Biodiversidad

La selva convertida en pinos para celulosa

En Misiones se talan 32,5 hectáreas de monte por día; o sea, que desaparecen 12.000 hectáreas cada año. Originariamente, la provincia contaba con 2.700.000 hectáreas de selva tropical, pero en la actualidad se estima esta superficie en 1.200.000 hectáreas. Es decir, que sólo queda el 44% de la selva original

Por Ricardo Carrere

En Misiones se talan 32,5 hectáreas de monte por día; o sea, que desaparecen 12.000 hectáreas cada año. Originariamente, la provincia contaba con 2.700.000 hectáreas de selva tropical, pero en la actualidad se estima esta superficie en 1.200.000 hectáreas. Es decir, que sólo queda el 44% de la selva original

Misiones: la selva de Quiroga (**) convertida en pinos para celulosa

A fines de mayo de 2005 fui invitado por el Grupo Ecologista Cuña Pirú a la provincia argentina de Misiones, donde tuve la oportunidad de hacer observaciones directas y de dialogar con pobladores locales acerca de los impactos generados por el modelo forestal allí implementado, basado en grandes monocultivos de pinos. Gran parte de la producción de esas plantaciones es destinada a la producción de celulosa, en tanto que otra se orienta a la industrialización de la madera. En este artículo he tratado de complementar la información así obtenida con otras fuentes de información documentada, como aporte al necesario debate (tanto en Misiones como en muchas otras partes del mundo) acerca de los problemas sociales y ambientales resultantes de este modelo.


En Misiones se talan 32,5 hectáreas de monte por día; o sea, que desaparecen 12.000 hectáreas cada año. Originariamente, la provincia contaba con 2.700.000 hectáreas de selva tropical, pero en la actualidad se estima esta superficie en 1.200.000 hectáreas. Es decir, que sólo queda el 44% de la selva original. Resulta fundamental proteger lo que resta, ya que ese porcentaje representa al ultimo remanente continuo de selva paranaense del mundo, conteniendo en la misma más de 2.000 especies de plantas vasculares, 1.000 especies de vertebrados, de los cuales 548 especies son aves 120 son mamíferos, 79 reptiles, 55 especies de anfibios y más de 200 especies de peces en los ríos y arroyos territoriales (Red 2001).

Pese a dicho proceso de destrucción de la selva, Misiones es descrita en Argentina como la “principal provincia forestal del país”. En realidad, se trata de la provincia con mayor porcentaje de monocultivos de árboles. En el año 2000 contaba con 318.000 hectáreas plantadas en una provincia relativamente pequeña (casi 3 millones de hectáreas de superficie total). De ese total, más del 80% era de pinos elliottii y taeda. (Argentina, s.f.) Dado que se continúa “forestando”, es probable que ya cuente con más de 350.000 hectáreas plantadas.

Las plantaciones no alivian la presión sobre los bosques

Cuando se habla de plantaciones, es usual que en todos lados se las publicite como factor que ayuda a la protección del bosque nativo, afirmándose que “quitan presión” a la extracción maderera de los bosques. El hecho de que esto rara vez sea cierto no desanima a quienes hacen esa afirmación. Tal es el caso en Misiones. Durante los pocos días que estuve allí, vi pasar innumerables camiones cargados con gruesos árboles nativos, descritos con tristeza por un integrante de Cuña Pirú (Rulo Bregagnolo, com.pers.) como "carros fúnebres que pasean al monte sobre ruedas…"

También pude observar grandes pilas del mismo tipo de árboles en los muchos aserraderos de la zona. Es más, según el subsecretario de Bosques y Forestación del Ministerio de Ecología, Recursos Naturales Renovables y Turismo de Misiones, en la provincia hay 379 aserraderos que trabajan con especies nativas (Misiones, 2005). A eso se suma que la mayor parte de los “bosques” que se pueden observar son de pinos de origen norteamericano (elliottii y taeda). Es decir, que en Misiones resulta a todas luces falso decir que las plantaciones ayudan a conservar los bosques. Por el contrario, los monocultivos de árboles exóticos ocupan ahora el lugar donde antes se desarrollaba la exuberante selva misionera y en muchos casos son establecidos en “capueras”, o sea, en áreas en las que el bosque se comienza a reestablecer.

Además, de acuerdo con informaciones recogidas en Misiones, las empresas plantadoras continúan destruyendo la selva. En efecto, se me informó que se siguen utilizando tractores con cadenas para tirar abajo los árboles, seguido por la aplicación de fuego. Claro que antes de aplicar el fuego salen “camionadas de buena madera”, de las que se obtienen importantes sumas de dinero. Luego se ara y se aplican herbicidas pre y post-emergentes, que destruyen el potencial de regeneración de la selva, eliminando a las especies pioneras que se instalan y a los rebrotes de los árboles cortados.

El mito de la generación de empleos

Al igual que en otros países, el sector forestal misionero también repite otras falsedades. La primera se refiere al empleo, donde se dice que el sector genera miles de puestos de trabajo y se menciona “la gran cantidad de mano de obra que se genera por cada hectárea plantada” (Pymes 2005). Sin embargo, los datos concretos brillan por su ausencia y lo que se percibe es un proceso de concentración urbana, vinculado al “abandono de tierras agrícolas a cultivos forestales” (Bonfanti, 2004).

Según testimonios recogidos en la zona, las empresas forestales expulsan a toda la gente que habita en las áreas a ser plantadas y luego tiran abajo las casas y hasta las escuelas. Incluso existen casos de escuelas abandonadas por la falta de alumnos, ya que la forestación “no da nada de trabajo”.

En palabras de Juan Yahdjian (2004): “Reforestar significa deforestación previa. Y en el caso de Misiones no solamente ganan con la madera que voltean. Obligan a muchos productores a reemplazar cultivos de todo tipo… y principalmente reemplazan a las familias, a los colonos, por pinos. De allí que nuestro obispo Piña siempre dice ‘que quiere ser obispo de la gente, no de los pinos’. Todo aparece como si se hubiera planificado en forma macabra. Primero, la crisis de los distintos productos tradicionales y la baja de sus precios. Y así quedarse con las tierras, las chacras, etc. y llenarlas con pinos. La convivencia de pinos y gente es incompatible”.

Las condiciones de trabajo dejan también mucho que desear. Hablando con un trabajador forestal de la zona, me informó que la mayor parte de las tareas se hacen a “puro contratista”, que es común que los agrotóxicos se apliquen sin máscara ni ropa apropiada (aunque los capataces exigen que se lleve la máscara colgada al cuello “por si viene una inspección”). El empleo de contratistas es generalizado en las grandes empresas plantadoras y celulósicas de la zona y en la página web de la empresa Papel Misionero se dice que “Las actividades de plantaciones, cuidados silviculturales, control de hormigas, podas, raleos y tala rasa, se desarrollan con empresas locales especializadas en esas tareas, bajo supervisión propia”. (Papel Misionero, s.f.).

“Con presupuestos y salarios cada vez menores, los contratistas ofrecen sus servicios a las grandes empresas. Para bajar costos, emplean obradores a los que sólo les pagan el salario familiar que envía el Anses -40 pesos por hijo. Si alguien se queja, es incorporado al Libro Negro y jamás conseguirá otro trabajo. Un motosierrista recibe 0,80 pesos por cada árbol derribado y limpiado. En cada jornada puede cortar casi 55 pinos pero debe autofinanciarse el combustible y sus propias herramientas. Sólo una cadena para sierra cuesta 70 pesos. Peor se paga el oficio de pelador que obtiene 0,20 pesos por la limpieza de cada pino y al fin del día cosechan 4,5 pesos. Los peladores suelen ayudarse con sus hijos mayores de 12 años, provocando un alto margen de deserción escolar” (Real, Felipe, s.f.).

A eso se suma la oposición de la Asociación de Productores Industriales y Comerciantes Forestales de Misiones a la aplicación de una legislación laboral adecuada, ya que considera lesivos para sus intereses “los fallos de la Suprema Corte de Justicia sobre las indemnizaciones al personal superior y a los juicios sin límites por accidentes de trabajo en el fuero civil, fomentando lo que en una época se denominó la ‘industria del juicio’” (APICOFOM, 2005). Se ha denunciado además la práctica de “reemplazar operarios por maquinaria importada, dejándolos al Estado y a los Municipios para que se hagan cargo de su desempleo” (Debate, 2005).

Por otro lado, los viveros también están siendo mecanizados, lo que redunda en una menor demanda de mano de obra. Durante mi visita pudimos visitar un moderno vivero cercano a la ciudad de Aristóbulo del Valle, con una producción de unos 8 millones de plantas anuales. Pese a su gran producción, el empleo que genera es muy escaso (unas 30-40 personas), si bien las condiciones de trabajo en el vivero visitado parecían ser adecuadas.

El tema del uso de la tierra

Otra falsedad se refiere al tema del uso de la tierra, cuando se afirma que las plantaciones se hacen en “tierras que no compiten con el uso de otras actividades agropecuarias alternativas” (Afoa, 2005). Es interesante destacar que lo mismo se afirma en Uruguay y Brasil y sin embargo en Argentina se sostiene que ese “no es el caso de Brasil y Uruguay”, donde la forestación compite por tierras con la agricultura (Afoa, 2005).

Lo que sí es cierto es que en Misiones se ha dado un proceso de concentración de tierras vinculado a la forestación. En efecto, la empresa chilena Alto Paraná posee 230.000 hectáreas de tierras en esa provincia, lo que significa que es dueña del 8% de la superficie total de Misiones.

Al igual que en muchos otros países, ese proceso de latifundización vinculado a la forestación se origina en el bajo costo de la tierra, el rápido crecimiento de los árboles, la inexistencia de restricciones para la adquisición de grandes extensiones de tierra y la promoción estatal a través de subsidios (Afoa, 2005).

Una actividad subsidiada

Vinculado con el tema de los subsidios se identifica otra falsedad: que la forestación es rentable. Lo cierto es que se la ayuda a ser rentable a través del apoyo estatal. En Argentina, tal apoyo fue consolidado en diciembre de 1998 mediante la aprobación de la Ley 25080 de “Inversiones para Bosques Cultivados”, que contempla el otorgamiento de subsidios al sector. Sin embargo, la crisis financiera impidió su aplicación efectiva, lo que determinó que “el 2003 y 2004 fueran un fracaso en lo que respecta a plantaciones forestales logradas”. De acuerdo con la Asociación Forestal Argentina (AFOA), “de continuar los atrasos en la regularización de los pagos de los beneficios forestales, este año [2005] será nuevamente un año de baja forestación” (Afoa, 2005). Es decir, que son los subsidios los que vuelven rentable a esta actividad. Tal conclusión es más clara aún en el caso de los pequeños productores, cuyo rol es el de generar la “madera de mercado” (dado que no cuentan con plantas industriales propias). De acuerdo con la AFOA, “el pequeño forestador es muy difícil que plante sin subsidio” (Afoa, 2005). Por tal motivo, el gobierno de Misiones estudia la posibilidad de otorgar otras formas de subsidios para fomentar las plantaciones por parte de los pequeños productores, tales como la provisión de insumos y plantines por parte del Estado, ayuda en la preparación del suelo, el pago de los adeudos del gobierno nacional por parte del gobierno provincial (Misiones, 2005).

Otra forma de subsidio escondido es el tema de los caminos. En efecto, la gente local se queja de que los camiones que transitan permanentemente con pesadas cargas de madera “destruyen los caminos”, que deben ser luego reparados a expensas del gobierno provincial, que en definitiva obtiene sus recursos de los impuestos que pagan todos los misioneros.

Pero aún hay más formas de subsidios. Por ejemplo, los aportados por la Unión Europea a través de su Programa de Apoyo a las Pymes Foresto-industriales (Afoa, 2005), la investigación, la prevención, control y manejo del fuego, la producción de plantas de pino, etc. A eso se suma ahora la búsqueda de fondos a través del mercado de carbono por parte del gobierno provincial (Misiones, 2005).

Los problemas ambientales

En todo el mundo –y Misiones no es la excepción- el sector forestal insiste en llamar “bosques cultivados” o “bosques plantados” a los monocultivos de árboles. Con ello intentan convencer al público desinformado de que están llevando a cabo una actividad ambientalmente positiva: la “reforestación”.

Sin embargo, estas plantaciones no tienen nada en común con un bosque y menos aún con la enormemente diversa selva misionera.

En efecto, lo que más me llamó la atención en todas las zonas en las que había selva fue la gran diversidad y abundancia de mariposas. En mi vida nunca había visto tantas y una hermosa mariposa “ochenta” hasta llegó a posarse en mi cabeza. Sin embargo, en cuanto me interné en las plantaciones de pino, las mariposas desaparecieron por completo.

Ese es simplemente un ejemplo de uno de los más graves problemas ambientales que generan estas plantaciones: la pérdida de biodiversidad. Porque por supuesto no son sólo las mariposas las que desaparecen, sino que todas las especies vinculadas a las complejas cadenas alimenticias de la selva sufren graves impactos al ser ésta sustituida por grandes monocultivos de especies de árboles exóticos. Algunas especies desaparecen, en tanto que otras pueden convertirse en un problema.

Una de las pocas especies que se adapta a los pinos es la hormiga cortadora, que es capaz de hacer desaparecer una plantación nueva en el transcurso de una sola noche. Como “solución”, el sector forestal aplica cantidades enormes de hormiguicidas químicos altamente contaminantes, ya sea bajo la forma de cebos tóxicos o en forma de fumigación. Entre ellos se cuentan los contaminantes orgánicos persistentes mirex y clap, aunque el primero ha pasado a ser llamado “mirex ecológico”, probablemente debido a que ahora utiliza otro principio activo (la sulfluramida), que sin embargo es también contaminante.

En la chacra de una persona rodeada de plantaciones de pino se nos mencionó otro impacto, que nunca había oído mencionar: la invasión de mosquitos. Esta persona me contó que durante un período de dos semanas prácticamente no pudo salir de su casa debido a las grandes nubes de mosquitos que habían invadido la zona. De acuerdo con sus observaciones, ello se pudo deber a la combinación de una sequía con el alto consumo de agua por las plantaciones de pinos, que hicieron desaparecer a las ranas, encargadas de controlar a los mosquitos. Sin las ranas, la población de mosquitos aumentó a niveles desconocidos hasta entonces.

Algunos impactos ambientales también afectan la salud de la gente. Tal es el caso del polen de los pinos. En efecto, tratándose de grandes masas de pinos de una o dos especies (elliottii o taeda), todos los árboles florecen en la misma época del año y desprenden enormes cantidades de polen, generando problemas respiratorios y alérgicos entre la población local. Al mismo tiempo, mucho de ese polen termina depositándose sobre la superficie de los cursos y espejos de agua, afectando su calidad, lo cual no solo impacta sobre la vida acuática sino también sobre la salud de quienes allí se abastecen de agua.

Con respecto al impacto sobre el suelo y la biodiversidad, Juan Yahdjian (2004): dice que “En el caso particular del pino, el suelo sufre un proceso de acidificación. La Tierra Colorada tiene su propia acidez, gracias a la presencia de minerales que le dan el color. Y esto que es natural se ve desmejorado por la resina que largan los pinos. Los que vivimos en Misiones sabemos que debajo de un bosque [sic] implantado de pinos no crece ni una lechuguita. Tampoco es el lugar que eligen los pájaros para anidar, ni ningún animal que ande por los montes normales. Como conclusión, no solo expulsa al ser humano, sino también al resto de la naturaleza”.

Pero el pino además avanza, no solo porque se lo sigue plantando, sino porque sus semillas son diseminadas por el viento (para ello cuentan con un ala membranosa que facilita su dispersión) y germinan por todos lados. Es decir, que en Misiones se trata de una especie invasora, que por ende constituye un grave peligro para las áreas de selva aún en pie. Las especies invasoras son hoy consideradas internacionalmente como el mayor peligro a la biodiversidad del planeta. A pesar de ello, en Misiones se las sigue plantando.

En ese contexto, resulta entre jocoso e insultante ver los carteles en las plantaciones de pinos que afirman que “El bosque es vida” y otros que dicen “Prohibido cazar y pescar” (¿cazar o pescar qué, si no queda nada?) o “No contamine los cursos de agua” (como si las fábricas de celulosa a las que abastecen no contaminaran) o “Alto Paraná produce y cuida el medio ambiente”.

Celulosa para el mundo… pero no para Misiones

Es interesante destacar un comentario que me hizo una persona local, quien dijo que en Misiones –que cuenta con tres plantas de celulosa- no se produce mas que un poco de papel “liner” para embalaje; el resto es celulosa que sale de la provincia. Es decir, que donde se produce la materia prima maderera y donde luego se la convierte en celulosa (y donde se producen los impactos), es necesario importar prácticamente todo el papel que se usa, salvo el papel de embalaje.

En efecto, Misiones cuenta con tres fábricas de celulosa: Papel Misionero (en la zona de Puerto Mineral), Celulosa Puerto Piray (ubicada en la localidad del mismo nombre) y Alto Paraná (en Puerto Esperanza).

Papel Misionero es la única planta integrada, que produce pasta química de fibra larga que se emplea para la fabricación de papeles marrones, es decir, papel Kraft a partir de maderas resinosas. Cuenta con tecnología japonesa y ocupa alrededor de 500 operarios (Bonfanti, 2004).

Celulosa Puerto Piray produce pastas al sulfito de fibra corta. Cuenta con una vieja y obsoleta planta y fue incluso clausurada recientemente por el Ministerio de Ecología y forzada a introducir reformas inmediatas a su sistema de tratamiento de efluentes. Emplea un total de 235 trabajadores (Bonfanti, 2004).

Alto Paraná es la más importante de las tres, con una producción de 350.000 toneladas anuales de celulosa kraft blanqueada de pino. Su propietario es la empresa chilena Celulosa Arauco y Constitución S.A. (CELCO), la misma que “con tecnología finlandesa de última generación” ha contaminado recientemente la región de Valdivia en Chile, determinando su clausura por el gobierno. La fábrica en Misiones –al igual que la de Valdivia- utiliza el sistema de blanqueo con dióxido de cloro (llamado sistema ECF). Emplea a unos 400 trabajadores (Orellana, 2005).

Los impactos de la fábrica de celulosa de Alto Paraná

De todas las conversaciones mantenidas y la documentación analizada, surge claramente que Alto Paraná es por lejos la principal empresa plantadora y celulósica de la provincia, por lo que mis comentarios se centrarán en ésta.


En mi recorrida por la zona, intenté visitar la fábrica de Alto Paraná, pero no nos autorizó el ingreso. Ni siquiera se nos permitió tomar fotos. Pero no se nos pudo impedir que habláramos con la gente del cercano pueblo de Puerto Esperanza, ni que un trabajador local nos llevara a una zona aledaña a la fábrica, desde donde se pudieron tomar fotos y observar el lamentable estado del río, donde los peces han desaparecido, las aves brillan por su ausencia y el aire huele a huevo podrido.

Hablando en voz baja, la gente de Puerto Esperanza contó que los fuertes dolores de cabeza, las alergias y las enfermedades respiratorias son algo muy común en el pueblo, ubicado a unos pocos kilómetros de la fábrica. Se nos aclaró que nadie quiere decir nada de esto en público, debido al poder económico que la empresa detenta en el pueblo. Contaron que hay días (y en particular noches) en que no se puede ni respirar y el olor se vuelve insoportable. Se nos dijo que dos familias del pueblo cercano de Wanda (donde residen muchos trabajadores) iniciaron una denuncia judicial contra la empresa por niños nacidos con malformaciones atribuidas a la contaminación de la fábrica. La gente también culpa a la contaminación de la fábrica por los numerosos casos de cáncer que ocurren entre la población local.

Una empresa poco simpática

Además de su planta de celulosa, Alto Paraná es propietaria de una gran fábrica de tableros aglomerados MDF (Medium Density Fibreboard) en Puerto Piray, lo cual le otorga aún más poder en el mercado local. Ese poder que detenta –y la forma en que lo usa- ha generado duras críticas. Por ejemplo, se afirma que “Infelizmente…

Alto Paraná, no tiene vías de comunicación y respeto con la comunidad” (Debate, 2005) y otra persona agrega que “Además de ‘falta de comunicación y respeto’, sus errores de gestión respecto al entorno son tan grandes, que esto sí puede convertirse en una amenaza mortal al desarrollo provincial y nacional. Está muy mal asesorada, o su cultura empresarial no se lo permite” (Debate, 2005). A eso se agrega que “paga poco en todas las líneas (madera, mano de obra, servicios, tierra, y da poco empleo en relación a su magnitud)” (Debate, 2005). Las pequeñas y medianas empresas han sido las más afectadas y denuncian que “Alto Paraná S.A quiere seguir expandiéndose y que el Estado Nacional y Provincial se lo permitan”, a la vez que van a presentar una nueva denuncia ante la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia “dado que su conducta sigue siendo agresiva para el sector de las Pymes” (Pymes 2005). En definitiva, Alto Paraná, “en lugar de locomotora se ha transformado en ‘aspiradora’ de la riqueza generada en el Norte y Oeste misionero” (Debate, 2005).

Lo que dice la gente local

Todos los testimonios recogidos de gente local apuntan en esa misma dirección. Una persona me contó que había trabajado en la fábrica de celulosa de Alto Paraná, pero que renunció poco tiempo después debido a los bajos sueldos que se pagan en la fábrica y al sistema represivo que impera en la misma. Otra sostuvo que la empresa fija precios a la baja para todas las actividades (en particular en relación con el pago a la mano de obra), y que esos precios deben ser luego aceptados por todos a fin de poder acceder a los contratos. También se me dijo que Alto Paraná financia campañas políticas, lo que explicaría su poder a nivel del gobierno provincial y local.

Hasta sus aparentemente “buenas acciones” son puestas en tela de juicio. Por ejemplo, la empresa construye barrios especiales para sus trabajadores, con viviendas de buena calidad. Sin embargo, los trabajadores nunca llegan a ser propietarios de sus viviendas, por lo que en caso de despido deben abandonar las mismas. Ello resulta en una “lealtad” forzosa hacia la empresa y en la necesidad de mantener la boca cerrada bajo pena de poder quedar en la calle. Por otro lado, existe una clara separación entre los barrios edificados para los obreros y aquellos destinados al personal superior e incluso de ambos con respecto a los demás pobladores de Puerto Esperanza.

La empresa saca su producción en barcazas desde los puertos de La Esperanza y Eldorado. Decidí visitar el puerto de Eldorado y allí vi una larga fila de camiones esperando turno para colocar su carga en las barcazas. Me acerqué al área de carga para observar la operación e inmediatamente se me acercó un guardia a preguntarme si yo era camionero. Al responderle que no lo era, me respondió que debía alejarme, ya que Alto Paraná arrienda ese puerto al Estado y no permite que nadie se acerque. Afortunadamente, el guardia resultó no ser demasiado estricto y –sin autorizarme a ingresar a la zona de carga- me permitió sacar fotos desde una zona cercana.

Las palabras y los hechos

Pese a todo lo anterior, esta empresa se presenta (en su propia página web) como “una Empresa que depende de un medioambiente saludable para su futuro crecimiento, por lo tanto reconoce la importancia de desarrollar su negocio de manera que al mismo tiempo considere las realidades del mercado, e implemente las medidas necesarias para proteger el medio ambiente, ejemplificando así los principios del desarrollo sustentable. En consecuencia, la Empresa ha llevado adelante una política ambiental que incorpora estos valores fundamentales y que se ve reflejada en todas sus operaciones” (Arauco, 2005). Eso es lo que dice. Lástima que esos “valores fundamentales” no se vean reflejados en la realidad de Misiones. www.EcoPortal.net

(**) Escritor nacido en Uruguay que vivió largo tiempo en el territorio de Misiones, cuya exuberante naturaleza le inspiró gran parte de su obra. “Cuentos de la selva” y “Anaconda” son ejemplos de tal inspiración.

(*) Coordinador Internacional del Movimiento Mundial por los Bosques

http://www.wrm.org.uy

Referencias

– Afoa pide al Estado medidas concretas para la consolidación del sector (2005). Argentina Forestal 16, marzo
– APICOFOM (2005).- Desarrollar más y mejores productos. Argentina Forestal 16, marzo
– Arauco (2005).- Página web: http://www.arauco.cl/
– Argentina. Gobierno de Misiones (s.f.).- Plan Maestro Forestal, Capítulo Bosques Cultivados y Foresto Industria, Informe Final http://www.misiones.gov.ar/ecologia/Todo/Bosques/Plan%20Maestro/
– Bonfanti, Fernando Ariel (2004).- La regionalización de la provincia de Misiones – Parte 3 http://www.cambiocultural.com.ar/universidad/misionesb.htm
– Debate ¿Cuál es el modelo de desarrollo? (2005) Argentina Forestal 16, marzo
– Misiones impulsa el agregado de valor a las pymes y la recuperación del pequeño productor (2005). Argentina Forestal 16, marzo
– Orellana, Gustavo (2005).- Argentina: Alto Paraná construirá puerto con inversión de US$ 1000 millones. Papermarket, 5 de junio http://papermarket.cl/papermarket/site/pags/20050601183614.html
– Papel Misionero (s.f.).- Forestación: plantaciones http://www.papel-misionero.com.ar/forestacion_plantacion.htm
– Pymes de Misiones lucharán por equilibrar las condiciones del mercado forestal (2005). Argentina Forestal 16, marzo
– Real, Felipe (s.f.).- Luchas por la tierra en Misiones http://nexos.unq.edu.ar/index.php?option=content&task=view&id=339&Itemid=0
– Red de Asociaciones Ecologistas de Misiones (2001). Evitemos más daños a Misiones: NO a Corpus. http://www.taller.org.ar/region/corpus.htm
– Yahdjian, Juan (2004).- Soja Más Pinos: País en Quiebra. Ecoportal http://www.ecoportal.net/content/view/full/31490

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