Basura Residuos

Basura y Propiedad Privada

Usar y tirar parece ser la lógica actual, lo que me sirve es mío y de lo que no me sirve alguien se va a encargar. No es necesario ser un agudo observador para encontrar ejemplos cotidianos de personas que se deshacen de la basura en el lugar que les resulta más cómodo y no en el lugar apropiado.

Por Eduardo Manuel Sánchez

Usar y tirar parece ser la lógica actual, lo que me sirve es mío y de lo que no me sirve alguien se va a encargar. No es necesario ser un agudo observador para encontrar ejemplos cotidianos de personas que se deshacen de la basura en el lugar que les resulta más cómodo y no en el lugar apropiado.

Abordar el problema de la basura requiere de un análisis mucho más complejo que las opiniones que aparecen en esta nota, esto pretende ser solo un punto de partida más para pensar cuales son las responsabilidades de cada uno y ensayar una mirada retrospectiva sobre los comportamientos individuales.

Seguramente muchos no sean conscientes del impacto negativo que producen los residuos sobre el ambiente, pues de otra manera resulta difícil entender los por qué de un comportamiento tan agresivo hacia el medio en forma generalizada. Desde el papel más pequeño al residuo producido por la actividad industrial, provocan importantes alteraciones tanto en el equilibrio ecológico, como en la higiene y en la estética urbana. La solución a estos problemas no depende de un solo sector de la sociedad sino del esfuerzo en común de todos, porque no hay problema que afecte negativamente al medio ambiente, que por su complejidad pueda ser solucionado unilateralmente y los residuos no son una excepción a esta regla. Diferentes son las responsabilidades que le corresponden a los distintos actores, pero desde la eliminación cotidiana de los residuos hasta la firme aplicación de la legislación existente, son acciones que no se deben ignorar. Si los organismos públicos tuvieran perfectamente previsto la limpieza y la disposición de los residuos, su tarea será prácticamente inútil sin la colaboración de cada uno de los habitantes y lo mismo es válido para el caso de que los habitantes sean conscientes en la eliminación de los residuos y sean las autoridades las que no tomen las medidas necesarias de recolección y disposición. En otras palabras no puede haber equilibrio, higiene o estética urbana, hasta que cada individuo, niño, joven, adulto o anciano, sea plenamente consciente de la importancia de su comportamiento y hasta que las autoridades y organismos responsables tomen en serio la complejidad de esta problemática.

Usar y tirar parece ser la lógica actual, lo que me sirve es mío y de lo que no me sirve alguien se va a encargar. No es necesario ser un agudo observador para encontrar ejemplos cotidianos de personas que se deshacen de la basura en el lugar que les resulta más cómodo y no en el lugar apropiado. Los límites entre lo público y lo privado, – es decir entre lo que se cuida y lo que no, entre lo propio y lo ajeno – son según las circunstancias del momento y la persona responsable de la acción, de ahí que lo que se cuida pueda ser la casa propia y hacia afuera se puede tirar lo que sea; puede ser la puerta del departamento y se ensucia la escalera del edificio, total alguien la va a limpiar; o puede ser la vereda y lo que caiga a la calle no es problema; o puede ser la ventanilla del auto y la velocidad se va a encargar de ocultar la basura, etc. Todo se tira y el problema es en dónde se tira.

Los envases vacíos pesan menos y hasta pueden ocupar menos lugar, pero esta realidad no es tenida en cuenta y lo prioritario es deshacerse de lo que “sobra” cuanto antes. Todos los envases tienen utilidad hasta el mismo momento en que se acaba el producto, luego lo privado pasa a ser público, el deshecho producido por el consumo individual pasa a ser la basura de todos. Pareciera ser que todo lo que desaparece de la vista deja de ser un problema y una preocupación propia, para ser una cuestión del estado o de quien “le corresponda”. Muchos consideran que cualquier receptáculo es un lugar apto para depositar basura: pozos, maceteros, canteros, etc. son utilizados con frecuencia por quienes piensan que embocar la basura en algún lado, contribuye a la “limpieza de la ciudad” y es así como el problema se agudiza, basura sin dueño, sin responsable y en cualquier lugar.

Los argumentos de que hay pocos tachos de basura van perdiendo actualidad, porque desde hace años ha aumentado la cantidad de estos (al menos en Capital Federal), y varias empresas y el gobierno de la Ciudad de Bs. As. han instalado recipientes en donde se puede tirar la basura en forma diferenciada: plásticos, papel, vidrios y latas. El problema sigue siendo, por un lado, la percepción parcial de la ciudadanía en general, ya que la utilización de los mismos es muy poca y el mal uso, frecuente y por el otro, la poca previsión de las autoridades al haber implementado un programa, sin dar la información correspondiente de los beneficios que representa clasificar los residuos en el momento mismo de originarse. Por consiguiente la basura sigue apareciendo en cualquier lado y los recipientes para arrojar la basura en forma diferenciada no cumplen su función: muy pocos los usan o se usan mal.

El cuidado del ambiente no debería pensarse como una tarea exclusiva de una empresa de servicios, sino una acción natural y cotidiana proveniente de la conciencia de cada uno. Cada vez se hace presente con más fuerza la idea de la propiedad privada sobre las cosas comunes, todo lo que tiene un dueño reconocible es respetado y cuidado y aquello que es de todos es de nadie. ¿Quién es capaz de tirar un chicle en el asiento de su auto, o la colilla del cigarrillo en su cama, o restos de comida en su pieza, o pañales descartables en su living?. La respuesta es obvia, pero en la ciudad, que es un lugar de todos, parece que todo está permitido y amparado dentro de la teoría del consumo absoluto: consumir y tirar… pues para eso pago.

Los residuos generados por la actividad industrial producen un impacto mayor sobre el ambiente, debido a que, muchas veces, son arrojados sin ningún tratamiento previo y la alta concentración de sus componentes provoca alteraciones inmediatas sobre el delicado equilibrio de los ecosistemas. Un río, una laguna, una depresión natural son considerados lugares aptos para el destino final de este tipo de residuos, pues el razonamiento sobre el que se basan estas actitudes parece ser común: beneficios individuales a corto plazo sin considerar a los recursos naturales como propiedad de todos. Los dueños de las industrias se adueñan de los recursos haciendo uso y abuso según sus beneficios económicos pensados a corto plazo, con un razonamiento que deja fuera del proceso productivo los impactos que produce sobre el ambiente: un desarrollo insustentable que usa los recursos sin contemplar el posterior aprovechamiento por parte de las generaciones futuras.

Lo que sale de la industria, no se ve más y “deja de ser un problema”, el límite entre lo público y lo privado es el dominio sobre la propiedad, por consiguiente lo que pasa a estar fuera de la propiedad privada pasa a ser de todos, en estos casos lo que es de todos es el problema ambiental y lo privado es la impunidad y los correspondientes beneficios económicos.

La legislación vigente, que es insuficiente, pocas veces se aplica y la proliferación de industrias sin control y regulación son cada vez mayores, lo que trae como consecuencias la destrucción del ambiente, que es un proceso irreversible. Nuestro derecho a disfrutar de un ambiente sano se ve coartado por nuestros propios compatriotas, que al parecer no nos consideran como tales.
El crecimiento privado a costa de la naturaleza, tomando a cualquier lugar natural como un sumidero va en aumento. Detener este proceso es uno de los desafíos en los cuales nadie debe estar ausente, sabiendo diferenciar las responsabilidades de cada uno: desde los responsables de una industria contaminante, pasando por las autoridades, hasta los consumidores, que son los que regulan el mercado.

El problema de los residuos domiciliarios e industriales no se presenta como de fácil solución, sino por el contrario como una tarea planificada a largo plazo, con la conciencia de cada uno, como ingrediente fundamental y una legislación adecuada acompañando este proceso. La suma de las acciones individuales es un hecho fundamental para la protección y el cuidado del medio ambiente, el desafío es entender a lo público como tal y saber que en el planeta somos mucho más que dos.

*Eduardo Manuel Sánchez
mataco@wamani.wamani.apc.org
"Amigos de la Tierra" – Argentina

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