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Impacto de las Plantacines Forestales en Uruguay – Segunda parte

Recién a partir de 1997 -después de 10 años de vigencia de la legislación- como resultado de la presión de organizaciones ambientalistas la Dirección Forestal contrató una primera consultoría sobre los impactos ambientales de las plantaciones.

Por Por Carlos Pérez Arrarte*

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Recién a partir de 1997 -después de 10 años de vigencia de la legislación- como resultado de la presión de organizaciones ambientalistas la Dirección Forestal contrató una primera consultoría sobre los impactos ambientales de las plantaciones.

Las diferencias entre un sistema vegetal monoespecífico compuesto por árboles coetáneos, vis a vis una pradera multiespecie integrada en forma dominante por especies herbáceas de más de 80 familias, son notables en relación a todos los componentes del sistema paisaje, incluyendo la biodiversidad, los suelos, el ciclo del agua, y de la atmósfera asociada [xvii] .

Los árboles son menos exigentes en fertilidad que las praderas, y en particular aquellos de las familias de las coníferas y asociados a las micorrizas. En su proceso evolutivo construyen suelos de menor fertilidad que los de los sistemas pratenses, permitiendo concluir a los especialistas que las plantaciones forestales producirán una degradación de los suelos pampeanos evolucionados históricamente bajo pasturas. Específicamente, existirán impactos en las condiciones químicas, físicas y en la morfología del suelo, en relación a las preexistentes evolucionadas bajo la pradera: es de esperar modificaciones en el tipo y distribución de la materia orgánica en el perfil, la relación carbono-nitrógeno, procesos de pérdida de bases, acidificación, producción de sustancias complejizantes (compuestos de aluminio, hierro). La nueva vegetación inducirá procesos de podzolización (procesos típicos generados en los suelos evolucionados bajo bosques en el hemisferio Norte) en los suelos de pradera [xviii]. Contrastando con la importancia de estos pronósticos, aún hoy no hay una investigación científica que aborde estos problemas.

En forma análoga, en términos generales puede establecerse que los árboles están asociados a climas más húmedos, que los que caracterizan a las formaciones de praderas, teniendo una mayor demanda de humedad que los sistemas pratenses. Al ser introducidos en éstos últimos, liberarán un excedente menor para otros usos, que se expresará en el rendimiento neto de las cuencas hidrográficas y en la disponibilidad de agua para las napas freáticas. La estructura del ciclo hídrico de una pradera tiene diferencias significativas con el ciclo que caracteriza a una plantación forestal (figura 1/próxima pág.).

Es de esperar cambios relevantes en los diversos componentes del ciclo, y dada la extensión y el predominio de las plantaciones en las regiones forestales, impactos en otros sistemas agropecuarios y usos del agua que se estructuraron históricamente a partir del ciclo hidrológico de la pradera original. La evapotranspiración real de una plantación de eucalyptus se estima que será entre 30 a 50% superior a la de un campo natural; la plantación forestal afectará también significativamente el componente de escurrimiento superficial del agua, reduciéndolo en el orden de los 250 mm anuales, es decir 2500 metros cúbicos por hectárea/año [xix] ; igualmente el componente de intercepción de las precipitaciones por el follaje se modifica dramáticamente entre una pradera bajo pastoreo y una plantación de pinos de 10 años, etc. ¿Qué impactos tendrán estas modificaciones en el rendimiento de la Cuenca del Río Santa Lucía, responsable del abastecimiento del agua potable de la región metropolitana con el 60% de la población nacional; en el sistema de generación hidroeléctrica del Río Negro, compuesto por tres represas, columna vertebral del suministro de energía en Uruguay, tributario de cuencas que se están forestando en gran escala ? En forma análoga, es de esperar en esa región conflictos con los cultivadores de arroz irrigado, que utilizan principalmente agua del escurrimiento superficial. En otras localidades se esperan afectaciones de aguas subterráneas que abastecen otros establecimientos agropecuarios o comunidades urbanas.

La investigación nacional en forestación se desarrolla en el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria, entidad pública de derecho privado, dirigida con un fuerte protagonismo de las gremiales de empresarios de los diferentes sectores. La línea central de trabajo forestal es en mejoramiento genético de eucaliptus, para el desarrollo de semillas y materiales vegetativos (bancos clonales), en principio vinculado al Eucaliptus grandis, y en métodos de cultivo como fertilización, espaciamientos, y manejos orientados al desarrollo de la productividad [xx].

Recién a partir de 1997 -después de 10 años de vigencia de la legislación- como resultado de la presión de organizaciones ambientalistas la Dirección Forestal contrató una primera consultoría sobre los impactos ambientales de las plantaciones. Como resultado de sus recomendaciones, se están comenzando a monitorear microcuencas experimentales para iniciar la recolección de información local que permita dar respuesta a alguno de los interrogantes anteriores.

Otros impactos más complejos aún no están en las agendas de la investigación académica, como los cambios en la circulación del aire en el paisaje, en los microclimas, en el ciclo del carbono y de otros nutrientes, en la morfología de los suelos. Notablemente, en un país de matriz ganadera, la modalidad de explotación de silvo-pastoreo, que sería la interfase de integración natural entre la ganadería y la forestación, no integra la agenda formal de investigación. Si, muchos productores y empresarios la practican y señalan su interés como rubros complementarios. Empresas forestales también están llevando agendas de investigación propias: ha trascendido que se están reproduciendo en el país líneas de eucalyptus transgénicos, con resistencia a determinados herbicidas que eventualmente reducirían sus costos de cultivo [xxi].

Un conjunto de impactos ambientales locales se han registrado por el efecto borde entre los diferentes ecosistemas -ecotono- y sus sistemas productivos asociados. Así, en zonas de cultivos, los daños causados por las aves, cotorras y palomas, se han reclamado insistentemente; en otros casos, productores ganaderos con ovejas y vacunos reclaman por los daños causados contra corderos y terneros por jabalíes, zorros, y otros animales que se protegen en los plantíos. En forma análoga, un conjunto de impactos se perciben por las poblaciones locales como fuentes de riesgo para la vida humana. Desde la mayor proliferación de víboras en algunos ambientes, a una muy fuerte preocupación por la eventualidad de grandes incendios forestales; en particular, en algunas comunidades rurales completamente rodeadas por macizos forestales, como Tranqueras, El Carmen, Piedras Coloradas, etc. En general hay un fuerte escepticismo sobre la capacidad local de combatir siniestros de la escala de las plantaciones actuales [xxii].

Es obvio que el paisaje rural se modifica drásticamente al pasar de la pradera pampeana a las plantaciones forestales cultivadas, y es posible hipotetizar que esta ?agresión visual? para el poblador local adulto, que creció en el marco del paisaje prístino, es una de las bases de cierta animosidad popular que existe contra el nuevo rubro productivo que se abre paso en el escenario nacional. El poblador rural nativo, con raíces en la cultura del gaucho pampeano, apreció siempre la capacidad de movilidad territorial, la facilidad del desplazamiento asociada al caballo, la visión de un horizonte visual ubicado a una larga distancia de su posición en el terreno. Aún no se cuenta con estudios sistemáticos de percepción ambiental, pero hay numerosos indicios aislados en este sentido.

Otro impacto socioeconómico se refiere a los diversos efectos sobre el agroturismo, actividad que está mostrando una fuerte expansión en este momento, y a la que se visualiza con fuerte potencial para el futuro del desarrollo rural uruguayo.

V. Debates en curso en la sociedad uruguaya

El crecimiento de las plantaciones forestales se ha realizado en forma paralela al incremento de los cuestionamientos sobre la sustentabilidad de la iniciativa, en sus diversas perspectivas, y comprendiendo todo el ciclo de vida de la actividad, trascendiendo la etapa agrícola de este rubro. Incluyendo el proceso de transporte y acondicionamiento en las terminales de exportación -de gran relevancia por el carácter voluminoso de la madera en rolos y su bajo valor unitario- y la etapa comercial y eventualmente de transformación posterior.

1. El debate sobre los beneficios/perjuicios ambientales de las plantaciones forestales comerciales se ha ido planteando en todo el país en los últimos quince años, inicialmente con otros sectores de la producción agropecuaria y luego con organizaciones no gubernamentales y diversos grupos urbanos. Hacia mediados de los ochenta plantaciones con fines energéticos en regiones de agricultura intensiva -hortifrutícola- levantaron la oposición de granjeros [xxiii]; doce años después, la eventual instalación de una planta de celulosa en las afueras de la ciudad de Fray Bentos movilizó amplios sectores de la opinión pública. Hoy en día es común encontrar opiniones definidas ?a favor-en contra? de la forestación en amplios segmentos de la población.

Los problemas ambientales regionales y locales comienzan a ganar visibilidad ante la opinión pública, y a ganar más peso que los beneficios económicos y los supuestos beneficios ambientales globales de la forestación:

  • Afectaciones sobre los ecosistemas originales de pradera y sus componentes y las pérdidas de biodiversidad (suelos, flora, fauna, agua, microclima, etc.);
  • Ciclo hídrico;
  • Alteraciones al paisaje pampeano;
  • Riesgo de grandes incendios;
  • Impactos del transporte carretero de rollizos (accidentes, congestión del tráfico y contaminación de los vehículos de carga en áreas urbanas próximas a los centros de acopio y a los puertos, etc.). Las externalidades negativas provenientes de los daños a la vida humana provocados por accidentes incrementales del transporte forestal, fueron estimadas que superaran el nivel de 5 millones de dólares anuales a partir del año 2003, de continuarse con el actual sistema de transporte carretero, utilizando metodologías convencionales de evaluación de impactos de proyectos [xxiv].
  • Impactos de la instalación de futuras plantas de celulosa en el territorio nacional.

En relación al tema ambiental, la gremial de los empresarios forestales comienza a utilizar frecuentemente un discurso caracterizado por señalar los beneficios globales de las plantaciones, sus expectativas en el comercio sobre bases de productos certificados provenientes de la ?producción forestal sustentable?, y destacan la afiliación de Uruguay al proceso de Montreal. En una última fase, valorizan fuertemente en su discurso público el sumidero de gases de efecto invernadero proveniente de las plantaciones de sus empresas, y comienzan a incorporar previsiones de ingresos originadas en un presunto comercio de emisiones-sumideros de gases de efecto invernadero.

Por otra parte, el bosque indígena, un complejo ecosistema que se extiende todavía en unas 650.000 hectáreas, con importantes funciones ambientales y sociales, continúa siendo la cenicienta del aparato público estatal. Protegido por la ley, pero con dudosos controles de su aplicación efectiva, marginado de la agenda de investigación de los organismos públicos, continúa sometido a una explotación de carácter minero, siendo un punto de preocupación para el movimiento de organizaciones no gubernamentales y para algunas ONGs especializadas en su promoción y defensa, como el grupo Guayubira. La marginalidad del tratamiento del bosque natural, pone en evidencia la fragilidad del discurso seudo ambientalista del sector forestal público-privado.

2. Otro gran eje del debate se ha constituido alrededor de la opción estratégica del proyecto forestal uruguayo, basado en:

a) la producción monoespecífica (y eventualmente clones, eventualmente transgénicos) en el ámbito de grandes empresas especializadas y macizos forestales de gran extensión, por nuevos agentes empresariales desintegrados de la matriz productiva anterior. Se lo opone a la alternativa delineada en la legislación de 1968, que planteaba un modelo forestal más integrado, asociado a la ganadería en las explotaciones existentes como un rubro complementario -incluyendo una práctica de silvopastoreo- y limitado a aquella fracción de suelos de menor aptitud agronómica. Implicaba macizos más pequeños y mejor distribuidos en el territorio, y una menor transformación de la matriz social con sus secuelas de concentración de las empresas y desplazamientos de productores;

b) la apuesta a la exportación de materia prima -rollizos o partículas (chips)- para celulosa de fibra corta proveniente de árboles de eucalyptus (tal como se formuló la propuesta original y se reflejó en el destino de las plantaciones realizadas en los primeros diez años), versus otras alternativas que promovieran la generación de valor agregado nacional, favoreciendo niveles de industrialización en origen -primera y segunda transformación- como aserrados, piezas de madera, maderas laminadas, tableros, construcciones de viviendas, muebles, etc. Hasta mediados del 2000 no se ha anunciado la factibilidad de ningún proyecto para la producción industrial de pulpa de celulosa, por lo que la producción deberá ser exportada como madera en bruto. No solo se ha objetado la mayor o menor conveniencia desde una perspectiva de la evaluación social del emprendimiento [xxv], sino también la propia viabilidad económica desde la perspectiva privada cuando se cancelen las transferencias y se proporcione un tratamiento al sector equitativo en el conjunto de la economía [xvi].

La exportación de una materia prima -rollizos de eucalyptus- a un mercado marginal para la producción de un producto altamente inestable como es la celulosa, se presenta como muy poco atractiva como base del nuevo sector estrella de la economía.

En ese sentido, la continuidad de la política de subsidios y de exenciones fiscales luego que el proyecto forestal lleva un período de doce años de ejecución, y donde a nivel nacional las externalidades más notables son negativas, constituye un sesgo que solo se justifica por sus promotores por ser de aplicación generalizada en países de la región, que se presumen competitivos en la radicación del capital extranjero interesado en invertir en plantaciones forestales.

Desde la perspectiva de la equidad, resulta muy difícil que el Estado Uruguayo pueda explicar la asignación de subsidios y exoneraciones fiscales por montos entre 15-20 millones de dólares anuales a empresas como Shell-UPM/KYMMENE, a la Empresa Nacional de Celulosa de España (ENCE), Weyerhaeuser, etc. [4]

3. La distribución de los costos de todo el sistema de transporte multimodal, en particular de las infraestructuras asociadas al tránsito carretero, el ferrocarril, portuarias, del sistema de navegación fluvial, se perfila como otro importante conflicto en el plano de la distribución social. Incluye también otros ejes, como la relación entre los costos asumidos por los gobiernos departamentales y el gobierno central. En general, el cuestionamiento al free-ride[5] por parte de empresarios forestales, ante un Estado que no aparece idóneo-transparente en el tratamiento y la negociación de intereses divergentes y/o contrapuestos.

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[1] ?Las regiones de prioridad forestal? fueron definidas exclusivamente en base a los tipos de suelos existentes. A la vez, se utilizó un criterio ya definido en la década de los sesenta, donde los suelos se clasificaron por su productividad potencial, en particular para la ganadería, pero no se incluyó en ese análisis específicamente las relaciones entre las plantaciones, los suelos, y los demás componentes del ecosistema.
[2] Después del primer turno la mayoría de las explotaciones se continuarán en base al rebrote de la cepa original, sustituyéndose el proceso de plantación por un raleo de rebrotes.

3] El turno en los pinos es de 20 a 25 años; en los eucalyptus es de 10 años, pero el árbol cortado rebrota y puede ser explotado uno o dos turnos adicionales.

[4] Este sentimiento de incomprensión ante el sentido de las transferencias que realiza la política económica es frecuentemente señalado por pobladores y productores rurales de zonas forestales; veáse Pereira, M., op.cit.

[5] Se denomina con esta expresión -que se ha traducido como ?pasear sin pagar peaje?- a los intentos que realizan diferentes grupos sociales de usufructuar infraestructuras sociales o bienes públicos o semipúblicos, sin querer asumir el pago de los costos correspondientes.

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* Ingeniero Agrónomo Carlos Pérez Arrarte. Director Docente de Ciencias Sociales, Facultad de Agronomía, Universidad de la República Oriental del Uruguay, e investigador del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo, Uruguay (CIEDUR). Correo electrónico: cperez@chasque.apc.org

Investigación realizada con el apoyo de GRAIN y WRM/Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales: Secretariado Internacional, , Maldonado 1858, 11200 Montevideo, Uruguay. Tel (5982) 403 2989. Fax (5982) 408 0762. Email: wrm@wrm.org.uy/ Internet: http//www.wrm.org

Versiones abreviadas de este informe han sido publicadas en las revistas Biodiversidad (octubre 2000, REDES-AT y GRAIN), y en inglés en Seedling (septiembre 2000, GRAIN). Está disponible también en : http://www.biodiversidadla.org

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[i] Rosengurtt, B. 1946 Estudios sobre praderas naturales del Uruguay. 5a. Contribución. Montevideo. Del Puerto, O. 1969. Hierbas del Uruguay. Nuestra Tierra, v. 19, Montevideo.

[ii] Duran, A. 1991. Los suelos del Uruguay. Hemisferio Sur, Montevideo.

[iii] Carrere, R. 1993. El bosque natural uruguayo: un recurso aprovechable. IN: Desarrollo forestal y medio ambiente. Carlos Perez Arrarte (comp.) Editorial Hemisferio Sur, Montevideo.

[iv] Una breve revisión de las fases históricas de la forestación en Uruguay puede verse en Carrere, R. y Lohmann, L. 1996. El papel del Sur. Plantaciones forestales en la estrategia papelera internacional. Red mexicana frente al libre comercio y el Instituto del Tercer Mundo, Montevideo, cap. 9.

[v] Diario El Observador Económico, 2/1/1998, Montevideo.

[vi] Vazquez Platero, R. 1996. Evaluación de impacto de la inversión forestal en Uruguay. Sociedad de Plantadores Forestales, Montevideo.

[vii] Diario El Observador Económico, 27/06/2000, Montevideo.

[viii] Diario El Mercurio, 16/07/2000, Santiago de Chile. Von der Forst, C. Quién es quién en el sector forestal: dos colosos bajo la sombra de los árboles.

[ix] Perez Arrarte, C. Etchevers Vianna, J. 1997. Aportes para un balance macroeconómico del sector forestal. CIEDUR, Serie Seminarios y Talleres No. 103, Montevideo.

[x] Viola, E. 1992. De la denuncia y concientización a la institucionalización y el desarrollo sustentable. Nueva Sociedad, 122.

[xi] Carrere, R. y Lohmann, L. 1996, op.cit.

[xii] Carrere, R. 1992. Desarrollo forestal y medio ambiente en Uruguay. 18 Geopolítica forestal y desarrollo sostenible. Una visión de conjunto y el caso de Uruguay. CIEDUR, Montevideo

[xiii] Perez Arrarte, C (comp.) 1993. Desarrollo forestal y medio ambiente. Editorial Hemisferio Sur, Montevideo. Stolovich, L. 1996. Forestación ¿un negocio para quién? Instituto del Tercer Mundo/CIEDUR, Montevideo.

[xiv] CSI Ingenieros, 1996. Estudio de la infraestructura de transporte de productos forestales. Informe de Consultoría para el Ministerio de Transportes y Obras Públicas, Montevideo.

[xv] Equipos Consultores Asociados, 1996. Investigación sobre Desarrollo Forestal. Junta Nacional de Empleo, Montevideo.

[xvi] Young Rodriguez, R. 1998. Valoración de la tecnología de gestión del personal por los empresarios del sector forestal. Facultad de Agronomía, Tesis, Montevideo.

[xvii] De León, L. 1991. Comentario de síntesis. IN: CIEDUR, 1991. Desarrollo forestal y medio ambiente en Uruguay 16: Relatoría del Seminario ?Desarrollo forestal: ambiente, economía y sociedad?. CIEDUR, Serie Seminarios y Talleres No. 42. Montevideo.

[xviii] De León, op.cit. Una revisión sobre este tema se encuentra en Gutierrez, M.O. (ed.) et al, 1993. Hacia una evaluación de efectos ambientales de la forestación en Uruguay con especies introducidas. IN: Perez Arrarte, C. (comp.) 1993. Desarrollo forestal y medio ambiente. Editorial Hemisferio Sur, Montevideo.

[xix] Estimaciones elaboradas por el autor en base a varias fuentes: veáse Gutierrez, M.O. (ed.) et al, op.cit, Facultad de Agronomía, Cátedra de Hidrología, Lima, W.P.

[xx] Methol, R. 1997. Investigación forestal, pasado, presente y futuro. IN: 1er. Foro sobre análisis y perspectivas de la actividad forestal y su impacto en la región., Intendencia Municipal de Tacuarembó, Tacuarembó.

[xxi] Informaciones provenientes de integrantes del Grupo Guayubira del departamento de Paysandú.

[xxii] Un relevamiento reciente se encuentra en Pereira, M., 2000. Investigación de campo: sequía y forestación Grupo Guayubira, documento interno.

[xxiii] Damiani, O. 1990 Un estudio de caso en el Noreste de Canelones. CIEDUR, Serie Investigaciones No.76, Montevideo.

[xxiv] CSI Ingenieros, op.cit.

[xxv] Stolovich, L., op. cit.

[xxvi] Perez Arrarte, C., 1993, op. cit. Perez Arrarte, C. 1997, Balance macroeconómico del sector forestal. IN: 1er. Foro sobre análisis y perspectivas de la actividad forestal y su impacto en la región. Intendencia Municipal de Tacuarembó, Tacuarembó.

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