Basura Residuos

El reciclaje desde el campo del arte: experiencias al límite

Hoy en día el término “reciclaje” representa una serie de significaciones que en el campo del arte no están desprovistas de connotaciones sociales relacionadas al cuidado del medio ambiente y al cuestionamiento de la sociedad de consumo, aunque también se orienten a desestabilizar categorizaciones del propio sistema del arte, como las nociones modernas de artista o autor y de obra de arte que han privilegiado posiciones de poder dentro del sistema del arte al concebir la producción artística como un poder especial, espiritual, original, autónomo y trascendente.

Por Carmen Hernández

Hoy en día el término “reciclaje” representa una serie de significaciones que en el campo del arte no están desprovistas de connotaciones sociales relacionadas al cuidado del medio ambiente y al cuestionamiento de la sociedad de consumo, aunque también se orienten a desestabilizar categorizaciones del propio sistema del arte, como las nociones modernas de artista o autor y de obra de arte que han privilegiado posiciones de poder dentro del sistema del arte al concebir la producción artística como un poder especial, espiritual, original, autónomo y trascendente.


Transformar la basura en “arte” es un objetivo que se plantean en la actualidad diferentes grupos activistas y defensores del medio ambiente. Aunque la práctica del reciclaje es muy antigua, la emergencia del término es bastante reciente y está asociada a los avances en los estudios ecológicos. Comúnmente se entiende por reciclar como la reutilización de los objetos y materiales que se encuentran en el entorno inmediato. Se ha ampliado la carga semántica de la palabra si se toma en cuenta que en el Diccionario de la Real Academia Española, se define reciclar como: “Someter repetidamente una materia a un mismo ciclo, para ampliar o incrementar los efectos de éste”.

Hoy en día el término “reciclaje” representa una serie de significaciones que en el campo del arte no están desprovistas de connotaciones sociales relacionadas al cuidado del medio ambiente y al cuestionamiento de la sociedad de consumo, aunque también se orienten a desestabilizar categorizaciones del propio sistema del arte, como las nociones modernas de artista o autor y de obra de arte que han privilegiado posiciones de poder dentro del sistema del arte al concebir la producción artística como un poder especial, espiritual, original, autónomo y trascendente.

La práctica del reciclaje en el arte debe mucho a la labor de los artistas asociados al llamado “nuevo realismo”, quienes emplearon todo tipo de materiales de desecho para elaborar piezas artísticas. Por su impacto visual, fueron especialmente llamativas las estructuras cúbicas realizadas por el francés César (César Baldaccini), quien recurrió a la compresión de carrocerías de automóviles que eran consideradas “chatarra”. Pero este tipo de propuestas fueron descritas posteriormente como “ready-made” debido al uso de objetos industriales, en la tradición instaurada por Marcel Duchamp. La acumulación también comenzó a ser una estrategia común desde mediados de los años 60, como crítica a los valores promovidos por la sociedad de consumo y la acumulación capitalista que afectaron el rol del sujeto como ente cognitivo. Vale la pena recordar que Jean Baudrillard advirtió sobre el desplazamiento que se experimentó desde la autoridad del sujeto hacia el campo de las representaciones: “A la función crítica del sujeto le sucedió la función irónica del objeto, ironía objetiva y ya no subjetiva. Desde el momento en que son productos fabricados, artefactos, signos, mercancías, las cosas ejercen, por su propia existencia, una función artificial e irónica”[1]. La mirada como construcción histórica ha hecho del mundo aparencial un campo de poder que ha llegado a dominar el deseo de los sujetos y por ello: “La potencia del objeto se abre camino a través de todo el juego de simulación y simulacros, a través del artificio mismo que le hemos impuesto”[2].


En resumen, la práctica del reciclaje en el campo del arte cuenta con toda una tradición crítica hacia el interior del sistema artístico y hacia la sociedad de consumo con sus implicaciones valorativas en el mundo de los objetos, aunque el término ha comenzado a ser utilizado recientemente en este ámbito. En los últimos años se han observado diferentes experiencias artísticas que han empleado la estrategia del reciclaje. En Venezuela se han presentado algunas exposiciones colectivas, organizadas por organismos estatales y privados, cuyo tema ha sido el reciclaje. Pero muchas de estas experiencias no pasan de estimular un giro de óptica sin alterar los modelos de producción, circulación y valoración.

En Argentina se han estimulado experiencias un poco más complejas como la editorial Eloísa Cartonera, que se presentó en la Bienal de São Paulo en 2007 y cuyo objetivo es estimular la producción de libros de una manera más artesanal para dar a conocer a muchos autores que no tienen acceso al campo editorial. También dentro de esta perspectiva democrática de los saberes e intercambios, se ubica el trabajo llevado a cabo por el colectivo Reciclarte, conformado por un grupo de artistas que emplean el reciclaje como actividad política.

Esta agrupación, activa desde 2004, se define a sí misma como:

“un espacio de encuentro y expresión creativa, de elaboración y participación colectiva, dando cuenta de la re-construcción del tejido social, generamos acciones solidarias a través del compromiso e involucración por un mundo sin violencia e injusticias, donde la diversidad sea factor de unidad y donde el medio ambiente sea considerado el bien común para el desarrollo de la vida de todos los seres. Lo hacemos a través del «arte con basura» porque el arte puede ser hecho por todos y con todo, porque "nada se crea, nada se pierde, solo se transforma…”[3].

En 2008, dos de sus integrantes, David Acevedo y Alberto Vásquez, se propusieron llevar a cabo la intervención de un espacio que contenía unas 30 toneladas de escombros, acumuladas por un período de 20 años en un local de 700 metros cuadrados del subsuelo de las Galerías Santa Fe, en el centro de Buenos Aires, y que hoy han llamado Espacio Ave Fénix. Este reto iba más allá de la posibilidad de contar con un lugar de exhibición o de difusión de “obras de arte”, pues representaba la posibilidad de transformar de manera colectiva la materialidad existente y convertir el espacio en un lugar de convivencia artística. Invitaron a un grupo de setenta y cuatro artistas quienes trabajaron por nueve meses en la transformación de los escombros a partir de diferentes propuestas que eran discutidas de manera grupal, manteniendo la premisa del reciclaje: se podía incorporar material al interior del espacio, pero sacar, nada.

Espacio Ave Fénix abrió sus puertas al público el 4 de octubre de 2008 y desde entonces se ha convertido en un lugar de intercambio múltiple. Fueron intervenidos el suelo, las paredes y el techo con trabajos permanentes, aunque se dejaron algunas zonas para exposiciones temporales. Es difícil determinar los límites entre las intervenciones pues la mirada no descansa. A pesar de las diferencias estilísticas, las propuestas se interrelacionan por la fuerza de la hibridez material. En algunos casos se estimula el conocimiento de las tradiciones figurativas, como el trabajo narrativo de Diana Carnelli sobre la iconografía prehispánica, pero también se propician experiencias perceptuales como sucede con los espejos empleados por Joaquín Amat. En general, Espacio Ave Fénix es un experimento artístico en proceso que debería ser evaluado con el tiempo desde su condición de dialogicidad más que como proyecto artístico. Aunque finalmente las intervenciones de los espacios han sido identificadas con las autorías respectivas, sin erosionar el sistema valorativo del campo del arte (pues las piezas siguen siendo consideradas “artísticas” y circulan como “mercancías”), esta experiencia colectiva llama la atención sobre la posibilidad de rescatar espacios públicos para el disfrute social. El reciclaje como “arte” o producción de sentido tendría mucha más pertinencia si se emplea como estrategia capaz de superar la materialidad de los objetos para más bien incorporarlos en la cotidianidad, sin forzarlos a reproducir la fetichización experimentada por la noción de “obra de arte”. www.ecoportal.net

Carmen Hernández es Presidenta de PAC – Plataforma de Arte Contemporáneo – Articulo de la Revista de Arte del Ministerio del Poder Popular para la Cultura de Venezuela

Notas

[1] Jean Baudrillard. 2007. El complot del arte. Ilusión y desilusión estéticas. Buenos Aires: Amorrortu Editores, p. 31.

[2] Ibíd, p. 33.

[3] Cfr. http://www.reciclarteargentina.com.ar/

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