petrolero texano, exdirector de la CIA y expresidente George Bush, para la construcción de un gasoducto de cuarenta y ocho pulgadas de diámetro, desde Tabasco hasta Texas. Dos líneas propositivas se derivaron de esos trabajos, una apoyando las iniciativas para que México se integrara plenamente a la coalición de países exportadores de petróleo, y otra advirtiendo sobre las consecuencias geopolíticas y estratégico-militares de la construcción del gasoducto y del peligro que representaba para la integridad territorial de México una construcción que atravesaba al país, para llevar materia prima de enorme importancia económica y militar hacia unos EUA que ya habían sufrido un trauma estratégico a raíz del embargo petrolero de la OPEP y que consideraban, como también ya lo había explicitado Henry Kissinger, que el acceso al petróleo era causa de guerra. Esta postura recibió un aval no intencionado de las más altas autoridades estadounidenses, cuando la prensa nacional dió a conocer en titulares de primera plana las declaraciones del Secretario de Defensa de EUA en las que no sólo apoyaba la construcción del gasoducto sino que también aseguraba que ?los mexicanos no tienen que preocuparse por la seguridad del ducto ya que EUA cuenta con suficientes dispositivos militares para su protección?.

Tanto en mi caso como en el de Heberto Castillo se planteaba la peligrosa vulnerabilidad que estaba generando la política económica en un contexto bélico.

Los trabajos del Ingeniero Castillo resultaron fundamentales y de gran visión:

?convertirnos en proveedor importante de los EUA en cuanto al petróleo y al gas nos hace más vulnerables en caso de una nueva guerra mundial. Este problema se ha menospreciado. Se considera prácticamente imposible una nueva confrontación mundial. Se ha dicho incluso que las declaraciones del ministro de Energía norteamericano, James Schlesinger en el sentido de que las fuerzas armadas norteamericanas deben garantizar en última instancia el abastecimiento de petróleo en el medio oriente para EUA, son meras balandronadas Se ignora que el gasoducto a Texas, aunque se construya por etapas y primero a Monterrey, será una vía, un ducto que debe ser considerado como objetivo militar por cualquier país en conflicto con EUA. Se ha dicho que de todos modos México estará en grandes aprietos en caso de una nueva guerra mundial. Eso nadie lo duda. Por el sólo hecho de tener petróleo es ya un objetivo militar. Pero si además esa zona petrolera está integrada económica y físicamente al sistema de suministro norteamericano habrá la menor oportunidad de negociación para lograr evitar participar en una contienda que a nosotros no compete. Se olvida que una red de aprovisionamiento no se construye de la noche a la mañana y menos en tiempos de guerra. El que no exista esa red conectada con EUA será una garantía en caso de guerra y de existir será una fatalidad.

El desmembramiento, privatización y extranjerización de PEMEX, CFE-CLFC y la desarticulación y finiquito de FNM como sistema nacional de arrastre integrado, de puertos y aeropuertos, carreteras y sistema financiero, adquiere connotaciones especialmente delicadas en las regiones y Estados cercanos a ambas fronteras. La del sur, por la colindancia con Guatemala, una nación dominada militarmente por EUA. La de Norte por el accionar político-estratégico de EUA sobre los procesos de ?integración silenciosa?. Las modificaciones a la Constitución y a la Ley que regula la inversión extranjera así como su formalización en el TLCAN tiene implicaciones espacial-territoriales de orden mayor, sólo equiparables a los procesos iniciados en 1825 que desembocaron en el apoderamiento de más de la mitad del territorio mexicano en 1848. El establecimiento de un vasto entramado de redes de interconexión (eléctrica, gasera, ferrocarrilera, etc) trans-fronteriza, a cargo de empresas estadounidenses y cuando mucho ?binacionales? está creando vulnerabilidades y problemas de jurisdiccionalidad que se acrecientan con la masiva militarización fronteriza impulsada por EUA.

En el caso de Baja California presenciamos un inusitado despliegue de compras de propiedades por parte de inversionistas estadounidenses, así como de grandes firmas de bienes raíces de ese país. Si a esto agregamos la mencionada integración ?binacional? de los proyectos de infraestructura de comunicaciones, el cuadro que se presenta es potencialmente peligroso, especialmente en lo que se refiere a la integridad territorial de la Federación mexicana. La apertura del sector eléctrico, esencialmente en el norte del país donde se ponen en marcha ambiciosos proyectos binacionales de interconexión eléctrica y de infraestructura, ocurre en medio de un cruce de fuerzas geoeconómicas y geopolíticas, culturales y migratorias. En el proyecto estadounidense este proceso de privatización integral -electricidad, gas natural, carreteras, puertos, ferrocarriles?- en la clave ?multimodal?, se contemplan medidas y aspiraciones mayores tanto en lo geográfico como en lo temporal, incluyendo escenarios sobre la ?re-estructuración? de las fronteras entre México y EUA de cara al año 2050. Es decir, que el esquema privatizador forma parte de una concepción mayor con consecuencias de largo alcance geoeconómico y geopolítico. En los altos círculos empresariales, de inversionistas y de seguridad nacional de EUA ya se están planteando modificaciones importantes de las ?fronteras nacionales? de la América del Norte en los que resaltan los esquemas de ?manejo binacional de asuntos de seguridad? junto con la elaboración de estructuras de interconexión. Estos indicios de avances y procesos mayores de integración, están centrados en áreas ?demográficamente aptas?, es decir, sin mucha población mexicana.

En un trabajo publicado por World Business (revista vinculada a los círculos de inversionistas de Wall Street), titulado ?Rearranging North America?, el autor se pregunta sobre qué es lo que EUA le estará exigiendo a México en relación con su frontera Norte. Al respecto apunta que,

?el área de México que probablemente los estadounidenses desearán anexarse será Baja California. Se trata de toda la península, desde Tijuana hasta Cabo San Lucas, que tiene el potencial de transformarse para los jubilados y turistas en el equivalente a la Florida, pero en la Costa Occidental, un papel que tendría Baja si alguna vez se hace parte de los EUA. De otra manera, existe la probabilidad de que los EUA piense en replantear o suspender porciones del NAFTA que minan su frontera económica, como por ejemplo la estipulación de otorgar derecho a los camioneros mexicanos de operar en nuestro territorio?México es demasiado orgulloso para dejar que EUA tome Baja California bajo cualquier arreglo, como por ejemplo, que se le condone gran parte de la deuda. Por esto las relaciones entre las dos naciones pueden dificultarse en el futuro cercano.

Después de los ataques terroristas contra Nueva York y Washington ese esquema mayor de modificación de fronteras se explicitó de manera más acelerada de lo esperado, planteándose la creación de un ?sistema defensivo de América del Norte? que incluya a México y Canadá como un ?requisito esencial para la defensa de EUA?, ya que según un informe de inteligencia, ?otras alternativas serían inútiles.? La empresa de inteligencia comercial Stratford plantea que, ??EUA tiene una vasta frontera desprotegida con Canadá y una larga e ineficientemente cuidada frontera con México. Acceso a Canadá o a México crea innumerables oportunidades para penetrar en EUA?, agregando que, ??cualquier intento para crear un eficiente perímetro defensivo a lo largo de esas dos fronteras tomaría un tiempo demasiado largo para entrar en efecto y desviaría sustanciales recursos humanos de otras misiones, aparte de las cuestiones de costos y eficiencia económica.? Como todo intento para crear una ?fortaleza estadounidense? sería ?insostenible?, la solución se centraría en presionar o influir sobre la cultura política mexicana y canadiense para que dejen a un lado su soberanía y renuencia ?a integrar sus sistemas de seguridad?, empezando por las relativas al funcionamiento de toda nuestra infra-estructura de comunicaciones, con especial énfasis en las llegadas internacionales.

Según información recabada por José Carreño Figueras, el concepto sería similar a lo que una fuente mexicana consideró recientemente como ?una burbuja de seguridad norteamericana? dentro de la cual las poblaciones y las mercancías de los tres países se transportarían con relativa libertad y seguridad?. Esta expresión de aislacionismo se establecería, según Stratford, bajo el modelo del Comando de Defensa Aérea de Norteamérica (NORAD), creado a mediados del siglo pasado y en el que EUA basó su defensa aérea. Como un ataque de cohetería balística proveniente de la URSS o ahora de Rusia, tendría que llegar desde el norte, incorporaron a Canadá al NORAD con lo cual ampliaron su perímetro defensivo prácticamente hasta el Polo Norte. Carreño informa que el análisis alega que ?es imposible? lograr una verdadera seguridad fronteriza para EUA en un marco temporal que tenga significado ya que, ??cualquier aeropuerto que acepte vuelos internacionales pero no sea parte de un proceso de selección inmediatamente inutiliza la capacidad de EUA para efectivamente separar atacantes antes de entrar?. En el documento se advierte que la necesidad de crear tal sistema ??interactúa con otros temas que dividen a EUA y sus vecinos. Canadá está profundamente preocupado acerca de proteger su soberanía, mientras México tiene cuestiones fundamentales con EUA en relación con los flujos migratorios.? Por ello se consideró que existen,

..serios desafíos para transformar la noción de defensa continental en un ente operacional. Podría ser incluso imposible poner en marcha un sistema completo debido a esas cuestiones. Pero concretar tal sistema, sin embargo será la primera prueba de la coalición que EUA busca construir. Convencer a Canadá y México de crear un sistema de selección continental para entrantes sería la base de cualquier sistema funcional de defensa patria. No está claro que tal modelo sea sostenible por un largo periodo sin un cambio fundamental en la cultura política de Canadá y México. Sin embargo, es el prerrequisito esencial para la defensa nacional estadounidense.

En las condiciones actuales, el vasto programa de privatizaciones impulsado por Washington por medio del Banco Mundial y del gobierno mexicano, expresado en el traspaso a entes extranjeros- primordialmente estadounidenses- del manejo, control y usufructo de los grandes complejos económico-territoriales involucrados en la operación de los ferrocarriles, el petróleo, la petroquímica, el gas natural, y la estructura multimodal que incluye a puertos, aeropuertos, ferrocarriles y carreteras, es la amenaza mayor jamás registrada en la historia a la soberanía e integridad territorial de los Estados Unidos Mexicanos y su Carta Magna.

5. Una Reflexión final.

La sensación del público estadounidense y mundial sobre una supuesta ?invulnerabilidad? del territorio estadounidense se desplomó. Pero los círculos del poder económico y político-militar sabían, de primera mano, que la proliferación del armamento de destrucción masiva y de la cohetería balística intercontinental habían, desde hace varias décadas, transformado al territorio y la población de EUA en parte y parcela del campo de batalla de la Tercera Guerra Mundial. Aunque el ataque terrorista contra las Torres Gemelas y el Pentágono y los posteriores ataques de ántrax hayan sido perpetrados desde dentro o desde fuera, o por medio de una combinación de instrumentos y fuerzas externas e internas, han mostrado sin equívoco alguno que EUA comparte con el resto de las naciones, la absoluta vulnerabilidad de la integridad de su población y territorio. Todos estamos al alcance de todos. La tecnología y la puesta en operación de formas de guerra no-convencional, indican, además, que sería existencial y políticamente suicida quedarnos rezagados en torno a estos desarrollos, por lo que, es absolutamente necesario ampliar, ??nuestro horizonte de responsabilidad hasta que llegue a ser igual a ese horizonte dentro del cual podemos destruir a todos, y ser destruidos por todos; en suma, hasta que llegue a ser global.?

En momentos de enorme impacto político y de conmoción internacional, todo esfuerzo de clarificación teórico-conceptual, en torno a un fenómeno como el terrorismo, que ha permanecido al margen de la reflexión sistemática de la teoría política, es de enorme importancia ética y práctica. Hasta donde yo conozco, todavía no se ha generado una teoría general acerca del terrorismo, pero lo cierto es que, si se le ausculta con cuidado, en torno suyo giran virtualmente todos los principales problemas y temas de la teoría política.

El asunto no es menor, de mera exigencia o interés académico. Va mucho más allá, puesto que la única alternativa a la espiral de violencia en que ya estamos inmersos la ofrece la antes mencionada ?globalización de la responsabilidad? por medio de un reforzamiento de los procedimientos e instrumentos sancionados por el derecho internacional. Mi interés en recuperar algunas reflexiones teórico-conceptuales en torno al terrorismo en la era del armamento nuclear, balístico y químicobiológico se vió alentado el 2 de octubre pasado cuando, Baltasar Garzón, Magistrado de la Audiencia Nacional de España, presentó lo que en mi criterio debe ser el punto número uno de toda agenda humanamente responsable: ??la elaboración y la aprobación urgente de una Convención Internacional sobre terrorismo que unifique los conceptos e incluya las normas que regulen los tipos de investigación?, que sean pertinente realizar. Estimo que debemos abogar, junto con Garzón, por ??la creación de un espacio único, universal, lo que supone necesariamente la urgente ratificación del Estatuto de la Corte Penal Internacional y la conceptualización del terrorismo como un crimen contra la humanidad, perseguible bajo el principio de justicia penal universal, la creación de una auténtica Comunidad de Inteligencia y de un Observatorio Internacional sobre terrorismo, y la ayuda a los países afectados para que amplíen sus recursos, no militares, sino humanitarios, culturales y económicos.? Esta perspectiva propositiva contrasta de manera radical con la elaborada por el gobierno de Bush, lamentablemente ratificada por el Congreso de EUA, en torno a la creación de una serie de medidas diametralmente opuestas, oscurantistas y de corte neohitleriano, por medio de un espacio cerrado, totalitarismo y sólo abierto a la impunidad, por medio de la creación de tribunales militares secretos. Es importante tener presente que la propuesta del Juez Baltasar Garzón implica que la alternativa a un desemboque terminal de la presente crisis, requiere que las naciones ajusten su comportamiento a toda la normatividad existente en torno a crímenes de guerra y contra la humanidad, y el gobierno de Bush ha preferido la ruta que nos coloca al borde del abismo.

Ciudad Universitaria, 5 de Noviembre de 2001.
*Colaboración de Revista La Maza revistalamaza@hotmail.com

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