Contaminación

Nuevas secuelas del glifosato

La evidencia de daños en las branquias y el hígado de cachamas fue uno de los primeros resultados que, sobre la acción tóxica de concentraciones de glifosato en peces, obtuvo el grupo de investigación en Toxicología Acuática y Ambiental de la UN. Ahora los investigadores hallaron que el herbicida también afecta los sistemas nervioso y respiratorio de los peces. Resultados similares obtuvieron con otro herbicida peligroso: el paraquat.

Por Nelly Mendivelso

La evidencia de daños en las branquias y el hígado de cachamas fue uno de los primeros resultados que, sobre la acción tóxica de concentraciones de glifosato en peces, obtuvo el grupo de investigación en Toxicología Acuática y Ambiental de la UN. Ahora los investigadores hallaron que el herbicida también afecta los sistemas nervioso y respiratorio de los peces. Resultados similares obtuvieron con otro herbicida peligroso: el paraquat.


Más de 325 nombres comerciales de herbicidas para contrarrestar malezas en el campo (rastrojo, pastos indeseables y cultivos ilícitos, entre otros) aumentan cada vez más sus ventas en el país. En medio de este comercio, se habla muy poco sobre su acción en los ecosistemas que, aunque silenciosamente, se va agudizando con el tiempo.

Al menos, así lo han podido comprobar investigadores del Laboratorio de Toxicología Acuática de la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia de la Universidad Nacional de Colombia, que, preocupados ante el ostensible aumento de ventas de paraquat en Colombia, y ante el posible efecto tóxico del glifosato en los recursos ambientales del país, han hecho experimentos que comprueban una vez más los efectos nocivos de los herbicidas. Su posible toxicidad se probó con cuatro especies de peces.

Las cifras hablan por sí solas. Pese a que el paraquat, herbicida utilizado en agricultura para combatir malezas, está incluido en la lista de los doce pesticidas más tóxicos del mundo, la conocida “docena sucia”, su venta en lugar de disminuir se ha triplicado en los últimos años. De 678 toneladas, en el 2003, se pasó a 1900, en el 2005. Las estadísticas se actualizan cada dos años, así que las del 2006 y el 2007 están por salir.

“De este herbicida, con el que se fumigaron los cultivos de marihuana en la Sierra Nevada de Santa Marta durante los años 70, se conoce su extrema toxicidad sobre plantas y animales. Aun así, apenas se ha restringido su aplicación por aspersión”, asegura el profesor Jaime Fernando González, director del grupo de Toxicología Acuática y Ambiental, que analizó la acción del paraquat en el pez cachama blanca.

En la investigación, varios ejemplares de cachama, que es la especie nativa de mayor producción en Colombia y la más comercializada en los Llanos Orientales, fueron expuestos a concentraciones letales y no letales de paraquat, en acuarios experimentales.

“Luego de 96 horas, las membranas de los peces, constituidas principalmente por lípidos, empezaron a deteriorarse, como reacción al compuesto químico que las fue oxidando. Al ir perdiendo su integridad se altera el equilibrio a lado y lado de las membranas. El paso siguiente a la oxidación es la muerte celular”, asegura el profesor González.

Estos resultados corroboran los resultados de estudios realizados por otros científicos con biomodelos animales, terrestres y acuáticos. Inclusive, algunos señalan efectos tóxicos en seres humanos que han estado expuestos al herbicida.

El progresivo efecto del glifosato

Para comprobar que tan inocuo o tóxico es realmente el glifosato, herbicida polémico por ser el elegido para erradicar los cultivos ilícitos en Colombia, los investigadores experimentaron su acción en cuatro especies de peces de gran importancia en acuicultura.

La tilapia, un pez de origen africano que en las especies foráneas ocupa el primer lugar en producción; el yamú, con poca fuerza en el mercado, pero con grandes cualidades nutricionales; el bocachico del Magdalena, ad portas de la extinción, y la cachama blanca, especie que en el primer experimento, realizado hace un año, sufrió daños severos en branquias e hígado.


El estudio, apoyado por la Fundación Internacional para la Ciencia, IFS, organismo sueco que promueve la investigación en países en vía de desarrollo, ha tenido como objetivo observar lo que le ocurre a una especie animal, en este caso, peces, cuando se expone aguda y crónicamente a concentraciones bajas de herbicidas, como sucede en las zonas de fumigación.

En este nuevo estudio los peces fueron expuestos durante 96 horas a concentraciones subletales, entre 10 y 30 partes por millón, de glifosato en su forma comercial, Roundup®, y a concentraciones altas, entre 45 y 90 partes por millón.

Las dos especie más susceptibles a la acción del químico, aun en concentraciones bajas, fueron el bocachico y el yamú, que registraron altas mortalidades. La tilapia fue la especie más resistente, pues solo murió cuando estuvo en contacto con las concentraciones más altas.

Antes de que los animales murieran manifestaron signos nerviosos y dificultad respiratoria. Según el profesor González, “al estar en el fondo, algunos peces subían con rapidez a la superficie, como queriendo salir del acuario. A veces nadaban sobre su eje o, si estaban en la superficie, se dejaban caer pesadamente al fondo”.

Al observar el comportamiento de la enzima acetilcolinesterasa, presente en el tejido nervioso, la sangre y el plasma, entre otros, los investigadores notaron que bajaba o aumentaba repentinamente su actividad. Ante los impulsos, esta enzima es la encargada de hacer que las células nerviosas entren en un estado de reposo. Si no fuera así, el organismo se agotaría. “Observamos que el glifosato, tanto en concentraciones bajas como altas, alteraba la enzima y llevaban a que la transmisión de impulsos fuera continua, de ahí los síntomas nerviosos de los peces”.

Estos mismos cambios en la enzima colinesterasa fueron corroborados en experimentos de 17 días de duración, en cachama blanca y tilapia roja expuestas a 5 partes por millón del herbicida.

Otro cambio importante ocurrió en la respiración de los animales, pues la mayoría buscaba oxígeno en la superficie del acuario. Lo que más llamó la atención fue que la sangre de los peces se tornaba oscura. Al respecto, el director del Laboratorio comenta: “Notamos que el Roundup® causa oxidación en el hierro de la hemoglobina, fenómeno conocido como estado de metahemoglobina o sangre achocolatada, que lleva a que el individuo no pueda captar oxígeno y respirar adecuadamente”.

El Roundup®, al igual que el paraquat, indujo la oxidación de los lípidos de las membranas celulares, que ocasiona la muerte de las células.

Es necesario aclarar que los experimentos se hicieron con un glifosato cuyos surfactantes, químicos que le permiten adherirse y actuar sobre la maleza, son menos tóxicos que los utilizados para fumigar los cultivos ilícitos.

El profesor González subraya que aunque estos resultados se circunscriben a los peces, y por lo tanto sería prematuro extrapolarlos a otras especies, hay que tener en cuenta que enzimas como la acetilcolinesterasa y los cambios en la hemoglobina también podrían presentarse en organismos superiores, como los animales terrestres, incluido el ser humano. www.ecoportal.net

Publicado por el Periódico de la Universidad Nacional de Colombia

Fotos: Cortesía Jaime Fernando González M.

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