Biodiversidad

Texcoco, ¿El fin del conservacionismo mexicano?

El procedimiento elegido para deshacernos de la basura ha sido la disposición de las mismas en zonas bajas, inundables, mediante la creación de los rellenos sanitarios

Por Marco Antonio Moreno Gaytan

La decisión del Gobierno mexicano de construir una sede alterna al aeropuerto internacional de la ciudad de México en el exvaso del Lago de Texcoco, representa en sí, mucho más que la simple controversia de donde construir un aeropuerto útil y confiable. Representa, desde nuestra perspectiva, una grave amenaza para el correcto desarrollo y cumplimiento de acciones de aquellos, que comprometidos con el medio ambiente, han propugnado por más de 30 años por conservar los recursos naturales mexicanos.

La decisión enfrenta a todos, a los que desde Greenpeace han exigido la creación del Santuario de tortugas en X’cacell y X’cacelito en el estado de Quintana Roo; a los de que desde la Unión de Grupos Ambientalistas han exigido la creación del santuario bellenero en las costas de Baja California. También a los que a finales de la década de los 80’s exigieron la creación de la Reserva de la Biosfera "El Cielo" en el estado norteño de Tamaulipas. Inclusive a los que desde mediados de los 90’s buscamos la creación de la Reserva de la Biosfera "Barranca de Metztitlan" en el estado de Hidalgo. El Lago de Texcoco es, desde mediados de la década de los setentas, el centro de trabajo de cientos de ambientalistas que han logrado recuperar en gran parte el ecosistema texcocoano promoviendo la instalación de lagos artificiales como el Nabor Carrillo con más de 90 hectáreas que con el paso de los años se ha convertido en un importante centro de anidamiento y reproducción de aves migratorias, provenientes del norte del continenete. Además, se ha demostrado claramente que las tierras de producción agrícola que rodean los vasos lacustres presentan niveles de productividad que van desde las 3 hasta las 10 toneladas por hectárea, principalmente de maíz.

El Lago de Texcoco, representa hoy, una inversión millonaria en acciones de rescate, que se ve sensiblemente amenazada por la decisión del Gobierno Federal de construir allí un nuevo aeropuerto. Dejando de lado los problemas que para la aviación representa la presencia de aves y la cuada de riesgos colaterales como la presencia de suelos gelatinosos, carentes de la dureza suficiente para soportar siquiera 2 toneladas por metro cuadrado, esta decisión representa un gran revés a los trabajos conservacionistas realizados a los largo y a lo ancho del país en las últimas tres décadas.

Si hoy se permite libremente la construcción del aeropuerto en el exvaso del Lago de Texcoco, si no se leventa la voz y se exige respeto a las áreas naturales protegidas, a las áreas de trabajos de conservación, a los ecosistemas que brindan servicios ambientales a amplias zonas del país, mañana cualquier área, en cualquier lugar, aún cuando medie un decreto que la protege será utilizada para el establecimiento de parques industriales, de desarrollos turísticos o cualquier actividad productiva que amenace la fragilidad del ecosistema y lo condene a desaparecer.

Tenemos que reconocer todos los ambientalistas mexicanos, lo difícil y los obstáculos que hemos tenido que vencer pra lograr la protección jurídica y social de una área determinada, la forma en que el gobierno federal escamotea la posibilidad de establecer una área natural protegida, la forma simple y miope con que en nuestro país se trata el asunto de la sustentabilidad. Porque reconociéndolo estaremos frente a un escenario nuevo y real, la displicencia del poder frente a la exigencia social de conservación y rescate.

Es esto lo que más preocupa a la Sociedad Ecologista Hidalguense, la nueva fragilidad que enfrentan las apenas logradas áreas naturales protegidas, la posibilidad de que en "aras del interés público" pierdan el sentido de su creación y este interés público dicte para ellas actividades diferentes a las que les dieron origen. Esta realidad es algo latente, y en algunos lugares práctica, por ejemplo el 8 de septiembre de 1936, fue decretado el Parque Nacional "Los Mármoles" en el Estado de Hidalgo, hoy 65 años después, sus 34 mil hectáreas se ven seriamente amenazadas por la explotación minera, aún y cuando el propio decreto prohibe de manera tajante la práctica de la minería al interior del Parque. Esto se ve plásticamente reflejado en el daño que más de 20 mil hectáreas han sufrido, en parte por la minería y en parte por el sobrepastoreo y la extracción ilegal de madera del mencionado parque. En está misma situación se encuentran los demás parques nacionales ubicados en el estado de Hidalgo y la propia reserva de la biosfera "Barranca de Metztitlan" y algo similar sucede con otras áreas en diversos lugares del país, por citar la más asediada "Montes Azules" en el sureste mexicano.

No se puede permitir la construcción del aeropuerto en el exvaso de Texcoco, no se puede correr el riesgo de abrir la puerta a futuros atentados contra el patrimonio natural de todos los mexicanos, es definitivo o arriamos las banderas del conservacionismo y nos declaramos derrotados o alzamos nuestra voz y exigimos respeto al derecho que todos los mexicanos tenemos a vivir en un ambiente sano Hoy.

* PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD ECOLOGISTA HIDALGUENSE
Correo Electrónico: ecologia_sehi@hotmail.com

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