Empresa estadounidense experimenta con geoingeniería solar en México

Experimentos con fines de lucro muestran que la investigación sobre geoingeniería solar, aunque se llame académica, puede rápidamente convertirse en despliegue comercial.

El Grupo ETC, que vigila las actividades de geoingeniería, alerta sobre dos pruebas recientes de geoingeniería solar en Baja California, México, en las que se liberó dióxido de azufre desde globos meteorológicos, como experimento para impedir  –supuestamente– que el calor del sol llegue a la tierra. Make Sunsets, una micro empresa (start-up) estadounidense de sólo dos personas está detrás de las pruebas, cuyo principal interés parece ser hacer negocio con la crisis climática.  

Inspirada en relatos de ciencia ficción y basados en la investigación académica sobre geoingeniería solar, como el proyecto SCoPEx de la Universidad de Harvard, los empresarios de Make Sunsets operaron sin haber solicitado ningún permiso a las autoridades mexicanas para realizar sus actividades comerciales, mucho menos para desarrollar experimentos de geoingeniería solar. Las pruebas ocurrieron incluso antes de registrar la empresa. Eso no parece preocuparle a Make Sunsets que ya está anunciando nuevos experimentos en México.

“Colonialismo climático y maquillaje verde”

Esto es un caso de libro de texto sobre colonialismo climático y maquillaje verde”, declaró Silvia Ribeiro, directora para América Latina del Grupo ETC.  “Empresarios de uno de los países del mundo con mayores emisiones contaminantes, usan un país del Sur Global y territorios de pueblos indígenas como campo de pruebas para sus negocios privados, mientras aprovechan para vender “créditos de enfriamiento” a empresas que buscan evitar reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero“.

Estos experimentos siguen un patrón común en la investigación sobre geoingeniería solar: la mayoría de los experimentos se han hecho o se proyectan en territorios indígenas y sin obtener el Consentimiento Libre, Previo e Informado de los pueblos indígenas, un derecho establecido en la Declaración de ONU sobre Derechos de los Pueblos Indígenas.

El modelo de negocios de Make Sunset consiste en vender “créditos de enfriamiento” —una imitación de los “créditos de carbono”—, a cambio de desplegar experimentos de geoingeniería solar que supuestamente impedirían que parte del calor y la luz del sol lleguen a la Tierra.

Geoingeniería solar, lucrar con la investigación científica

Los experimentos de Make Sunset parecen más un truco publicitario que un experimento técnico, ya que fueron realizados sin el mínimo equipo de seguimiento para registrar información sobre resultados. No obstante, los fundadores de Make Sunsets ya recaudaron 750 mil dólares y pretenden realizar más experimentos, beneficiándose de las investigaciones científicas cuyos autores afirman que se realizaron con fines exclusivos de investigación.

Estos experimentos dejan claro que los proyectos de investigación de geoingeniería supuestamente “solo académica” no pueden ni deben considerarse aislados de las iniciativas privadas con fines de lucro. Una vez que la investigación está sobre la mesa, sólo se requieren fondos suficientes para emprender todo tipo de iniciativas.

Niclas Hällström, director del think-tank sueco WhatNext? señaló (refiriéndose a a SCoPEx, el proyecto de geoingeniería solar de Harvard que motivó las pruebas de Make Sunsets), que el hecho de que sean pequeños experimentos no es nunca inocuo: “este tipo de pruebas no tienen ninguna utilidad, salvo habilitar los pasos siguientes. Decir que no tiene efecto es como probar el detonador de una bomba y asegurar que no va a hacer ningún daño”.

Geoingeniería solar es una tecnología altamente riesgosa

Las pruebas de Make Sunset podrían ser una anécdota más sobre un par de estadounidenses que viajan a México ávidos de lucrar, si no fuera que la geoingeniería solar es una tecnología altamente riesgosa que no se puede ignorar. Cientos de organizaciones de ambientalistas, mujeres, campesinos y movimientos indígenas, de activistas climáticos y otras organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo piden la prohibición de esta tecnología.

Debido a los riesgos que plantea para las comunidades y la biodiversidad, el Convenio sobre la Diversidad Biológica de la ONU estableció una moratoria contra el despliegue de la geoingeniería en 2010, un llamamiento que sigue vigente.

En 2021, el Consejo Sami y organizaciones ecologistas detuvieron un experimento de geoingeniería solar en Kiruna (Suecia), que sería llevado a cabo por el proyecto SCoPEx de Harvard. El Consejo Saami rechazó la geoingeniería solar en cualquier parte del mundo, también debido a que esta tecnología conlleva inherentemente impactos transfronterizos. Demandaron a la Universidad de Harvard que detuviera todos las investigaciones y experimentos a cielo abierto sobre geoingeniería solar.

También en 2022 se manifestó oposición indígena a la geoingeniería, cuando organizaciones de pueblos nativos de Alaska demandaron detener el Artic Ice Project, un proyecto de investigación de geoingeniería solar que opera en tierras y aguas nativas de Alaska sin su consentimiento libre, previo e informado.

Científicos de todo el mundo piden poner freno

El mismo año, más de 370 científicos de todo el mundo pidieron que se estableciera un acuerdo internacional de no utilización de la geoingeniería solar, al concluir que la geoingeniería solar es demasiado riesgosa, que no puede gobernarse de manera justa y democrática y que podría usarse indebidamente por actores o países que controlen la tecnología.

Este despliegue negligente de geoingeniería no es significativo científicamente y no está operando a una escala en la que pueda bloquear la luz del sol. Por lo que sabemos, parece una estafa, si quienes invierten lo hacen creyendo que estas pruebas enfriarán la temperatura del planeta. No obstante, urge detener a Make Sunsets, ya que es una provocación a legitimar todo tipo de experimentos de geoingeniería, lo cual puede motivar a multimillonarios a invertir en estas iniciativas, o lo que es peor en términos inmediatos, justifican establecer programas “oficiales” de geoingeniería, que pretenden aparecer como más responsables, pese a que ha quedado claro que no existe tal límite entre “investigación académica” e iniciativas de lucro”, declaró Neth Daño, del Grupo ETC en Filipinas.

Al igual que con las armas nucleares y otras tecnologías extremas, la geoingeniería solar es demasiado peligrosa y difícil de gobernar por lo que no se debe desarrollar. Lo que está sucediendo ahora es exactamente el tipo de riesgo que el Grupo ETC y la campaña No Manipulen la Madre Tierra han señalado una y otra vez.

Como demuestran el comportamiento de la empresa Make Sunsets, una vez que la investigación está disponible, actores que consigan recursos utilizarán esta peligrosa tecnología. La investigación no es neutral e incluso los experimentos a pequeña escala pueden tener graves consecuencias a largo plazo si actores poderosos deciden desplegar la tecnología a gran escala. La geoingeniería solar debe detenerse desde su concepción.

Nota informativa:

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La geoingeniería solar comprende un conjunto de propuestas tecnológicas a gran escala para reflejar parte de los rayos solares, en un intento de reducir el aumento de temperatura de la Tierra causado por el calentamiento global y el cambio climático. No aborda las causas de origen del cambio climático y con esta propuesta, las emisiones de CO2 continuarían, creando nuevos riesgos. 

A gran escala, la geoingeniería solar entraña graves peligros medioambientales, climáticos, sociales y geopolíticos. Entre otros impactos, podría provocar cambios catastróficos en los patrones meteorológicos, como en el régimen de monzones, y afectar negativamente las fuentes de alimentos y agua de millones de personas, especialmente en los trópicos. Estudios científicos muestran que si se iniciara el despliegue de geoingeniería solar a gran escala y luego se interrumpiera súbitamente, la temperatura de la Tierra se disparará repentinamente, un proceso conocido como “choque de terminación”.

El Grupo ETC, con oficinas en México, Filipinas, Canadá y el Reino Unido, aborda cuestiones socioeconómicas y ecológicas de las nuevas tecnologías que pueden impactar negativamente a las comunidades y personas vulnerables en el mundo.  Trabaja con otras organizaciones y movimientos de la sociedad civil para proteger los ecosistemas de la tierra y apoyar a las comunidades para que se resistan por ejemplo, a experimentos de geoingeniería solar, ya sean realizados por instituciones sancionadas por gobiernos o por startups como Make Sunsets.

Contactos para prensa:

México – Verónica Villa,  [email protected] + 52 55 5432 4679

Canadá – Laura Dunn,  [email protected], +1 514 607 9979

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