Contaminación

Celulosas y destino de país

El tema ha adquirido tal caudal mediático que se podría entender que ya no hace falta abundar. Hablan todos los periodistas del establishment, los que saben y los que no, con el corazón y con psitacismo. Hemos atendido la cuestión y nos remitimos a nuestras ediciones anteriores. Pero tanto su trascendencia como su implicancia nos obliga a “separar los tantos”.

Por Luis E. Sabini Fernández

El tema ha adquirido tal caudal mediático que se podría entender que ya no hace falta abundar. Hablan todos los periodistas del establishment, los que saben y los que no, con el corazón y con psitacismo. Hemos atendido la cuestión y nos remitimos a nuestras ediciones anteriores. Pero tanto su trascendencia como su implicancia nos obliga a “separar los tantos”.

Celulosas y destino de país

Polvos ajenos nos traen estos lodos…

El tema ha adquirido tal caudal mediático que se podría entender que ya no hace falta abundar. Hablan todos los periodistas del establishment, los que saben y los que no, con el corazón y con psitacismo. Hemos atendido la cuestión y nos remitimos a nuestras ediciones anteriores. [1] Pero tanto su trascendencia como su implicancia nos obliga a “separar los tantos”.

Reeditando la ronda de cinco siglos


La cuestión de las plantas de celulosa está empezando a ocupar el papel que habría merecido ocupar hace años, cuando todavía no se hablaba ni podía hablarse de emplazamientos.

Pero si hay una diferencia entre el centro planetario y la periferia es que en el Primer Mundo se administra –bien o mal, pero siempre para provecho propio– el planeta y en los arrabales terráqueos vivimos en y de la coyuntura.

Eso y sólo eso explica que cuando hace unos veinte años algunos inversores empezaran a seducir a ahorristas locales, a propietarios de tierras, a funcionarios de las áreas respectivas con planes de lo que entonces se llamaba “forestación” [2] nadie haya advertido sus implicancias. Ni su procedencia ni sus motivos.

Es fácil decirlo ahora, aunque muchos escamoteen la cuestión: semejantes inversiones estaban destinadas a primarizar todavía más al Uruguay, abrocharlo en una relación centro-periferia que conocemos en Occidente al menos desde hace 500 años.

El núcleo industrial metropolitano se nutre de los recursos naturales de las colonias que con ciertas finezas jurídicas y semánticas no llamamos más colonias. Pero el nervio de la economía imperial, nutrida de enclaves en el Segundo, Tercer o Cuarto Mundo, pervive y un magnífico ejemplo son los monocultivos arbóreos (y los monocultivos en general).

Diferencias en el fraseo

Es importante reparar, sin embargo, que vivimos en un mundo de la más pura “igualdad”. Así como cuando se estaba confeccionando un acuerdo bilateral –ahora suspendido–entre EE.UU. y Uruguay y se observaron ciertas asimetrías, se procuró equipararlas mediante una cláusula que otorgara los mismos derechos a los inversionistas uruguayos en EE.UU. que los que se le daban a los inversionistas estadounidenses en Uruguay, ay, menos mal, del mismo modo es importante analizar el acuerdo finlando-uruguayo respecto de promoción de inversiones (con un “detalle” propio de nuestra época de la seguridad interior; “promoción y protección”). [3]

Todos los párrafos del acuerdo son absolutamente escrupulosos en referirse a “ inversores de una parte contratante en el territorio de la otra”, es decir que también se refieren a inversores uruguayos en Finlandia, ¿qué pensaba usted, que sólo se refería a inversiones finlandesas en Uruguay? El “acuerdo” contempla indemnizaciones o compensaciones a “ los inversores de una de las partes contratantes por causas de guerra y otros conflictos armados, estados de emergencia nacional, revuelta, insurrección o manifestaciones.” Como todo el mundo sabe, Finlandia es un país plagado de revueltas y manifestaciones, algo que nuestro plácido país jamás tuvo (entre la segunda mitad de 1973 y 1984). Así que suponemos que con el párrafo se están protegiendo los inversores maragatos o sanduceros en la tumultuosa Finlandia…

Y bien, ése es el estilo del estatuto colonial vigente: como si fuéramos iguales.

Como frutilla de la torta, vale la pena destacar el comportamiento de los virreyes: Jorge Batlle se apresura a embretar a todo el país con este estatuto, tan democrático en la forma pero de vasallaje real y efectivo, entre mayo y octubre de 2003, es decir remata esa tarea al servicio del capital sin fronteras pero ávido de los recursos naturales del “resto del mundo” en el mes en que un año después las elecciones presidenciales le iban a arrebatar por hastío la dirección política del país, que el coloradismo había gozado al servicio de EE.UU. durante casi todo el siglo XX. [4]

Las dos caras del Frente Amplio

Con la lógica política que vivimos durante el auge neoconservador mal llamado neoliberal, [5] vimos que en nuestro país oficiaron de furgones del progreso metropolitano fundamentalmente los colorados pero también los “nacionalistas”. Promovieron, mejor dicho, dieron entrada a la telepolítica [6] de plantación masiva de monocultivos arbóreos.

Era coherente, habríamos dicho con lenguaje setentista. La oposición que entonces iba acumulando presencia y caudal –el Frente Amplio– estaba al margen. No sólo al margen; estaba en contra. Tan en contra, al menos mientras “fue” oposición, como para no enviar representantes a la inauguración de la procesadora de ENCE, en fecha tan reciente como 2003. [7]

Así que las mal llamadas papeleras, en rigor pulperas (aunque no exactamente de o del Santa Lucía) como tantas otras cuestiones candentes, convirtió el acceso al gobierno del FAEPNM en una prueba de fuego. O del nueve. Y una comprobación (siempre) penosa del Teorema de Baglini. [8]

Porque el FA tiene dos secuencias, dos momentos, dos caras: antes de ganar las elecciones presidenciales, ya la vimos, boicoteando la inauguración de ENCE; luego de asumir la presidencia, total coincidencia con lo actuado por los gobiernos anteriores, algo que con mucha picardía política han realzado blancos y colorados, ahora “todos unidos”.

Con los reparos u observaciones críticas de tantas fuentes frenteamplistas contra el uso de los arrabales planetarios por parte del gran capital metropolitano y transnacional, lógico habría sido enfrentar la política de los hechos consumados con que el gobierno de Batlle borró con la mano y el codo “el Uruguay natural” y se apresuró a firmar los convenios que habilitaban zonas francas para fabricar celulosa con la abundante madera ahora disponible.

Si la relación de fuerzas resultaba francamente desfavorable, y el gobierno hubiese querido evitar en el país lo que le tocó vivir al SUNCA en Fray Bentos, [9] podría al menos recurrir a la “línea alfonsiniana” de “tragarse el sapo” de tales establecimientos, porque dar marcha atrás tales proyectos podía resultar muy gravoso para la debilísima economía nacional. Tendría por lo menos una vinculación con la realidad.

Con ello, además, habrían surgido varias opciones: procurar desandar lo más posible, enfrentar los “compromisos” contraídos reclamando mejoras procedimentales, un cierto recaudo por el ambiente, totalmente cedido a la voluntad y confiabilidad de los inversores, [10] esforzarse por mostrar exámenes de impacto ambiental que debilitaran la posición de los empresarios celulósicos, buscar siquiera mejorar los emplazamientos.

Pero no. El gobierno exfrenteampliencuentrista-progresista-neomayoritario (últimamente, frenteamplista, como otrora) está muy satisfecho con todo. Con todo lo urdido por Jorge Batlle y Luis Lacalle en su momento…

Incluso han salido algunas figuras del nuevo gobierno, como la de Eleuterio Fernández Huidobro que recogen sin decirlo la infame teoría de Menem, Carlos Saúl, quien declarara con todo desparpajo que mintió durante su campaña porque si él hubiera dicho lo que pensaba hacer, privatizarlo todo, entregar bienes nacionales a estados o empresas extranjeras, no habría recibido los votos decisivos y que por eso mentó, en cambio, lo de la “revolución productiva” y “el salariazo”. Así hemos tenido que leer todo un refrito de Il Principe de Macchiavelli según el cual uno formula visiones y declaraciones como opositor que jamás va a cumplir. Nos explica el politólogo EFH: “ Las estrategias mueren cuando demuestran que son erróneas o cuando consiguen sus objetivos. La estrategia que guió los pasos de la izquierda desde hace muchos años logró sus objetivos […] . Produjo uno de los procesos de acumulación más largos e ininterrumpidos de América Latina. Pasó por todas las vicisitudes imaginables incluidas las atroces. Por ende, al triunfar coronando la cumbre que buscaba conquistar, quedó agotada.[11] Y con la idea de agotamiento, EFH cierra el ciclo de responsabilidad política, ética, ideológica de las tres décadas frentistas. Tanto es así que continúa: “ La noche del triunfo daba comienzo a un nuevo proceso: cualitativamente distinto para el que se debe contar cuanto antes con la correspondiente estrategia.” Una estrategia para la oposición, otra para el gobierno. Una política para la oposición, otra para el gobierno, una ética oposicional, otra gubernamental, una ideología de liberación y otra de retención, aprovechamiento, conservación o vaya a saber qué. Menem o Machiavelli, pero en fin, algo bien distinto lo que prediquemos en misa y lo que hagamos en la sacristía.

Eso sí, convirtiendo todo en estrategia. Uno se pregunta si es como el libreto de un farabute de barrio que persuade a la jovencita tierna de su eterno amor para acostársela y si te he visto… Pero eso sí, elevado no a la categoría de canallada sino a la de teoría política y para gente viva…

Como se ve, la reafirmación del espíritu de vanguardia, ése que distingue a los importantes de la gilada, goza de muy buena salud, siquiera en el candelero de jetones.

Uruguay vs. Argentina

El mismo EFH se ha encargado, del lado oriental, de llevar el dilema al terreno de la lucha entre nacionalidades o estados. Lo cual es una falacia, se la plantee de un lado o del otro del río.

– ni todos los argentinos, ni siquiera los entrerrianos, se han vuelto ecologistas,

– ni todos los orientales estamos por la puesta irrestricta de empresas presuntamente modernizadoras.

Del lado argentino, muchos se preguntan sobre el verdadero papel del gobernador entrerriano Jorge Busti o el de la contaminación en el diferendo; del lado uruguayo, el Grupo Guayubira, por ejemplo, o Viana Ferreira, para nombrar apenas a dos de los más conocidos, han criticado duramente la instalación no sólo antes del acceso del Frente Amplio al gobierno y de los bloqueos de los vecinos de Gualeguaychú al puente sino después.

Incluso dentro del FA, existen, o han existido voces discordantes. Que la “superioridad” haya logrado acallarlas es otra historia…

No es que no existan motivos de conflicto entre ambos países. Más aún, Uruguay ha sido el avasallado en la mayor parte de los casos, aunque en alguno con responsabilidad o culpa propia, [12] pero entendemos que insistir en esa vía, en lugar de aclarar oscurece.

Asamblea Cívico-Ambiental de Gualeguaychú

La “movida” de Gualeguaychú ha sido el agente generador de la mediatización de la cuestión, y aunque más no fuera por ese papel, tiene una relevancia política y social insoslayable.

La sociedad argentina, por otra parte, con justicia y afortunadamente sensibilizada desde el colapso del menemato y sobre todo a partir de diciembre de 2001, tiene un potencial de movilización y cuestionamiento que bien podría constituir un freno a los dislates del poder absoluto. Aunque justo es consignar que el comienzo de esta lucha, “el abrazo en el puente”, fue protagonizado por agrupaciones argentinas y uruguayas, como la Coalición Ríos Vivos, la Comisión Nacional en Defensa del Agua y la Vida (CNDAV), el Foro Ecologista de Paraná, etcétera.

Lamentablemente, lo viejo siempre se cuela en lo nuevo y por lo tanto, es imperioso aprender a observar atentamente, a separar bagres y tarariras en cada coyuntura.

Uno tiene en la retina la formidable movilización de la población de Esquél [13] y vivencia cierto paralelismo.

La otra movida “histórica” de la Argentina contemporánea, por la tragedia múltiple de Cromañón [sic], nos otorga asimismo otros ángulos: los deudos de Cromañón constituyen un corte de buena parte de la sociedad argentina, con sus convicciones o falta de, con su sensibilidad y su fanatismo. Cuando resumen su lucha en la consigna: “ No los mató la bengala, no los mató el rock’roll, los mató la corrupción” se ve el grado de recorte de la realidad y por lo tanto de narcisismo que aqueja en este caso no ya a las fuerzas oficialistas (el “gobierno”, “el régimen”) sino a sus detractores.

Análogamente, se podría decir que cuando los movilizados de Gualeguaychú resumen su demanda: “ No a las papeleras, sí a la vida” se han quedado sin papel, han dejado a la sociedad sin papel y lo hacen con un fundamentalismo ecológico intoxicante, valga la paradoja, aunque la toxicidad en este caso sea del espíritu.

Porque de lo que se trata es que la producción de papel no contamine y no que se deje de producir papel.

Como con la tragedia de Cromañón, sustraerse a la demanda tal como la presentan los primeros implicados, con toda la carga emocional y justiciera que de todos modos encierra, no es tarea fácil. La fuerza del maniqueísmo es tremenda.

Si uno critica la posición de la gente moviéndose en Gualeguaychú, automáticamente creen muchos que uno está a favor “de las papeleras” o del gran capital transnacional o mejor dicho, metropolitano, del centro planetario.

La gente de Gualeguaychú, al estilo de algunos padres de Cromañón con la corrupción, parecen haber descubierto la contaminación ahora, reciencito. Por eso el planteo exacerbado, maximalista, que venimos comentando. Varios argentinos se han preguntado con vergüenza: “¿es que acaso Argentina no tiene papeleras? Empezar a descubrirlas cuando las construye el vecino no parece del todo correcto. El ex defensor ambiental del pueblo de la capital federal, Antonio E. Brailovsky, lo dice claramente:

En nuestro país existen unas diez plantas de producción de celulosa que vierten sus efluentes al río Paraná provenientes de una producción de no menos de 850.000 toneladas anuales de pulpa de celulosa.” [14]

Y refiriéndose a los pasos del gobierno argentino de hacer la denuncia fuera de la jurisdicción binacional que ha resultado inoperante, aclara:

No parece fácil convencer a un tribunal internacional de pedirle a las empresas uruguayas lo mismo que no se les está exigiendo del lado argentino a las empresas Celulosa Campana y Gral. Bermúdez, Papelera del Plata, Wixel, Campanita, Papel Prensa de San Pedro, Iby en Entre Ríos, Andino sobre Santa Fe, Alto Paraná S.A., Piray y Papel Misionero. Para dar un par de ejemplos puntuales, Celulosa Argentina S.A. contamina el Paraná desde 1929, sin que hasta la fecha nadie le haya pedido que dejara de hacerlo. La presencia de contaminantes provenientes de su planta de Gral. Bermúdez (compuestos orgánicos clorados) ha sido verificada por Greenpeace, según un informe publicado por esa organización. La provincia de Entre Ríos tiene en su territorio una planta productora de pasta celulósica (Papelera Iby S.A.), que produce 18.000 TM anuales y sobre las costas santafecinas del Paraná, frente a la tierra entrerriana hay otras más. Pero, además, esta provincia es una importante productora de madera, de bosques implantados, que destina el 60% de su producción a la elaboración de celulosa y tableros.

Y Brailovsky remata con inevitable ironía: “ Si la presentación ante el Tribunal de La Haya estuviera acompañada de un control efectivo de estas empresas, habría más probabilidades de que nos tomaran en serio.” La táctica del gobernador Busti ha devenido ahora en levantar los cortes de puente para que, mejorando la letra, la demanda tenga más recibo. Como vimos con el reino de la estrategia, el de la táctica engañabobos tampoco se abandona…

Pero más allá de tácticas y estrategias del poder, la nueva situación también puede constituirse en prueba de fuego para la asamblea “del puente”, reafirmando la satelización o la autonomía…

La cita de Brailovsky pone en su sitio también el intento de algunos que han gatillado todos sus cartuchos contra “las de enfrente” arguyendo que el caudal del Paraná es siete veces mayor que el del Uruguay y que por lo mismo el efecto contaminante de las ya establecidas es incomparablemente menor. Si juntamos el volumen de todas las establecidas vemos que es casi tan grande como la mayor de las que se están erigiendo en Uruguay. Por otra parte, el caudal del Paraná en Misiones debe ser mucho menor que a la altura de Fray Bentos (Rosario) o de la desembocadura. Y para remate, alguna de las pulperas o papeleras más antiguas usan seguramente un método todavía más contaminante que el proyectado para Fray Bentos (con dióxido de cloro). Con lo cual, toda la argumentación revela un carácter estrecho y mezquino, porque es absurdo andar cuotificando la contaminación para terminar exculpando a algunos.

El texto de Brailovsky nos exime además de abundar sobre un tema que ha sido muy trajinado en los corrillos militantes de la movida del puente en Gualeguaychú que ha fusionado como en un combo, lo de los piqueteros, las asambleas autoconvocadas y la causa ecologista: Busti o sus secuaces más o menos conscientes han insistido con que la provincia de Entre Ríos no tiene papeleras ni pulperas. Pero en no menor proporción que en Uruguay, la provincia ha sido cubierta de monocultivos arbóreos. Por lo tanto, todas las consignas basadas en “Entre Ríos territorio libre de procesadoras de celulosa” es un bluff demagógico, puesto que semejante cantidad de árboles en monocultivos no puede tener otro destino que el celulósico.

Pero hagamos además un pequeño abordaje secuencial.

En 2003 Jorge Batlle inaugura con bombos y platillos la planta gallega de ENCE en M’Bopicuá, Río Negro. Fines de año. El Frente Amplio, tenía al decir del politólogo EFH una estrategia opositora, y la consideraba un eslabón del estatuto neocolonial del país, y ya sabemos qué más.

Salvo el Grupo Guayubira, del Uruguay, y algunos periodistas atentos, no se escucha nada. Tampoco del lado entrerriano.

Sabemos que en algún momento, antes de su instalación en 2005 en Fray Bentos, Botnia tiene tratativas con el gobernador entrerriano Busti que quedarán secretas hasta su destape. [15]

Después de tales tratativas empieza la movida fuerte desde Gualeguaychú, los bloqueos, con la unión entre ambientalistas y el poder político, el mismo poder político que hasta el año anterior era tan hostil a todo planteo ecologista y que marginaba a esa gente, según declaraciones de miembros de la Asamblea cívico-ambiental y particularmente del Ejército Alpargatista de Liberación Nacional de la República Occidental del Uruguay. [16]

Antes perseguidos, ahora todos unidos… la movida encuentra enormes facilidades para sus acciones directas.

Todo esto habría sido inobjetable si Argentina en general y Gualeguaychú en particular fueran virgencitas ambientales que jamás han contaminado. Ni dentro de fronteras ni en las barbas del vecino… ¿De dónde proviene la cantidad de casos de cáncer, la más alta del Uruguay, en Nueva Palmira, puerto uruguayo delante de la desembocadura del Paraná? [17]


¿De dónde proviene la mayor parte de la enorme contaminación del Río de la Plata? ¿De la populosa e industrial Colonia con sus miles y miles de habitantes o de ese pobladito de catorce millonejos de almas (la octava urbanización del mundo) que está enfrente y responde al simpático nombre de Buenos Aires?

Volvemos al vergonzante comentario de Brailovsky.

Lo que le quita limpidez a la movida de Gualeguaychú, con todo lo bueno que tiene que la gente reaccione y se mueva defendiéndose y cuestionando, aprendiendo a tomar en sus manos sus asuntos (que son precisamente los públicos), es el exclusivismo de la demanda y esa curiosa colusión con el poder político (provincial o nacional), algo con lo que la gesta de Esquél no tuvo necesidad de lidiar, puesto que el pueblo organizado desde sí mismo debió enfrentar a la empresa, al poder político y a los “dueños” del lugar.

Pero el combate de fondo es consigo mismo

La cuestión a mi modo de ver central que desnuda la situación planteada es cómo planes de “colonizados mentales” para usar la feliz expresión de Carlos Vaz Ferreira, como los de Luis Lacalle y Jorge Batlle, coinciden punto por punto con los de Daniel Astori y Tabaré Vázquez… en el gobierno.

Las pulperas tienen un valor paradigmático: pudieron unir posiciones aparentemente tan discordes. ¿Por qué? Porque hay un hilo conductor que más allá del choque de posiciones une a la derecha capitalista y al socialismo: la sacralizada idea de progreso.

–La llegada de tecnología de punta nos va a modernizar, la llegada de capital extranjero nos va a tonificar…

Quinientos años no parecen suficientes para algunos progresistas. Aunque el saqueo haya recrudecido en las últimas décadas, precisamente porque el ritmo del desgaste de los materiales del planeta se ha ido precipitando gracias a la economía de derroche del american way of life, luz de los ojos del último de nuestra dinastía Batlle, economía que nos desgobierna desde mediados del s. XX.

Ahora vienen por el agua; ¿qué es la pulpa de celulosa sino materia prima procesada con ingentes toneladas de agua? (del mismo modo que con la soja que es también exportación de agua y humedad con forma de semilla). Como vienen por el petróleo y el gas.

El saqueo se ve por todas partes. El menemato autorizó más de noventa empresas mineras para esquilmar el suelo (y subsuelo) argentino. Vimos el formidable episodio de Esquél. Pero el gran capital sigue atropellando por doquier: en San Juan una misma empresa ha comprado suelo cordillerano a un lado y otro de la frontera y construido un túnel de varios kilómetros entre país y país… privado. Pascua Lama. ¿Qué papel tienen nuestros estados, en este caso el argentino y el chileno? [18]

Vimos como Eduardo Duhalde, Jorge Batlle, Fernando Henrique Cardoso y Luis González Macchi entregaron el control de la prospección del acuífero Guaraní (que se encuentra precisamente debajo de los países del Mercosur) al Banco Mundial por un préstamo que éste “generosamente” les concedió a los cuatro… por 27 millones de dólares. Como si la estructura del Mercosur no hubiese podido aportar ese monto miserable para iniciar los estudios…

Porque esta modalidad de saqueo tiene siempre dos actores: el que incursiona y el que abre las puertas.

Vimos también la importancia que la dimensión ecológica le merece al Frente Amplio. Y esto no depende de “estrategias” como pretende nuestro aprendiz de Macchiavelli. Viene de más atrás. El presidente Vázquez designa como ministro de esa área [ojo corrector: respetar la concordancia. Sin cholulismo] a Mariano Arana, tal vez mezclando lastimosamente el vocabulario. Arana es ambientalista en el sentido del paisaje, pero el área del MVOTMA, Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, ahora a su cargo, se refiere al ambiente en sentido ecológico, aunque se resigne a su mitad… y un ecologista no es un artista; un ecologista no nace, se hace.

Es interesante y penoso advertirlo.

Durante el reinado de Batlle IV se difundió mucho la consigna del “Uruguay Natural”. Batlle no tuvo empacho, con lógica digna de un Menem, de postular asimismo un Uruguay transgénico. Con humor, Sergio Villaverde procuró desasnarlo en una carta de lectores en Brecha [19] explicándole la incongruencia.

En vano. Jorge Batlle IV siguió impertérrito con ambas consignas. Si en EE.UU. trataron de establecer que los alimentos transgénicos podían recibir el etiquetado de “orgánicos”, ¿por qué no nosotros? “ Le importa tres carajos contradecirse, como si todos los demás fuéramos imbéciles” (ob. cit.).

Es que la ecología para el capital(ismo) es un engorro, o a lo sumo una etiqueta que permita vender más o mejor.

¿Y para la izquierda, sobre todo para la verdadera, la auténtica, la pura y dura? Lo definió magistralmente EFH: la ecología es para una “ izquierda cholula, amante de los pajaritos y de las ballenas blancas, hija de la bobeta [ni siquiera de la marmota…]”

Por eso, cada vez que “nuestra izquierda” oficial, ampliamente mayoritaria, tiene que elegir entre el progreso y el ambiente, va a elegir el progreso, como hizo Arana, cuando era intendente, con la basura (en este caso tecnológico, con los contenedores elevables), embelleciendo la ciudad, castigando a los hurgadores, alejándose y alejándonos de toda solución real (y material) al problema de qué hacer con la caca nuestra de cada día…

Hay, como decía Georges Brassens, un detalle agravante con un batallismo redivivo bajo las banderas del Frente Amplio. Que José Batlle y Ordóñez haya desencadenado un proceso de modernización nacional a principios del s. XX es una cosa. Otra muy distinta a mediados del s. XX, cuando el papel de EE.UU había cambiado sustancialmente; no era más imperialista, pero sí mucho más imperial. Y otra todavía peor, querer implementarlo hoy, en la era en que “el papel bienhechor y dinamizador” del capital extranjero ha ido adoptando la forma de zonas francas [20] (cuando hablamos de economía material, porque el capital actual es al 95% financiero y especulativo…). [21]

De ningún modo vamos camino a la bonanza de principios de siglo XX, espejismos a los cuales los uruguayos parecemos tan aferrados. Vamos a consolidar un estatuto de vasallaje neocolonial.

El país, como con las consignas de “Uruguay natural” o “transgénico” tiene como opción seguir en la dependencia neocolonial o procurar acentuar el crecimiento endógeno. Pero hacer esto último significa buscar ir frenando las siempre renovadas acometidas por los recursos naturales. Más bien preservándolos y obtener con ellos un lugar en el mundo.

No es fácil. Carece del glamour de los miles de millones de dólares. Pero al fin y al cabo, sabemos que ningún inversor viene a dejarnos nada sino a llevarse todo lo que puede. Y que por lo tanto los millones en danza no son para nuestro baile, sino el anzuelo. Para seguir pescándonos.

En América Lapobre podríamos tener ahora aliados como nunca, y hasta con “dólares”. No será tarea fácil. ¿Pero quién dijo que emanciparse sea tarea para bobetas? www.EcoPortal.net

* Coordinador del Seminario de Ecología y DD.HH. de la Cátedra Libre de DD.HH. de la Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras. Editor de la revista Futuros.

[1] Futuros, no 7, Grupo Guayubira, “Contra la instalación de plantas contaminantes de celulosa” y Futuros no 8, Luis E. Sabini Fernández, “Del llano al sillón”.
[2] Al menos al Plata no había llegado la terminología precisa para distinguir un bosque de un monocultivo arbóreo; el primero tiene biodiversidad vegetal y animal, el segundo no tiene más que árboles de una especie plantados en hilera que, al contrario, tienden a empobrecer los recursos naturales.
[3] “Acuerdo con el Gobierno de la República de Finlandia relativo a la promoción y protección de inversiones” 20/5/2003 <http://sip.parlamento.gub.uy/Repartidos/Camara/D2003101480-00.htm>.
[4] Uno podría lamentar en esta secuencia que la efectivización de la presidencia haya demorado, de acuerdo con el parsimonioso calendario uruguayo, más de cuatro meses, pero, de cualquier modo, no es ése el tema decisivo.
[5] Si algo neoliberal ha habido, como bien ha explicado el profesor Rodolfo Bledel, es el keynesianismo que procuró “superar” un régimen liberal que, despreocupado del destino de los más, iba a chocar como el Titanic contra las fuerzas desencadenadas en su contra, hambrientas de justicia. Ese cambio de paradigmas dentro del liberalismo podría haberse llamado no sólo estado de bienestar, legislación social, reconocimiento de la actividad sindical, sino neoliberalismo. Lo que vivimos con la crisis de ese modelo, el de la socialdemocracia, fue, a manos de los Chicago Boys y la oleada privatista, un retorno al liberalismo puro y duro; una restauración paleoliberal y por lo mismo neoconservadora.
[6] Literalmente, política dictada a distancia, desde lejos, desde otro lado.
[7] . Guillermo Waksman, “Un país de papel”, Montevideo, Brecha, 4/11/2005.
[8] ”La posibilidad para un político (para una organización política) de cumplir los objetivos proclamados es inversamente proporcional a la cercanía que se halla del gobierno (poder).”
[9] El SUNCA, sindicato de la rama de la construcción y aparato del PCU desde tiempo inmemorial, se jugó la carta politizada, condenando la construcción de las pulperas, pero cuando la gente ávida de puestos de trabajo, los ignoró, se dieron vuelta en el aire y se pusieron a trabajar sindicalmente dentro de las obras… los comunistas revelaron su miopía y pagaron caro su arribo apurado a la dimensión ecológica.
[10] Véase al respecto el demoledor análisis del fiscal Enrique Viana Ferreira en su demanda contra el ministerio a cargo del área de la instalación de tales emprendimientos, julio 2005. Ante el juez de 1ª. instancia en lo civil, 2º. turno.
[11] “Una nueva estrategia es saber cómo ‹pararse› ante el mundo”, Montevideo, La República (en COMCOSUR, 27 diciembre 2005).
[12] En la succión de la arena de las playas del suroeste uruguayo por barcos argentinos, que ha llegado a recortar nuestra costa y “borrar” definitivamente, o por milenios, uno de nuestros principales recursos naturales, las playas, la responsabilidad total es por desidia y corrupción de la administración uruguaya.
[13] Véase mi nota “Esquél: una fisura en el sistema depredador”, Futuros no 5, invierno 2003.
[14] “Es sólo un problema ambiental”, comunicación-e 27/1/2006.
[15] Véase La Nación, Buenos Aires, 24/11/2005: “Busti reconoció que en su momento recibió a los empresarios interesados en instalar esas plantas en Entre Ríos pero aclaró que lo había hecho porque tiene una política de «puertas abiertas».” Ah, bueno, quedémonos tranquilos. Y que durante un año nada se supiera es porque a la oficina de RR.PP. se le traspapeló el comunicado…
[16] Flaco Claret en la presentación del GRR-Viracocha, en Biblioteca Nacional, 8 / 5 /2005.
[17] Véase nota de Laura Giussani, El porteño-e, editado por Hernán López Echagüe.
<http://visit.geocities.com/visit.gif?&r=http%3A//ar.geocities.com/hlediario>
[18] V. Javier Rodríguez Pardo, SEPA, MACH, RENACE.
[19] “La política todo lo puede”, 7/9/2001.
[20] Véase mi nota “Zonas francas: esclavitud de nuestro tiempo” que pasa revista a tales emplazamientos por los cinco continentes, mejor dicho por los tres donde se asientan, en Futuros, no 2, invierno 2001.
[21] Datos de ATTAC.

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